Moyaneando
Convengamos que se veía venir. Lo sucedido hoy en el estadio de Huracán era un hecho de antemano, aunque ni los más visionarios se imaginaban que fuera para tanto. El Hugo Moyano se copó con las renuncias patrióticas de los artistas gubernamentales y se mandó. No seran los subsidios, pero renunció al Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires y a la mesa del Justicialismo nacional.
El discurso estuvo más entretenido que una de acción en 3D. No es que uno sea morboso, pero pocas cosas son tan divertidas como las peleas peronistas. Conciso y rápido, quizás ayudado por la amenaza de lluvia -no es que los agremiados no sean fieles a Moyano, pero tampoco da para darse una ducha en medio de la semana- el Hugo disparó, sin dar nombres, a un blanco más que obvio, en una cancha repleta y con una bandera más que sugestiva: «Evita hay una sola». 
La raíz del conflicto no hace falta buscarla muy atrás. Moyano quiso hacer valer sus ocho años poniendo la caripela para contener el reclamo sindical -¿O realmente se creyeron que los laburantes no tenían nada para quejarse?- y le pagaron con tres chauchas. El Hugo exigió el 33% de las candidaturas en las listas electorales y terminó padeciendo lo que padeció el resto del peronismo: quedar al fondo de la cola gracias a los monitos de la última hora.
Ambos bandos apostaron fuerte. Cristina se apoyó en la fuerza del 54% de los votos, como si eso le hubiera alcanzado a De La Rúa para que no le rompieran las tarlipes. En el reparto del poder, el hada madrina de la juventud sub 50 priorizó a sus muchachos y les otorgó lo que quisieron. Una pequeña cajita de varios millones de dólares en Aerolíneas, cargos ejecutivos, lugares en las listas y puestos en cada gobernación, intendencia o legislatura.
El gobierno nacional tampoco se comportó de forma coherente. Cuando los reclamos sociales son contra gestiones de otro signo político o contra empresas no alineadas a la lamida de ocote, las protestas son legítimos reclamos del sector productivo. En cambio, cuando las protestas son contra alguien de la cofradía cristinista, son chantejes, extorsiones e intentos desestabilizadores. 
El factor militante también se ha llevado su parte en esta obra de teatro. Los feligreses cristinistas, han adherido a la obsesión presidencial por revivir una historia que se dio en otro contexto, otro país y otro momento histórico. Conscientes o no, la adaptaron. A la Presi le gusta jugar a que es lo que nunca fue. Quizás con un dejo de culpa consciente -y desconociendo sobradamente la historia del país- quiso encarar una reparación histórica. Ella no jugó para el sindicalismo que la sostuvo y le permitió sobrevivir, sino que decidió apoyar a los muchachos que descubrieron en Néstor «un estadista que sacó adelante al país» recién cuando el expresidente ya estaba frío. Y ante el apriete del sector marginado, jugó exactamente al revés: Cristina echó de la Plaza al Movimiento Obrero Organizado que hizo más confortable su estadía en el poder.
Los mocosos que hoy se referencian con la versión que creen cierta del peronismo setentista, son más light. Poner caños es trabajoso, vivir en la clandestinidad no garpa y un «Néstor Vuelve» resulta poco probable. Por eso prefieren boludear en las redes sociales. Sin embargo juegan a la revolución con cantitos y gritos de guerra. Lo que no tuvieron en cuenta es que, mientras ellos boludean imitando una juventud que no fue tan romántica como la pintan, en la vereda de enfrente tienen a alguien que no imita a la burocracia sindical que rodeó a Perón en los setenta, sino que realmente fue parte de la corriente ortodoxa que buscó depurar al justicialismo de lo que Perón dio a llamar la infiltración marxista.  Por aquellos años, cuando la maravillosa juventud idealista, hoy glorificada, salía a intentar la guerrilla urbana y a atentar contra las instituciones de un gobierno democrático, Moyano ya los estaba corriendo. A ese tipo negro, sindicalista, bonaerense, camionero, ortodoxo y gran aliado de la CNU de los `70, quisieron sacarse de encima. Pero nada es gratis. 
Que Moyano diga que el Partido Justicialista está vacío de peronismo, suena a perogrullada. Pero no por eso deja de impactar que manifieste su conocimiento de numerosos dirigentes peronistas que no se encuentran contenidos y que llame a reconstruir al peronismo, después de renunciar a la conducción legal del aparato. 
Ahora que el Hugo está fuera del juego oficialista, la duda es si la Presidente se sostendrá sobre un grupejo de nenes de mamá que lloran porque la Policía los empuja o que necesitan de un acto de Cris para que los defienda de los sindicalistas extorsionadores y chantajistas. No la veo tan fácil. Si Moyano, con todas las causas paradas que tiene, decide patear el tablero, es que ya no le importa nada. Y en el Gobierno calculo que ya habrán tenido en consideración que el Secretario General de la CGT no es Zanola: el negro levanta el teléfono y en menos de cinco minutos el país se paraliza, esté o no esté en cana, adhieran o no adhieran los demás sindicatos. Sólo un camión atravesado corta una ruta. 
Adhiero a los que manifiestan sus dudas sobre quién asesora a Cristina. Solo una delirante egocéntrica y desconectada de la realidad sería tan suicida de provocar a un tipo al que Néstor Kirchner calificaba en la intimidad como «el más poderoso de Argentina». Hace un par de horitas, la dama de negro llevó adelante otra presentación del velorio itinerante de Néstor, esta vez en la planta de Toyota, en Zárate, acompañada del felador político compulsivo Daniel Scioli. Curiosamente habló poco, normalmente lloró mucho, festejó el hallazgo de los restos de Vargas Aignasse, plantó un árbol y, en un delirio de desconexión sideral, afirmó que hay que profundizar las políticas de asistencia social para combatir al clientelismo. De Moyano, no habló.  
El Hugo se da un chapuzón y arranca un maremoto: Hebe de Bonafini, bien ubicada en tiempo y espacio, tiró que «al país lo construyen los trabajadores como en la epoca de Perón», para luego rematar que «lamentablemente, Moyano se parece más a los peronistas que a los kirchneristas», en un claro intento por superar los titulares en tono jocoso de la revista Barcelona. Luis Barrionuevo, acostumbrado a tirar frases demoledoras, dijo que se encolumna nuevamente tras Moyano y «agradeció» a Cristina por haber reunificado al movimiento obrero. Desde el radicalismo, Ernesto Sanz demostró una vez más que no le carbura bien y dijo «no entender el conflicto entre Cristina y Moyano» y que cree que el problema podría deberse a un conflicto interno dentro del justicialismo. Por último, Facundito Moyano trató de «imberbes» a los que no entienden que los trabajadores son la esencia del movimiento. Combo completo. 
Lo divertido arrancó. De un lado, el movimiento obrero organizado. Del otro, la patria contratada y los estudiantes unversitarios crónicos. Yo ya compré pochoclos, esta no me la pierdo, aunque, lamentablemen
te -y como decían los viejos perucas- cada vez que el Justicialismo se da un baño de limpieza, el agua nos salpica a todos. 
Jueves. Levanto apuestas.