Discriminemos
En una nueva edición de su espectáculo oral, la Presi habló ayer de varias cosas que no estaban comprendidas en el programa previsto, a no ser que preguntarle a una quiaqueña qué opina de los subtes porteños tenga que ver con la inauguración por segundo año consecutivo de la conexión de pueblos a la red de gas natural. Conexión que no estaba el año pasado y, obviamente, tampoco está ahora. 
Desde el vamos anduvo áspera. Tirar números de soluciones habitacionales y de inversiones millonarias en obras públicas realizadas puede sonar maravilloso, pero hasta el más desprevenido entra a dudar cuando Cris afirma que todo lo hizo sin victimizarse jamás. Si desde principios de año lloró -al menos- dos veces al pedir ayuda, afirmando que nunca atacaron a un gobierno tanto como al de ella sólo por un par de planteos gremiales y un desacuerdo político con un gobernador, y así y todo afirma que jamás se victimizó, debería -incluso el más desinformado- sospechar un poco de cualquier afirmación que provenga de un altoparlante gubernamental.
Mediante teleconferencia, la Presi hablaba con gente de La Quiaca, puntualmente con Salustriana, a quien recurrió para pegarle a Mauricio porque los porteños tienen subte y Salustriana nunca se subió a uno. Increiblemente, pareciera que por haber nacido en Pasco y Alsina, yo debería sentirme culpable de que en el resto del país no tengan subtes. Más difícil de entender resultó que Cristina invitara a Salustriana a subirse al Tango 01 -que ese también lo paga Salustriana cada vez que compra un sachet de leche- para que viniera a conocer lo bien que vivimos los porteños gracias a los subsidios que desde hace nueve años administra el kirchnerismo. 

Casi sin quererlo, los medios oficialistas dan testimonio a diario de las contradicciones. Sin ir más lejos, el diario Tiempo Argentino publicó en una misma semana cuatro tapas que hablan por sí solas. En la primera de ellas anunciaban que el gobierno nacional suponía que el conflicto por los subtes podría terminar en la Corte Suprema de Justicia. En la segunda, en cambio, informaban que Macri había recurrido a la justicia con una medida cautelar. En el diario del miércoles, comunicaban que De Vido había demandadó al gobierno de la Ciudad ante la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo por incumplimiento de contrato. Ayer Cris dijo que no le gustaba que los que no saben gobernar utilicen a la justicia para dirimir su incapacidad de gestión. Hoy, el diario tiene en tapa estos últimos dichos. Nadie resiste un archivo, pero algunos no resisten esta tarde, no más. 
Pero Cris está dispuesta a romper todos los récords. Contradecirse con el paso del tiempo es para pechofríos. Los y las corajudos y corajudas ponen lo que hay que poner para decir que sí y no a la misma cosa en una sola frase, como al afirmar que la ciudad se tiene que hacer cargo del subte porque sería lo mismo a que el gobernador de Salta no tuviera con qué interconectar sus distintas ciudades y el gobierno no le prestara ayuda. 
El desconocimiento a veces asusta. Ningún gobernante tiene la obligación -ni la posibilidad- de saber todo de todo, para eso existen los ministros, los secretarios, los subsecretarios, los directores, Google y el Pequeño Larousse Ilustrado. Ahora, que la Presi afirme que los porteños no necesitamos colectivos porque tenemos subtes, da miedo. Por suerte, fuentes consultadas por este servidor afirman que el proyecto de sacar todos los colectivos de Tigre porque tienen lanchas fue descartado hasta tanto se evalúe bien el impacto social, al igual que la idea primigenia de levantar las vías ferroviarias en gran parte del conurbano dado que la mitad de la población se desplaza en carros cartoneros. 
Entre tanto, Cristina le contaba a Salustriana que, mientras ella lleva a los pibes al colegio a lomo de burro en Buenos Aires los escolares pueden ir por $1,10 -con 59 pirulos la Presi tampoco se enteró de que existe el boleto escolar- para luego invitarla a recorrer el subte porteño, a lo que la compatriota jujeña le interrumpió con un interesante «disculpe señora Presidenta, pero nosotros necesitamos cosas más buenas que un subte». Cristina, genia de la vida, interlocutora intergaláctica, oradora master of the universe, egocéntrica namber uan le contestó «qué voy a ser buena, yo soy una más, siempre me gustó ser una más». 
De un modo más que interesante, es dable destacar este diálogo entre la primer mandataria y una ciudadana de la argentina border para finalmente poder justificar otros grandes eventos de la historia cristinista. Los muertitos de hambre de ayer y candidatos para mañana le reclamaban pan, la Presi entendió RAM y les mandó las netbooks. Finalmente, cerró la clase del día brindando «un inmenso pedido de disculpas por parte de algunos que se creen que han nacido diferentes por el solo hecho de vivir en determinados círculos». Curiosa frase proveniente de una mina que desde hace veinticinco años sólo se sube a aviones, helicópteros para trasladarse veinte kilómetros y automóviles impagables -que, obviamente, no son de producción nacional- que no repite dos días la misma ropa, que realiza sus compras en shoppings europeos o neoyorkinos y que la única porción de su patrimonio que puede justificar legalmente, tiene toda la ética de la usura y el amparo de leyes dictatoriales que podía aplicar por pertenecer a un círculo tan pequeño que hasta su propia cuñada era funcionaria de los militares.
En idéntica sintonía, Julio De Vido -cada vez más parecido a Fernando Siro- se contagió de la Presi y dirigió unas palabras a quienes presenciaron la asunción del nuevo secretario de Transporte de la Nación. Envalentonado, el ministro refirió que Macri no quiere los subtes porque no le gustan los paisanos de pelo negro. Otro que no se tomó un subte never in the puta life. Más allá del acto tan despectivo de suponer que el usuario del subte es groncho, sólo por el hecho de provenir del conurbano, De Vido tendría que ponerse de acuerdo. No pido que chusmee las estadísticas de usuarios, pero dar a entender -esquivando toda normativa referida al transporte- que el gobierno porteño debería hacerse cargo del mantenimiento de un servicio que es utilizado sólo por el conurbano, es mucho. Sin embargo, debo reconocer que la idea de que las prestaciones públicas sean mantenidas sólo por sus usuarios es, cuanto menos, interesante: si Cristina tuviera que pagar cada viajecito en avión o helicóptero -que garpamos entre todos- la veríamos yendo en monopatín a la Rosada y cruzando el atlántico en gomón a remo cuando se va de gira.
Curiosamente, cualquiera de estas afirmaciones provenientes de alguna boca no oficialista, habría derivado en un escándalo discriminatorio, Inadi mediante. Desde que al negro hay que decirle afroamericano aunque haya nacido en Ensenada, desde que al paralítico hay que llamarle persona con movilidad aunque tenga una silla de noventa caballos de fuerza, desde que al ciego hay que decirle «no vidente» para que no se sienta ciego, sino que tan solo no ve, tengo la sensación de discriminar más que nunca. A mí, particularmente, nunca me generó ningún problema llamar a las cosas por su nombre al momento de describir una persona. Si me preguntan cómo es el muchacho que vende bijlouterie en P
ueyrredón y Corrientes, me siento ridículo al afirmar que es de tez afroamericana. 
En los últimos años se impuso la moda progre de sentir culpa y comprensión hacia quien deberíamos considerar inferior a nosotros, por ello debemos llamarle con otros nombres para no ofenderlos, como si yo me sintiera ofendido porque me invitaran a ponerme a dieta o comprarme un corpiño. Es la culpa progre, culpa por sentir que deberían haber hecho algo en un momento que no lo hicieron y hoy necesitan reivindicar lo que pasó hace mucho, mucho tiempo. No es novedad que el progre atrasa, pero que nadie ponga en tela de duda algunos conceptos establecidos como dogmas por temor a la represalia de ese sector de la sociedad que en las últimas elecciones a duras penas llegó al 5% de los votos emitidos -y en listas que adherían a las del Frente para la Victoria- es como mucho. 
De Vido sostiene que a Macri le molestan los paisanos de pelo negro, pero su jefa sólo toca morochos a través de una valla, luego de descender de un helicóptero que le impide ver que muchas familias -de todos los colores- no se enteraron de que son los verdaderos triunfadores del modelo y pernoctan a la interperie. Si a Macri le molestan o no los morochos, lo desconozco, pero sería fácil de averiguar preguntándole al primo Jorge, que si bien es Macri, es del conurbano y tiene un color de piel que para salir en las fotos de noche debe mostrar los dientes. Lo que sí tengo bien en claro es que decir morocho del conurbano a cualquiera que vivá más allá del horizonte, es tan despectivo como falso y simplista, además de ser un argumento choto y despreciable para ser utilizado en un debate por políticas públicas.
Pero va a pasar desapercibido, porque De Vido dijo «paisanos de pelo negro» y no gronchos del segundo cordón. Es otra forma de expresarse -más correcta- para discriminar en serio pero con otras palabras. Es discriminar al porteño, que aunque tenga el apellido de un almacén de barrio y viva en Mataderos, no tiene derecho a quejarse porque es un porteño, y por contraposición al conurbano, es rubio, adinerado, gorila, golpista y apátrida. 
De todos modos, no puedo agarrármela con De Vido, dado que debe sentirse libre de discriminar a quien quiera, dado que la propia Presi lo hace. Cada vez que a Cristina alguien le dice algo que no le gusta, se coloca en su papel de mujer víctima de la sociedad, acusando -tácitamente, por contraposición- de machista al atacante que se atrevió a enfrentarla. Claro signo de los tiempos que corren, Cristina destroza siglos de lucha femenina para alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades del hombre. Ayer, sin ir más lejos, en la inauguración de la Galería de los Ídolos Populares en la Casa Rosada, dijo algunas palabras sobre el Día Internacional de la Mujer, llamando a tomar consciencia frente a la descalificación sufrida por el sólo hecho de ser mujer. Como el acto se dedicaba a ídolos populares, sugirió que faltaba la imagen de Isidoro Cañones porque seguro estaba con Macri, descalificándolo sólo por ser un tipo de guita, como si existiera algún funcionario pobre en inmediaciones de la Plaza de Mayo. Mauricio quizás se lo merece por haber dicho que Cris seguro sabe mucho de zapatos y carteras pero no de subtes, pudiendo haber afirmado lo mismo sin estereotiparla, pero pasar de la crítica a la descalificación fácil directamente a la descalificación fácil, quita toda importancia al sentido que se le pretendía dar.
Puede sonar inoportuno, y algún cabeza de tacho me llamará misógino o neanderthal, pero así como hay muchas cosas que todavía hay que solucionar en beneficio de la mujer, hay otras en las que el hombre necesitaría alguna ley que lo proteja. Desde la preferencia inmediata por la mujer en materia de derecho de familia, donde el hombre es culpable hasta que demuestre lo contrario y donde una mina puede hacer impunemente cualquier cosa por la que un hombre terminaría en cana, hasta esas medidas que algunos consideran como «discriminación positiva». 
Parece increíble, pero muchas mujeres de la política -incluso de las que no adhieren al oficialismo- sostienen que el cupo femenino en las listas electorales es una conquista en la lucha por la participación en pie de igualdad con el hombre. Resabio de tiempos pasados -si mal no recuerdo, el 30% de cupo fue legislado en 1983- en los que sí eran necesarios para quebrar determinadas barreras, hoy considero que no sólo no tiene sentido, sino que se ha convertido en una medida discriminatoria hacia el sexo masculino: por más preparado que te encuentres, podrías quedarte sin candidatura por el sólo hecho de tener pene. 
Por una cuestión de mera coherencia, cualquier medida que se pretenda igualitaria, jamás puede ser restrictiva. Es incongruente, un helado caliente, una rueda cuadrada, agua deshidratada. Estamos en pleno siglo XXI, Europa es liderada por una mina, Brasil también, Chile tuvo la suya, al igual que Irlanda, Costa Rica, Suiza, Croacia, Islandia y la India. En nuestro país tenemos por tercera vez un gobierno encabezado por una mujer, dos provincias en manos femeninas y varios referentes opositores que pueden cruzarse de piernas sin apretarse un huevo ¿Es necesario, aún, el cupo femenino? 
Viernes. Yo sólo discrimino a una clase de personas: a la que no trabaja pudiendo hacerlo. Es que no quiero competencia.