Demo Gracia
Argentina se encuentra bajo un manto místico revelador. Eso, o la onda de Lilita se puso de moda y todos salen a practicar revelaciones. Graciela Ocaña afirmó que el error de tipeo en el currículo de Reposo demuestra que es un trucho, la ministro de Gobierno de Scioli sostiene que Mariotto le quiere poner palos en la rueda al Gobernador y Nilda Garré afirma que Macri se dice lo que dice porque quiere ser candidato opositor. Siguiendo este orden de cosas, no se descarta que en los próximos días la Nilda afirme que existen homicidios porque hay personas que matan a otras.
Sin embargo, en esta andanada de revelaciones pelotudas, la Presi no pudo quedarse afuera y afirmó que nadie estará en el Proyecto X a no ser que se encuentre «en cosas raras». Si bien podemos asegurar que un aparato de inteligencia ya fracasó si es que lo explica la Presidente, resulta inocente afirmar que no estaremos en él, si es que no merecemos estar en él. Pero si ya daba cagazo suponer qué considerará Cris como «cosas raras», convulsioné cuando la escuché pedir que se la añadiera la palabra «democrático» al Proyecto X. Realismo mágico: si es democrático, no es malo.
Son cosas que por más ridículas que suenen, no dejan de ser obvias, como el revuelo armado por la ley de identidad de género: no veo cuál es el escándalo de que podamos llamarnos como querramos si el gobierno hace rato que nos aplica la identidad de clases, moviéndonos de la media a la pobreza y de allí a la riqueza, dependiendo de si haya que pagar impuestos o comprar dólares. Pero eso sí: con democracia. 
Desconozco en qué momento pasó -y me da fiaca ponerme a investigar- pero en algún momento de la historia pasamos a confomarnos con migajas o con mucho, pero sin libertad. En los tardíos setenta, entregamos todo porque había orden, luego porque había plata y ahora porque hay democracia, todo depende del mensaje que nos transmita el oficialismo eventual. Cualquier garompa atómica que nos enchufe el gobierno, tiene valor en el factor etimológico, no en el real. Un negoción propagandístico con la transmisión del fútbol, es un acto reparador porque es «para todos», un camión pedorro con tres kilos de carnaza desfilando por la sabana del conurbano es una gran medida porque también es para todos, al igual que la combi con dos cornalitos y un filet de merluza que paseó por el conurbano septentrional. 
Ni siquiera considero que hayan reducido la palabra democracia a su más mínima expresión: la ridiculizaron, la convirtieron en la nada misma, en una fantochada, en una pretensión de que cualquier dádiva o montaje es un acto de democracia y que debemos dar gracias por ello, aunque no sepamos para qué. Por eso veo más factible una resignificación de la palabra democracia, dado que ya no la utilizamos para lo que fue concebida. Nosotros no tenemos un sistema de gobierno indirecto, mediante el cual los ciudadanos eligen políticas públicas representadas por personas que las llevarán a cabo, sino que nos dedicamos a subsistir dando gracias por la buena onda de poder comer de vez en cuando algún menú de esos que nos preparaban cuando éramos píbes y un asadito era algo que podían comer los albañiles en la obra y no un banquete de lujo. 
Blanqueemos y aceptemos que no vivimos en democracia, sino en demo gracia. No solo damos gracias voluntariamente, sino que hasta la Presi nos lo ha exigido en numerosas ocasiones. Ella no aclaró bien el porqué, pero a lo largo de sus cientas de exposiciones orales podemos aseverar que quiere que le demos gracias por un sistema judicial adepto y garante de impunidad propia y ajena, pero democrático. También pretende que le demos gracias por brindarnos negociaciones paritarias todos los años, aunque eso signifique que la inflación real nos devora los bolsillos y que lo que nos aumentan hoy lo necesitábamos hace un año. Cree que es menester que le agradezcamos por la no represión de la protesta social, a pesar de que las fuerzas del gobierno reprimen a troche y moche con bastones democráticos y balas de goma con garantía de derecho humano. Supone que debemos agradecerle porque llevan nueve años en el gobierno y no consiguieron -ni quisieron- modificar una sola estructura del poder real, permitiendo que los grandes empresarios amigos sigan forrandose en guita, pero democráticamente. 
¿Qué es la democracia? ¿Qué entienden por democracia? ¿Dónde está lo democrático de un sistema de espionaje? ¿Acaso van a llamar a plebiscito para que decidamos a quién le pinchamos el teléfono, a quien le interceptamos los mails y a quién le reventamos la reputación por pensar distinto? Hay que ser hipócritas, otra no queda. Si no, no se entiende que le llamemos democracia a esta comodidad de ir a votar una vez cada dos años, si pinta, si no hace mucho frío, si no hace demasiado calor, si no llueve y si la cola no es muy larga, no está llena de viejos, ni de pendejos, ni de vecinos molestos. Si la democracia es el gobierno del pueblo, nosotros la reducimos a un trámite más, algo molesto que hay que hacer, como pagar el ABL, charlar de fútbol con hinchas de River o atender a la patrona. Mientras, confunden lo poco que quedaba sin mezclar y nos hacen comparaciones del neoliberalismo burgués de los ´90 con el gobierno democrático de hoy en día, como si las urnas hubieran estado bien guardadas durante una década. 
Ahora resulta que debemos dar gracias, también, porque tenemos una industria nacional igual de chota que siempre, pero que también da laburo a un montón de tipos que juegan a armar rompecabezas metidos en galpones convertidos en Jardines de Infantes para adultos, encareciendo lo que ya llegaba perfectamente fabricado del exterior y bancados con subsidios que salen de la tuya y de la mía. Tan pedorra es nuestra economía que la única forma de sobrevivir es prohibiendo todo lo que venga de afuera y arrojando el aparato del Estado a perseguir al pobre infeliz que pretende resguardar las tres chauchas y los dos palitos que le quedan, comprando dólares. Pero eso sí, es una prohibición y una persecuta bien democrática, tan democrática como las ganas de no laburar que tienen los trabajadores suspendidos en sus fábricas, como la voluntad de cagarse de hambre y de frío que tienen las familias que duermen en la calle y las poderosas ganas suicidas que tenían todos los que palmaron porque un tren no se enteró que el recorrido terminaba en Once. Si me van a correr por izquierda, centro y derecha afirmando que el discursete antimodelo garantiza mucha libertad, incluyendo la de cagarse de hambre, devuélvanme la libertad, que del hambre tampoco parecen saber mucho.
Hay que darles gracias porque se autodefinen democráticos y exigen el respeto del voto popular, nos refriegan el 54% como si el otro 46% no existiera, como si el 30% que ni quiso ir a votar, tampoco contara, pero luego se dedican a reventar esa misma voluntad popular cargándose a todo aquel que disienta un cachito, que se corra un centímetro o que no se siente a aplaudir a la Presi. El paroxismo lo están padeciendo actualmente los habitantes de la provincia de Buenos Aires, que votaron a una Presidente, pero también votaron a un Gobernador y que, ahora, se tienen que fumar que las aspiraciones presidenciales de Scioli sean castigadas por quienes no tienen aspiraciones, no tienen hambre de algo más. La comodidad de haber salido de la nada y ligar un contratito no se puede dejar pasar para quienes no saben ganarse cincuenta pesos honestamente en la calle. 
Es por eso que no impactan los pedidos de reestructuraciones tr
ibutarias. Por más que Moyano insista con la quita del impuesto a las ganancias y una reestructuración del tributo a la riqueza, no va a conseguir una goma. Primero, porque es Moyano; segundo, porque es sindicalista; y tercero, porque el impuesto a las ganancias es una quita al esfuerzo laboral y el de la riqueza un castigo a la ganas de progresar. Y en este gobierno, nadie quiere progresar. Con esto no me refiero al progreso económico personal -de eso dan muestras a diario- sino a lo más humano de todo, a las ganas de trascender, de perpetuarse en la historia, de aspirar a más, de llegar lejos. Estos no pretenden nada, sólo que Cris siga en el poder para garantizarles y protegerles del flagelo de volver al llano de sus vidas de mierda, de sus hijos que los odian por ausentes y sus parejas frígidas por años sin amor. No tienen hambre de gloria, y eso en la política garpa mucho más que una buena agenda. Para el que gobierna, claro.
Lunes. Tenemo democracia. Demo gracia.