Mentime que me gusta

V de VenturaVenimos de un fin de semana ardiente que descolló en materia mediática. Un par de días en los que Luis Ventura quiso dar clases de periodismo a los demás -algo así como que Funés Mori quiera enseñarle a Messi cómo definir un mano a mano con el arquero- Luis Majul quedó para el sopapeo y Mónica Gutiérrez hizo que casi nos olvidemos de sus lágrimas de emoción por Cristina Presidenta.

La periodista del peinado difícil de describir fue invitada al programa de Majul para integrar un panel de debate con Pablo Sirvén y el amigazo Gustavo Noriega. Sin embargo, en cuanto vio que se encontraba en el piso Sergio Schoklender, huyó despavorida e indignada. Al día siguiente explicó que se sintió molesta cuando el exhijo putativo de Hebe de Bonafini explicó «cómo se roba el dinero de todos mediante tramoyas con la obra pública» y que no poder preguntarle qué pasó con la tarasca de «Sueños Compartidos» la hizo sentir muy mal. En una de esas, si no se hubiera rajado al trote, podría haber preguntado aunque sea de prepo. Ante dicha imposibilidad, desde aquí le hacemos la gauchada a Mónica y le recordamos que Schoklender ya explicó en una nota a la Revista Noticias y en una declaración ante Oyarbide, que se llegaron a sacar del país dos millones de euros -dos kilos, cotización Fariña- sin pasar por ningún control bancario, y que otra parte fue a parar al financiamiento de campañas del kirchnerismo. O sea, la Gran Lázaro, pero que nadie quiso -ni quiere- creer.

En el otro extremo de la grilla televisiva, Lanata mostró una entrevista a Miriam Quiroga, a la que muchos llaman «la otra viuda», en un claro gesto de injusticia hacia Alberto Fernández. Quiroga contó más o menos lo que muchos habíamos leído por ahí, y otras cosas que dábamos por sentado, pero que siempre es bueno que nos repitan. Luego de notar que Quiroga no sería ni arrepentida, ni conocida, ni despechada, si Néstor no hubiera tenido ese contratiempo con la cipaya madre natura, me pregunté con qué se despacharía Cristina para hacerse la boluda, hasta que me avisaron que ya había un acto programado para el día siguiente.

Esta vez la militancia se vio liberada del compromiso aplaudidor y los muchachos salieron a bancar la calle. La JP Debita decoró buena parte del conurbano con sus leyendas «No jodan con la sobrefacturación», mientras que el coro estable de la corriente filo camporista «De Fariña a Evita, el Rodete Milita», practicaba su pieza «Cristina corazón, acá tené lo’ pibe pa’ cobrar la comisión». Es una pintoresca obra, que se suma al repertorio de «Néstor no se murió, Néstor vive en los fajos que lava Báez en la construcción». Y así, mientras Florencia Peña afirmaba en Intrusos que «lo que importa es el modelo, no los dos o tres casos de corrupción» -como si fueran dos o tres…como si fueran cometidos por extraterrestres-,  Cristina se preparaba para anunciar un paquete de medidas para el sector agrario.

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DyN

La arquitecta egipcia, exitosa abogada y capitana, devino en explicadora profesional agraria, y contó a los productores que hubo una merma en la cantidad de hectáreras destinadas a la producción de trigo. De la soja no habló, de los grandes pooles de siembra, tampoco. Ante un auditorio compuesto por representantes del sector agrario, a la Presi sólo le faltó mostrar la germinación del poroto, pero le puso garra y contó en qué consistía el fabuloso sistema que premiará a los que más producen, o sea, a los de siempre. Para que no se nos pase, nos hizo la gauchada de nombrar a Cargill y Grobocopatel, para luego reivindicar en público al hippie pacifista Guillermo Moreno por haber sido acusado de un montón de las cosas más terribles de las que pudiera ser acusado alguien. Cosas que, de más está decir, las vimos todos con nuestros propios ojos.

La Presi también remarcó la presencia de las grandes productoras que cosechan, producen y exportan, pero que no son monopólicas,  sino meros productos «de los efectos de la concentración que se dan aquí y en todas partes, debido al capitalismo». Genia de la vida. La ídola de la justificación conveniente quiso, también, llevar tranquilidad al sector respecto de algún que otro problemita que habría dando vueltas con el tema del dólar. Para calmar las aguas, y de paso poner paños fríos en las relaciones con nuestros países limítrofes, dijo que todos ellos mienten, y que ella no piensa devaluar para no darle el gusto a los que buscan ganar plata especulando con el tipo cambiario, lo cual marca una notable diferencia con los gustos personales del difunto expresidente.

Envalentonada al mango, se la agarró con los que -como ella- aprovecharon las políticas económicas de los últimos cincuenta años para forrarse en guita, para luego remarcar cómo mintieron aquellos que decían que después de las elecciones de 2011 se devaluaría la moneda. Para que no quedaran dudas, remarcó que los escándalos que vemos hoy en día -no aclaró si se refería a la liposucción de Victoria Xipolitakis o ese temita del lavado de guita- son productos del año electoral. Algo así como el dólar blue, que después de Semana Santa, baja.

A continuación le contó a la audiencia -evidentemente, compuesta por extranjeros incomunicados y marcianos recién llegados al planeta- que en 2001 hubo una crisis re fea, que fue un horror, que Néstor llegó a Presidente a pesar de que nadie daba dos mangos por él -miren lo que habrá mejorado el asunto que a lo último daban de a dos kilos-, y que en este país pasaron cosas que nadie puede explicar, como esos «fondos que llegaron y nadie sabe dónde están». Luego de aclarar que no se trataban de los fondos de Santa Cruz, sino del Blindaje, habló maravillas de lo grosso que era Urquía hace más de diez años, demostrando que la sobada de lomo al dueño de la Aceitera General Deheza, no es sólo producto de la década ganada.

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DyN

Para finalizar, después de reconocer que no le gustan los economistas por incompetentes -convengamos que entre Boudou, Lorenzino, Kicillof y Moreno han hecho mérito para que lo piense- le echó la culpa a Martín Lousteau por la idea de las retenciones móviles, idea que, para haberla considerado mala, bastante la bancaron con plazas, actos, puteadas, escraches y aprietes. Para rematarla, y después de tamaño descargo, aclaró que las retenciones no fueron por voracidad fiscal, sino por una cuestión de redistribución de la riqueza. Es que la idea era mala, pero buena. O sea, lo bastante mala, muy mala, como para escrachar al economista que criticó, pero lo suficientemente genial para recordarles a los presentes que son unos turros que se cagaron en el pueblo por culpa de una idea ajena de un ministro propio. Eso sí, garcas, pero ejes del nuevo plan, que no tiene nada que ver con ninguna bicicleta, aunque se llame CEPAGA, un nombre que no convence mucho, pero que -convengamos- es más vendible que el BOGARCHA chaqueño. Todo muy confuso. Todo muy kirchnerista.

Martes. La devaluación no existe. Los dólares a 10 pesos, son los padres.