Los Reyes de la Primicia
Ortega Peña era un tipo especial. Criado como niño rico, en una familia ultra antiperonista -por ese entonces, se las llamaba Gorilas- contaba con una capacidad superior y envidiable para el estudio. Un animal: Cursó paralelamente Filosofía y Abogacía, recibiéndose a los 20 años; entendía numerosos idiomas y era una máquna de laburar. Con ideas revolucionarias de izquierda, fue de aquellos intelectuales existencialistas y marxistas a los que tanto criticaba Jauretche, oponiéndose al peronismo y festejando el golpe de 1955. Tras un pasito por el Partido Comunista, a mediados de los años ´60 se dio cuenta que era un poco difícil hablarle de revolución obrera a laburantes sin mayores preocupaciones, y se sumó al peronismo. Así y todo, prefirió tener un perfil moderado, criticando el nacionalismo peronista, al cual calificaba de fascismo. Fue de aquellos que suponían que el peronismo era lo que ellos decían que tenía que ser, aunque Perón opinara lo contrario.
Fue por aquel entonces cuando también comenzó a llevar una tarea altruísta: defendía, junto con su compañero Eduardo Luis Duhalde, a cualquier preso político, organizando comisiones de búsquedas y pateando tribunales y comisarías velando por el cumplimiento de sus garantías. Obviamente, esta actividad también incluyó algunos casos extremos, como el de los asesinos de Sallustro, pero probablemente eso se debiera a que, para algunos, los Derechos Humanos tienen distinta categoría.
En 1972 integró esa comitiva que trajo a Perón de regreso a la Argentina. Sin embargo, cuando a Perón se le ocurre ir por la Presidencia, a Ortega Peña le parecía un poco mucho, prefiriendo a Agustín Tosco, aunque Tosco también apoyó al General. En 1973 empezó a putear en público a un Perón ya Presidente por designar a José Ber Gelbard como en Economía. También puteó al gabinete entero. Ya no había lugar en los ministerios para Righi, Abal Medina o Bonasso. Propio de quien se toma el bondi equivocado, sostenía que «el peronismo debe aportar hacia la patria socialista» y, por si no quedaba claro, dijo que Perón había traicionado al pueblo argentino.
En 1974 llega a la Cámara de Diputados, gracias a la lista del FreJuLi que había llevado a Perón a la Presidencia, porque una cosa era putear y, otra muy distinta, dejar pasar la oportunidad de ser Diputado. Siendo Diputado Suplente, tuvo la suerte de que los legisladores «revoltosos» -Kunkel & Cia- hayan sido invitados por el mismo Perón a que se quitaran la camiseta y se fueran del peronismo. Se cortó solo, formando un bloque unipersonal. Al momento de jurar, mencionó una frase que se contradecía con el discurso de pacificación y unidad nacional que se repetía una y otra vez desde el Radicalismo y el Peronismo: La sangre derramada, no será negociada. El destinatario de esta frase era claro. Y lo dejó fehaciéntemente expreso cuando afirma  “La responsabilidad por estos asesinatos -militantes del PST asesinados en Pacheco- tiene nombre y apellido: Juan Domingo Perón.”
Desde hace años, a Ortega Peña se lo recuerda como un «peronista de base, de grandes convicciones y un gran defensor de los Derechos Humanos». Sin embargo, pocos hacen mención a uno de sus roles más importantes en la historia de los ´70: fue director de la revista Militancia para la Revolución Peronista. Esa publicación de tirada quincenal tenía en su contenido numerosas primicias de eventos que después sucederían. Sin embargo, fue tristemente célebre por su columna «La Carcel del Pueblo», donde defenestraban con mucha ironía a quienes consideraban enemigos de la causa popular. Como era de esperarse, esos enemigos del pueblo eran los que no les daban bola. En 1973, le dedicaron la columna a José Ignacio Rucci. Poco después, lo dejan hecho un colador. Ya en 1974, le dedicaron una columna a Carlos Mujica Echagüe, tratándolo de acomodaticio, gorila y burgués. ¿Los pecados? Haber oficiado el responso de un guardaespaldas de la Unión Obrera Metalúrgica, dar misa en Barrio Norte y defender el celibato, entre otras ridiculeces más. Un par de semanas después, Mujica apareció muerto. Montoneros no se hizo cargo. La Triple A, tampoco. Luego de varios casos más, alguien se avivó y la redacción fue clausurada.
Por aquellos años, un ya no tan jóven Horacio Verbitsky se desempeñaba como colaborador de Rodolfo Walsh. Más tarde, partiría hacie el exilio, volviendo años después a la Argentina y a la labor periodística. Fue a su vuelta cuando dijo «He sido peronista desde los 13 años. He sido periodista desde los 18. He sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y dejado de ser montonero en 1977.» Toda una declaración de principios.
Propio de la formación periodística de la década del ´70, Verbitsky cuenta con un don especial. Predice lo que va a suceder. Es como Lilita, pero con resultados. Humilde con sus virtudes extrasensoriales, comenzó a utilizar las mismas recién en el año 2000, cuando -una semana antes de que sucediera- dijo que Chacho Alvarez iba renunciar. Hasta entonces, había hecho numerosas -y muy valiosas, por cierto- investigaciones y denuncias de corrupción. Generoso con sus dones de vidente, comenzó a emitir numerosas predicciones que se fueron cumpliendo, como cuando dijo -en plena campaña- que De Narváez tenía lazos con el narcotráfico y que podría ser citado a declarar. Increíblemente, sucedió. También tuvo la misión de sacar a la luz el estilo de vida de Martín Pérez Redrado y tuvo la visión de que Cristina lo echaría. Creer o reventar: también se cumplió. 
Hace un mes atrás, tuvo otro evento sobrenatural que compartió con todos sus lectores y que tenía que ver con la situación de Gerónimo Venegas. Increíble pero real: también acertó. Hace unas semanas atrás, su conexión con el cosmos le trajo la visión de que el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires es un tipo nefasto e incapacitado para cumplir su rol. Tres días después, Nilda Garré comenzó a fustigar a Casal, le copó la provincia con gendarmes y le empezaron a meter fichas a Scioli para que lo remueva. Hace poquito, sugirió que las consultoras económicas crean inflación. Aunque usted no lo crea, el Estado multó a las consultoras.
El poder de Verbitsky se encuentra en un lugar que nuestra comprensión mundana no podría entender. Es un ser de luz, un visionario.
Jueves. Pozo Vacante de 21 palitos en el Quini 6. Vamos a pedirle la fija a Horacio.