El Cristal con que se Mira
Cada vez que pienso que no podemos tocar más fondo en lo que somos como sociedad y Estado, sucede algo que me demuestra que así como otros países no tienen techo, nosotros no tenemos piso, estamos en la caída constante. El fallo en el juicio por el incendio del antro Cromagnón es una muestra palpable de ello. Quedó la sensación que la culpa de todo fue de un viejo garca que le puso la pistola en la cabeza a los Callejeros para que metieran bengalas en el recital, mientras obligaba a los chicos a que las prendieran y las arrojaran a la media sombra y que también le pidió a las madres que vayan con sus criaturas de uno o dos años a un lugar cerrado donde se respira marihuana y se huele a cerveza barata.

Grupos en Facebook diciendo que los Callejeros son inocentes, cuando ellos mismos incitaban al uso de bengalas, cuando participaban directamente en el negocio de las entradas y cuando les importaba poco y nada meter 4 mil personas donde entran mil. Una muestra gráfica de lo que los Callejeros manejaban se vivió ayer, cuando tuvieron que salir custodiados por la policía, esa misma policía a la que criticaban en sus letras y a la que coimeaban para que no rompieran las pelotas en los recitales.

Y todo se confunde. Hace tiempo vi como un grupo de padres empezaba a correr a piedrazos y trompadas a los fanáticos irrespetuosos de Callejeros, que iban a gritar su apoyo a una banda a la que los familiares de las víctimas querían fagocitar. Los padres quizás no se dieron cuenta que seguramente, si sus hijos no hubieran estado el 30 de diciembre a la noche en el boliche Cromagnón, seguro habrían estado apoyando a su banda en los tribunales. Y las cosas se siguen mezclando. Aníbal Ibarra fue destituído políticamente, sobreseído judicialmente. Nadie sabe qué fue lo que pasó en realidad, todos se prendieron de la tragedia y dudosamente pueda encontrar a alguno del que pueda decir que lo hizo por una cuestión de sentimientos y no por un fin personal.

El abogado Iglesias, padre de una de las víctimas, lucró como nadie con la tragedia. cobrando el dinero en concepto de ayuda del Estado por la muerte de su hijo, mientras seguía adelante con el juicio penal, el cual una vez resuelto permitiría la continuidad de la instancia civil, en donde los resarcimientos se miden en pesos. Casualmente, también es el patrocinante de las víctimas y no es gratis. El mínimo de la ley habla del 10%. Imaginen el número multiplicado por 194 muertos mas los cientos de heridos.

El desfile de dinero e intereses mezclados fue interminable. Gente que estuvo en el boliche y salió ilesa, cobró 600 pesos por mes durante 4 años en concepto de nada, ya que también contaban con asistentes psiquiátricos gratuitos. Mientras tanto los Callejeros parecían haberse transformado en la mejor banda de rock desde la aparición de Los Beatles, como si la tragedia hiciera que los carraspeos de Fontanet y el saxo pedorro y encima mal tocado, de golpe sonaran como cantos de sirenas. No guardaron silencio, sacaron un disco nuevo y tocaron cada vez que pudieron, siempre en fechas claves y bien para romper las pelotas.

Por otro lado, creo que cualquier abogado que se siente a analizar la sucesión de hechos que ocurrieron antes, durante y después de la tragedia, termina con la cabeza fundida. ¿Acaso puede cobrar una indemnización por muerte el familiar de una persona que dejó a su hijo de 9 meses en el baño de un boliche al cuidado de un extraño y sin posibilidades de que este sujeto pudiera contactarlo ante cualquier eventualidad? ¿Tan enfermo se puede estar para llegar a ese extremo? ¿En qué cabeza entra?

Y también están los pibes héroes, los que entraron una y otra vez al lugar para sacar conocidos y extraños, mientras los miembros de la banda que fueron a ver se rajaron. A ellos mis respetos y admiración. Pero en este país en el que la justicia se mide por el termómetro de la gente y siempre se hace todo al revés, ayer se demostró que cualquiera es culpable y cualquiera es inocente. Las pruebas no sirven de nada, la opinión pública lo es todo.

Párrafo aparte para la madre de Fontanet. Vieja de mierda, ojalá que los 194 muertos no te dejen dormir el resto de tu vida, y que ese mismo dedo que le mostraste a los familiares de las víctimas de la desidia en la que estuvo prendido tu propio hijo, ese dedo te lo muestren a vos a dónde vayas. Por hija de puta.

Y perdón por el vocabulario, pero estas cosas me sacan. A nadie le importa ya más nada de nada ni de nadie. La justicia, por un principio de lógica, nunca va a satisfacer a todos por igual. Pero el fallo en el juicio de Cromagnón seguramente contribuirá aún más a la construcción de una historia en la que hay un villano y un grupo que fue usado para asesinar 194 beatos. Y nosotros compraremos.

Porque para comprar historias ficticias somos los mejores. Por eso no nos inmolamos cuando escuchamos palabras como estas, dichas por la Esfinge Animada que tenemos por mandataria:

«Hemos dado un paso grande en la democratización de la sociedad argentina. ¿Saben por qué? Porque no es posible que solamente el que pueda pagar pueda mirar un partido de fútbol, que además le secuestren los goles hasta el domingo aunque pagues igual, como te secuestran la palabra o te secuestran las imágenes, como antes secuestraron y desaparecieron a 30 mil argentinos. Yo no quiero más una sociedad de secuestros de personas ni de palabras ni de imágenes ni de ideas, quiero una sociedad cada día más libre»

No merece ningún tipo de análisis. Al menos no de mi parte. Si lo hago, probablemente me deshaga en calificaciones que serían un insulto para cualquiera, pero que en la imagen de nuestros gobernantes, sólo son meros adjetivos.

Una corona para el sepelio del poco sentido común que quedaba.

D´Elía tuvo que ser defendido por diputados nacionales y figuras de la cultura nacional por perseguido político cuando se cagó y lo seguirá haciendo, en todas las instituciones y leyes del país. Néstor Kirchner no puede justificar su patrimonio y además cobra una jubilación de 24 mil pesos. Cristina está más preocupada en ganarse a la monada que en darles de comer. El diálogo para la reforma política quedó en la nada después de las fotos. A un policía bonarense le reventaron la cabeza de un tiro, luego de darle siete balazos y el detenido saldrá en libertad como mucho dentro de 10 años, por buena conducta y el puto dos por uno que todavía sigue vigente.

No creo que podamos salir adelante en virtud de nuestro esfuerzo. Lo haremos de pedo, como lo hicimos siempre. De puro y sencillo pedo. Un golpe de suerte, un milagro, pero nunca por lo que somos como sociedad. Mientras los asesinos de ayer sean juzgados con leyes nuevas y los asesinos de hoy sean sentenciados con leyes de hace 80 años, seguiremos cayendo. Mientras diálogo sea confundido con mitín para tomar café y creerselá, seguiremos cayendo. Mientras los que gobernaron salgan con los bolsillos llenos y la vergüenza vacía, seguiremos cayendo. Mientras la verdadera cultura sea relegada ante la impotencia de tener que sobrevivir en un país empobrecido, cuando los que pueden hacer algo salen a apoyar a un delincuente en el sentido lit
eral de la palabra, seguiremos cayendo.

Y sobre todo, mientras la clase media siga impávida mientras forman parte de una estadística triste que declara que tenemos el poder adquisitivo más bajo de los últimos 70 años, los ricos sigan negociando con los gobernantes y los pobres hagan lo que puedan hacer menos intentar salir del pozo, seguiremos nadando en arenas movedizas.

Viernes. Al menos podemos sentir orgullo de sobrevivir en esta tierra de nadie, pero nuestra.

¡Buen fin de semana y que no decaiga!