La religión oficialista y su última cruzada

Corría el 11 de mayo de 1860 cuando la Convención Constituyente se aprestaba a cerrar en poco tiempo la tarea encomendada. En dicha sesión, y sin avisarle absolutamente a nadie, el diputado Félix Frías propuso modificar la redacción del artículo 2º para que diga que “la religión del Estado es la Católica Apostólica Romana, la cual debe ser defendida y costeada por las autoridades”.

El diputado sostuvo que la religión debía ser financiada y con el Estado como artista exclusivo porque, de esta manera, se garantizaba la moral y las virtudes para todos los pueblos que quisieran progresar en libertad. En frente, el relator de la convención, Domingo Sarmiento. Los dejo con el artista:

El señor convencional nos habla de la religión, de las virtudes y de la moral, como si fuera una semilla que trae de Francia o de otro país para sembrar por primera vez en el suelo americano. ¿Y esta América no ha tenido tres siglos de religión, de moral y de virtudes? ¿Quién le estorbaba a la religión producir tan bellos resultados? Si cree que ella es la causa, ¿por qué no se hizo de estos países el modelo que se quiere seguir hoy? ¿Por qué no prosperaron estos pueblos entonces, si la base de la libertad y del progreso es el predominio exclusivo de una religión? ¿No era entonces la religión católica, la religión del Estado? Es que en eso estaba el error de los antiguos gobiernos, porque fué tan malo el politeísmo como el protestantismo y el catolicismo cuando estuvieron armados del poder civil. Ésa es la cuestión señores. Lo que se ha querido evitar en las constituciones, es que estuvieran las religiones con las armas en las manos; no es lo que cree el señor convencional, porque lo que nosotros hemos querido remediar es que el catolicismo no estuviera armado, como al principio estuvo en América, de hogueras, para perseguir el pensamiento o matarlo. La libertad de los pueblos, pues, no se consigue con la persecución, se consigue por la tolerancia y por la libertad de conciencia. Y no es cierto, como se ha pretendido, que el poder civil encendió las hogueras. Las religiones, por lo mismo que son una verdad descendida del cielo, son intolerantes y perseguidoras; y no hay crimen para ellas más grande que contradecirlas.

Pobre Sarmiento. La religión fue reemplazada por otra cosa, algo a lo que nosotros tenemos el tupé de llamar ideología.

A mis 18 años me interesaba algo de la política. Lo mínimo y necesario: las noticias del día y punto. Y no era el único. De hecho entraba dentro de lo que hoy se consideraría un ciudadano informado. Pero es una enorme mentira que los jóvenes de aquellos años nos abrazamos a la militancia política por la crisis. Salimos a hacer bardo, que para eso se tienen 18 años, y ahí quedó la cosa. ¿Muchos siguieron? Sí, pero la mayoría de los que ya somos cuarentones tenemos solo anécdotas para contar y no nos pregunten quién era Matzkin, Alasino o Pontaquarto.

El repaso de aquellos años nos muestran una sociedad antisistema, asambleísta, que quería “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Es lindo recordarlo así, pero para marzo de 2002 ya estábamos totalmente en otra.

Fue después que todos nos politizamos en nuestro hablar. No nos quedó otra. Y no sé si está bueno. En mi caso en particular fue porque, como dije antes, era de estar informado. Y de pronto me encontraba a un Presidente que había sido candidato del presidente anterior cuestionar la masacre de Avellaneda. ¿Saben qué dijo cuando ocurrió ese doble crimen? Nada. No dijo absolutamente nada. Ni una declaración falsa. Nada.

El kirchnerismo comenzó a gestarse con Néstor ya fuera de la Presidencia, cuando comandaba la pelea contra el sector agropecuario. Y parió del todo tras la muerte de Néstor, punto en el que el expresidente pasó a ser tan santo que no correspondía, siquiera, nombrarlo. Era “Él” y punto. Y fue usado y abusado para justificar cualquier cosa que hiciera la decadente gestión de Cristina a punto tal que la política económica de Fernández de Kirchner parecía todo lo opuesto a la gestión de Néstor, que tenía una obsesión por el superávit fiscal.

Con él en vida no se salvaba ni Bergoglio, a quién puso al mismo nivel de enemistad que Hector Magnetto. Se peleó con la Iglesia casi hasta las trompadas, dejó de garpe al Arzobispo en cada Tedeum, no lo recibía ni para ver a la Selección. Quizá sea por eso que todos prefieren olvidar que en el primer acto de Cristina tras la consagración de Francisco, lo mencionó solo para que lo chiflen y, luego, poder decir “no, chicos, eso no”. Sana costumbre del linchamiento magnánimo. Tres días después, Cris viajó al Vaticano vestida con el luto más longevo que haya utilizado una mujer occidental de esta era.

Dije que, en un inicio, la inmensa mayoría de los jóvenes no estábamos politizados, sino que ocurrió después. Y lo hicimos en una discusión dogmática–antidogmática. De un lado la creencia de que El Modelo funcionaba solo por decir que existía, del otro los que teníamos que entregar hasta las vacunas de nuestros tatarabuelos para ver si podíamos comprar diez dólares. De un lado los que creían que Cristina era única por ser Cristina, del otro los que no podíamos meter un bocado de lógica sin ser escrachados en 678. Y de un lado la creencia ciega, del otro los que financiábamos esa creencia sin poder decir absolutamente ni mu.

Pero los años pasaron y, tras los hechos ocurridos en los últimos tiempos, a la figura de “Él” ahora hay que sumar a La Medalla Svarosky Milagrosa. No es de sorprender el giro místico de la Vice porque, cuando uno pasa por un momento de extrema gravedad, recurre a todo en lo que cree. Nada que pudiera sorprender, hasta que leemos esto:

“Cristina no es cualquier nombre. Tiene origen griego y significa ungida. O sea, discípula de Cristo que está marcada con el óleo Santo. Elisabeth, en su significado bíblico quiere decir promesa divina, el segundo nombre de la vicepresidenta. Signada la líder política argentina porque la primer Elisabeth es la madre de Juan Bautista, el primo de Jesús, quien lo anticipa, lo profetisa, y en el desierto lo bautiza.

“Dios y la Virgen la salvaron de la muerte, como ella misma reconoció hace pocos días en su primer acto público tras el fallido magnicidio y fue el título en todos los medios de comunicación. Entonces es salvada por una razón. Que no es otra más que la misión. Hacia dónde va Cristina es una etapa inédita en su vida como líder política que ya está impactando a la Argentina y a los líderes de la región. Desde ahora primero la fe, el Evangelio, para discernir la realidad, la política.”

¿Se puede ser más olfa? Porque miren que hemos visto ejemplares en todos estos años, pero llegar a este nivel… Por cierto, el autor de este texto publicado por la Agencia Estatal de Noticias Télam, aprovecha el espacio que pagamos todos para criticar a los que acusan de “Mística” a la Vice. Literalmente dice que la llaman así “para denigrarla”.

“Gracias a Dios y la Virgen la vicepresidenta comprende que inició una nueva etapa en su vida. (…) La líder del vasto campo nacional y popular es una operadora de la paz, que trasciende al militar la unidad nacional y regional, de allí que llamó al diálogo inclusive con aquellos que no piensan como ella. (…) Hace tiempo que la fe es su resguardo.”

Yo diría que, más que su resguardo, es su negocio. Si usted, estimado lector, cree que esto es demasiado, espere un cachito:

“Al cierre del acto en el Senado fue el diácono Ricardo Carrizo, que invita a la vicepresidenta a rezar un Ave María. No estaba previsto. El Espíritu Santo rondaba la sala y movió al religioso de su asiento.(…) Entonces tras el Ave María, el diácono llama al cura más veterano de los presentes. Allí fue que Juan Ángel Dieuzeide levantó sus manos frente a la vicepresidenta. Todos acompañaron el gesto. Las lágrimas ya caían por el rostro del viejo cura. Cristina, enfrente y de pie, lloraba. A su alrededor asesores o secretarios de traje con la cabeza inclinada al piso secaban sus lágrimas. El Espíritu Santo se había adueñado del Senado.

“Para quienes militan fe y política, en todos los niveles, hoy están valorizados como nunca antes en la historia reciente de nuestra democracia. Por primera vez en la política actual se visualiza un modelo de liderazgo en la espiritualidad cristiana, y no en el modelo del ateísmo político, que es Maquiavelo.”

No, no es misticismo. Es delirio místico absoluto. Y, más allá de que existe medicación para tratar estos trastornos megalómanos de la personalidad, también hay otros medicamentos que se consumen de otra forma y que se llaman libros. Maquiavelo no fue ateo. Al menos nunca lo dijo. Los jesuitas, justamente, lo tildaron de ateo por criticar la acumulación de poder de las órdenes religiosas. Maquiavelo predicó la secularización del Estado, tuvo buena relación con más de un Papa –en aquel entonces duraban poco– y buena parte de su obra abunda en referencias a la providencia y a Dios. Si eso es ser ateo, estimados, se les llenó la Iglesia de personas sin dioses.

¿Qué hacemos con tantos siglos de sangre derramada para llegar a un entendimiento de libertad mutua en la que el Estado no se mete en las creencias religiosas y las religiones no asoman la nariz en las leyes del Estado que afectan a la totalidad de sus habitantes sin importar su credo? Correte, Rousseau, que aquí vienen los muchachos de los pobres, que los necesitan lo suficientemente pobres para que dependan de ellos, pero no tanto como para que se mueran. Después de todo, hay que cuidar la materia prima.

Ahora, esta Cristina que se esfuerza en mostrarse como Sor Juana Inés de la Cruz del Sur hasta que se le escapa algún tuit, se encuentra preocupada por sus cosas. Yo también lo estaría si el alegato de la defensa incluyó tuits de 2016 con comentarios sobre su situación procesal. Yo también lo estaría si en mi autodefensa culpo a quienes acusan de ser los instigadores de un clima social que llevó a que quisieran atentar contra la vida de la preocupada. Y, obviamente, también lo estaría si mi defensa se centra en mantener el apoyo de los civiles que creen más que en la creencia de quienes me acusan.

La cuestión religiosa se cuela y no es poca cosa porque, como dice el viejo dicho, en las trincheras no hay ateos. El tema es que el juicio, cuando termine, nuevamente dejará una enorme brecha entre creencias y hechos. Y contra lo primero no hay nada que se pueda hacer.

La desesperación llegó a tal punto que, luego de preparar una escenografía épica para el despliegue de su defensa, la militancia tuitera se encontró con un imponderable: murió Carlitos Balá. No pasa nada, se lo acusa de cómplice de la dictadura, y a otra cosa. ¿Qué es eso de venir a morirse mientras declara la Papisa?

Pueden decir que el ñato al que cité con su oda al Espíritu Santo es un caso marginal, pero no lo es. En todo caso, él tuvo el coraje de poner su firma al pie de algo en lo que realmente cree: que hay un plan divino detrás de todo este desastre de pobrismo, mala gestión y muerte por todos lados. Como él, son demasiados los que creen ciegamente en lo mismo, incluso sin saberlo. La talibanización de la política también se dio de a poquito. Y a falta de hechos, bienvenidos los milagros para mantener la cohesión. Maquiavelo sostenía lo mismo al decir que cuando las armas no alcancen, mejor que haya religión y viceversa.

Poco a poco el comportamiento sectario penetró y frente a las pruebas solo importa salvar a la verdadera religión. Aunque para eso haya que matar al lider religioso anterior. Ahí están: la movilización por Cristina será el 17 de octubre. ¿A quién le ganaste, John Sunday?

Nos reímos del delirio místico, pero realmente vivimos una relación entre una papisa y sus fieles medievales. Un día son progres, al otro son chupacirios. Quienes no puedan ver que los caminos de la Señora son misteriosos, no son seculares, laicos o racionalistas: son herejes, como lo fueron Massa y Alberto antes de ser redimidos.

Y ya sabemos lo que ocurre con los herejes cuando la religión manda.

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En La Vida de Brian, los Monthy Pyton cuentan la historia de un tipo común y corriente contemporáneo a Jesús. El tipo se enamora de Judith, una militante del Frente de Liberación de Judea. En las unidades básicas se encuentra con que los tipos dedicaban más tiempo a discutir entre ellos que a otra cosa y, encima, estaban enemistados con el Frente Judaico Popular, que querían lo mismo, pero para ellos.

Brian termina preso, se fuga y termina por hacerse pasar por orador en una feria de mesías para engañar a los romanos. El tema es que un grupo de personas que pululaban por allí a la búsqueda de en qué creer, se maravillaron con lo que dijo. Y eso que eran zonceras. Pronto, Brian tenía tantos adeptos que hasta se produjo un cisma entre ellos sobre qué quería decir el líder. Y el líder no quería decir nada. Eran más las ganas de los demás de creer en alguien y de ser salvados, que cualquier otra cosa. Nadie quería hacerse cargo de su propio destino.

La reescritura de la historia moderna comenzó en 2003 de a poco y con cuestiones que deberían causar gracia, y se aceleró a partir de 2008. Aún pagamos las consecuencias de los años de la batalla mediática que sólo ocupó de 2009 a 2015 con cientos de medios financiados para que se dediquen solo a propaganda.

Entonces, la pregunta no es cuánto daño hace el gobierno, sino cuánto tardaremos en repararlo.

No sé si lo notaron, pero hablé al inicio de cuando tenía 18, 19 años. Pasaron más de dos décadas. Pasó toda mi vida adulta. Y cuando uno ya no sabe qué esperar, se encuentra con una Santa cuyo mayor milagro es que una monja ascética la abrace y no la putee por el Rolex de oro y diamantes que, de pronto, se posa sobre su nuca.

Curiosas las reliquias milagrosas de este siglo XXI.

Nos vemos en Misa.

Nicolás Lucca

 

 

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