El pasado lunes, en un ataque de nostalgia, mencioné al pasar el modelo agropecuario exportador de hace un siglo, como exposición de los aspectos positivos y negativos de los diversos sistemas económicos que hemos padecido. Como el tema es aburrido y hablar del pasado no da, debería retomar cuestiones más actuales, como el lloriqueo de Boudou para que le aprueben el presupuesto, la coyuntura económica internacional ante la crisis financiera o quién es el turro que asesora a Susana Giménez con el vestuario.
Pero la situación actual del país no da para hacer demasiado análisis, pero si me resulta interesante destacar algunos datos curiosos, por si las dudas. Argentina es un país en el que se produce un crecimiento sostenido de la economía a índices similares a los del resto del mundo, pero superiores a los demás países latinoamericanos y, supuestamente, sostenido en el tiempo. La política del consumismo como método para incentivar un círculo económico autónomo -y que el mismo no se vea afectado por la crisis económica internacional- lleva a que el sistema bancario financie créditos destinados a las clases menos adineradas, para que estas tengan acceso a bienes que sólo podrían pagar al contado los que tienen con qué.
Lamentablemente, la crisis internacional lleva a un déficit en la balanza comercial, pero no pasa nada gracias a la inmensa cantidad de ingresos que registra el Estado producto de la financiación del consumo y la exportación de productos agrícolas. En Presidencia dicen que la crisis se enfrentará sin inconvenientes, mientras recalcan cada vez que pueden que Argentina seguirá cumpliendo con sus acreedores, no vaya a ser cosa que la gente se acuerde del default. El gobierno decide adoptar una medida recaudadora extraordinaria, a la que llama «proteccionista» y aumenta los impuestos a los productos importados, y al mismo tiempo, mantiene los impulsos al consumo. Como resultado, acusa superávit gracias a los ingresos fiscales compuestos por impuestos, inflación, exportación agrícola y otras manufacturas derivadas que le dan «valor agregado» a lo producido.
El ciudadano medio consume en cuotas y aprovecha los dos pesos que le quedan para resguardarse en otra moneda. Por consecuencia lógica, el peso pierde valor mes a mes. Algunos analistas económicos creen que el problema radica en el subsidio a empresas privadas para la generación de dividendos que gozan -precisamente- los privados, sumado a la inflación generada por la emisión de moneda y el crédito al consumo. Otros, no tan diplomáticos, sostienen que somos unos mentirosos patológicos y que lo único que crece en el país es la pobreza estructural, pero con acceso a productos financiados.
Los altos tributos impuestos a los productos importados llevan a la apertura de fábricas que producen cosas que nadie consumía, por su escasa calidad y exceso de oferta a precios desopilantes, gracias al cierre virtual de las importaciones. Por su parte, el triste sector industrial hace uso de su influencia de escritorio para que el Gobierno decida qué producto se «protege» con un impuesto a la importación o, directamente, con su restricción en el mercado. Ante este panorama, el país entra -un poquito sin querer, otro poco a propósito pero sin mucha publicidad- en un período de convertibilidad monetaria, pero de conversión alta. Al mismo tiempo, el excesivo gasto del Estado en contraposición a sus ingresos, se soluciona con emisión de deuda.
El principal porcentaje de ingresos tributarios a las arcas del Estado Nacional, lo da el impuesto al consumo, ese que pagan los ricos sin que les haga cosquillas, pero también los pobres, que deben elegir entre un producto u otro para llevar a la mesa familiar. Asimismo, son los sectores más pudientes los principales beneficiados de muchas de las obras de infraestructura financiadas por el Estado, dado que tienen la posibilidad de vivir en la urbe desarrollada.
Este breve resumen de los párrafos anteriores, no habla precisamente de la década progresista en la que estamos parados, sino de lo que los progresistas denominan como período conservador y oligárquico. Efectivamente, son datos económicos del período que algunos llaman de esplendor, otros de abandono a los pobres, agropecuario exportador, oligárquico, genocida y toda la sarasa del asunto. Ante esta evidencia, quiero hacer explícitas mis más sinceras disculpas por haberlos llamado progresistas de cuarta. De ahora en más me limitaré a calificarlos de conservadores oligárquicos.
Obviamente, no voy a ser tan injusto y voy a marcar una diferencia sustancial, básica y elemental: uno de los dos modelos construyó un país de cero. El gasto público en infraestructura incluyó la construcción de puertos, el tendido ferroviario que los capitales privados no querían explorar ni explotar, edificios públicos, escuelas, facultades y rutas. También nos legaron bancos de desarrollo, competitividad internacional, territorio nacional asegurado, tendido eléctrico, subtes, cloacas, agua corriente, gas, ciudades nuevas -La Plata, entre ellas- modernización de las fuerzas armadas, creación del sistema telegráfico eléctrico nacional e internacional, los primeros observatorios astronómicos, la separación Iglesia-Estado, el Código Civil y la primera ley de accidentes laborales. Digamos que, para ser flor de garcas, tan mal no nos dejaron.
Breves:
Hebe de Bonafini dijo que los que reclaman indemnizaciones, aportes patronales y otras goriladas por el estilo, no son unos esperanzados de la justicia social,
sino unos pelotudos. Asimismo, refirió que las Madres ya no tienen un peso, pero llevó esperanzas a sus fieles seguidores al comentarles que proximamente tendrán un canal de televisión propio. La contradicción entre no tener dinero para pagar a los pelotudos y, al mismo tiempo, proyectar una emisora televisiva, se justificaría en que nosotros pagaremos el proyecto y las deudas. En definitiva, entre pelotudos nos entendemos.

Desde la Jefatura de Gobierno porteña, planean la implementación de un aumento en el impuesto de Alumbrado, Barrido y Limpieza que rozaría el prudente y tímido incremento del
300%. Mientras descartan que puedan cumplir con la promesa de inaugurar la estación Flores del Subte A en el mes de septiembre, por cuestiones lógicas que hacen a la correlatividad de la línea espacio-tiempo, afirman que por primera vez los impuestos volveran a una parte del pueblo: «Con este incremento, podremos pagar el aumento de los empleados municipales, que les alcanzará para pagar el aumento impositivo y así cubrimos un círculo precioso», manifestaron desde la cartera que conduce Néstor Grindetti.
En menos de 48 horas, Cristina reivindicó dos obras iniciadas por la última dictadura militar y se quejó al menos tres veces de los desastres que nos legó Carlos Saúl. Fuentes consultadas afirman que se trataría de una política de agravio-indulgencia rotativa y atemporal. La semana pasada le perdonaron la vida a medio gabinete menemista, esta le tocaba a los militares. Estiman que, próximamente, la primera mandataria dedic
ará algunas palabras a reivindicar el sistema monopólico de la Casa de Contratación del siglo XVI y otro porcentaje similar al desprecio por el mecanismo perverso de recaudación del Consejo de Indias.
Comunicado n°3 – Premios Bitácoras 2011:
Estamos ganando. Seguimos ganando.
Gracias al voto de ustedes, este blog lleva dos semanas en el primer puesto en la clasificación previa de la edición 2011 de los Premios Bitácoras, en el que un jurado internacional de habla hispana, decidirá cuál de los tres primeros clasificados, es el mejor de su categoría. Este, compite por Mejor Blog Periodístico. Asimismo, como en la edición pasada, hacemos campaña conjunta con el amigacho
Bugman, quien participa con su sitio en la categoría «Mejor Blog Personal». Las votaciones cierran a fin de mes. No corten boletas. La unidad ante todo, compañeros.
Viernes. Vivir en Argentina podrá ser complicado, peligroso, feo, lindo, horrible o maravilloso, según tu punto de vista. Pero nunca será aburrido.