Arrancamos
Los estudiosos no se ponen de acuerdo. Algunos sostienen que los últimos muertos del gobierno hacen un promedio de un fiambre por semana y sólo cuentan a Puñeta Heyn, Corchazo Soria y al Cónsul argentino en Yacuiba. Otros generalizan y agregan al desaparecido intendente de Catriel y al muerto de Boudou, que gozará de buena salud, pero no existe. Pareciera que en el gobierno Nac&Pop lo único que avanza a paso de vencedores es la Parca. 
Si el 2011 terminó entre carcinomas y atenciones en sanatorios del Opus Dei, el 2012 arrancó a todo culor y, mientras disolvíamos el Alikal en un vaso de Ananá Fizz, nos anoticiábamos de las decenas de heridos por los festejos de año nuevo: 306 a nivel nacional, repartidos en un 49,9% de boludos por quemaduras de pirotecnia, un 49,9% de pelotudos por corchazos de champán, y un 0,2% de gobernadores rionegrinos por corchazos calibre .38. Carlos Soria, choborra, golpeador familiar y mataputos, terminó una semana adrenalínica en la que pasó a disponibilidad a toda la planta de la gobernación y vetó la ley que prohibía el uso de cianuro en la minería a cielo abierto. 
Un párrafo aparte se merece el desarrollo de la información oficial respecto del hecho. Que en el lugar del hecho estaba sólo la esposa, que estaban los hijos, que estaba sólo un hijo, que fue un tiro, que fueron dos. Lo cierto es que, cuando todavía no habían terminado la autopsia, ni habían tomado las testimoniales, un fiscal con faltantes de piezas dentarias dio el parte oficial, afirmando que fue un accidente doméstico. Generalmente, uno tiene la idea de que un accidente doméstico consiste en meter los dedos en el enchufe, pisar el jabón en la bañera, perder el equilibrio al colgar la ropa del balcón. Pero se ve que en Río Negro los accidentes domésticos incluyen la posibilidad de una voladura de cabeza por culpa de una pistola. 
Del otro lado de la frontera, Máximo Kirchner se recriminó no haber pensado algo parecido para sacarse de encima al gobernador Peralta. Es que, en Santa Cruz, el ajustazo de la Ley de Emergencia Económica -sintonía fina- tuvo su resistencia en manos de los docentes y otros estatales provinciales que fueron sutilmente reprimidos -una pequeña decena de heridos- por la Policía provincial. El vicegobernador tuvo que entrar al recinto disfrazado, la sesión se levantó y se postergó por tiempo indeterminado. El ballenato primogénito presidencial y sus muchachos de La Cámpora se quisieron hacer los pistolas y presentaron sus renuncias. Peralta agradeció el regalo de fin de año y en menos de tres días ya tenía los nombres para todos y cada uno de los cargos vacantes.
Es curioso el manejo de la terminología de la que hace uso y abuso el kirchnerismo, arrastrando en paralelo la resignificación de vocablos ya conocidos. Al ajuste le llaman «sintonía fina»,  a la inflación la definen como «reacomodamiento de precios», a una bolsa de gatos acomodaticios la llamaron «transversalismo». Es un factor que incluye el combo por la reforma caprichosa de los hechos pasados, recientes y presentes: son la Fe de Erratas perpetua. O sea, donde dice «Néstor Kirchner fue un usurero alcahuete de militares que hizo negocios vergonzantes mientras los militantes se exiliaban, combatían o morían,» debe leerse «Él fue un militante comprometido y un luchador por los derechos humanos». Del mismo modo, donde dice «desquiciado, delirante, sacado, violento verbal que atacó a propios y ajenos, e intentó encarcelar a los opositores que no pudo comprar», debe leerse «estadista, conciliador que pacificó al país y lo sacó adelante». 
Frente al Austral continúa el asueto o nadie labura.
Como técnica es discutible, pero a veces deja muchas dudas. Hoy, a una paja loca le llaman «suicidio por depresión» y a una pistola disparando a la cabeza de un gobernador, le dicen «accidente doméstico». Si admitieran sugerencia, les propondría que cambien el «Frente para la Victoria» por el «Frente para el Velorio». Sería un golazo de media cancha: sinceridad en el nombre, sin alterar las siglas. 
El resto del panorama, sigue igual, decayendo a diario. Es muy gratificante ver a los militantes del campo nacional y popular acampando frente al Hospital Austral en Pilar, prendiéndole velas a Josemaría Escrivá de Balaguer por la sanación milagrosa de Santa Cristina de Toulouse, rogando por la cura de una enfermedad que, si es lo que dicen que es, mata a menos gente que la gripe. Lamentablemente, no manifestaron su apoyo a los pacientes oncológicos del nosocomio, que fueron notificados de la reprogramación de sus tratamientos porque a Cristina le gustó operarse ya y en ese lugar tan chic. 
Mientras siguen en su nube de pedos, el «economista con onda» ya no tiene onda y lo dejaron al frente del gobierno en un momento en el que su perfil político coincide con las medidas a aplicar: reducción de salarios, pases a disponibilidad, ajustes de tarifas, quita de subsidios, represión de la protesta social y demás cosas tan poco kirchneristas. 
Hacerse el Boludo: Casi dos décadas han pasado desde que, el entonces Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca Felipe Solá, dijera su famosa frase sobre la técnica correcta para sobrevivir en política. Veinte años haciéndose el boludo le permitieron pasar sin sobresaltos de Menem a Duhalde, de Ruckauf a Néstor, de Él al peronismo federal y del fracaso al neokirchnerismo. Veinte años en los que se despegó -tarde, siempre- de todos los quilombos del gobierno de turno y otrros ni lo rozaron, como la muerte de Kosteki y Santillán en manos de su policía bonaerense. Hoy, después de haber puteado al kirchnerismo por el conflicto de la Resolución 125, vuelve para plantarse en el lugar correcto. Y ahí está, tratando de insolentes a los que putean a la Presidente, a la que tilda de «valiente e inteligente emocionalmente». Como siempre, para ser parejo, afirmó que los jóvenes kirchneristas son unos pelotudos -sic- situación que me lleva a exponer lo siguiente: 
La diferencia entre la negligencia y la imprudencia, radica en la omisión o la acción. Dicho en criollo, ser negligente es omitir el deber de cuidado necesario para evitar que algo malo suceda. Por consecuencia, ser imprudente, es llevar adelante acciones que conlleven a violar todo deber de cuidado. Hecha esta aclaración, hacerse el boludo es no mirar desde afuera, no hacer lo que se podría hacer para que las cosas salgan bien, por temor, por interés o por lo que fuera. Como contraposición, cuando alguien hace lo necesario para que todo salga como el orto, podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que ese sujeto es un pelotudo. En esta segunda acepción, entra Felipillo. 
Martes. Ser o no ser un pelotudo. Esa es la cuestión.