Oportunismo de locos

Oportunismo de locos

Existen dos palabras que utilizamos mucho a sabiendas de qué significan. Sin embargo, necesito ponerlas de corrido para poder dimensionar el asunto. La oportunidad es definida por el diccionario como “tiempo o circunstancia oportunos para algo”. Oportunismo, en cambio, aparece con esta belleza: “Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones”.

Si uno quiere profundizar por alguna duda, la RAE aclara hasta con un ejemplo. Así aporta que “se usa sobre todo en el ámbito político y tiene connotaciones negativas: «Pero cambiar de bando así es de un oportunismo repugnante»”.

Si existe algo peor que no ser escuchado en un reclamo, es que se intente solucionar el reclamo por cuenta propia por una orden. Es una situación difícil porque deja a los que reclaman en una posición un tanto incómoda, por no decir muda. Puntualmente, me opuse a la 26.657 cuando fue debatida y aprobada en 2010. Volví a hacerlo cuando se reglamentó recién en 2013. En ninguno de los dos casos era yo una parte interesada, pero tenía el conocimiento que traía del palo judicial respecto a la catástrofe que se podría generar si se eliminaban o se volvían más tortuosas las posibilidades de internar a una persona con su voluntad comprometida.

Tampoco me volví parte interesada después de mi diagnóstico porque tengo una buena cobertura médica y porque tengo una red de contención que advierte si comienzo a circular por la banquina. Básicamente, porque tengo suerte. La suerte con la que no cuenta un universo enorme de personas que requieren atención médica psiquiátrica y no la obtienen, y el universo gigantesco de personas que no saben que necesitan ayuda y van por la vida de forma violenta, intempestiva y como si el mundo les debiera algo.

Hace un par de semanas, me encuentro con la novedad de que circulaba un proyecto para ser enviado al Congreso de la Nación con el objetivo de modificar la vigente ley 26.657, la que regula la salud mental y que tantos dolores de cabeza me ha causado a mí y a muchísima gente en peores circunstancias. Pocas veces puedo recordar un mayor ejemplo de «cuidado con lo que deseas». Podría hablar de la bajeza de buscar cualquier carta para desviar la conversación pública, algo para lo que ya probaron con todo, pero eso sería desaprovechar la oportunidad cuando el tema finalmente surge. El tema no es la oportunidad y ni siquiera deseo meterme con quién impulsa la modificatoria. El tema pasa por los propios pilares discursivos del gobierno.

Se habla de prevención, de intervención y de devolverle la centralidad al médico psiquiatra. No podría estar más de acuerdo. Las palabras siempre son positivas. Ya cuando entramos en el rubro “desestigmatizar los hospitales psiquiátricos” me agarro la cabeza porque sé que va a ser una batalla de trincheras en la que nadie tendrá demasiada idea de qué carajo pasará. El término correcto es “hospitales monovalentes” porque se especializan en una sola patología. Y la psiquiatría no aborda una sola patología. ¿Monovalentes en qué? ¿Monovalentes psiquiátricos en general, onda que convivan adictos con esquizofrénicos, psicóticos y depresivos? Nada peor para cada uno de ellos que convivir con cualquiera de las otras opciones.

No sé si alguien en el gobierno lo sabe, pero ¿el hospital Laura Bonaparte es una institución monovalente? Quisieron cerrarlo amparados en una ley que hoy pretenden modificar: la que contempla que los monovalentes deben cerrarse. Hoy, de pronto, cerrarlo es estigmatizante. Uno intenta creer que no hay oportunismo, pero lo desfinanciaron con ese fin; lo dejaron con un presupuesto que no cubre ni los insumos médicos y ahora se presenta un proyecto para desestigmatizar a los hospitales psiquiátricos. Diría que parece un chiste si no fuera una joda grande como la locura colectiva de este país.

Ya imagino los debates, con argumentos de “ustedes hicieron esta ley que no ayudó a nadie y que, con el verso de ampliar derechos, eliminó derechos” de un lado, mientras que del otro defenderán una ley indefendible, inaplicable e impracticable, ni aunque contaran con todo el presupuesto que nunca tendrá este país. Lo peor de todo, al menos en mi cabecita, son las ganas eternas de darle de comer a un enemigo político al que sostienen con un respirador artificial. Es obvio que el kirchnerismo será el blanco de los cruces parlamentarios y es más que obvio que defenderán su postura mientras se quejan de la falta de presupuesto.

Digo ley indefendible porque en todo el debate que derivó en la sanción de la ley en 2010 consultaron a tantos sectores que no entiendo cómo no llevaron también al sindicato de trabajadores de la propiedad horizontal, si estaba el micrófono abierto para cualquiera que quisiera opinar. Los únicos que no fueron consultados, los únicos que no tuvieron una sola opinión en todo el proceso fueron los médicos psiquiatras.

Agrego inaplicable porque se buscó la desmanicomialización, un exceso del gusto moderno por las palabras de complejo entendimiento, y la realidad respondió con un sopapo: hay tres veces más hospitales psiquiátricos privados que públicos. El que tiene plata, tiene salud mental. Obviamente, el que tiene con qué, también accede a los medicamentos.

Y sumo impracticable porque no es solo que la ley es bonita, sino que no cuenta con presupuesto para prevenir y acompañar alternativas a la internación. No hay presupuesto de un país sano que permita designar un equipo interdisciplinario para acompañar de manera externa a la inmensa cantidad de pacientes que deberían estar internados por criterio médico.

Dejo para un mundo aparte eso que llaman “sobremedicación”. Técnicamente, yo estoy sobremedicado: tres drogas distintas un par de veces por día. Desde que las tengo, soy una persona plenamente funcional. ¿De qué sobremedicación hablan? En todo caso, habría que actualizar los manuales y contar con ofertas de drogas de última generación de fácil acceso, porque todavía hablamos de Sertralina cuando ya existen cuatro o cinco drogas muy superiores para tratamientos de depresión y ansiedad, por poner un ejemplo. El hecho de que se usen combos de pastillas no es sobremedicación: se hacen dosis bajísimas porque, combinadas, evitan precisamente la sobremedicación. Con pegar un tubazo a un psiquiatra que se haya actualizado como mínimo, no sé, en 2005, alcanza.

Y ahí va otro ejemplo de sospecha. ¿Sabe el gobierno que la única pastilla antidepresiva que cubre el Estado es la Sertralina que, justamente, es el único antidepresivo que no pueden tomar las personas que integran el espectro autista? Pueden modificarlo por simple resolución ministerial. Lo pueden hacer desde siempre. No necesitan tocar ninguna ley para eso, solo se les mueve el presupuesto porque las demás pastillas puede que salgan un poco más, pero tampoco es mucho. Sí es demasiado para quienes no pueden pagarlas. Si les importa de verdad, denle para adelante con la resolución mientras vuelan sillazos y camisas de fuerza en el Congreso.

No es un dato menor el de las pastillas. Una verdadera modernización implica una actualización de las drogas consumidas. Drogas nuevas, mayor precio. ¿Tienen idea del dolor financiero que implica un tratamiento psiquiátrico para una familia promedio que no califica para la asistencia pública? Un tratamiento promedio de antidepresivos, ansiolíticos y un regulador ronda los 250 mil pesos brutos. Los que tienen buenas coberturas, la reman como pueden gracias a los descuentos y así y todo pueden deducir que es caro. ¿Quién lo financiará si van por la modernización? Espero que tengamos la misma idea de modernización, que no es otra que estar al día con la farmacología. ¿De dónde saldrán los fondos? En la era del veto a toda ley que amplíe gastos sin explicar fondos para no terminar en déficit fiscal, ¿ya saben cómo van a cubrir los costos de las pastillas modernas, varias de ellas importadas?

Prevención no es solo intervenir. Es garantizar entornos seguros para no saturar al cerebro de cortisol más allá de lo que podemos tolerar. Está claro que eso es imposible en el mundo en el que vivimos y que, probablemente, siempre haya sido imposible porque todos tenemos umbrales distintos. De todos modos, habitar una realidad en la que la disidencia ha dado paso a la utilización de insultos deshumanizantes como si fueran proyectiles de tiza en un aula, no genera una sola chance de algún refugio. No puedo creer que por prevención interpreten internar preventivamente. Si hay internación, ya no es prevención, gente. Sí, se previene una muerte, pero si se llegó a la crisis es que no hubo prevención.

Totalmente a ciegas, ni siquiera contamos con estadísticas sobre el estado psiquiátrico del país. No lo sabemos; tenemos que guiarnos por proyecciones internacionales un tanto anticuadas e intentar una extrapolación. Antes de la pandemia, se estimaba que una de cada siete personas sufriría algún trastorno mental a lo largo de toda su vida. El dato actual más optimista dice que el 14% de la población mundial padece un trastorno mental, con la ansiedad y la depresión a la cabeza. No, no es a lo largo de su vida; es ahora mismo. El 14% de 47 millones indica que, quizá, en Argentina tengamos casi 6.6 millones de personas dentro de la franja de gente que requiere tratamiento. ¿Puede ser menor? Me encantaría saberlo, pero no hay información. Y sin información, es difícil realizar diagnósticos. Al menos eso dicen los médicos.

Da la impresión de que las personas clave sí escuchan, pero de cada caso toman lo que conviene para hacer un pastiche y jugar al bricolaje de la oratoria de personas que piden la palabra en las sesiones solo porque les encanta cómo suena la voz al pasar por el ecualizador de sonido. Hoy tenemos un recorte de casos puntuales, grabados en la memoria de todos, entre los que figuran Chano Charpentier, el oficial de la Policía Federal que murió de un puntazo a manos de una persona en pleno brote psicótico y, por ahí, exagero en mi buena voluntad; puede que se sumen los casos policiales de familias masacradas por un integrante de la misma familia que luego se suicidó y resulta que estaban bajo tratamiento. Ahora hay que agregar algo que advertimos desde el día uno (hace 16 años): la mayoría de la gente en situación de calle está trastornada. No es estigmatización, es un hecho comprobado. Y el que no lo está, lo estará en cualquier momento porque la calle aliena a las personas.

Hasta el momento queda afuera un factor enorme: la disparidad de capacidad de acción en cualquiera de los casos. La actual ley no cuenta con los fondos para que las provincias se adapten. El proyecto no cambia eso ni responde a preguntas para las que no hay respuestas: ¿qué herramientas les damos a personas que viven alejadas de lugares como Buenos Aires? ¿Dónde se atienden? ¿A dónde las internamos? Si las trasladamos a cientos de kilómetros de su lugar de origen ¿cómo garantizamos sus vínculos?

Hay un listado de trastornos psiquiátricos incapacitantes. Si el proyecto de reforma realmente pretende ampliar la cobertura y garantizar derechos ¿son conscientes de que habrá, indefectiblemente, un aumento en las prestaciones por discapacidad, que incluyen cobertura al 100% de los tratamientos, más pensiones por invalidez y demás ítems? ¿Qué entienden por prevención si en dos años no hemos visto una sola campaña, ni una sola en ningún ámbito escolar ni laboral que tenga que ver con el consumo de drogas o las señales tempranas de alguna alteración mental? Para eso no se necesita, tampoco, ley alguna.

Por lo pronto, la veo desde afuera, de reojo, de vez en cuando, como quien mira algo inevitable. No soy un quejoso y nada más en este asunto. He hablado mil veces, hasta he redactado un punteo de cada artículo que falla y con los argumentos de por qué fallan para darle sustento a otro legislador que quiso hacer algo. Agrego que lo hice gratis, en esta época en la que te cobran hasta para concientizar. Como yo, hay cientos de textos que pululan por despachos tan, pero tan al pedo que terminan en esto.

Puedo decir que mejor esto que nada, pero lo ideal ante el fracaso de una ley es desarrollar un reemplazo con los pasos correspondientes, con una convocatoria a oradores y especialistas en audiencias públicas para desarrollar un anteproyecto que pueda ser debatido, y no enviar uno entero y ponerse betún en los pómulos para marchar a una nueva batalla legislativa. Y si no daba para cumplir con todos esos pasos y tanto se desea suprimir la actual ley, se la deroga y a la mierda, que rija la antigua ley hasta que alguien tenga ganas de hacer algo y el clima acompañe.

Para que se entienda, no es que no me importe que se modifique la ley. Solo me intrigan tantas inconsistencias –presupuestarias, practicidad, judiciabilidad– que todo puede resumirse en qué tan perdida resultará esta oportunidad en manos de los oportunistas. Dios quiera que me equivoque.

Por favor, quiero estar equivocado.

Nicolás Lucca

P.D.: A los legisladores de turno actuales y pasados con los que he hablado de este tema, ahorren el mensaje y seamos felices con el silencio.

P.D.II: A quien le interese, tengo un podcast gratuito sobre salud mental. Se llama «Ideas Rotas» y está en Spoti, YouTube y Apple.

Este texto fue escrito sin la utilización de herramientas de IA. Compartilo, que los algoritmos me esquivan. Este sitio se sostiene sin anunciantes ni pautas. El texto fue por mi parte. Pero, si tenés ganas, podés colaborar:

Invitame un café en cafecito.app

Y si estás fuera de la Argentina y querés invitar de todos modos:

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¿Qué son los cafecitos? Aquí lo explico. 

Y si no te sentís cómodo con los cafés y, así y todo, querés, va la cuenta del Francés:

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Alias: NICO.MAXI.LUCCA

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Si tenés algo para decir, avanti

(Sí, se leen y se contestan since 2008)

Un comentario

  1. No hay peor sordo que el no quiere escuchar. ¡Ojo al piojo!
    Escuchar es ‘abrir’se a razonar después de usar el sentido humano de la audición.
    Y no hay mejor ‘loco’ que el que se quiere ignorar.
    Buen sábado para nosotros los cuerdos y vaya un parroquial especialísimo por los 18 años cumplidos de mi sobrina nieta, próxima Biotecnóloga, si quiere.

    PD: ¡Nico! Si empezaste esto allá por 2008 ¿No estás por cumplir vos también los 18?… digo porque como escribiste por allá arriba: ‘desde el día uno (hace 16 años)’
    Pd22: al que lea esto le recomiendo ver la película «King of hearts» o «Rey por inconveniencia» o «Le roi de coeur».-

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