Hijos del Rigor
Nuestra idiosincracia clasista nos ha llevado a una estratificación de la realidad social digna de un análisis que nadie se arriesgaría a llevar a cabo. Por generalidad hablamos de Clase Baja, Clase Media y Clase Alta. Como esa identificación es escasa, las subdividimos en Indigentes, Pobres, Clase Media Baja, Clase Media Media, Clase Media Alta, y Clase Alta. Lo ilógico de todo este asunto es que no tenemos parámetros para medir cuando se está en una clase y cuando no, salvo tres excepciones. Si no se llega a comprar la canasta básica mensual, se es pobre. Si no se come, se es indigente. Y si se gana más de 20 mil pesitos mensuales se es clase ABC1. Por esto, es que la realidad nos dice que nadie sabe qué es la clase media, dónde arranca, dónde termina. ¿Acaso son clase media tanto un obrero al que no le alcanza ni para irse al hotel del sindicato en Mina Clavero como aquel hombre que tiene una quinta, una casa en las sierras y un departamento de 5 ambientes en Parque Chas? Por ello es que terminamos hablando de muertos de hambre, casi muertos de hambre, gente que come cada tanto, cuasipersonas que pueden darle de comer a sus hijos, los que llegan a fin de mes con lo justo, los que pueden comprarse ropa en La Salada, quienes se van de vacaciones a Mar de Cobo, los que alquilan un sucucho, los que tienen una casa, los que hacen Punta del Este, los que recorren el mundo y los asquerosamente ricos.

En ese hábito de hablar de clases sociales, también las dividimos por la función que cumplen, y es aquí donde nos encontramos con los sectores agrícolas, los industriales, los militares, el clero y la más divertida de todas. La Clase Política Argentina.

Los políticos argentinos se caracterizan principalmente por una clara vocación de servicio muy puntual. La de sus propios intereses. Son camaleónicos por naturaleza, tienen una memoria casi tan frágil como la justificación de sus patrimonios y una facilidad para el agravio gratuito que asombra.
UN CACHO DE HISTORIA

Ya desde el vamos, nos vimos signados por mercenarios al servicio del poder de turno. Con altibajos, nuestros dirigentes fueron lo suficientemente impresentables como para declarar la independencia de un rey pero no de un reino. Y como las revoluciones no son para los perejiles, la misma llegó gracias a un franchute que metió en cana a Fernando VII y recién ahí se llegó a la conclusión de que en vez de pagarles los impuestos a los españoles de españa, mejor que se los queden los españoles del Río de la Plata.

El temor a perder el poder adquisitivo, más la ambición por controlar las ganancias, hicieron que alguien escuchara las ideas de Mariano Moreno y Manuel Belgrano. El hambre y las ganas de comer hicieron la primera revolución argentina. Lo que pasó con Belgrano y Moreno tiempo despúes demostró la verdad de las intenciones.

Años más tarde, la veleta política argenta empezó a asomar al demostrarse que muchos de los intelectuales que rondaron por la Plaza de las Armas en 1810, no les interesaba para nada la conformación de una nación fuerte y que con tener el control del puerto de Buenos Aires, el resto se lo podían comer las vinchucas. La incoherencia política era un hecho y no hemos cambiado ni una pizca. Los porteños negando el dinero para costear las campañas del Ejército del Norte y del de los Andes luego se horrorizaron de la barbarie de los caudillos que para frenar la contraofensiva realista se adiestraron en una guerra de guerrillas sin Mao, Fidel ni Guevara.

Facundo Quiroga. Todos se horrorizaban de sus técnicas de combate, nadie se pregunta cómo podía hacer para frenar al ejército español sin insumos ni dinero.

Los unitarios, en cambio, eran más simpáticos. Luego de luchar durante décadas contra los federales, se dieron cuenta que el creciente pueblo del ex virreynato veía con más cariño a esas figuras que se codeaban con ellos y que defendían con lo que tenían a mano sus tierras del avance de las grandes potencias del mundo y uno de ellos llevó al máximo la expresión del vuelco. Justo José de Urquiza se ungió Presidente de una República Federal, para luego vender armas de su fábrica a todos los países que intervinieron en la guerra de la Triple Alianza. Luego de derrocar a Juan Manuel de Rosas, se repartieron los cargos de la Gobernación y el botín, que no era otra cosa que el erario público de los habitantes de la Provincia de Buenos Aires. Todo entre amigos, obviamente, como la costumbre argenta manda. Un auténtico adelantado a su tiempo.

Justo José de Urquiza. Emblema de la nueva política argentina, la de siempre, aquella que sólo cuida los intereses personales para terminar los años viviendo de las ganancias generadas por la corrupción y los negociados.
Sarmiento se quejaba de la extensión de la Argentina como el mal que aquejaba a nuestra tierra, pero volvía maravillado del progreso de los Estados Unidos. Tan exitado venía que hasta se traía a las docentes de allá. Demolió la vivienda de Rosas, contruyó un Parque sobre esos mismos terrenos al que llamó Tres de Febrero sólo para joder y por si fuera poco, llenó la ciudad de gorriones.

La construcción Mitrista de la historia hizo que todas las generaciones posteriores al fundador del diario La Nación creyera que los Unitarios Federalizados son los que salvaron al país de los Federales engañados por Rosas, tratándo indirectamente de boludos a todos los grandes caudillos del interior. Mientras tanto, lo que se encargaron de esconder bien escondidito fueron todos los grandes negociados de la siempre pujante Clase Política Argentina. Familias que de tener un par de hectáreas pasaron a ser grandes terratenientes. Una tierra en la que el poder se debatía entre Abogados y Militares Masones y la Iglesia. Una junta que sólo en esta tierra se podía concebir.

Mitre tampoco pudo explicar, o no tuvo tiempo, o quizás se le pasó, que mientras el Ministro de Guerra Julio Argentino Roca utilizaba todo el poderío de las armas para aniquilar a la gran potencia enemiga encarnada por aborígenes, la comunidad Salesiana hacía lo imposible para frenar la matanza de quienes cometieron el terrible error de no haber nacido en una buena cuna. Los que sobrevivían, eran incorporados al ejército para luchar contra sus hermanos de sangre, o se morían de varicela. Sus hijos eran repartidos entre quienes quisieran tener una mascota.(1) Grandes héroes militares que de golpe eran dueños de territorios nacionales enteros mien
tras que la Argentina se sumía en una crisis económica increíble en tiempos en los que Alsina, Avellaneda y el mismísimo Bartolomé Mitre jugaban al TEG con los destinos del país sólo para demostrar quien la tenía más grande, olvidándose que esa Constitución Nacional que los puso en el poder, es la misma que decía que los derechos consagrados en ella, son para cualquier hombre del mundo que quiera habitar suelo argentino.

San Juan Bosco. El solo hecho de haber vivido en la Argentina, alcanzaba para beatificarlo. Su misión para evitar la matanza de los indígenas y educarlos para la convivencia en sociedad, merece su condición de Santo.
Con este breve panorama, no cuesta mucho dilucidar que las elecciones eran una fantochada, y que esa idiosincracia se fue transmitiendo de generación en generación hasta llegar a nuestros tiempos. A lo largo de la historia argentina, los grandes cambios siempre se dieron por dos motivos. Uno de ellos, la conjunción de las tres crisis, la social, la económica y la política. El otro es más sencillo y mucho más frecuente: de pedo.

Don Bartolomé Mitre. Tendencioso tanto como periodista como historiador. Su pasado lo obligó a ello, sobre todo si quería quedar en la historia como algo más que uno de los grandes corruptos, clientelistas y amiguistas de la historia política argentina.
Lo interesante de todo esto es que se seguía cumpliendo con el lema de la colonia: Hay que tener tres hijos varones. A uno instruirlo en la carrera militar. Otro ingresarlo al Seminario. Al tercero educarlo en Derecho. Alguno de los tres llegará al poder algún día.

Hecho este breve y arbitrario resumen, ya podemos encontrar algunos subgrupos de la Clase Política Argentina: El militar oportunista, el intelectual negador de la realidad y el revolucionario que se toma el colectivo de otra ideología para llegar al poder.

Todo esto lo sabe todo el mundo que quiera leer un poco en algún libro de historia. Son fragmentos de un proyecto de libro que algún día saldrá. Mientras tanto ya está registrado, así que no me jodan.
Miércoles. Mañana la seguimos con más onda con el primer especimen. El Zurdo.
(1) A quien le interese ahondar un poco más en las cuestiones que tengan que ver con la conquista del desierto desde un punto de vista un poco más humano y menos militar, les recomiento cualquier trabajo de la Dra. María Andrea Nicoletti. Puntualmente Los Salesianos y la Conquista de la Patagonia: Desde Don Bosco hasta sus primeros textos escolares e historias oficiales.