Prioridades
Cuando en el orden de preocupaciones de una sociedad, la corrupción del Estado ocupa los últimos lugares, los causales pueden ser básicamente tres: O no hay corrupción, o somos todos medianamente corruptos o, la peor de las opciones, el pueblo tiene preocupaciones más importantes. Llegar a fin de mes, comer, mantener los pibes en el mismo colegio, conservar el laburo, bancar la cuota de la hipoteca, llegar a cubrir el alquiler, solventar los gastos. Todo ello lleva a que la corrupción del Estado no nos importe. No porque nos chupe un huevo, sino porque estamos destinando todas nuestras energías en lo más primitivo, nuestra supervivencia y la preservación de los nuestros.
Cuando esta situación coincide con un Gobierno incapaz, inútil, ciego, pobrerista, demagogo y ladrón, el círculo se transforma en espiral y todo se magnifica. Los corruptos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, los sobrevivientes cada vez más ocupados en sobrevivir que en otras cosas. El mensaje de la buena onda oficialista oculta el verdadero mensaje del miedo. Meter miedo. Si no son ellos, vuelve el desastre, si no son ellos, volvemos a cobrar en papelitos de colores, si no son ellos, vuelve el diciembre de 2001.
No podemos esperar nada de nuestra dirigencia, pedante y ambiciosa de lo ajeno. No hay política de Estado que no incluya un negocio previo y, si bien los Kirchner no son los inventores de ningún sistema novedoso, han llevado la corrupción al paroxismo, mientras nosotros como sociedad, hemos llegado a la cima de la permisividad. A veces descreo de la sincera honestidad del Argentino si no tuviera la obligación de cumplir con sus compromisos impuestos. Muchas veces me pregunto cuántos miembros de nuestra sociedad jugarían en blanco si tuvieran la posibilidad de manejar a su antojo los organismos de control. Sin embargo, hay límites que han sido cruzados hace rato. En materia de cinismo, este Gobierno se fue a la banquina hace tiempo y ya andan a campo traviesa.
No veo el sentido de seguir analizando un Gobierno que no califica para ser llamado así. Etimológica y constitucionalmente, han dejado de ser Gobierno hace rato. Algo que demuestra que la educación argentina está para atrás, es suponer que el mero acto de las elecciones configura una democracia y además confundir democracia con sistema de organización del Estado.
Constitucionalmente, nuestro Estado dejó de existir hace años. Tenemos tan sólo un órgano recaudador propio de una tiranía, que destina los fondos a piacere sin que importe la voluntad de los representantes del pueblo y que controla la Justicia mediante un sistema de premios, castigos y amedrentamientos dignos de una dictadura. Eso no es democracia y ni siquiera califica para demagogia en el sentido aristotélico. Son un enigma. Ni siquiera podemos llamarles oligarquía, ya que no son los mejores que se han corrompido en el Gobierno. Son los que estaban, los que pintaron meter en los Ministerios. Nadie puede suponer que un tipo como Timerman es el más capacitado para ejercer la representación de la República Argentina en el exterior. Ninguna con dos dedos de frente puede aseverar que Amado Boudou, que de su paso por el ANSeS no dejó ni las argollas de los biblioratos, es el más indicado para comandar una cartera de economía.
Y la teoría del derrame se aplica mejor que nunca en la selección de personajes. Si eso es lo que tenemos arriba, no podemos pretender que un Intendente tenga una instrucción que supere el límite de la alfabetización.
Así estamos, soportando que nos traten de boludos quienes sostienen sus gustos de tilingos resentidos con el 50% de nuestros ingresos al año. Permitiendo que quienes se hicieron la fiesta a costillas de la guita de los endeudados en tiempos militares, nos den clases de Derechos Humanos. Haciendo nada, cuando aquellos que podrían haber quedado embarazados vía oral de tanto tirarle la goma a Menem, nos tratan de menemistas a nosotros. Aguantando que quienes engrosan su patrimonio en 10 palos al año, nos califiquen a nosotros de matapobres egoístas. Tolerando, pacientemente, que aquellos que nos tienen con el trozo adentro todo el año, enchufándonos intimaciones por errores de ellos en los cómputos de ingresos, pongan cara de Jelinek cuando la Presidente presenta ese mamarracho de declaración jurada.
Así estamos. Con un chupamedias de Videla que acusa de Magneto de hacer negocios con la Dictadura y que luego de insultarme, me bloquea por preguntar por la Barrick Gold. Con un menemista prófugo de la Justicia que viene a darme clases de legalidad para luego bloquearme por preguntarle sobre el enriquecimiento de Cristina. Ese es el concepto de democracia que ellos tienen.
Lo más triste de todo esto, no es que no nos importe la corrupción. Lo realmente preocupante es quienes vienen atrás de nosotros. Los pibes que crecieron con el sinónimo de democracia igual a sobreviví como puedas, donde la posibilidad de votar es sólo elegir a quién le vas a dar la oportunidad de ser millonario a costa del sudor de los laburantes. Jóvenes argentinos que piensan que Plan Social y reparto de limosna es exactamente lo mismo. El futuro del país que cree que la Justicia Social es darle al pobre lo que el rico tiene, pero sin sacarlo de su condición de pobre ni darle las herramientas necesarias para que deje de serlo por sus propios medios.
Y si el debate de la semana es entre Bonasso y Filmus, estamos en el horno, con una manzana en la boca, bañados en manteca y con papitas al rededor. Es lo que tenemos. Es lo que hay. ¿Es lo que nos merecemos?
Jueves que vale por viernes. Aguanten los Juernes.