Nada
Según Cristina, la gran capacidad productiva que tenemos en la región sudamericana queda demostrada con un abrigo de alpaca que le regaló el vicepresidente de Bolivia. Partiendo de esta base, este inicio tan groso de la 590° presentación de los Monólogo de la Presi, todo lo que vino después era más que impredecible. La idea era mostrar gestión. Como gestión no hay, la intención viró hacia alguna inauguración. Y como tampoco hay mucho para inaugurar, Cristina armó un festejo patrio por la fabricación de quince medicamentos oncológicos en una empresa de capitales chilenos. No es la gran cosa, pero algo es algo.
Que a la Presi le gusten los abrigos de alpaca bolivianos, no está mal, son lindos, abrigados, suaves. Que presente como logro productivo de la región sudamericana un producto que se fabrica artesanalmente desde que la cultura Paracas domesticó a los camélidos americanos allá por el siglo II antes de Cristo, no es nada si se tiene en cuenta que luego afirmó que en Argentina tenemos una gran provisión de medicamentos, cosa que en otros países no pasa. Lamentablemente, no opinan igual en Mendoza, Chaco y Tucumán. En el Jardín de la República, el gobierno provincial tuvo un acto de decoro y afirmó que no es que haya desabastecimiento, sino que sólo no hay medicamentos. Este brillante argumento digno de los anales oficialistas, aduce a que todo se debe a una cuestión de «estacionalidad», por lo que podemos deducir que el gobierno consiguió que los medicamentos crezcan de plantas. Ahora arranca el otoño, no es temporada para tener un carcinoma, aguante a julio y veremos qué podemos conseguir. ¿VIH positivo? Vamos, hombre, que no es nada del otro mundo. Convenza a esa colonia reproductiva que circula por su sangre para que acepte una tregua un par de meses, dado que en verano -dicen- los retrovirales vienen maduritos y jugosos. 
En su rol de sucesora del corrupto gobierno predecesor, Cristina no hace abuso recurrente del argumento de la pesada herencia recibida de la Presidenta anterior y decidió intervenir en uno de los hechos más escandalosos de la gestión que la precedió, al anunciar la eliminación del sistema de troqueles en la venta de medicamentos y su reemplazo por el estampillado. Y como si esta actitud no bastara para marcar diferencia respecto de la línea ideológica de su gestión y la anterior, afirmó que la tecerización laboral es una modalidad de negocios maravillosa.
Luego de argumentar que el gobierno no militariza la región porque apuesta a la paz, en contraposición con los agoreros de siempre que sostienen que no tenemos ni gomeras para defendernos, la Presi pidió a Dios que nos tenga en cuenta -alguien se tiene que hacer cargo- y se fue. 
Mientras todo esto pasaba, los senadores puteaban a Macri por hacerlos laburar con eso de no querer un subte precario, Macri agradecía a todos los santos por haber rebotado el transporte bajo tierra antes de que muriera electrocutado un trabajador, Lubertino puteaba al gobierno de la Ciudad por subsidiar la educación privada -se ve que subsidiar los casino de Cristóbal es más progre- y el resto de la sociedad tratábamos de digerir que una madre asesinó a su hijo para vengarse de su exmarido.
Como es evidente que acá no pasa nada, voy a permitirme cambiar de tema. Hace ya varios años que me desactualizaron todos los conceptos que aprendí a lo largo de mi vida y, si bien soy consciente de mi atraso, no pienso rendirme sin quejarme. 
Cada vez que se produce la muerte de una mujer en manos de un hombre, se habla de violencia de género -en el mejor de los casos- o se hace abuso del desconocimiento y se habla de femicidio. Sinceramente, no tengo intenciones de polemizar sobre algo que ya he tratado de un modo harto, más allá de tener los gobelinos al plato con cuestiones méramente lingüísticas. Cada vez que una ONG, o una concheta aburrida, o una troska resentida esgrime que la violencia de género está contemplada en la resolución 48/104 de la ONU, desconoce -o se hace la boluda- con el detalle de que dicha resolución pone explícitamente que violencia contra la mujer es sinónimo de todo acto de violencia ejercido contra una mujer por el sólo hecho de ser mujer. En ningún lado habla de violencia de género.
La apropiación del término violencia de género como sinónimo de violencia hacia la mujer, es un invento relativamente reciente -la resolución de la ONU data de 1993- y tiene más que ver con el exitosísimo modelo progresista español de los últimos años. Miles de libros escritos al pedo, donde abunda el estereotipo berreta de que la mujer es débil, boluda, inútil y dominable que padece el yugo del hombre. Millones de billetes dilapidados en subsidios y fondos de asistencia a organizaciones que descubrieron una mina de oro en la adaptación de una normativa pensada para culturas donde la mujer es verdaderamente oprimida, al occidente donde las personas más decisivas del poder político son mujeres.
Hoy, que vivimos en un país donde la mujer vota desde hace generaciones, donde tuvimos y tenemos presidentes mujeres, donde la empresaria más exitosa de la historia vernácula usaba bombacha, donde la seguridad pública, las políticas industriales y el control de los jueces está en manos de mújeres, hablar de minoría oprimida, es una falta de respeto hacia la comprensión popular. 
Sin embargo, basta que algún hombre mate a una mujer para que se hable del drama al que es sometido el sexo femenino en esta cultura patriarcal, opresora y misógina. No digo que no exista la violencia contra la mujer por el sólo hecho que es mujer, pero de ahí a considerar que cualquier loco asesino, no es un loco asesino sino un femicida, hay un Río de la Plata de distancia. 
El 20% de los hombres asesinados en Estados Unidos fueron muertos por sus parejas mujeres, el 5% de los australianos varones son víctimas de violencia conyugal, en España se estima que hay un promedio de tres mil casos de violencia intrafamiliar ejercida por la mujer sobre su marido. Los números no abundan, dado que la mayoría de las legislaciones no conciben la violencia conyugal hacia el hombre como violencia de género. Y tiene lógica: hay todo un ordenamiento legal que fue concebido para proteger al ser humano, independientemente de lo que tenga o no colgando entre las piernas. 
Con todo esto no pretendo justificar absolutamente nada, sino que busco poner sobre la mesa algunos datos que desmienten toda teoría a favor de la discriminación legislativa en pos de la mujer y que en este país es una regla de oro, intocable por la pacatería legislativa y judicial. Si bien la Constitución Nacional es bien clara respecto de la presunción de inocencia, en materia de familia ser hombre da vuelta los conceptos: se es culpable hasta que se demuestre lo contrario. El encargado de demostrarlo será, obviamente, el hombre y sólo si le dan pelota. 
Cualquiera que conozca a alguien que haya atravesado un divorcio controvertido con pibes de por medio, sabrá de primera mano que se aplica la tenencia automática a favor de la mujer, sin necesidad de pericias psicológicas, informes socioambientales, ni consultas a especialistas. Si el hombre osara cuestionar el argumento, deberá entablar un largo, tedioso, arduo y, sobretodo, lento litigio en el cual deberá probar sobradamente que él tiene las mismas aptitudes que todos dieron por sentadas en su expareja. 
Una denuncia por amenazas contra el padre de los hijos, con sólo ser efectuada, en muchos casos basta y sobra para excluír al progenitor masculino de la esfera de los chicos, hasta que se demuestre lo contrario. Cada vez que se aplica este criterio, la sana crítica del magistrado nos dice que ante la duda, lo primero es preservar la integr
idad física y psicológica del menor, aunque las amenazas -de ser ciertas- hayan sido proferidas contra la expareja, y sin embargo…
Una mujer siente que su matrimonio no da para más y decide divorciarse. El excónyuge no se lo perdona nunca. Los hijos del otrora matrimonio le manifiestan a la madre que el padre los quiso matar a pastillazos y hasta colgó horcas en la casa. La mujer, como corresponde, efectúa la denuncia. La justicia, también como corresponde, actúa inmediatamente en consecuencia y el padre vengativo termina alejado de sus hijos por una más que obvia cuestión de seguridad de los menores que no tienen la culpa de la locura del padre. Todos satisfechos.
Lamentablemente, pasó al revés. Y al hombre que denunció el acto de violencia doméstica que puso en peligro la vida de sus hijos, nadie le dio ni cinco de pelota en ese sistema de prejuzgamientos y estereotipos tatuados. El final de la historia, ya lo conocemos.
Los medios que tocaron el tema, se refirieron al hecho como una tragedia, una locura, una desgracia y de la madre asesina afirmaron, en otras palabras, que está de la cabeza. Son los mismos medios que afirmaron que el asesinato de una mujer y su hija en manos de su expareja se trató de violencia de género. Son las mismas personas que sostienen, amparados en kilómetros de doctrina pedorra, que matar por odio a la expareja es violencia de género, aunque la víctima sea un tercero. 
¿Cómo podemos ser tan, pero tan pelotudos? ¿Cómo nos puede resultar tan barato adherirnos a una moda pedorra que violenta siglos de evolución penal en pos de la reivindicación de derechos que hace décadas ya existen? Estaría bueno, a fines ilustrativos y de mataburros, no más, que algún cráneo me explique por qué una mujer puede ser una heroína que es madre y trabajadora, mientras que el hombre queda reducido a una mera fuente de ingresos por alimentos. Resultaría más que grato que algún iluminado nos informe qué clase de igualdad se obtiene prejuzgando a un hombre por violento e incapaz de ejercer su paternidad, y a una mujer por madraza ejemplar. Creo que sería muy útil que nos enseñen el camino para comprender por qué las mentadas leyes que supuestamente garantizan la equiparación de derechos entre ambos sexos derivan en violaciones al principio de igualdad de la Constitución Nacional, la convenciones internacionales de derechos humanos y todo otro principio de equidad. Realmente sería aleccionador que nos instruyan respecto de por qué la lucha por la protección legal a la igualdad de género derivó en este sistema discriminatorio que se cobra víctimas de seis años.  
Pero que lo hagan con buenos argumentos. Porque los que escuché hasta ahora me dieron la única certeza de saber que si aquel odontólogo platense hubiera tenido tetas, los grosos de la vida habrían hecho todo lo posible -y más también- con tal de demostrar que sólo fue una reacción lógica ante el maltrato cotidiano y el hostigamiento perpetuo en el que se veía inmersa. Quién sabe, quizás el asesino hijo de mil que se cargó a toda la familia se convertía en la protagonista de un emocionante capítulo de Mujeres Asesinas, que atrajera la opinión pública y hasta ganara un premio por su labor de conscientizar a la sociedad sobre el flagelo de la violencia de género.
Viernes. Muchos factores determinan una personalidad violenta. Los cromosomas no son uno de ellos.