Otra Vez
Parte de lo vivido ayer, ya lo vi: Filmus piensa que la Capital es progresista y aún no se dio cuenta, la cúpula del kirchnerismo cree que la ciudad de Buenos Aires es un refugio de extraterrestres e insiste en presentar al marciano Filmus, y Macri que vuelve a medirle el aceite. Sin embargo, la sensación de paramnesia respecto de 2007 no es completa, dado que el contexto político del país es absolutamente distinto.
Convengamos que el Frente Para la Victoria no tenía demasiadas opciones: si no iba Boudou con su intención de voto del 5%, largaban a Tomada que no medía. Una vez ungido Filmus como candidato, comenzaron a trabajar en la campaña en la cual pifiaron de entrada. Suponer que alguien va a votar a un candidato para que el Gobierno Nacional vuelva a ubicar la ciudad de Buenos Aires dentro del mapa argentino, es desconocer la forma de votar del porteño, más adepto a las personas que a las ideas y más vinculado a las acciones que a los partidos. Plantear la campaña desde el discurso del militante, fue un error grosero en el cual cayeron varios, además de Filmus. Y es que, si el porteño fuera un electorado netamente político, no tendría tan bajo porcentaje de afiliados a partidos políticos.

Algunos analistas sostienen que es muy difícil convencer a un electorado tan heterogéneo en el que algunos pueden llevar a la bruja, los hijos, las novias de estos y la mucama a vacacionar en Saint Tropez, otros ofician de fakires al intentar subir al subte en hora pico y el resto cuenta las monedas para comprar cigarrillos sueltos. Esta teoría de heterogeneidad escapa a un hecho irrefutable: Macri ganó en todas las comunas de la ciudad. Lo votaron tanto en Recoleta como en Villa Riachuelo, en Belgrano R y en Soldati, en Las Cañitas y en Pompeya, en Nuñez y en Lugano. Los motivos, obviamente, varían en cada zona desde el punto de vista objetivo. En cambio, yendo a la subjetividad, todos las motivaciones se vinculan a un sólo punto: La identificación con algo. La señora de Recoleta podrá sentirse identificada a nivel estrato social y el laburante de La Boca tendrá para agradecer la puesta en valor de alguna parte del barrio, pero ambos coinciden en una cosa: Hubo una frase, un concepto o un hecho que llevó a que se sientan identificados con el candidato ganador. 

He visto con mis propios ojos a candidatos a legisladores del Frente para la Victoria decir que Macri es un facho clasista por darle obras hidráulicas a los ricachones de la zona norte, lo cual demuestra el desprecio que tiene por los pobres. Se lo dijeron a habitantes de Barracas que caminan todos los días por la nueva Avenida de los Patricios. Creo, puntualmente, que el mayor error de la oposición al PRO en la ciudad fue ir a hablar de luchas sociales y redistribución de la riqueza a un tipo que no le importa quien gobierne mientras pueda tomarse un bondi en una parada iluminada y, en cambio, tiene bien en claro que debe sacar cuentas para llegar a fin de mes por cuestiones ajenas a la administración de la ciudad. Al pobre no le interesa que le recuerden que es pobre, sólo le interesa saber qué van a hacer para modificar algún factor de su realidad.

La decisión de Macri de inclinarse por la reelección local obedeció, en parte, a que no se sentía confiado con los números para competir por la presidencia, y otra parte a que tampoco le daban las cuentas para preservar la ciudad. Si bien, en un principio, pensó en Rodríguez Larreta, suponer que desde el kirchnerismo impulsarían a Filmus, hizo prever que el pelado tendría una lucha épica por ganar en el terreno de quién es el candidato menos carismático y con mayor cara graciosa. Consciente de que es preferible conservar una trinchera que arriesgarlo todo, fue por la reelección local. 

La jornada arrancó como Dios manda: viejos que hacen cola desde las siete de la matina para votar, autoridades de mesa ausentes, votantes que se quieren pegar un tiro en la entrepierna al quedar abrochados el resto del día, fuerzas de seguridad que forrean gratuitamente a los electores y fiscales de mesa que tratan mal a todos por las dudas. La novedad de tener mesas mixtas fue bien recibida por el INADI, no así por los votantes. Ellas que se quejaron de la falta de caballerosidad de los hombres, mientras ellos querían pasar a mejor vida cuando les tocaba una cola con tres señoras que se conocían del barrio. Contrariamente a lo que uno podría suponer, no se registraron lágrimas de emoción entre los votantes al poder elegir autoridades comunales por primera vez.

Desde temprano Filmus recibió ofrendas florales y propuestas de
misas de exequias.
En un último intento por justificar la que se lleva por vender humo, Artemio se hizo el pícaro una vez más y violó la veda electoral con su pronóstico: Macri 43,9%, contra Filmus 31,2%. Le pifió un dígito -el decimal- y los 10 puntos de distancia se convirtieron en 20, con lo cual el candidato del PRO quedó al borde de zafar del ballotage. Y así fue como, a las 21,00 horas, se conocieron los primeros datos, lo que llevó a que los seguidores de Macri empezaran a festejar en Costa Salguero. No fue idéntica la repercusión en el bunker de Filmus y, a medida que pasaban las horas, algunos esperaban la llegada de alguna que otra corona a nombre de «tus amigos». Todos afirmaron que, hasta no tener una tendencia irreversible, nadie hablaría. La primera en aparecer fue la Giudici, pero a nadie le importó. Luego llegó el turno de Carrió, a quien tuvieron que practicarle masajes para reacomodarle la mandíbula, con lo que demostró que prefiere que gane Silvia Süller antes que el kirchnerismo. El tercero en dar la cara fue Pino, que demoró su aparición porque estaba durmiendo una siestita -no es joda- y enseguida se puso a hablar de minería, industria naval, políticas petroleras y, cuando desde abajo le pedían que vuelva al nicho, agradeció a la muchachada que lo acompañó en este lograzo. 

Sinceramente ¿Había necesidad?
Mientras en 678 hacían conjeturas sobre los 20 puntos de Macri que en octubre votarían por Cristina, Barone decía que nadie había ganado porque todavía no pasó el ballotage, y Filmus denunciaba haber ganado en una mesa de Versalles, el actual Jefe de Gobierno salió a festejar con su audiencia, acompañado de Larreta, Bergman, Vidal, Marcos Peña y Miguel Torres del Sel. Su discurso de conciliación contrastó claramente con su expresión de satisfacción sexual y, para vergüenza de propios y ajenos, terminó sacudiéndose a 220 en algo que él presume de ser un baile.

Para calmar la ansiedad de la otra vereda, antes que apareciera Filmus habló Garré. La Ministra del Plan Cinturón Sur llevó tranquilidad a las filas kirchneristas al afirmar «quizás los que no nos votaron en la primera, nos voten en la segunda, puede ser ¿No? Quién sabe».  Al mismo tiempo, desde la Quinta de Olivos evaluaban la posibilidad de modificar el eslogan «Aquí también la Nación Crece» por un corregido y vengativo «Acá la Nación no crece ni Mierda»

Mientras Randazzo preguntaba si daba para hacer la gran Fabiana Ríos e ir a festejar el triunfo K de Macri, Filmus quiso de
mostrar cuánto aprendió de «él» y dio la cara cuando la diferencia ya lo sepultaba debajo de los 28 puntos. Su discurso estuvo a la altura: no perdieron sino que hicieron la mejor elección de la historia del Frente para la Victoria en la ciudad de Buenos Aires. Con la cara de terrier sarnoso a la que nos tiene acostumbrados, el candidato kirchnerista dio un discurso sobre la historia de la ciudad de Buenos Aires, recordó la lucha de las Madres y agradeció a Cristina por el resultado obtenido. Si lo hubiera asesorado Durán Barba, no podría haber espantado tantos indecisos. Finalizó pidiendo el voto a los electores que no optaron por Macri, a los que votaron en blanco, a los que impugnaron, a los que no fueron a votar y a los que tienen doble personalidad. Al mismo tiempo que Filmus daba su discurso, Julio Piumato anunció desde su cuenta de twitter el resultado final -47,1 a 27,8- a lo que agregó un escueto «sin palabras,» para luego remarcar que la mayoría de los militantes que fiscalizaron las mesas los puso la CGT. Para finalizar, el sindicalista de los judiciales le preguntó públicamente a Hernán Brienza si cuando dijo que la diferencia era de 10 a 8 puntos, no habrá querido decir 18. A esta altura, si Filmus insiste en presentarse al ballotage, más que muestra de civismo hace suponer que es un goloso, vicioso y ninfómano.

Mientras en la Rosada evalúan matar dos pájaros de un tiro y entregar la ciudad de Buenos Aires en permuta por las Islas Malvinas, algunos empiezan a preocuparse por una lectura que nadie se atrevió a hacer: Cabandié, ícono de La Cámpora, emblema del progresismo de derechos humanos de autor y sinónimo de la juventud kirchnerista, sacó la mitad de los votos de Filmus. Si bien los politólogos se debaten en denominar al fenómeno como corte de boleta correctivo, corte antisalame o corte escarmiento, lo cierto es que el sistema de colectoras no sumó nada al plan electoral y destrozó la bancada del Frente para la Victoria en la Legislatura Porteña. Algunos candidatos que hasta hace no mucho tiempo jugaban en las filas del PJ, se sumaron al PRO y ganaron en sus comunas.

Peligrosamente para los planes de Cristina, esta misma técnica la aplicó en todos los distritos electorales del país, incluso en la provincia de Buenos Aires, al imponer como candidato a Vicegobernador a Gabriel Mariotto -un tipo tan impresentable que hace que Scioli quede a la altura de Charles De Gaulle- y al sacar de las listas a históricos dirigentes de todas las secciones electorales, para colocar en sus lugares a pibes que estaban a los toques en Facebook hace no menos de dos años. Si a ello le añadimos el detalle de que en la provincia también habilitaron colectoras y recordamos el comportamiento del electorado que en 2009 fue a votar con tijeras, gillette y tramontinas, se podría asegurar que el Chino Zannini será un bocho en encontrar los huecos para destrozar toda lógica del derecho administrativo, pero como armador político tiene menos culo que River.

Oído por ahí: Filmus, perdiste contra un tipo que hizo el ridículo cantando Queen, que baila como manequí en terremoto y casi se muere asfixiado con un bigote de utilería. Contra eso perdiste, Filmus.

Lunes. Vi votar a un señor de 92 años. Es más que lógico: Las generaciones que siguieron, no tenemos idea lo que vale vivir en democracia.