Qué son los cafecitos

Mantener un sitio no es gratis. Hay opciones, sí, pero para que éste en especial funcione y tenga una calidad visual y de carga como las que tiene, hay que pagar. Y hablo solo del mantenimiento de los fierros: servidores, diseño, dominio, plantillas, etcétera.

Y por otro lado están los imponderables. O sea, los escritos llevan tiempo, algunos más, otros menos. Algunas veces tengo una idea tan masticada en la cabeza que luego de días de pensarla y madurarla se vuelca a un texto en un rato largo. Otras veces los textos son el resumen de largas horas de estudio y siempre, pero siempre es hecho en mi tiempo libre.

Desde agosto de 2008 este sitio ha pasado por varias etapas y sus textos han estado en tres ocasiones a disposición de otros portales de manera consentida –y un sinfín de veces no– pero ya no tengo ganas de discutir el tenor de las publicaciones. Así que aquí estoy por mi cuenta en todo sentido.

Por eso los cafecitos. El texto es gratis. Todos lo son y siempre lo fueron. Aquí no hay ni textos exclusivos para suscriptores ni nada de eso. ¿Hay algo más amable que invitar un café a alguien que te cae bien?

Así que respondo algunas preguntas frecuentes que me hicieron. El sistema es transparente y el dinero se transfiera a una cuenta a mi nombre en Mercado Pago, donde me descontarán el servicio financiero de las leyes argentinas. Más transparente no se consigue.

Los números de cafecitos que ven al ingresar son los acumulados desde que comencé con el sistema, no en el día. Ojalá fuera en el día o en una semana. El número no se resetea, ni recibo todo ese dinero cada vez que publico.

Sí, es anónimo o no lo es: queda a decisión de quién paga el café si quiere dar su nombre, o uno inventado, o poner un correo electrónico de forma privada, o dejar un mensaje.

Por último, me gusta negro, sin cortar ni endulzar.

¡Ah! Gracias.

  Suscribirme