Emocionante

Emocionante - Frame de la pelicula Intensamente.

Hace poquito, alguien me preguntó por uno de mis tatuajes. Es una copia de la ilustración número veinticinco que realizó John Tenniel para la edición original de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, y el motivo de la elección es sencillo: siempre me pareció fantástica una escena en la que están todos tan locos que la única persona desubicada es la que intenta pensar de manera normal. Entonces, si la locura es la normalidad, ¿en qué lugar queda la persona racional? No sólo eso, sino que Alicia, por si fuera poco, tiene la mala costumbre de reaccionar con las emociones esperables ante cada estímulo: fascinación, sorpresa, frustración, desconcierto y enojo. No es que los demás no tuvieran las mismas emociones, sino que Alicia es la única en la que podemos identificar como lógicas esas reacciones en una escena que condensa todo lo que existe antes y después en la historia: un desfile de personajes cuyas emociones son totalmente contrapuestas a los estímulos recibidos.

Y ya que hablamos de emociones y reacciones… Gracias a la necesidad constante de generar contenidos falopa para mantener las cuentas de redes vigentes, ha proliferado un concepto aristotélico sobre la gestión del enojo. La idea sería no reprimir el enojo, sino saber identificar la fuente de la frustración y dominar el cómo, el cuándo y el a quién deberá dirigirse nuestra manifestación de disconformidad. Una pelotudez supina al partir de un único origen de enojo que sería la reacción a la frustración. Uno puede estar enojado por mil cosas que lo frustran, pero muchas veces, el enojo más explícito se da ante una agresión, ante un despropósito, ante una injusticia, y ninguna de estas tres tiene, al menos no siempre, una contraparte en una frustración. Y cuando sí media la frustración, el cómo, cuándo y a quién pierde toda su dimensión cuando las circunstancias de todo un entorno son lo que te frustra.

Por más que nos creamos poseedores de la certeza de que hay un único responsable de esa realidad –nunca es uno solo–, ¿a quién le dirigimos ese enojo si ese alguien no sabe ni que existimos? Para hablar de frustración, deberíamos hablar de un deseo de realizar algo que se vio interrumpido, frustrado. Y la humanidad gira cada vez más hacia tener bien disociados los sentimientos de frustración y enojo, con un montón de personas frustradas sin saber cómo canalizar ese sentir y otro tanto de sujetos que están enojados sin poder explicar bien por qué.

En realidad, Aristóteles afirma que las emociones no deben reprimirse: deben ser gobernadas. Y puede que suene a chiste en esta época en la que la furia se convirtió en virtud, donde un personaje de Gran Hermano adopta el nickname “Furia” y se convierte en ídolo, y los pueblos democráticos parecieran ver en la furia el último resabio de humanidad que queda en un político: una emoción, algo que nos iguala a todos. Hablar de “gobernar el enojo” es demasiado pedir en épocas en las que cada vez más pueblos deciden gobernarse a través del enojo.

Para el viejo griego, la ira surge cuando una persona siente un desprecio hacia sí misma o hacia otra persona cercana, lo cual la hace comprensible. Pero comprensible no es igual a tener razón, mucho menos cuando nada hay más subjetivo que una percepción. ¿Que por qué le hablo de estas cosas? Es que esta semana, en medio de la andanada de noticias en torno al accionar de determinados funcionarios, uno de ellos dijo que su próximo libro se llamaría “La moral como política de Estado” y yo no pude más que quedar atónito en el más estricto sentido de la palabra.

No sé si realmente cree que es correcto hacer lo que se le canta. La disociación puede ser total, o el conocimiento nulo, o el cinismo, brutal. En cualquiera de los casos, es difícil de asimilar. También puede ser que se centre solo en cuestiones morales cuando lo que está contemplado en la legislación es una cuestión de ética. Aún la semana deparaba más datos para comprender el concepto, pero con lo que tenía, con tan solo un par de días, ya se me había caído en la cabeza “Ethica” de un tal Spinoza.

Hace cuatro siglos, mucho antes de la Revolución Industrial y un siglo antes de que surgieran esos locos que crearon los estados liberales modernos mediante revoluciones, Baruch Spinoza se puso a analizar las conductas humanas en lo que él –y su época– denominaba “afectos”: tristeza, alegría, miedo, ira, deseo, amor, odio, aversión, audacia, vergüenza, soberbia… En fin, todo lo que podamos imaginar. Obviamente, lo hace con la óptica de alguien que se formó dentro de una religión y quiso romper con sus dogmas, y en una época en la que no existía ni el psicoanálisis ni se sabía el origen ni tratamiento de enfermedades mentales. Sin embargo, varias de sus definiciones aún suenan acertadas. Digo que “suenan” porque Spinoza mataría a cualquiera que dijera que tiene la certeza sobre cualquier tema. Entre sus numerosas definiciones, el tipo que rompió moldes con solo dos libros publicados en vida sostiene que la ira es un deseo que nos incita, por odio, a hacer mal a quien odiamos. Tengo mucho para decir sobre el tema, pero poco les importa, así que pasaré a la hermosa vinculación con otra sentencia de Spinoza: “Quien imagina que aquello que odia es destruido, se alegrará.”

Y yo creo, en mi absoluta subjetividad, que ese es el motor en el que se mueven las sociedades democráticas modernas. Pero como lo que pasa afuera del país a nadie le importa, puedo reducirlo a la sociedad argentina, y alcanza y sobra. Es más, podría conformarme con que esa es la definición que engloba a todos los que nos movemos en el mundo hiperinformado, ansioso y pisacabezas.

Solo así puede explicarse que objetivos que nos indignaban en la acción de determinados políticos nos parezcan cosas menores, poco menos que una boludez o un sinsentido en manos de otro. Aún no decido si debería valorar más al que dice “sí, lo sé, pero prefiero esto a que vuelvan los otros”. Mi duda está en si es valorable la honestidad del enunciado o tan solo es una verbalización más de un accionar que es para darse martillazos en la entrepierna por la imposibilidad de aspirar a un mundo ideal que, en virtud de la cantidad de gente que descree del mismo, ya no podríamos considerar “normal”. Es la relatividad de lo plural, ¿vio? Entre Núñez y Palermo viven más personas que en toda Islandia, pero solo hay dos formas de ver las cosas.

Las comparaciones son odiosas, pero nada compara más que una doble vara, y esto es una definición circular que se retroalimenta. Lo increíble de las comparaciones es que, cuando todos recurren a meter en la misma bolsa a su antojo, cualquiera puede decir o hacer lo que se le quiera y reclamar una etiqueta ideológica solo por autopercibirse de esa manera.

Hace poco menos de una década, en medio del gobierno de Mauricio Macri, se produjo una batalla de teclado entre el círculo económico liberal ortodoxo y el ala liberal tipo globalización europea. De este último lado, Fernando Iglesias calificó de “liberalotes” a un grupo conformado por economistas como José Luis Espert, a quienes repudió con una catarata de números del gobierno de Mauricio Macri. Por aquel entonces, Espert era una celebridad, el primer best seller popular de la economía liberal, con un libro que llevaba el prólogo de Ricardo López Murphy y que se presentó en una Feria del Libro a sala llena. Lo recuerdo porque estuve sentado en primera fila. Ya entonces, Espert comenzó a criticar la gestión de Luis Caputo y la política de Marcos Peña. Poco después, calificó la gestión económica como “kirchnerismo de buenos modales”. Iglesias publicó una columna en La Nación titulada “Liberalotes”, se armó la podrida, Iglesias publicó una segunda columna y las críticas cruzadas no dejaron de escalar. Y todavía faltaba más de medio mandato, y el triunfo electoral de medio término convalidó el “no vuelven más”.

En los años transcurridos desde aquel hito en 2017, José Luis Espert permitió que Milei se acercara, se presentó para la presidencia en 2019, se distanció de Milei, se sumó al Juntos por el Cambio porteño de la mano de Rodríguez Larreta, luego fue él quien se acercó a Milei y, más tarde, fue arrojado al ostracismo por hechos que, al lado de los escándalos actuales, uno se pregunta por qué, si acá está claro que no pasa nada.

Por otro lado, el que acusaba a los liberalotes de limar al gobierno de Macri –en ese sentido, nadie fue tan lejos como Milei– se convirtió en una espada verbal en defensa de la gestión magenta y ahora oficia de embajador ante la Unión Europea. Las comparaciones circulares que le contaba más arriba. Cuando todo es igual a cualquier cosa por comparación de uno o varios puntos, nada es diferente y todo lo es, según con qué pie nos levantemos ese día.

Hoy el enojo está de moda. Todos podemos y debemos mostrarnos enojados, pero con varios destinatarios bien difusos. “El kirchnerismo” va en la misma bolsa que los socialistas, troskos, zurdos, progres y peronistas, que ahora resulta que son un trastorno mental. Espero que los compañeros integrantes del actual colectivo estacionado en La Rosada reciban el tratamiento correspondiente para poder llevar una vida social normal.

Otro enemigo bien, pero bien difuso son los periodistas, que de pauteros y periosobres, devenimos directamente en una mafia que se enriquece con mentiras. Por acá ya considero alimentarme con ensalada de piojos, pulgas y garrapatas, pero nunca fui bueno para crecer con o sin dinero.

La emulación, otro de los afectos que enumeró Spinoza. Él lo encuadró dentro del deseo, en este caso de una cosa que se engendra en el interior de quien emula porque imagina que otros tienen el mismo deseo que él. Y la emulación, en todos los sentidos que queramos buscarle –incluso el de la RAE y el que usted pueda enunciar a su parecer– la vemos en la fila de caras conocidas que reacomodaron las cosas para sumarse al oficialismo de lleno, de costado o como apoyo.

El Presidente puede decir que todos los periodistas son unas ratas porque ni siquiera los periodistas que lo entrevistan –incluso miembros fundadores de FOPEA– tienen para tirarle un tibiecito “pero”. Del mismo modo, puede derramar su furia contra los peronistas porque ningún gobernador le quitaría la firma de apoyo por principios. Puede cagarse de risa de los radicales, del PRO y de cualquiera porque todos dicen “sí” a cambio de que “el país salga adelante”. Y así y todo no les dan bola.

De tanto jugar al patriotismo pero sin olvidarse de sus principios, De Loredo fue y vino tantas veces por día que se mareó y quedó colgado de la brocha. Jorge Macri comenzó a comunicar en Xwitter como si extrañara los mensajes de Patricia Bullrich, con un discurso que quiere emular una política de mano dura, orden y progreso. Por un lado, del gobierno nacional solo recibe promesas.

Por el otro, su temor a perder la reelección de la Jefatura de Gobierno en 2027 en manos del primero que le coloque Milei, junto a la posibilidad de votar lista plena. En medio de las dos cosas, una pregunta que nadie de su equipo de comunicación se ha hecho hasta ahora: ¿Por qué alguien votaría una copia pudiendo votar al original? No es más caro, sale lo mismo y están en la misma boleta única. Pero ahí va el Jefe de Gobierno, con anuncios entonados a tal magnitud de adjetivos que uno se pregunta cuándo pudo escapar del sótano en el que lo tuvieron amordazado durante los años en que fue ministro de Larreta.

Podría pasear por todas las provincias donde el Presidente lleva su “Tour de la Gratitud” y en todas se repetirá el mismo patrón: gobernadores macanudos con el oficialismo nacional y que, al mismo tiempo, no saben qué hacer para frenar el crecimiento de un candidato magenta dentro de su provincia. Osvaldo Jaldo, tan peronista como puede ser un caudillo del noroeste argentino, integra el grupo de gobernadores dialoguistas que le garantizaron actividad legislativa al Ejecutivo Nacional cuando estaban en minoría. Cada vez que Milei visita Tucumán, el gobernador lo espera para un recibimiento oficial y una foto. Mientras tanto, en la provincia le crece un candidato para la gobernación llamado Lisandro Catalán, que tiene lo mejor de los dos mundos: trabajó con Guillermo Francos y Javier Milei en la fundación para la candidatura presidencial de Daniel Scioli. Por más piruetas que haga Jaldo, por más que no diga nada cada vez que su pertenencia partidaria recibe un insulto, ¿a quién cree que apoyará el Presidente en 2027?

¿No pueden pedir algo más? ¿Tan cortitas son las negociaciones? ¿No entra un “che, no da que nos sigas puteando”? ¿Cuántos realmente creen en sus propias palabras de que lo hacen –nos ponemos de pie– “porque el bien de la Nación Argentina está por encima de mezquindades partidarias” y no por mera supervivencia política? A los que ya quedaron al costado del camino en sus partidos de pertenencia los llaman entreguistas o traidores, pero los destinatarios prefieren autopercibirse dialoguistas.

El problema del autopercibimiento es que muchas veces quedamos en el aire con solo cambiar de salón. El Presidente volvió a referirse a la moral en un discurso en el que puteó bastante a empresarios, sátrapas, parásitos, prebendarios, políticos y periosobres. Más allá del aplomo característico, el evento no dejaba de ser un homenaje a La riqueza de las naciones por los 250 años cumplidos desde la aparición del libro de Adam Smith. Con ese motivo, y ante la presencia de todo el gabinete, el Presidente elogió una frase de Santiago Caputo, para desgracia de Karina, que, por si fuera poco, fue captada por la cámara como la única persona que no aplaudió la congratulación del Presidente.

Es curioso el encono contra el asesor por parte de La Hermana: la culpa de la investigación del caso Libra y de las patinadas de Adorni no es de los responsables, sino de quien no pudo evitar que se sepa. Para resumir, volvimos a una clásica tradición política universal: no importa tanto que se hayan mandado un moco, sino que nos hayamos enterado. Después dicen que no tenemos políticas de Estado. Es difícil suponer que el Presidente desconoce el maltrato hacia su asesor favorito, con comentarios que rozan un nivel de paranoia desproporcionado en la era en la que todo ser humano tiene una filmadora y una grabadora de alta fidelidad.

Por suerte, apareció Mahiques a oficiar como ministro de Justicia, abogado defensor ad-hoc y vocero en un derrotero mediático en el que planteó todos los motivos por los que podrían anularse las investigaciones. Y como nadie se suicida políticamente en la era de Milei, Mahiques no renunció a su cargo en la Ciudad de Buenos Aires. Será de gran tranquilidad para los porteños saber que un funcionario que no tiene ningún problema en intentar reventar investigaciones con tecnicismos vuelva a ser jefe de los fiscales de la ciudad. Es en esas decisiones en las que me pregunto qué tanto te habrá hecho alguien para tenerle tanto encono. ¿A quién va a culpar por nombrar en el ministerio de Justicia a un tipo cercano al otro gran escándalo nacional llamado AFA? ¿También es culpa del asesor? ¿Todo se resume a un “mirá cómo me hacés poner que termino imponiendo a este”?

Para finalizar, y para retomar con el hombre que intenta volver a la centralidad de la conversación a pesar de que La Hermana no puede disimular y aplaudir cinco segundos, Milei volvió a reclamar para sí la bandera de la moral en un acto dedicado a la obra cumbre de un tipo que también escribió un libro sobre moral, uno en el que cuestionó que el sentir humano sea más favorable hacia la admiración por el rico poderoso que por el sabio y que el desprecio quede reservado para los pobres. Posta, Adam también lo dijo. Eran tiempos increíbles en los que la Ilustración ya había pegado de lleno del otro lado del Océano. En 1776 sale La riqueza de las naciones, cuatro meses después Estados Unidos declara su independencia, trece años más tarde los franceses derrocaron la monarquía. Qué época para estar vivo. Bueno, a excepción de los monarcas franceses, claro. Y por un tiempo, no más.

Pero fueron años en los que se sentaron las bases para el mundo que se forjó en los siguientes dos siglos, uno basado en que nadie gobierna por designio de Dios, sino que el pueblo decide a sus representantes, que los gobiernos tienden a ser más justos con un Estado repartido en tres poderes equivalentes y de control cruzado, donde los derechos a la vida, la libertad y la propiedad son la base del sistema y que por eso todos los gobiernos occidentales pueden pararse bajo el paraguas de las democracias liberales. No solo por la economía: por las libertades.

El Presidente viaja a Hungría, no como parte del Tour de Agradecimiento, sino para estar en el evento conservador organizado por el líder local Viktor Orbán. Ahí tiene una nueva oportunidad. Hace tan solo unas semanas lo tuvo sentado a su lado en el acto de Trump, pero en vez de comentarle qué piensa del liberalismo, prefirió cantarle “Burning Love”, tal como lo captaron las cámaras. Ahora puede revalidar la herencia de los grandes pensadores y revolucionarios liberales ante el Primer Ministro que impulsó la primera “Constitución Iliberal” de Europa, por considerar que el liberalismo político es contrario a las tradiciones de su país, y logró un entramado de leyes mediante las cuales su partido tiene el control a piacere del parlamento, un sistema clientelar formoseño, un rechazo a los derechos humanos de los homosexuales plantado en la Constitución y un plan económico que terminó por crear una nueva oligarquía que, de pura casualidad, coincide con todos sus parientes y colaboradores más cercanos.

Nicolás Lucca

P.D.: Y Alicia preguntó:
—¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?
—Depende en buena medida de adonde quieras ir —contestó el Gato.
—Me tiene bastante sin cuidado… —dijo Alicia.
—Entonces no importa qué camino sigas —dijo el Gato.

Este texto fue escrito sin la utilización de herramientas de IA. Compartilo, que los algoritmos me esquivan. Este sitio se sostiene sin anunciantes ni pautas. El texto fue por mi parte. Pero, si tenés ganas, podés colaborar:

Invitame un café en cafecito.app

Y si estás fuera de la Argentina y querés invitar de todos modos:

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

¿Qué son los cafecitos? Aquí lo explico. 

Y si no te sentís cómodo con los cafés y, así y todo, querés, va la cuenta del Francés:

Caja de Ahorro: 44-317854/6
CBU: 0170044240000031785466
Alias: NICO.MAXI.LUCCA

Si querés que te avise cuando hay un texto nuevo, dejá tu correo.

Si tenés algo para decir, avanti

(Sí, se leen y se contestan since 2008)

Un comentario

  1. Recién pasadas las 22hs terminé mi lectura del emocionante Relato de hoy primer sábado de otoño. Y no porque a la tarde se me volaban las gallinas con el vendaval o como se llame ese viento que pasó por la calle donde vivo ni porque hasta hace minutos estuve con familia no conviviente en mi hogar manteniendo variopintas conversaciones algunas poco interesantes y otras menos que eso aunque todas en paz y sosiego, sino porque como antes dije recién terminé mi cena gracias a que pude prepararla con comestibles que pude encontrar en la heladera que horas y/o días antes pude comprar y todo así de emocionante. Primer sábado de otoño en BA. Y van 21 minutos que estoy escribiendo y moldeando mi estado de ánimo para moderar mi expresión sobre mis sensaciones, percepciones y demás iones que mi cuerpo+mente transitan desde hace tan poco tiempo al compás de tanto absurdo que escucho y leo que me emociona ser el ¿primero?, tal vez ¿único? comentario. Y ya van 31 minutos de escribir pensando y revisando lo que pienso y escribo para no escribir mal sin la pretensión de estar a la altura del Relato y termino ya con ésto : paren un poco porque ya es mucho.
    Y muchos cómo vos, él y yo nos emocionamos con casi casi lo mismo: la civilización bien entendida comienza por casa.-

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *