Paraíso Garantista
Una mujer va a retirar dinero de un banco, el empleado le dice que no tiene y le pide que vuelva al día siguiente, la mujer cumple y al regresar retira el dinero. Sale, la siguen, la asaltan, forcejean y la balean. Como ya estamos acostumbrados a hechos aberrantes, nos llamó la atención el detalle de que la mujer estaba embarazada y próxima a su fecha de dar a luz. Ayer nos conmovimos con la noticia de que el bebé falleció después de unos días de agonía, mientras que su madre aún sigue en coma.
Todos nos calentamos, puteamos, nos descargamos y filosofamos al respecto. Nadie hizo ni hace nada. Ese, tal vez, sea el parámetro que más nos diferencia con otros componentes de la sociedad: en una villa del conurbano un grupo personas prende fuego la casa de un tipo por matar a un chorro; nosotros vemos que tiran a matar a una mujer embarazada, que su hijo termina muriendo e intentamos resolverlo por Twitter.
Cuando el hecho ya era noticia a Agustín Rossi se le ocurrió hablar de la reunión de Magnetto con el Peronismo Federal. Y ante el silencio oficial uno se pregunta cuáles son sus prioridades. Por lógica, la seguridad no es una de ellas. La progresía argenta se llenó la boca haciendo su trabajo de justificar lo injustificable al decir que las verdaderas políticas de seguridad son el trabajo digno y la educación, cuando uno de los imputados es empleado bancario -4.500 pesos de piso salarial según última paritaria, secundario completo como requisito mínimo- otros afirman que también tendrían que indignarnos los chicos que mueren de hambre y frío en la calle, y algunos sujetos con capacidades empáticas diferentes filosofan sobre el impacto que genera la muerte de un bebé «bien» –clase media, ricachón, ser humano, da igual– y que todo nos lo metieron los medios con el objeto de bombardear nuestras cabezas con información negativa.
No podemos decir que perdieron el control de la calle porque uno no pierde lo que abandona. Nunca les importó, nunca se interesaron en el tema. Un Gobierno que se jacta de jamás haber reprimido una protesta –algunos docentes de Santa Cruz no opinarían lo mismo si les quitaran la bota de Gendarmería de la cabeza– y que emparenta la represión ilegal con el resto de las funciones propias del Estado, demuestra que de la calle, lo único que le importa, es la guita convertida en voto.
Probablemente la Presidente esté esperando que le informen si algún imputado o prima lejana del fulano tenían antecedentes penales para poder agarrársela con los jueces que dejan salir a cualquiera, como también es probable que a Scioli se le ocurra alguna idea bien estúpida como bloquear los celulares en los Bancos, cuando no tuvo absolutamente nada que ver con el caso… Perdón, esto ya paso.
Lo que ningún programa, plan y política educativa puede hacer es cambiar la mentalidad de la gente a corto plazo. Eso lo saben hasta los asistentes sociales. El problema es que no solo falta mucho tiempo para ver los resultados, sino que nos encontramos con un pequeño detalle: no existe política educativa ni de inclusión social que apunte a esto. El trabajo solito no resuelve nada. La educación, por sí sola –y siendo tan generoso como para decir que en la Argentina hay educación– tampoco soluciona las cosas mágicamente.
Es un error de conceptos suponer que somos todos iguales. La igualdad va en que cada uno reciba lo que le corresponde. Y si pensamos que a un tipo, por tener un buen laburo, va a dejar de gustarle la plata fácil, cerremos los Casinos. Si creemos que un pibe, por tener la mejor educación del mundo, va a ser Mahatma Ghandi, le pifiamos feo. Son muchas las medidas que conllevan a una política integral para solucionar la delincuencia. Pero pretender que sólo con educación y trabajo solucionamos todo, es como pensar que con curitas y un poco de alcohol sanamos la gangrena.
El Gobierno le da a cada sector lo mínimo y necesario para que los vote. Ni más, ni menos. Ha sabido identificar los mayores anhelos de cada sector de la sociedad y cumplírselos medianamente, descontando que el resto de las necesidades ya no suman. Son el mal menor. A los pobres, con darles algo, alcanza. Las necesidades no se las solucionaron en treinta años, no vamos a pretender que se las arregle Cristina, qué se creen. A la clase media, con cambiar el termotanque, comprar un LCD en 50 cuotas y llegar a fin de mes, listo. El problema es que hay que llegar con vida a fin de mes.
Las reformas procesales de hace una década han fracasado. El aumento de las penas no le meten miedo a nadie en una sociedad que hace una cultura del ámbito tumbero. Si te amenazo con 25 años de prisión e igual matás ¿quién puede creer que hay que endurecer las penas aún más para amedrentar al homicida? Las fuerzas policiales sin poder han demostrado que no sirven más que de figura decorativa. Algo va a tener que cambiar en algún momento, pero estoy seguro que no va a ser con esta gestión. No podemos esperar mucho de nuestra dirigencia política, estimados. Son maoístas con la Alta Sociedad, progres con la clase media y populistas con los pobres. La inconsistencia ideológica es su estandarte, la improvisación su plan de gobierno y el cinismo su estilo de vida.

Viernes en la República de la Nada. Algunos no querríamos estar en la piel de Carolina para no morir de tristeza; otros, no podrían estar en la piel de Carolina para no morir de vergüenza.