En resumen

Santilli MorenaEsta última jornada electoral quebró varios récords. El búnker del PRO nunca estuvo tan cerca de parecerse a un programa para ganar un viaje a Bariloche y, por momentos, no se sabía si Mauricio Macri estaba por dar un discurso o un ping-pong de preguntas y respuestas. Luego de sacarse una foto con el hurón de la hija y afirmar que el bicho la estaba felicitando, Carrió demostró que puede dejar aún más atrás el sentido de la normalidad, ese que perdió cuando se tiró abajo de un auto para una foto. Sin embargo, de todos los récords quebrados este último domingo, Daniel Filmus se lleva todas las medallas: con siete elecciones perdidas en seis años, 1.16 de promedio anual y 100% de efectividad, el Usain Bolt de la derrota parece no alcanzar su límite y hasta se dio el lujo de mejorar, al quedar tercero y perder su banca en el Senado.

«¿Qué pensar de un Kirchner que se presenta como el campeón de los desposeídos y sienta en un lugar de privilegio a Julio Miranda, el gobernador de la provincia con el mayor grado de desnutrición infantil?»

Hector Timerman, Noticias, 5 de abril de 2003

Massa Te MiraEntre las cosas que más me han sorprendido del kirchnerismo post Néstor está la voluntad cabezadura de mostrarse victoriosos aún en la derrota. Ni siquiera Néstor se atrevió a tamaño ridículo cuando, al ser derrotado en 2009, se reconoció perdedor «por uno o dos puntitos», pero derrotado al fin. A los pocos días, una catarata de propuestas de leyes polémicas fueron enviadas al Congreso, para que todos tengamos que hablar de nuevo del kirchnerismo provocador y no del oficialismo derrotado. En simultáneo, sacó la billetera del presupuesto nacional, ese que tiene la guita que no podemos gastar nosotros a pesar de generarla. Pronto aparecieron el Fútbol para Todos y el Automovilismo para Ídem. Diego Gvirtz se sumaría con 678 y TVR, junto con antiguas voces de Clarín -Daniel Tognetti, Luciano Gallende, Orlando Barone- quienes se prendieron junto al excrítico Víctor Hugo Morales. De pronto, todos los que fuimos como ellos -algunos opositores, otros la nada ideológica- pasamos a ser el coro Kennedy de la Corpo.

La idea tenía su lógica: marcar agenda, mostrar poder, escapar hacia delante a toda velocidad mientras los opositores triunfantes estaban en el podio, de festejo en festejo. Cuando nos dimos cuenta, nadie se acordaba de la derrota electoral, de las candidaturas testimoniales de Sergio Massa y Daniel Scioli, ni del mapa del delito de Francisco De Narváez. Asignación Universal por Hijo y Ley de Medios fueron motivos más que suficientes para que estuviéramos entretenidos con otros temas.

«En un país en serio, el Congreso no anula leyes.»

Daniel Scioli, 13 de agosto de 2003, luego de la
anulación de las leyes de obediencia debida y punto final.

 

Caras de AlegríaEsta vez, en cambio, el clima fue bien distinto. Ante un grupo de gerontes frepasistas, progres conformistas y socialistas distraídos, apareció Amado Boudou para sumarse al cantito «somos la gloriosa Juventud Peronista». Convertido en animador estrella, el Vicepresidente consiguió el pasaporte para salir del sótano donde lo tuvieron las últimas semanas y dijo que lo importante del día no fueron las elecciones legislativas, ni la derrota electoral, ni la pérdida del representante porteño en el Senado, ni la paliza que se comieron en todos los distritos claves. Lo importante es que se cumplían tres años de la muerte de Néstor Kirchner.

Juan Manuel Abal Medina, tan eufórico como su personalidad le permite, festejó que el kirchnerismo había conseguido cinco bancas más en diputados. Descorchó antes de tiempo, dado que pasaron de 127 a 130, y sólo si somos generosos y consideramos a los aliados. Lo que no le dio para festejar fue que perdieron tres senadores. Lilita Carrió también festejó mucho, a pesar de que en diputados perdió cuatro bancas y en senadores otras dos. Vivimos en un país en el que en 1994 se aprobó el voto directo y la supresión de los colegios electorales, a pesar de concentrar el 40% de los habitantes entre Capital Federal y el conurbano bonaerense. Ante este panorama, festejar la derrota en Capital y Provincia califica para terapia. 

 

«Scioli no pelea con el énfasis que nos gusta. Siempre busca no enfrentar demasiado y eso, a los que creemos que hay que seguir profundizando el modelo, nos genera dudas.»

Juan Manuel Abal Medina. 6 de junio de 2013

 

Si la vida es justa, algún día el búnker del Frente para la Victoria será caso de estudio en las facultades de psicología. Daniel Scioli era el único que parecía entender la gravedad del asunto, no tanto por haber perdido las elecciones, sino por haber apostado todo a un sólo número. Luego del video de Juan Cabandié, de Martín Insaurralde con Jessica Cirio en las tapas de las revistas y de Boudou dando clases de lealtad peronista el pasado 17 de octubre, el Gobernador se encontró rodeado por Déborah Giorgi, Abal Medina, el Vice y el excandidato de Carrió, Héctor Timerman, con los dedos en V. Finalmente entendió -y envidió- la situación de Cristina.

Detrás del Kirchnerism Gospel Choir, al fondo, un escondido Luis D’Elía brindó el detalle ideal para enmarcar una foto única: el kirchnerismo sin Cristina. Lloran el robo de boletas en una actitud similar a escuchar a Guillote Cóppola quejarse del reviente nocturno porteño. Mientras aplauden a Insaurralde con Jesica Cirio, todavía no lograron explicar la candidatura testimonial de Nacha Guevara, pero acusan de cholulismo político a los demás partidos. Bancan a Milani y aún no se enteraron del pasado de Osvaldo Cornide, pero los nexos con la dictadura son de cualquier energúmeno que haya transitado entre La Quiaca y Ushuaia entre 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. En los noventas se dividieron entre los que la pasaron bien y los que no se enteraron que gobernaba Menem, pero los neoliberales son cualquiera que no vote al modelo de impresión de billetes.

«Scioli es un neoliberal conservador que está profundamente incómodo en nuestro gobierno.»

Luis D’Elia, Animales Sueltos,
América TV, 18 junio de 2012.

 

Twit DeliaEn definitiva, nada cambió: el kirchnerismo sin Cristina es lo mismo, pero sin glamour. Y sin glamour queda eso, un rejunte de alegres perpetuos que sonríen en la cubierta del Titanic, mientras nos remarcan que nada pasa puertas para dentro, que todo pasa puertas para afuera. Que nosotros estamos bien, muy bien, mejor que Australia y Canadá, donde nos tienen tanta admiración que hasta pensaron en importar algunos pobres para crear un par de villas, aunque todavía no lograron sacar la fórmula que viola las leyes de la física y permite que un par de cartones puedan sostener un techo de chapa.

Nos dicen que éste es el camino hacia la felicidad plena, que tenemos suerte de contar con un gobierno como el de ellos en un mundo arrasado. Pero afuera no se enteraron que viven en el apocalipsis. En Europa están tan para atrás que aún no se dieron cuenta que no son inmigrantes ilegales los que llegan sin parar, sino que son cascos blancos africanos que van a darles una mano. En Estados Unidos viven peor que en Mad Max, pero lo disimulan viviendo como siempre.

Podrían tomarse el tiempo para investigar cómo es que Grecia está como está después de haber dilapidado durante años los fondos previsionales con una fiesta de jubilaciones ridículas y gastos extravagantes, pero prefieren echarle la culpa a los que están mejor, aunque ello implique la contradicción de lo mal que está el continente. Podrían pensar cómo nos iría en este país dolarizado si realmente existiera una crisis en Estados Unidos, pero por el momento prefieren hablar de crecimientos astronómicos en base a los números de 2002, o sea la nada misma, ya que comparar con cero siempre dará positivo.

«El gobierno tiene vocación y voluntad para que la sociedad tenga la máxima sensación de transparencia en su percepción de las estadísticas oficiales.»

Sergio Massa, al defender al INDEC. 30 de septiembre de 2008

 

El resultado era previsible desde antes de las PASO. Lo fue desde que los gobernadores empezaron a bajarse los lienzos de a uno y los intendentes los miraron con cariño. Resulta extraño ver a Felipe Solá dando cátedra de por qué ganó Massa. Ganó por muchos factores, pero ninguno de ellos habría servido para algo si no existiera un gobernador que tiene que pedir permiso para pagar los aguinaldos. Un gobernador que se abraza con los que quieren voltearlo desde 2007. Un gobernador que fue puenteado por el Ejecutivo Nacional, que prefería negociar directamente con los intendentes para debilitar al gobierno provincial todo lo que fuera posible. Un gobernador que no se dio cuenta de que el mantenimiento de las calles, de los punteros y del día a día tiene a los intendentes como cara visible. Un gobernador que no la vio venir. Un gobernador que mientras tenga un cargo ejecutivo será leal y no tendrá problemas en defender el modelo que le pongan delante. Un gobernador al estilo Felipe.

Entiendo que falta mucho para 2015 y que es ridículo pensar en candidaturas. Pero con el modelo consumado, la preocupación radica en ver el muestrario de presidenciables. Por lo pronto, tiro un par de consejos a título gratuito para quienes no tienen guita para negociar o ya están calcinados: vayan pidiendo embajadas. Son lindas, les pagan por vivir en lugares pintorescos y, con el nivel de diplomacia que tiene la Argentina, no generan mucho trabajo. Entiendo que podría tocarles la de Nigeria o Kenya -sí, no tenemos embajada en Croacia pero mantenemos esas dos- pero vamos, que todos nos hemos dado una vuelta por las peores partes del conurbano bonaerense y sin cobrar un jugoso salario por ello.

«Siento por Sergio Massa una gran simpatía personal.»

Luis D’Elía, 23 de julio de 2008

Twit CirioEn cuanto a vos, chiquilín, que te hicieron creer que involucrarse en política era ligar un contrato de locación de servicio, negreado, sin aguinaldo ni vacaciones y con los aportes patronales por tu cuenta, todavía podés sacarle algo de jugo al kirchnerismo: pedí el pase a planta permanente. Haceme caso. Una vez que dejes de pagar el Monotributo, afiliate al sindicato y tenés el kiosko garantizado para toda la vida. Pronto dejarás de reirte de la vieja radical de Recursos Humanos y del viejo facho de la oficina de Compras. Y ahí, cuando te sientas emparentado con la nostalgia del que para vos fue el mejor gobierno -el que te hizo entrar, claro- notarás que el país siguió adelante, que no nos cayó el apocalipsis y, fundamentalmente, que nadie, absolutamente nadie es imprescindible.

Martes. Por si Cristina está preocupada: en la Antártida perdieron 14 puntos desde las PASO.