Evita Mentir
La lástima garpa, pero hasta cierto punto. El luto que la Presi nos enchufó en cadena de cadenas, ya no suma ni medio voto en un país que no recuerda ni quienes fueron los cinco presidentes que tuvimos en diciembre de 2001. Cristina, que del peronismo se acuerda sólo antes de las elecciones, pensó un discurso superador y de conciliación para captar diversos sectores del electorado. Pero como nunca pudo -ni le interesó- entender cómo piensa la gente a la hora de votar, hizo todo al revés. 
Un acto que, supuestamente, tenía como objetivo al sector laburante de la sociedad, fue planificado para cortar la avenida 9 de Julio un martes a la tarde. En un evento en el que se buscó captar el voto joven y el peronista, habló del Che Guevara y de Cuba, con lo que espantó a los troskos que no olvidan a un Ferreyra asesinado en manos de una patota sindical, y ahuyentó a los peronistas que no pueden ver un trosko fuera de su ecosistema del centro de estudiantes de alguna facultad. 
Realmente atrasa. Su cosmovisión romántica de un mundo partido en dos en una pugna entre el capitalismo y el comunismo, la pinta de cuerpo entero en una burbuja ideológica que derramó demasiada sangre en un país que -con inflación, desabastecimiento y crisis petrolera internacional- permitía que cualquier hijo de vecino pudiera llevar una vida libre de privaciones gracias a un empleo que cubría sobradamente todas sus necesidades. 
A una mujer que falleció en 1952, la homenajeó del mismo modo que se hizo con el «Che» en Cuba, un país que a poco de encarar la revolución contra Batista, terminó convirtiéndose en todo lo que el gobierno de Perón combatió, incluso en vida de su segunda esposa. Convencer a un peronista hablando del Che es tan improbable como convencer a un trosko hablando de Evita. La Presi habló de las dos cosas. Su predica de peronismo evitista no busca convencer a nadie, sino de convencerse a ella misma para poder demostrar lo que no es. 
Para un peronista, la figura de Evita es un elemento importantísimo dentro del historial, pero no el mayor. Su figura siempre quedará rezagada a lo que fue: una mujer que pudo hacer lo que hizo gracias a un señor de uniforme militar. Su fallecimiento a tan temprana edad nos conmueve y la reivindicamos como una mujer que hizo tantas cosas en tan pocos años que son difíciles de dimensionar. En cambio, los arribistas de siempre, los militantes del evitismo, la imagen de Eva la construyeron con elementos más cercanos al musical de Andrew Lloyd Webber que al rigor histórico. No les interesa la realidad porque les jode. Prefieren vivir en el manto protector de un mito urbano que agarrar un libro o visitar una hemeroteca. Hablan de una Evita tan mítica e intocable que le quitan lo más valioso que un individuo puede tener: su dimensión humana. Tan desvariados andan por la vida que a un tipo cagado de hambre le intentan hablar de la abanderada de los humildes sin darse cuenta que, si contaran todo lo que se hizo desde la Fundación Eva Perón, en vez de un adherente a la causa se ganarían un enemigo. El campo de militancia de estos especímenes no es el barro ni la beneficencia: el campo de lucha es Facebook y sus representantes son Andrea del Boca y Florencia Peña. 
A Cristina, en su total desprecio por la historia, la entiendo. Al afirmar que Eva fue la que creó los derechos de los niños, de los trabajadores y de los ancianos, no lo hace de cínica, lo hace de boluda. Más allá de una prédica destructiva del curso histórico en el que Eva fue emperatriz de Argentina, su discurso forma parte de una construcción estúpida que busca santificar a todo ser humano, que magnifica sus lados positivos y niega toda crítica. Así como del Che sólo recuerdan sus preciosos ideales y una primavera que nunca se acabará, también olvidan que ese florecimiento fue abonado con miles de litros de sangre en un gesto tan pacifista como una bomba atómica preventiva.
Eva era la que decía «pongo junto al alma del pueblo, mi propia alma», pero también era la que afirmaba que no iba a alcanzar el alambre de fardo para colgar a los contreras. Así y todo, les resulta más fácil hablar de ella, dado que no dejó un legado político sobre el cual debatir, sino una huella -gigante- en la historia que ha trascendido las fronteras del país. Prefieren hablar de Eva que de Perón, porque nunca lo entendieron, no lo entienden, ni lo entenderán. Porque Perón fue el que llenó de derechos postergados a los trabajadores, pero también fue el que se puso el uniforme de Teniente General y anunció que no iba a descansar hasta exterminar  uno a uno a los psicópatas que atentaban contra el pueblo.
Paso en limpio: tergiversar la historia es eliminar el factor humano, que es lo que, en defintiva, nos hace querer imitar a los grandes hombres de los que nos hablan, si es que resultan de nuestro agrado. Saber que tuvieron infiernos, contradicciones, errores, lo acercan un cachito más a lo que nosotros somos. Conocer sus desaciertos y, asimismo, querer ser como ellos, es el mejor legado que se podría hacer a las futuras generaciones.
Hablar de conciliación y hacer un llamado a la unidad, es un lindo gesto. Hacerlo después de ocho años de fajar docentes mientras se habla de la no represión a la protesta social, suena poco creíble. Decirlo luego de asesinar a indígenas con la utilización del aparato de un Estado que habla de los derechos de los pueblos originarios, parece un chiste. Intentar convencer a alguien de ello luego de perseguir judicial y mediáticamente a posibles contrincantes a los que temen enfrentar en la arena política, hace que nos tomemos para la joda cualquier manifiesto pacifista proveniente de alguna boca oficialista.
Estamos en un país en el que miles de pobres mueren al año por problemas de pobres, sin que el gobierno haga otra cosa que hablar de los logros en materia de inclusión, mientras la cultura del trabajo como instrumento para el ascenso social fue destruida por un gobierno que subsidia sin control, otorga planes sociales sin estrategia y quiere tanto a los pobres que los mantiene así, impolutamente pobres. Es por ello que la idea de la AFA de unificar el Nacional B con la máxima categoría del fútbol, es el mejor ejemplo del espíritu argentino de la última década: No te esfuerces por mejorar, por ganar, por administrar tu economía, por hacer las cosas bien, ni por ser el mejor. En definitiva, tarde o temprano, te darán gratis lo que a otros les costó litros de sudor y galones de lágrimas.  
Que diga que hizo el homenaje en nombre de los millones de trabajadores que recuperaron sus puestos, me tiene sin cuidado, dado que toda intención de tributo se convierte en basura cuando el que busca el reconocimiento es quien homenajea. Que dedique la mitad del discurso a hacer terapia sobre sus inseguridades emocionales y hable de su propia vida, me importa poco y nada. En definitiva, si hay algo a lo que este gobierno ha contribuido como pocos, es al doble discurso entre lo que se dice y lo que se hace, y al crecimiento pavoroso de la ignoracia en cada estrato social, lo que lleva a que la inmensa mayoría de los pobres pasen por la 9 de Julio, levanten la vista y se pregunten «quién será esa señora». 
Miércoles 27 de Julio de 2011. «No conocer la historia, es como haber nacido ayer. Y al que nació ayer, cualquier lider lo convence de cualquier cosa.» Howard Zinn