Política de Suicidios
En 2004, cuando el retraso tarifario interno obligaba a Metrogás a colocar parte de su producción en el exterior con el objeto de financiar a la empresa, el Gobierno decidió enchufarles una módica retención del 45%. El resultado inmediato fue una interrupción en el proceso de exploración y la caída de las reservas de gas de proyecciones a diecisiete años, a tan sólo nueve. En 2005, se rehabilitó la conexión del gasoducto boliviano para importar gas de nuestro vecino y poder abastecer el mercado interno. Para terror de los militantes Nac&Pop, el gasoducto transnacional se había cerrado porque Argentina había alcanzado el autoabastecimiento. Fue en 1999. El costo de esta importación -el Evo no hizo, precisamente, precio de amigo- llevó a que en 2008 empezáramos a importar gas licuado a pesar de ser productores, un récord que no se si da para festejar.
Respecto de la energía eléctrica, cabe destacar que incluso en el terrible 2001, la inversión privada en el sector eléctrico resultó rentable, gracias a un sistema que fijaba el costo fijado por las empresas, lo hacía en relación al precio de la generadora energética que seguía a la que tenían en funcionamiento, con lo que se incentivaba a la inversión permanente. Durante el primer año siguiente a la salida de la convertibilidad, la diferencia costo-precio final, fue cubierta gracias a las reservas acumuladas por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista de Eléctrico -Cammesa- y desde 2004 (adivinaron) intervino el gobierno con un resultado previsible: desinversión más subsidios compensadores.
Entre los factores que influyen en el aumento de costos en la generación eléctrica -algo que nunca se detuvo- figuran el incremento en el precio de los combustibles derivados del petróleo. 
Y ya que hablamos del petróleo, al hacer un poquito de historia notamos que la producción de crudo -que había aumentado de los 30mil barriles en 1992, a 55mil en 1998- no sufrió retenciones significativas hasta (adivinaron de vuelta) 2004, cuando los precios internacionales del barril empezaron a traspasar la barrera de los 40 dólares y el Gobierno introdujo un sistema de retenciones móviles. Desde entonces, dicho sistema permite que, si el precio internacional del barril es de 80 dólares, la empresa productora cobra 42. Y si el precio internacional es de 180 dólares, la empresa cobra 42. Un negoción. El tema es que, así y todo, para que el precio interno del combustible fuera medianamente accesible, se firmaron acuerdos entre el gobierno y las empresas del sector. Para compensar las pérdidas, se subsidió. 
El martes, los compañerazos Boudou y De Vido anunciaron, sonrientes, la quita de subsidios al consumo residencial de gas y luz. Para disfrazarlo de medida popular, dijeron que era una quita del 100% para los vecinos de Barrio Parque, Puerto Madero y los countries de la patria, generando terror entre los militantes del peronismo cardón y de la agrupación Bolche & Gabbana. Como sucediera en el primer anuncio, la sorpresa no fue que quitaran los subsidios, sino que nos dijeron en la cara que estuvieron subsidiando durante casi una década a los sectores más pudientes de la sociedad argentina. 
Lo interesante de todo esto es saber que todos los aumentos que tienen previstos las empresas ya sin subsidios, son sólo para mantener el actual balance. Si esperan inversión, compren velas, abanicos para el calor, y olvídense. El detalle que más me intriga es qué va a pasar con la energía eléctrica si gran parte de los actuales generadores funcionan gracias a combustibles que ya no costarán lo que cuestan hoy en día. 
Cuando en la facultad me explicaron qué era y cómo funcionaba un subsidio, lo primero que me metieron en la cabeza es el carácter de momentáneo y extraordinario de la medida. No ha existido lugar del mundo donde un subsidio prolongado en el tiempo no repercuta en desinversión. Cualquier política generalizada de subsidios extendida indeterminadamente por años, es un suicidio financiero. Luego de ocho años de fiesta, el costo a pagar por la quita es difícil de dimensionar. 
Ante todo este esquema que Macri -si, Macri- calificó de maravilloso, equitativo y reparador de injusticias sociales, Boudou sostuvo se dio «otro paso en busca de una sociedad más igualitaria», como si los subsidios a la riqueza y a la renta extraordinaria hubieran sido impuestos por Videla en 1977. Luego aclaró que el resto de los mortales que no viva en Barrio Parque, Puerto Madero -o alguna villa- podrá renunciar voluntaria y patrióticamente a los subsidios. El que no quiera, deberá firmar una declaración jurada en la que justifique por qué necesita que el Estado le regale parte de la tarifa. Para que la gente entienda el nuevo sistema de ahorro estatal, utilizarán Fútbol para Todos para difundir la medida. Si, parece joda, pero no lo es. 
Yo propongo algo mucho más revolucionario: quiero que eliminen la totalidad de los subsidios, acompañado de una reforma tributaria que me reintegre el poder adquisitivo perdido a través del 50%  de los ingresos producto de mi laburo que entrego al Estado compulsivamente en concepto de impuestos. Les puedo asegurar que no harían falta subsidios. Lamentablemente, esto tiene un costo: no alcanzaría el dinero para financiar a todos los militantes de la vida que el Estado contrató en los últimos años, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Sáquenle los subsidios que reciben todos los medios adeptos disfrazados de pauta publicitaria, y veamos quién carajo les defiende el modelo. 
Otro tema:
Ayer, mientras los integrantes del Crispasión & Nestornauta Fans Club Oficial celebraban el día del militante sin saber de qué se trataba, Defensa Civil -y no la policía- encontró muerto a Tomás, un niño de nueve años que había desaparecido dos días antes, mientras se dirigía de la escuela a su domicilio materno. Preliminarmente, y hasta tanto surja otra información, se sospecha que podría haber sido Adalberto Cuello, ex pareja de la madre de Tomás, por lo cual no hay forma de vincular responsablemente al gobierno de Scioli, a no ser que se pretenda contar con un policía personal cada uno para prevenir ataques de psicópatas sin antecedentes, más allá de la curiosidad que generó escuchar a Scioli y Casal afirmando que se sospechaba del entorno familiar, pese a la desmentida del Fiscal. 
Sin embargo, es interesante el debate colateral disparado por este hecho. Entre todas las posiciones que escuche, la que más me movilizó fue la de la pena de muerte. Considero que es un debate que nos queda gigante. El principal sospechoso es Cuello, pero muchos pidieron la pena capital contra este sujeto cuando la única prueba en contra que conocemos es la opinión acongojada de Cristina Pérez desde su nuevo rol de jueza multifacética y fiscal de la Nación. No dijeron nada de Estelita, una nena de cinco años que desapareció también esta semana, para luego aparecer muerta y violada. Claro, fue en la provincia de Chaco. 
El resto de los periodistas dedicados al género policial, han colocado a Enrique Sdrech a la altura de Truman Capote. En quince minutos resolvieron el caso y dictaron sentencia. Un notero de Telefé Noticias, desde el lugar del hecho, dijo que un pariente de Tomás había atestiguado que «Cuello lo miraba raro». Una boluda con carnet de periodista sostenía que se trató de un caso de «violencia de género indirecta», por tratarse de una venganza machista contra la madre del niño asesinado, creando un tipo penal novedoso. Otro cronista que lucha contra la lengua castellana con claros indicios de poder ganarle algún día, sostuvo que «los vecinos de Lincoln piden justicia y más nada». S
u compañero agregó «una justicia que en este país no funciona».
Entre todo este barullo y en caliente, pedir la pena de muerte mientras se putea a la Justicia, es cuanto menos incoherente. La Justicia que esta semana largó a un tipo que se morfó cuatro años en cana por error -repito, cuatro años en cana por error-, es la misma Justicia que tendría que decidir a quién le quitan la vida y a quién le permiten sobrevivir a la espera de un abogado con más cancha o mejores contactos. Esta misma Justicia, compuesta por tipos que se copian en los exámenes, que tiene cargos vacantes ocupados por otros tipos que ni siquiera tuvieron que copiarse porque no rindieron la evaluación, que libera a psicópatas y encarcela a inocentes, es la misma Justicia que tendría en sus manos el poder de acabar con una vida. 
Imagínense si, además, aplicáramos el sistema de juicios orales con jurados, como reza nuestra Constitución Nacional. ¿Usted se sentiría seguro si su libertad o vida dependiera de personas que ya condenaron a un tipo en base a las declaraciones de Mauro Szeta o Cristina Pérez?

No digo que la ex pareja de la madre de Tomás sea inocente, pero tampoco puedo decir que es culpable. Quizás, cuando estén leyendo este texto ya exista alguna prueba contundente que vincule a Cuello con el homicidio de su hijastro, pero al momento de escribir estas líneas, lo único que tenemos es lo siguiente: un chico apareció muerto en un terreno descampado -terreno que dieron por sentado que es propiedad de la familia Cuello- a escasos metros de la calle; testigos que dicen que la madre había recibido amenazas de su ex pareja, que no las denunció y que así y todo permitía que el chico volviera caminando sólo del colegio, y un tío que dice habla de la mirada rara del acusado. 

Un par de horas después, el padre biológico de Tomás dice que no sospecha del detenido, el Fiscal de la causa informó que el terreno no es propiedad de la familia Cuello, y aclara que no puede dar por válida ninguna hipótesis, dado que no se hizo siquiera la autopsia, por lo que la única prueba con la que cuentan los medios para seguir ratificando la teoría de la «violencia de género indirecta», es la mirada rara del sospechoso hacia la víctima contada por un tío a un notero.
Repito, si mañana, pasado o en un rato, Cuello confiesa, o aparece un video, o las pruebas son irrefutables, opinemos lo que querramos, aunque si vuelvo a escuchar a la misma persona que está a favor del aborto, manifestarse en contra de la pena de muerte «por no respetar la Convención Interamericana de Derechos Humanos» podría darme un ACV. Sin embargo, la cuestión de fondo nadie la quita. ¿Es esta Justicia la indicada para administrar la pena de muerte? O les redoblo la apuesta: ¿Es nuestra sociedad de seres leche hervida, calentones y ciclotímicos, la indicada para debatir si corresponde o no la pena de muerte?
La gente se esconde, o apenas existe. Se olvida del hombre, se olvida de Dios. (Charly García, Desarma y Sangra)
Viernes. Los leo.