El Día Después
A esta altura, el concepto fiesta de la democracia, utilizado para denominar a los actos electorales, deberían ser reconsiderados. Fiesta hay, pero es como el casamiento de un compañero de trabajo, en el que nos obligan a pagar el regalo e ir a la Iglesia, y nos dejan fuera de la partuza. Los resultados de la elección de ayer, no fueron muy distintos a los de las primarias, al menos a nivel presidencial, con excepción de Eduardo Duhalde, que pasó de disputar el segundo puesto a un quinto -y comodísimo- lugar, y de Lilita Carrió, que perdió frente a Altamira. 
Tampoco hubo demasiada diferencia en la provincia de Buenos Aires, donde el pastor Scioli no dejó embarazado a De Narváez por cuestiones que hacen a las leyes biológicas. Con un segundo mandato, calculan que el reelecto gobernador bonaerense podría prescindir del GPS para llegar a La Plata, aunque muchos se muestran escépticos frente a la posibilidad de que empiece a gobernar de una vez por todas. Frases dichas en su discurso triunfalista como «gracias a Cristina, la Provincia de Buenos Aires tiene la tasa más baja de desocupación infantil» hacen prever que la única profundización del modelo que están dispuestos a hacer, consiste en poner al burro y cuasi analfabeto de Mariotto al frente de la legislatura provincial.
A nivel comunal, sin embargo, hubo hechos a destacar. En uno de ellos, Cariglino le demostró a Vivona quién la tiene más grande, y conservó la intendencia de Malvinas Argentinas, solo, con el lastre de Duhalde y con el aparato nacional y provincial del FpV jugando para la contra. En San Martín, los Ivoskus perdieron frente a Katópodis algo más que la competencia por el apellido más raro, y tendrán que dejar la administración del municipio en un par de meses. En San Fernando, Osvaldo Amieiro perdió después de cuatro períodos consecutivos, frente a Andreotti. Finalmente, en Vicente López primó el apellido familiar por sobre el color de piel, y Jorge Macri se convertirá en intendente, desplazando al Japonés García, que se va con veinticuatro añitos en el poder. 
Mientras escribo estas líneas, la muchachada sigue festejando en Plaza de Mayo. Esperemos que la dejen limpia y ordenada, dado que es el dormitorio de varias familias. La dirigencia, luego de tirarle un poco de maní a los pibes, se trasladó a Puerto Madero para festejar como el modelo manda. Previo a ello, Cristina brindó un breve discurso -40 minutos- en los que demostró la fuerza del amor, la fuerza del pueblo, la fuerza del trabajo y la fuerza de los ansiolíticos, al manifestar que no está contenta, pero tampoco está triste, mientras lloraba por «él» y se reía con la gente. Y todo en cámara lenta. Luego, pidió un aplauso para el cuadrazo político que tendremos de vicepresidente desde el 10 de diciembre, mientras la Juventud Burocrática cantaba contra Cobos, sin darse cuenta que Boudou traicionó a su partido, a sus colegas y a dos jefes en menos de cinco años. Al lado de Boudou, Cobos es más fiel que Rintintín. 
Por lo demás, el resultado fue ampliamente previsible de acuerdo a los números del 14 de agosto. El kirchnerismo controlará ambas cámaras, la UCeDe tendrá a su primer vicepresidente y a Scioli le saldrá un Bonadeo entre nalga y nalga en cuanto a Mariotto le empiece a afectar su complejo de inferioridad patológica y quiera hacerse el poronga en la legislatura provincial. 
En cuanto a Cris, las urgencias a las que se enfrentará en su nueva gestión, no son futuras, son actuales, palpables y visibles por cualquiera de nosotros. Sólo en la semana previa a los comicios, se fugaron 700 millones de dólares y, esta vez, nada tiene que ver con el resguardo lógico previo a cualquier elección nacional. ¿O acaso alguien pensaba que Cristina podía perder, después del número obtenido en las primarias? La inflación no reconocida y las intenciones de algunos en el gobierno de empezar a recortar subsidios, chocan entre sí y se suman a la merma de líquido en moneda extranjera y la imprevisibilidad de la cotización de las oleoginosas frente a la economía internacional. Qué hara el gobierno frente a estos temas, nadie lo sabe, aunque el lema «Nunca menos, ni un paso atrás» haría prever que no están muy dispuestos a dar el brazo a torcer, al menos en las palabras.
El cambio real no se produjo en la reelección de Cristina, ni en la profundización del modelo. No es la continuidad de una gestión lo más rescatable de esta jornada electoral. En todo caso, esta inercia política no es otra cosa que el detalle, la señal que nos indica que una clase dirigente, vedetista, egocéntrica, vanidosa y personalista, finalmente quedó sepultada de la peor forma, la que ellos buscaron, la que ellos generaron. No es que este gobierno sea la renovación de la política, es lo que queda. Son el resabio de la peor forma de hacer política, son los cobardes que al no poder llegar al poder en su momento, se ocultaron y desestabilizaron a gobiernos -también- democráticos, que en esta están acompañados de sectores progresistas que en su vida pudieron llegar -tampoco- al poder y se sumaron a este bondi. Que personajes como Carlotto o Lubertino estén más contentas que Diana Conti en una bodega, no quita el silencio de complicidad por omisión frente al candidatazo que fue reelecto en Formosa. El discurso de los pueblos originarios y la no represión de la protesta social, queda sólo para los opositores. Para ellos, las balas Nac&Pop son de agua bendita y los caídos por ellas son entes purificados por el progresismo.
No son el aire fresco, por más que insistan para autoconvencerse. Son la reserva ecológica de la vieja política. Quienes quedaron afuera, no supieron adaptarse al ecosistema y murieron en estas últimas elecciones. El kirchnerismo no hizo ninguna revolución, dado que ningún cambio sustancial se puede producir desde dentro del sistema. Y ellos sólo son distintos en la forma en que comunican. Más allá, no hay diferencias sustanciales con lo que fueron otros gobiernos. Y sus acólitos, tampoco justifican otra teoría que el conformismo extremo. Pibes que se criaron durante estos ocho años y que adhieren a la imagen revolucionaria de quienes dicen proteger el nacionalismo frente al imperio -a fuerza de iPads y Blackberrys, enfundados en trajes importados y a bordo de autos europeos de alta gama- se suman a tipos grandes que dicen sentirse representados por el espíritu rebelde de esta gestión, a pesar de que en los ´70 eran militantes del «algo habrán hecho» o a la facultad iban a ver si podían ponerla sin pagar. A los pibes, no puedo decirles nada, dado que están en la edad del fanatismo y, hasta ahora, no fueron cagados por ningún gobierno. Ahora, de los boludos grandes, que si no fueron fifados por la devaluación, fueron sodomizados por el corralito, o violados por la hiper, o han visto salir las primeras hemorroides con la 1050, si es que sobrevivieron al rodrigazo, no puedo sentir otra cosa que compasión. Evidentemente, se cansaron de quedar afuera de todas y ya no se preguntan «con cuál crisis debutaste», sino que se han sumado a un proy
ecto que no entienden, pero que les permite mantener los vicios, aunque no alcance para lo básico. 
Los números, fríos, calientes, según el interesado, no dicen nada o dicen mucho. Refieren cuánta aprobación tiene un candidato, hacen gala de cuán bien comunicó sus ideas, hablan mucho de los competidores, pero no modifican la realidad de las cosas. En 1924, la Lista Nazionale de Italia, sacó el 64,9% de los votos, idéntico porcentaje alcanzado por el Partido Demócrata norteamericano en 2008. ¿La realidad italiana dice que casi el 65% de los votantes querían profundizar el régimen fascista? ¿La realidad norteamericana dice que con Obama empezaba el cambio, y que ese cambio era buscado? Estas elecciones no significan la continuidad de un modelo, sino el fin de una forma de ejercer el poder. En los procesos que eliminan una forma de hacer política, lo que queda no siempre es mejor, sólo es lo que hay. 
En un futuro, tendremos otra clase dirigente. Por ahora, esto es lo que nos queda. Sin embargo, tengan la certeza de que de la próxima crisis política-económica-social, en las que surgen las nuevas figuras, no saldrán cuadros políticos con sentido de liderazgo desde las filas del kirchnerismo. Ellos no conocen otra forma de hacer política que con dinero y cargos. Ellos se han criado con poder y han utilizado el aparato burocrático del Estado para jugar a ser militantes, y no la militancia ardua y constante para llegar a la gestión pública. No saben hacer política, dado que no tienen entrenamiento en ello. El metro patrón del carisma y la convocatoria, lo miden en disposición de plata ajena. 
Es en el llano donde surgirán los futuros dirigentes, es en el barro donde se estarán formando quienes dirigirán nuestras vidas en el futuro. Sin dinero, con inteligencia y, principalmente, con hambre, surgirá una clase dirigente de verdad, no como la que nos merecemos -ello ya quedó demostrado sobradamente a lo largo de la historia- pero si una que nos permita vivir en paz, bajo la única convicción de la consciencia y en la que cada uno se encuentre en igualdad de condiciones para que, de acuerdo a la fuerza de voluntad individual, tenga más o menos en la vida. 
Mientras tanto, no queda otra que seguir. Mi vida no se mide en votos, mi ideología no cotiza en puntos electorales, mis valores no son comerciables en una urna. Así tenga el 90% en contra, pensaré igual, creeré en lo que quiero creer y viviré mi vida como mejor me sale, y no como los que ahora se sienten victoriosos, pretenden que la viva. con la verdad como utopía y la alegría de saber que sé quiénes son mis padres y no necesito zafar de sesiones de terapia llorándole a una mina que me caga a pedos mientras me exige que le reconozca los hechos que debería hacer para cumplir con su mandato, y no por gentileza. 
Por lo pronto, y una vez más, la tenemos más adentro que nunca.
Lunes. Boudou vicepresidente, Mariotto vicegobernador. Más que país generoso, somos una ONG con fines solidarios.