Ideas
La Patria revoltosa de la militancia extraña me está crispando los nervios. Los veo en los foros, en los comentarios de los blogs, en la oficina, en la TV Pública, en la radio. Algunos se llaman de izquierda. Otros no dicen serlo, pero dicen despreciar a la derecha. Kirchneristas homófobos, kirchneristas de la primera hora (con el 8% de intención de voto en 2003, deben sumar 5 o 6 incluyéndolo a Néstor) Peronistas que dicen ser kirchneristas, porque en los 70 despreciaban a los centros de estudiantes por hinchapelotas y ahora necesitan un pasado de pertenecientes a la Liga de la Justicia Subversiva. Radicales socialista, radicales conservadores, socialistas oficialistas, socialistas que apoyan al campo por oposición al Gobierno Nacional. Gente que habla del PRO Peronismo, otros que hablan del Radicalismo K.

Cero identificación con la nada misma.

Parece que los conceptos de Izquierda y Derecha son piantavotos en su definición pura, por lo que inmensa mayoría de las alternativas electorales buscan definirse como opciones de centro, centro izquierda o centro derecha. Más allá del concepto de transculturización de ideologías foráneas, plantarse al centro es un concepto cuanto menos vacío. ¿Al centro de qué? ¿Tomo ideas tanto de la izquierda como de la derecha? ¿Estoy en el medio de ambas?

En la historia, izquierda y derecha viene del primer parlamento de la primera República Francesa, 1792 o por ahí –más o menos, no me voy a poner a buscar datos, lo dejo su libertad- cuando los Girondinos se sentaban a la derecha y los jacobinos a la izquierda. Al no haber fotos no se sabe si era a la izquierda y derecha desde la vista del Presidente o desde la vista de los parlamentarios. Estaría bueno que alguien lo aclarara, a ver si todavía nos enteramos que Eduardo Aliverti en realidad es de derecha. Pero lo cierto es que aquellos primeros zurdos, fueron influenciados y apoyados por algunos que habían instaurado una república democrática un poquito antes. Los liberales y puritanos norteamericanos.

Robespierre. Burgues de clase media. Ícono de los Jacobinos.
El periodista Enrique Vázquez lo simplificó bastante al resaltar que si Lenin sostenía que “el izquierdismo es la enfermedad infantil del socialismo” podríamos aplicar el mismo criterio y catalogar al derechismo como la enfermedad infantil del capitalismo liberal. Bajo este precepto genial, uno se pregunta dónde metemos el centro.
Lo más triste es que seguimos sin aprender de nuestros, como si fuera cada vez más cierto que el hecho de conocer la historia no implica precisamente saber qué hacer con el presente. No tenemos la más pálida idea de cómo le fue a Esteban Echeverría a mediados del siglo XIX, o cómo la pasó el candidato de la Alianza Popular Federal -a las sombras de Lanusse- en el ´73, Ezequiel Martínez, frente a Perón –más allá de las simpatías partidarias, solamente un boludo o un suicida cívico sería capaz de enfrentar a Perón en elecciones libres.

Tal vez sería hora de reconocer de una vez por todas que no es tan importante el lugar desde dónde se dice algo, sino precisamente el contenido de lo que se dice. ¿A alguien le importó en 1995 que el Carlos formara parte del Partido Justicialista? A aquellos que votan al PJ como si el General imprimiera las boletas, puede ser. El resto, seguramente lo votó por la comodidad económica que daba miedo que se fuera.

Formamos parte de una sociedad que aún arrancando la segunda década del siglo XXI no reconoce la diferencia entre Estado y Gobierno, entre República y Nación, entre Democracia Plesbicito. Con estas ideas sin aclarar, no es extraño entonces que sigamos confundiendo el conservadurismo de Néstor con el pragmatismo de Perón. Incluso la mayoría de la argentina vincula a la izquierda con el comunismo, como si este no hubiera sido el único partido de la argentina que, no solamente nunca se opuso a Videla, sino que jamás lo cuestionó (para mayores datos, vean este comunicado). Podrán decir que era por los intereses que tenía el Gobierno Nacional de aquel entonces con la Unión Soviética al ser esta el principal comprador de materia prima agropecuaria argentina. Si vamos a plantarnos desde esa filosofía, entonces de una buena vez reconozcamos que no importa la remera que se lleva, sino las ideas que se representan. Incluso cuando se dio la Revolución Francesa, los izquierdistas contaron con el apoyo de los norteamericanos no en vano, ya que los Jacobinos habían colaborado en la guerra de la independencia de Estados Unidos. Y ellos tampoco lo habían hecho desinteresadamente. La que perdía era Inglaterra.

Filmus, Heller, Kravetz, Cabandié. Militantes del PC, banqueros y un muchacho cuyo único mérito es haber padecido una desgracia. Kirchnerismo puro.
Es lamentable llegar a ese extremo, pero no me queda otra que remarcarlo una y otra vez cada vez que los pseudoizquierdistas de hoy en día consideran que el kirchnerato tiene tintes de izquierda al limitar una política de Derechos Humanos a violentar el sistema jurídico nacional juzgando a los gerontes que integraron el úlitmo Gobierno Militar.

Payasadas en el Recuerdo. Néstor, que lo único que no puede planificar ni la reforma de su baño personal, pensando con Chávez por dónde tendría que pasar un gasoducto.
Existe un vaiven de ser interventor en la economía para la clase media, liberal con los de la cúspide de la distribución de la riqueza, justiciero de los derechos humanos sólo con los de antaño, contar con militantes y o funcionarios que se juntan con Chávez y Hebe de Bonafini al mismo tiempo que reclaman justicia para las víctimas del atentado a la AMIA, de criticar a la UCR mientras sigue contando con adeptos del radicalismo, de fustigar al menemismo y tener en sus filas a Yoma, Scioli, Aníbal Fernández (por no recordar a los que pasaron como Béliz, Alberto Fernández, etcétera). A ese eterno devenir entre lo que soy y no quisera ser, lo que nunca fui y lo que quiero ocultar, el kirchnerismo lo llama transversalidad.

Cristina acongojada y supersticiosa. Manito en la goma izquierda y un acto en la AMIA.
Si ser de derecha es ser conservador y ser de izquierda es romper con las estructuras, uno se pregunta dónde catso está el centro, la transversalidad. Que lo vengan a decir los muchachos del PRO, bueno, me lo puedo llegar a fumar, ya que no tienen una base partidaria. Pero que el kirchnerismo, que actualmente preside el Partido Justicialista, venga a sostener esta vergüenza ideológica, da un poco de urticaria.

Y es que más allá de las ideologías, lo que valen con los ideales. En eso se parecen todos –bueno, casi todos- los partidos políticos. Entonces, si la ideología es pétrea y los ideales son los mismos, tendríamos que empezar a ponderar las ideas. Y en esto no hay bandera partidaria que valga.

La Lubertino, del radicalismo a llorar en la Asunción de Cristina.
Tal vez ese sea el principal problema con el que cuenta la política argentina. El Frente Para la Victoria, el PRO y la Coalición Cívica (con sus variantes) han signado la vida electoral de los últimos 7 años. Todos pecaron de lo mismo. Crearon un espacio y después buscaron ideas para rellenarlo. El Manual para Principiantes de la Política de Primer Grado Inferior, la historia y, fundamentalmente, la lógica, sostienen que es exactamente al revés. Tengo una idea, creo un espacio para defenderla. Así nació la Unión Cívica, así nació F.O.R.J.A, así nació el Partido Justicialista.

Fiesta de Disfraces. Hebe como la negra Sosa y Néstor disfrazado de Estadista.
Pero vivimos en la argentina, y los partidos políticos son las vías que toman algunos para llegar al poder y después ver qué onda.

Miércoles. Me pintó la reflexión.