La Ola Verde
Mientras los apátridas festejantes de cualquier evento extranjero disfrazan a sus vástagos con motivos tétricos para salir a manguear dulces a cambio de no convertir en tortilla la puerta del eventual vecino, otros ya preparan el argumento que permita justificar la celebración del día de Acción de Gracias por estas tierras. Entre tanto, algunos funcionarios vivían su propia película de suspenso de la que zafaron gracias a que llegó el fin de semana. 
El famoso modelo de redistribución de la riqueza con base en matriz diversificada, empezó a fallar del lado que más preocupa: el que se nota. Todo armado económico que se desee aplicar, debe tener una serie de condiciones a cumplir para que el mismo funcione. Si alguien propusiera establecer un sistema de distribución sustentado con los ingresos retenidos a la exportación pesquera en Bolivia, seguramente se le cagarían de risa. Aunque para atraer inversores garantice la mano de obra barata y seguridad jurídica, el pequeño detalle de no contar con salida al mar, hace que la actividad pesquera boliviana no tenga una proyección de abastecimiento internacional como para funcionar. Si en cambio, ese mismo alguien propusiera desarrollar el sector agropecuario en la pampa húmeda argentina, la idea tomaría otro color, si no fuera por las otras condiciones: la seguridad jurídica está en manos de un gobierno que sostiene que no sería mala idea quitarle a las empresas privadas la ganancia extraordinaria.
Como algunos todavía no se anoticiaron de que vivimos en la república sojera y sueñan con la patria industrializada de Tecnópolis, apuntemos al sector industrial. Exhibimos un país en el que el concepto de tecnología de producción nacional consiste en empleados subsidiados que juegan al puzzle con piezas importadas. En ese mismo país, el supuesto producto nacional cuesta tan caro como el importado. Por si generara dudas, mejoramos la oferta: si deciden invertir en Argentina para centrar aquí la producción destinada a abastecer otros mercados, garantizamos las más estrictas normas proteccionistas, aunque después no pueda colocar el producto en el extranjero por las represalias recíprocas que aplican los países que les da lo mismo comprar o no fabricaciones argentinas.
Por si hiciera falta aclarar, nuestro sistema económico aún se respalda sobre la divisa norteamericana, la cual no producimos, por lo que dependemos de préstamos o liquidación de exportaciones para contar con el verde billetín. La falta de inversiones reales, la caída de la cotización de las oleaginosas y la alta inflación sostenida durante cuatro años -y contando- ha llevado a que los dólares empiecen a escasear. Quienes suponen que esto es sólo un fenómeno común regional, no sólo no pueden explicar el ingreso de 60 mil millones de dólares a la economía brasilera, sino que, además -y para variar- se contradicen. Cuando algo malo le pasa al vecino, nosotros la tenemos atada gracias a San Néstor Mártir, pero cuando la pálida cae acá, la culpa es de afuera. Es un mecanismo adolescente similar al yo aprobé – el profesor me bochó.
Esta inconsistencia propia de la mezcla entre el deseo y la realidad, gracias a Dios queda sólo para los que la vemos de afuera. El gobierno, para demostrar que la tiene realmente clara, aún no decidió si atrae inversiones devaluando la moneda o interviene en el mercado para sostener el tipo de cambio. Como Boudou sólo pasa por el palacio de Hacienda para retirar el recibo de sueldo, Marcó del Pont corre en círculos golpeándose la cabeza y en el Central da la impresión de que hay menos dólares que en los ahorros de Cristina, no tuvieron mejor idea que hacer la más fácil y pasarle la bola al comprador, exigiendo un informe mediante AFIP para saber el destino de los verdes. Reacción: los bancos suspendieron la venta de dólares mediante sistemas alternativos. Si lo que buscaban era frenar la suba, lo único que consiguieron es que se desdoblara la cotización y el dólar paralelo suba -aún más- además de generar unas preciosas colas bancarias de desestabilizadores económicos que tienen miedo de perder lo poco que les queda. Son manotazos de ahogado y pechos fríos. Si realmente tuvieran ganas de hacerse los tauras, pedirían informes retroactivos de compras abultadas e injustificables, aunque eso, claro está, complicaría la situación judicial de medio gobierno.
Para tranquilizar el clima, el vicepresidente del Banco Central Miguel Pesce dijo que comprar dólares es mal negocio. Mientras a todos nos agarraba un déjà vécu por la nueva versión de una frase que nos suena un tanto conocida, el virtuoso funcionario explicaba que la colocación a plazo fijo en moneda nacional da más ganancia y toda la sarasa del asunto, en la cual nunca mencionó el índice  real de inflación. Como a las palabras hay que acompañarlas con los hechos, el Central tomó prestados 3 mil millones de dólares a Francia y España como para tirar algunos billetes en las arcas, además de obligar a las aseguradoras a que repatrien los fondos colocados en el exterior. La macana es que a Pesce no le dan bola ni en el gobierno, que prefieren mantener sus ahorros fuera del sistema bancario y en dólares. Algunas fuentes consultadas sostienen que no se trata de falta de confianza sino de puro altruismo: se niegan a ganar las fabulosas cifras que promete el Central por colocar ahorros en el banco y en pesos.
Más allá de todo el análisis que se pueda hacer de cuestiones técnicas -aburridísimas- y proyecciones financieras, la realidad pasa por otro lado. La fuga de divisas, no es de ahora, ya que sucede continuamente desde 2007, sólo que ahora se hizo notoria por una sencilla razón: no quedan muchos dólares de verdad, hay vencimientos por 2 mil millones antes de fin de año y los papelitos de colores de las arcas del Central no sirven para otra cosa que para evitar las telas de araña. En todo este entuerto, el mayor problema lo tenemos quienes ya no podemos ni comprar dólares. Somos la clase turista del Titanic que es consciente que el barco se hunde y ni un bote salvavidas puede conseguir. Lo único divertido del asunto es ver como el modelo revolucionario que da clases a las economías internacionales, empieza a flaquear por las mismas causas que fracasaron todos los modelos que no crearon bases sustentables para el desarrollo económico. Y no me vengan con el proceso industrializador, la movilidad social y los nuevos paradigmas económicos, cuando después de ocho años la renta financiera sigue siendo el mejor negocio del país, la producción pesquera tiene menos control que un pibe en viaje de egresados y la movilidad social se sostiene en los aportes de los perejiles que producen. 
Por lo pronto, quiero que el Inadi intervenga en mi favor ya que me siento profundamente discriminado. Nosotros también queremos comprar dólares de la misma forma que lo hacen los funcionarios. Como sugerencia, propongo que los militantes de la Juventud Burocrática Kirchnerista, enquistados en cada dependencia del Estado, den el ejemplo y empiecen a cambiar sus dólares por pesos argentinos. Incluso, podrían modificar su cantito de batalla por un «Cristina corazón, acá tenés los verdes para la liberación». 
Ocho años de revolución de los estamentos económicos-sociales-políticos y una corrida bancaria los pone nerviosos. Si tan solo hubieran modificado realmente los paradigmas productivos y no se hubieran apoyado en la economía más dependiente de la producción agraria desde el gobierno de Justo, hoy podríamos hablar de otras cosas. Pero de esas cosas no se debaten
. Al fin y al cabo, nunca dejaron de ser conservadores.
Por si les faltaba algo, los Moyano se pusieron de culo: «Te da bronca, porque firmás un aumento por equis valor y a fin de año te lo sacan por el impuesto a las ganancias. No es justo. Al final trabajas para el Estado». Pablo dixit.
Lunes. Por el bien de todos, esperemos que no pase a mayores.