Justicia
Estamos hechos mierda. No es ninguna novedad, pero al mismo tiempo es lamentable que no tomemos conciencia. O tal vez si la hayamos tomado y nos importe poco y nada, como todo en la vida. Y es que nos han quitado hasta las ganas de soñar. Son pocos los que pueden planear comprarse una casa, un cero kilómetro, conocer otro país que no sea Paraguay para contrabandear notebooks, ayudar a sus hijos a que crezcan, pagar alguna carrera que no se brinde en las Universidades públicas del interior o, lo más grave, poder tener un sistema de salud como la gente.

Sólo durante su gestión, Cristina inauguró un cable de alta tensión, la línea de producción de Hush Puppies, de Peugeot, de Ford, -todas empresas privadas- la nivelación de los terrenos para la construcción de un hospital que ya fue licitado 5 veces en 7 años, la construcción de una planta depuradora que nunca arrancó. Anunció el plan canje de automóviles que nunca nadie vió, otro plan de canje de heladeras, calefones, cocinas y bicicletas. Quiso hacer la misma jugada de su marido con el FMI y dijo que le iba a pagar al Club de París la totalidad de la deuda, y nunca se movió ni medio centavo del Banco Central.

Eran tantos, quedan tan pocos.
Nos han dejado sin nada, y lo peor de todo, es que hace tiempo estoy percibiendo en la calle que nos han quitado la esperanza. Ya nada nos asusta, nada nos sorprende. Todo pasa y lo que hoy nos parece escandaloso, mañana será una anécdota frente al chanchuyo del día. Se han morfado hasta la plata de las futuras jubilaciones, para comprar voluntades a fuerza de obras públicas que nunca empezaron ni empezarán.

La sobrefacturación de la empresa Skanska, las dádivas del gobierno Venezolano para la campaña electoral de Cristina a través de Antonini Wilson, el aporte del narcotráfico a la misma campaña, el vaciamiento del Hospital Frances, la bolsa de dólares en el baño de la Ministro de Economía, una consultora económica a nombre del matrimonio presidencial, los millones de dólares girados a la Asociación Madres de Plaza de Mayo sin rendición de cuentas, los 300 pesos pagados por cabeza a cada «militante» en los actos caprichosos en medio del quilombo con el campo el año pasado, la muerte de gente en los actos por culpa de la organización, la quema de una Comisaría por parte de un Subsecretario de la Nación, la invasión de propiedad por parte del mismo funcionario en reiteradas oportunidades, el mismo personaje entrando a las piñas a tomar una Plaza, mientras el Secretario de Comercio hace lo mismo pero acompañado de matones.

Felisa Micelli, esto fue Ministro de Economía.
Los 400 millones de dólares girados por Cavallo -el mismo al que Kirchner defenestró en su discursete del día martes- a la Provincia de Santa Cruz que todavía no han vuelto al país, una Senadora que Preside la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado de la Nación sin haber presentado nunca el título de abogada, la venta como chatarra de fusiles del Ejército Nacional a un país extranjero, la destitución del Juez que investigaba el caso el mismo día que cita a declarar a la Ministro involucrada, la renovación de los contratos petroleros menemistas hasta el año 2040, la imposibilidad de poder justificar ni un centavo del millonario incremento patrimonial de ninguno de los funcionarios de este gobierno, la sobrefacturación de 350 millones de pesos en la construcción de un tendido eléctrico entre Pico Truncado y Puerto Madryn.

Si amplían la foto, confirmarán que efectivamente no tiene cejas, y que la fuerza de gravedad hace estragos.
Cualquier punto que enumeré arriba es causal de prisión. Y no hablo de otros países, hablo de éste, la Argentina. Evidentemente, la sensación de inseguridad es un hecho y el 90% de los delitos tipificados por el Código Penal son violentados por el mismísimo Gobierno, en sus tres poderes. Porque el Poder Judicial pajero con el que contamos, es un nido de ratones incapaces de ganarse el plato de comida en la calle.

Pero tenemos la Justicia que nos merecemos, con Jueces que tendrían que haber sido destituídos por sus fallos -siempre vale recordar a Zaffaroni y la libertad concedida a un encargado de edificio acusado de obligar a una nena de 9 años a practicarle sexo oral, argumentando que no la niña no sabía lo que estaba haciendo ya que la luz estaba apagada- y en cambio son premiados con la máxima magistratura de la Corte Suprema.

Sin comentarios.
Estamos en la nada, a la deriva y en manos de nuestra propia suerte, de la que dependerá que lleguemos a fin de mes, que no nos echen del laburo, que no nos contagiemos de fiebre amarilla, chagas o dengue, que nos nos vuele la tapa de los sesos un fumapaco con bajón, que no nos garche un violador serial o nos acribille un pendejo de 14 años que saldrá en libertad al día siguiente por decisión de un Juez.

Con estos antecedentes, no podemos esperar que la Justicia Electoral funcione como corresponde, permitiendo que un sorete como Scioli sea Gobernador de una Provincia de la que sólo conocía el Sheraton de Mar del Plata, que una mina que vota en Santa Cruz renueve su mandato como Senadora pero por la Provincia de Buenos Aires. No podemos esperar mucho si ese Juzgado es el Federal n°1 a cargo de la misma mina desde hace 26 años, cuyo marido fue militar en actividad durante el último gobierno de facto y que, supongamos que por casualidad, estaba de turno justo el 20 y 21 de diciembre de 2001.

Hacer mierda un país no puede resultar tan sencillo. Hundir los sueños de tanta gente llegando al extremo de que las nuevas generaciones ya ni sueñen con un futuro mejor, o al menos un futuro, no puede resultar tan barato.

Desgraciada la Generación cuyos Jueces merecen ser Juzgados

(1) La misma Jueza en el año 1992 cometió un acto que con aglo de sentido común, sería una aberración a la libertad de expresión que tendría que defender. Una parte del programa de Tato Bores que sería emitido el 17 de mayo de 1992 no fue publicada por censura previa. La jueza había p
resentado una demanda contra la emisión en la que el arqueólogo Helmut Strasse (otro personaje de Borezstein) se preguntaba en el año 2492 sobre los rastros de Argentina, un país desaparecido 500 años antes. Mientras se mostraba un escudo con la imagen de Servini de Cubría, el locutor Ernesto Fritz decía: “¿Mito, leyenda o realidad?”. Luego Strasse infirió el valor del dinero en Argentina: concluyó que 60 pesos habrían sido una fortuna, pues ésa había sido la sanción que la jueza había recibido de la Corte Suprema por mal desempeño en el caso Yomagate. No sólo la Justicia rechazó el pedido la funcionaria, sino que una multitud de estrellas del espectáculo argentino, se congregaron en el programa de Tato y cantaron “La jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay”, en uno de los episodios más conocidos de la televisión local. El Actor Cómico de la Nación, un personaje del que nadie puede decir que se vendió a uno u otro gobierno, no se quedó callado. La frase de más arriba, es de su autoría.

Solamente una persona como Tato Bores podía lograr reunir a Bernardo Neustadt, Mariano Grondona, Mario Pergolini, Enrique Pinti, Pappo, los Soda Stereo, Ricardo Darín, Hugo Arana, el flaco Spinetta, Magdalena Ruiz Guiñazú, Juana Molina, y todas las figuras de la cultura general de este país.