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Haciendo amigos

Haciendo amigos

Hay un aspecto de mi personalidad que es inamovible, incorregible en el correcto sentido de la palabra: no se puede modificar ni corregir. Confieso, sin sorna ni sarcasmos, que soy un disminuido social. Hago mis esfuerzos para integrarme, pero el costo que pago es altísimo. Me he preguntado muchas veces por qué me tocó ser así, pero tampoco entiendo cómo es que hacen los demás, los que quiero, los que me rodean, para llevar una vida sociable amena sin que los manden a la mierda. Lo único positivo del asunto es que lo reconozco y lo trato. De esta forma, le he ahorrado a miles de personas un mal trago.

Y digo miles porque es difícil de calcular la cantidad de seres humanos que, por día, deberíamos agradecernos entre nosotros. ¿Vio la cantidad de quilombos que usted, querido lector, tiene en la cabeza? Imagine que todos y cada uno de los seres humanos que habitan este planeta se despiertan cada mañana con sus propios fantasmas. Algunos los tienen encauzados, otros se autoflagelan. Están los que conviven con ellos de una forma superadora y están los que culpan al mundo por algo que el universo no les debe. O si se los debe, tiene de acreedores al resto de la humanidad también.

Esta intro tiene un solo sentido. Desde que comenzaron las pruebas PISA para evaluar el estado de la educación argentina que me pregunto con qué cara mucha gente se asusta, si el universo está lleno de adultos universitarios que contestan mensajes sin lograr comprender ni el mensaje, ni el contexto ni la realidad del mundo que los rodea.

Le pongo un ejemplo. Me llegó la boleta de energía eléctrica. Más allá del monto, del retroactivo, del 25% de impuestos, solo mencioné una cosa. Una sola. Me causó gracia figurar en el nivel de altos ingresos y lo compartí.

“Eh, Lucca, mostrá cuánto consumiste”. Está ahí, en la factura, si lo desea, aunque no era el punto.

“¿Por qué no decís quién fijó esa escala, eh?”. Porque ahí dice que es un decreto de 2022.

“La carne la pagás lo mismo que Bulgheroni y eso es un servicio que tiene un precio”. Y sí, nadie discutió ese punto.

“¿Recién ahora te das cuenta que por Decrecto 332 del 2022 estás en ese nivel?”, pregunta Juancito. Odio contestar con preguntas, pero el estupor pudo más y respondí con un “¿Dije eso?”. Pobre de mí. “No, no lo dijiste ni dije que lo habías dicho tampoco, sólo que lo posteaste ahora y debés estar en nivel uno mucho antes del 10 de diciembre, por lo que lo hacés con una sola intención.” Lo dijo. Estaba ahí. No comprende los textos míos ni los que él escribe mientras los escribe. Yo ya venía con la queja de la clasificación hace años. Una queja sobre el desastre del poder adquisitivo argentino en el que un salario de pobreza te coloca en el decil más rico del país. Y tengo un archivo enorme al respecto.

El problema con las pruebas PISA es de diversas aristas. Si se sostiene que los jóvenes son el motor del cambio, la esperanza que no vimos venir y revolucionó las elecciones, hablamos de esos mismos chicos que no logran comprender lo que leen. Pero votan.

Si nos centramos en el pequeño detalle de que las pruebas PISA son una novedad reciente para la Argentina, tenemos que dejar una duda enorme en un pedestal: ¿Quién evalúa a todas las generaciones anteriores?

Ni siquiera es una posición de superioridad personal. Terminé mi educación secundaria el 30 de noviembre de 1999. El 1º de diciembre del mismo año ya no tenía la más puta idea de qué era un coseno ni de qué se trataba la trigonometría. Pero porque no era de mi interés, sencillamente. Tengo compañeros que han hecho carreras en base a las ciencias exactas y, probablemente, no recuerden qué es un Complemento Circunstancial de Tiempo.

Entro a redes sociales y veo el nivel de argumentos para la agresión y me da cosita. Un poco extraño la época en la que los insultos tenían altura y cultura. Pero la bronca puede más y no hay tiempo para esas mariconadas de sutilezas sarcásticas. Entonces me pregunto si el sistema educativo falla hace 30, 40, 70 años, o si la verdadera carencia es la superación de los traumas, la identificación de qué es lo que nos provoca qué cosa.

Es una mezcla brutal de la literalidad absoluta y la generalización total. Uno tira un comentario al pasar sobre la vida en Marte. Treinta y dos personas contestan que no hay vida en Marte y que, como periodista, debería interiorizarme antes de desinformar de esa manera. 56,2 personas sostienen que no está comprobado que haya vida en Marte, pero que nadie dice nada de los reptilianos. 16 personas me dicen que estoy mintiendo por decir 56,2 personas ya que el homo sapiens es indivisible en su naturaleza humana.

Pero si llego a decir que Mariano Cúneo Libarona habilitó un 320% el costo de las transferencias de automotores y eso beneficia directamente a la nobleza a cargo de los registros automotores, es más que probable que aparezcan un puñado de energúmenos a explicarme que el precio estaba retrasado, que no se le puede pedir al gobierno que resuelva en cuatro meses tres milenios de decadencia humana y que los periosobres solo nos fijamos en lo negativo porque nos cortaron la pauta.

-“¿Y ahora que reculó qué tenés para decir, ensobrado pautero?”.

Bueno. Llego a decir que el ministro de Justicia fue crucial para que se caiga la primera causa de la AMIA, al igual que el candidatazo a la corte llamado Ariel Lijo, y puede que me linchen sin hacer la conexión del punto A al punto B, donde el punto A es “estamos con Israel y los atentados a la embajada y a la AMIA nos colocan en un lugar inclaudicable”; y el B es “nos chupa un huevo la incoherencia de quién tenemos al frente de Justicia”.

(Esto es un entre paréntesis. Qué loco este Lijo apoyado hasta por Pato. El que las hace, las paga. O algo así). 

Esta temporada otoño-invierno 2024 volvió a ponerse de moda putear a los periodistas. En un contexto normal, no solo me chuparía un gobelino sino que que podría ser que me sume. No sería la primera vez. Sin embargo, lo primero que debería destacar es lo obvio: no se puede llorar corporativismo si nos putean a todos. Si cada periodista agredido se defiende y eso lo llevan al terreno del corporativismo, ya deberíamos dejar la lectocomprensión de lado y comenzar a sospechar de una seria falencia de ácido fólico en la gestación.

(Esto es un entre paréntesis. Cuando digo “temporada otoño-invierno” no me refiero a que exista realmente una moda definida en el circuito de alta costura de París-Nueva York-Milán)

El Presidente, como buen tuitero, aplica la misma forma de boludear que cualquiera de nosotros si pasara demasiado tiempo en Xwitter. En su razonamiento, si no le gusta lo dicho por un periodista, el emisor está ensobrado. Si le gusta, es independiente, aunque no haya dejado caja municipal sin pasar la gorra.

Hace un par de días ascendió al vocero presidencial a Secretario de Estado, sueldo duplicado incluido. Al día siguiente señaló a la casta por la duplicación más aguinaldo de los senadores y felicitó a los de su partido, entre los que estaba uno que firmó el proyecto. Luego asciende a ministra a su hermana, aumento de sueldo mediante. También al ahora flamante ministro de Comunicación y Prensa. La casta es el otro, ¿vio?

(Esto es un entre paréntesis. Donde dice “la casta es el otro”, es un juego de palabras sarcástico para remarcar una incoherencia. Que el Presi diga que el problema de la casta está en el senado el mismo día del aumento a su hermana , no es sarcasmo).

Llegué a leer a idiotas decir que Lanata esmeriló a Macri. Y que por suerte tenemos a periodistas que la ven tanto que hasta así bautizan sus programas. Macri estuvo sentado en la mesa de los novios de Lanata. Salió por todos lados. Fue tema de conversación por semanas. Los que lo esmerilaron y con brutal desagradecimiento son los que hoy hablan frente al micrófono con lenguaje tuitero: “son los mismos que quisieron voltear a Macri”. No, señores, que existe el archivo. Un poquito de pudor, algo que haya quedado por ahí.

¿Dónde fue el puñetazo de Alfredo Casero? ¿En el programa del Gato Sylvestre? ¿Quién hizo un editorial con todos los indicadores de Macri 48 horas antes del balotaje y finalizó con un “fra-ca-só”? ¿Duggan? Ahí, ya corro la lectocomprensión, elimino la carencia de ácido fólico y comienzo a suponer que se olvidaron el lóbulo frontal en el útero materno.

Pero todo se resume a algo más sencillo: o no consumen los medios que critican, o necesitan que una buena historia no sea opacada por pelotudeces, como la realidad.

Y mezclan pauta con sobres. Un periodista que trabaja como empleado de un medio de comunicación no cobra su sueldo proporcionalmente a la pauta sino al cargo que desempeña y a las paritarias dentro del convenio colectivo de trabajo del periodismo, que ya de por sí es una desgracia en comparación a otros. Los que pueden llegar a recibir pauta de forma directa son los conductores de escasos programas. Y algún bloggero con buena capacidad para hacer relaciones públicas.

En términos lineales para que lo entienda un literalista: un periodista empleado no cobra pauta.

Y pongan la basura en un bote para la basura. Esto es mucho muy importante: la pauta no es sinónimo de sobre. La pauta oficial va por canales oficiales, de forma legal y a través del sistema bancario. Un sobre es un dinero que se entrega de forma groncha. Se los cuento como para que sepan cómo agredir con propiedad. Y dejo de lado otra cosa: si creen que los periodistas fans del gobierno no obtienen ningún beneficio y que los que se quejan de algo son corruptos, no hay mucho que se pueda hacer.

(Esto es un entre paréntesis. Las primeras dos oraciones del párrafo anterior son una referencia cultural pop a Los Simpson. En ningún momento les recomiendo de forma literal que coloquen la basura en un cesto, aunque tampoco lo vería mal.)

(Esto es otro entre paréntesis. Aprovecho para tirar una pregunta al aire: ¿Qué opina Mauricio Macri de la agresión a su amigo Jorge Lanata y del silencio de los periodistas oficialistas? Y no, no es una pregunta retórica.)

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Hay un mantra trosko que reza “que la crisis la paguen los capitalistas”. Nunca pensé que diría algo parecido: que la paguen los que la hicieron. Quiero que alguien, alguna vez en la vida, pague por el daño efectuado. Por lo menos para ver qué pasa, como quien decide cambiarse el corte de pelo para probar, ¿vio?

Nunca manejé una caja del Estado, pero pago la crisis de quienes sí lo hicieron. Jamás fui consultado por ninguna medida económica, pero acá me tienen. La única vez que me preguntaron algo fue cuando tuve que decidir entre quedarme en el sistema de AFJP o pasar al sistema de reparto. Al pedo, si no respetaron mi decisión.

Sí, trabajé en el Estado como planta permanente, en la Ciudad de Buenos Aires, durante la gestión de tres Jefes de Gobierno de tres procedencias políticas distintas y nunca para ellos. Cobraba sueldo en base a la escala salarial que, actualizado al nuevo esquema de la Carrera Administrativa, me tendría en una posición económica bastante más saludable. Y, por sobre todas las cosas, estable. O sea: si hubiera seguido como Planta Permanente, hoy mi salario sería de 720 mil pesos brutos. Renuncié en 2013. Saquen la cuenta ustedes. Así y todo, 720 mil pesos será un sueldazo, pero no alcanza para mantener a una familia por encima de la línea de la pobreza según el Indec.

No hice nada para que estemos en esta situación, sino más bien todo lo contrario: cualquier progreso mínimo o cualquier forma de sobrevivir, la he conseguido a pesar del Estado y no gracias al Estado.

No trabajé voluntariamente para empresas prebendarias y monopólicas, no integré fundaciones de degenerados fiscales conversos que ahora definen quién es un degenerado fiscal y quién no. En mi puta vida voté al kirchnerismo. ¿Cuántos de mi edad pueden decir lo mismo?

Hartísimo de pagar como un pelotudo cien lucas de base por cualquier cosa. ¿Salís a la calle? Vengan esos crocantes que cualquier compra, por más básica que sea, se lleva de cinco a seis cifras. Hartisisisísimo de ver que, no solo no bajan los impuestos, no sólo no modifican las bases imponibles en el país de la inflación récord, sino que encima quieren corregir ese error de la matrix de cuando se les dio por bajar ganancias. Por si faltara algo, cualquier impuesto que se pueda aumentar y no logremos comprender bien, se aumenta.

Ni que hablar de que, para esquivar puteadas, me dicen que la culpa es del que generó el desastre. ¿Sabe qué pasa con esa afirmación, estimado lector? Que cada vez que la leo solo puedo pensar en una cosa: se la llevaron tan, pero tan de arriba que algunos hasta se quedaron en el gobierno.

Para la Navidad de 2023 escribí: «Llevo doce días de escuchar que “emitir el 20% del PBI para ganar una elección no sale gratis”. Y se ve que sí, que salió totalmente gratis. Porque la joda la pagamos nosotros, una vez más, mientras los responsables están en otra, solo angustiados por no haber ganado la presidencia. Y, en realidad, si se sostiene que se orquestó una catástrofe económica con un fin que no tenía nada que ver con la correcta administración del Estado, estamos ante un delito. Y los delitos se denuncian.

¿De qué me sirve que me recuerden por qué perdió Massa? ¿Para qué puedo utilizar la información de que destrozó la economía con fines personales, si a la noche apoya la cabeza en la almohada y duerme plácidamente en su domicilio sin tener, siquiera, una citación a indagatoria por un delito que, según sostiene el mismísimo gobierno, está absolutamente comprobado? 

Denle una mano a Javito y denuncien. Pobre hombre, presionado para ir en contra de todos sus principios anarco capitalistas y de todas aquellas cosas que sostuvo hasta hace quince minutos. Tanto patriotismo pragmático merece las más altas contraprestaciones y que los responsables de esta situación respondan ante la Justicia con su libertad y su patrimonio. Más que nada para no sentirnos flor de pelotudos.»

En aquel entonces no faltó el energúmeno que me dijera “van doce días”. Pasaron cuatro meses. Digo exactamente lo mismo y ahora les pido que lo ayuden a Javito y prohíbanle que siga ascendiendo funcionarios.

Si el Presidente o el ministro de Economía sostienen que esta crisis es producto de una emisión descontrolada que se hizo con dolo para financiar una campaña –algo que todos vimos– tienen el deber jurídico de denunciar con nombre y apellido. Si no saben cómo hacerlo –o no leyeron cuáles son sus obligaciones– pueden consultarle a Rodolfo Barra para que puedan ir y denunciar a los responsables de que yo esté con el upite al rojo vivo.

Y si descubren que hay personas que se enriquecieron gracias a los fideicomisos –y mierda que lo han hecho– van y los denuncian penalmente. No, Xwitter no es un palacio de justicia más que para cuestiones morales. Las denuncias se hacen en Tribunales. Yo estoy demasiado ocupado en subsistir a la crisis. Putear a los que la provocaron no pagará las cuentas.

Denuncien.

Y vuelvo a este tema del denuncien porque también va para las acusaciones hacia los colegas. ¿Sos funcionario y decís que un periodista cobra guita en negro para difamar? Denuncialo, con nombre, apellido y circunstancias del hecho.

Pero denunciar tiene un problema que no es menor: el denunciado ejerce su derecho a la defensa y no es él quién tiene que probar su inocencia. Mirá si le vamos a dar ese derecho.

Mirá si vamos a correr el riesgo de arruinar una buena historia.

En fin, ¿se entiende por qué me va tan mal con las relaciones sociales?

PD: Muy bonito el comité de crisis. Llevamos 131 días sin firmar el decreto que declara que la organización terrorista Hamás es una organización terrorista.

(Esto es un entre paréntesis. Osvaldo Bazán me honró con una entrevista en la que la pasé super bien y que está disponible en su canal de YouTube Planeta OB).

(Esto es otro entre paréntesis para avisar que el texto terminó hace tres párrafos y luego vinieron los avisos parroquiales. A continuación, los cafecitos).

Nicolás Lucca

 

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Por si te quedaste con ganas de leer más: 

Narrativas, épica y 2001

Y todos dicen entender

Yo también estoy enojado

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(Sí, se leen y se contestan since 2008)

Un comentario

  1. Afortunado poder analizar estas reflexiones de una pluma que tuvo la oportunidad de tener una buena disponibilidad de acido fólico en su gestación . (entre parentesis vale el valor de un cafe,transferido) Gracias

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