Consultas

Ahora que se descubrió que soy un agente infiltrado del kirchnerismo que utiliza este blog para entregar información de los peligrosos opositores que comentan en este lugar, calculo que tendré que sacarme la máscara y hacer un post oficialista. Para arrancar, hablé con mi abogada, que se manifestó muy preocupada con este asunto mientras tomaba sol en un crucero por la costa brasileña. Según su asesoramiento, debería comenzar por suprimir mis adjetivos descalificativos sustantivizados al referirme a determinados personajes del mundo político argentino, dado que podría inducir al eventual lector a tomar una postura negativa respecto del caricaturizado. Asimismo, recomendó que dejara de hacer alusión a los orígenes y trayectorias de los miembros del oficialismo, esto con el objeto de no eliminar la imparcialidad de quien esté buceando por las publicaciones de este sitio. 

Luego de años de disfrazarme de opositor y escribir en sentido crítico hacia el sector político, es lógico que me cueste sacarme el disfraz, por lo que le pedí mayores especificaciones. Según ella, llamar Pichicho a Boudou se presta a confusiones, dado que estaría sugiriendo que el honorable Señor Vicepresidente de la Nación está tan pintado que sería capaz de no chistar si lo mandaran a laburar a un sucucho en el Banco Central, teniendo su propia oficina en la Rosada. Asimismo, mi abogada cree que no es de buen kirchnerista decir que Boudou es la última voluntad cumplida de Don Álvaro y que el neoliberalismo privatista ha sido reivindicado con un vicepresidente del riñón del Cema.  
En idéntico sentido, la letrada que me asesora, me pidió encarecidamente que no haga mención alguna a la afición por empinar la botella de la doctora Diana Conti, dado que podría inducir a suponer que su defensa del stalinismo fue hecha bajo los efectos del alcohol. Y ya que hablabamos de Miss Jack Daniels del Verano de 1963, mi abogada me sugirió que dejara de meter en la misma bolsa a Nilda Garré, Majo Lubertino, Eugenio Zaffaroni y Juanma Abal Medina recordando que, además de impresentables, fueron funcionarios de la Alianza. También me hizo saber que eso de andar buscando notas de cuando Verbitsky decía que Néstor era un perejil, no daba muy kirchnerista que digamos y que traer a colación el video de Cristina gritando que ella nunca iba a ajustar, no me colocaba precisamente en lo que uno definiría Nac&Pop. Le pregunté, entonces, si estaba todo bien con mencionar el menemismo recalcitrante de Néstor, la nueva relación con Manzano y la mentira militante de Cristina. Probablemente estaba algo mareada por el alcohol, dado que desvarió y me preguntó si de chiquito me había caído de la cuna de cabeza al piso.  
Como para cambiar de tema, encaré hacia la comunicación de los hechos cotidianos. Las sugerencias se convirtieron en inentendibles. El roaming internacional y el ruido a pachanga de fondo no ayudaba. Le comenté que tenía pensado decir que el Coki Capitanich habría usado el avión oficial para ir a Haití con el objeto de importar desnutridos más fuertes -dado que los del Impenetrable se le estaban acabando por esa compulsión que tiene la gente por morirse de hambre- y que luego se dio una vueltita por Río de Janeiro para ver cómo hacía la gente para andar descalza y en pelotas sin quejarse. No le gustó. 
Rápido de reflejos, le comenté que una nueva resolución del Banco Central dispuso que todo lo que fuera verde o europeo, tuviera forma de billete e ingresara al país, quedara en el Central haciendo compañía a los tres papelitos del Estanciero y las cinco monedas del Bucanero que quedan en las arcas. El silencio del otro lado me dio a suponer que la idea le parecía buena, así que le agregué que la medida abarcaba a los jubilados, pensionados, veteranos de guerra y quienes percibieran cuotas alimentarias de padres en el extranjero, con lo que demuestran que la sintonía fina se debe a que en el Central la única reserva que abunda es la de aire. No se por qué, pero luego de escuchar algo similar a un insulto, sospecho que no le gustó mucho el párrafo.
Le conté que tenía pensado escribir sobre el cariño que aun tienen los setentistas por el cianuro y que lo demuestran autorizando actividades mineras a cielo abierto para que las empresas extranjeras se lleven lo producido sin pagar un perú. Le pareció un poco fuerte, aunque no pude entender si se refería a las pastillas de moda en la juventud maravillosa de la década del setenta, o al espíritu entreguista que demuestran día a día a costas del cáncer de unos pocos miles de seres humanos. Redoblé la apuesta contándole que Beder Herrera, el gobernador cuya victoria se la adjudicó el kirchnerismo como un triunfazo y que había hecho campaña electoral afirmando que no iba a permitir la minería a cielo abierto, hoy dice que no estaba tan mal la cosa, dado que el dinero que entraría, bien valen las 3.800 vidas que se verían perjudicadas. Luego de decir no sé qué cosa sobre mi capacidad cognitiva, la doctora me repitió que la idea no iba en línea con mi kirchnerismo recalcitrante.
De a poco empecé a comprender que no me iba a ser tan fácil quitarme el traje de opositor. Busqué rápido en mi punteo de ideas y le comenté que también pensaba hacer mención al reclamo de ayuda del campo ante la gran sequía que azota al país. Mientras pedía una caipirosca, mi abogada manifestó su beneplácito por ser la primera idea medianamente centrada que tiraba. Emocionado, dije que Yahuar había hablado con la Presi y que la excarcinoma había dicho que si querían ayuda para la cosecha, que empezaran a escupir el piso. Un sonido intermitente en el tubo del teléfono me dio a entender que la idea no le había caído simpática. Eso, o se había quedado sin señal.
Como mi abogada no me atendía -se ve que la señal no debe ser muy buena en Brasil- me puse ansioso. Necesitaba recurrir a alguien y a la única persona que se me ocurrió llamar fue a mi psicóloga. Luego de pedirle disculpas por no haber ido en los últimos once años y explicarle durante diez minutos quién carajo era yo, le conté la situación. No se mostró muy convencida, así que le pregunté, directamente, si creía que era de buen kirchnerista llamar cariñosamente a la Presi «viuda loca», «la viuda», «viuda eterna» y otras variantes. Un balbuceo me hizo suponer que no entendía bien a qué me refería, por lo que le comenté que habitualmente, a cada acto de gobierno le llamo «nueva edición del velorio itinerante» y que me daba más ternura decir «la viuda loca de la Presi» que llamarla «tilinga», «traumada de la vida», «acomplejada insegura perpetua» y demás. Luego de manifestarme que necesitaba retomar urgentemente la terapia, me dio una fecha que no anoté, una dirección que no recuerdo, y me cortó.
Decidido a demostrar mi nuevo rol de kirchnerista orgulloso, decidí escribir un post con lo que había entendido de los consejo de mi abogada y se lo mandé por mail. Supuse que en la sesión de masajes relajantes estaría aburrida como un hongo y se divertiría muchísimo respondiendo mi consulta. Debe haber entrado en tal estado de relajación que perdió la noción de lo que decía, dado que me respondió que ella no ejercía en el fuero penal y me pasó el teléfono de un «sacapresos amigo». 
Y así, sin saber qué hacer, el post fue descartado por los motivos narrados previamente.
Miércoles 11. Años puteando al gobierno y recién me vengo
a enterar que me pagan para espiar opositores. La pelotudez tiene cara de pingüino.