Viejos de Mierda

Recuerdo la primera vez que le mostré una PC a la nonna de la familia. Se puso contenta porque ahora teníamos telégrafo. No había forma de hacerle entender qué era un mouse. Y aunque todavía me río con ternura de esa anécdota, ya hay pibes irrespetuosos que preguntan qué es ese pedazo de cinta amarronada que guardamos en cajas y nos miran con caras de marcianos cuando les explicamos que esas porquerías son los negativos de las fotos de los quince de la tía. Hay que ser más previsores. En nuestras vidas vimos pasar el disco de vinilo, el magazine, el cassette, el compact disc, la Super 8, la videoreproductora, el walkman y el discman. Todo en 30 años. Cuando nos preguntemos en qué momento saltamos de una tecnología a otra, nos vamos a querer matar. O nos acordaremos de nuestros viejos. Y ahí todo nos va a importar nada.

Hay que sincerarse, los viejos nos chupan un huevo. Nos cagamos de risa cuando preguntan dónde se le ponen las pilas al iPod, cuando los vemos con los pantalones polera y la boina chamuyándose a una pendeja de 70 pirulos en la cola de algún trámite o cuando nos miran extrañados al intentar explicarles qué es Facebook, pero el trajín de la vida cotidiana, nos joden. Puteamos cuando llaman para contarnos por teléfono la historia clínica del día, los obituarios del barrio y el kilometraje de la nieta de la Filomena. Nadie se los quiere fumar ni en pipa cuando llegan las fiestas y en la calle los puteamos por lentos, por ocupar la vereda entera, por quedarse parados en la puerta del subte y por tardar 35 minutos reloj en comprar un atado de cigarrillos en el kiosco cuando, los que estamos atrás, estamos apurados.

Por eso pegan tan buena onda con nuestros hijos, porque están en una instancia de la vida en que sus circunstancias son similares. No entienden qué es lo que los rodea y quieren aprender y nada los apura más que las ganas de divertirse.

Sin embargo, no es casualidad que los dos sectores más vulnerables a las políticas de la sociedad sean precisamente los que no votan. Y no jodan con que los viejos pueden votar si quieren, que si acá blanquean la no obligatoriedad, no va a votar nadie. Hay un perverso sistema que permite que el que no produce, no sea tenido en cuenta, aunque sea futuro laburante o un antiguo forjador de la economía. Es problema del Gobierno que viene o del que pasó, nunca está en la agenda del que Gobierna.

La Asignación Universal por Hijo de 180 pesos que al día de hoy no ha sido modificada –a pesar de contar con el doble de presupuesto de lo que realmente se reparte, según datos oficiales- tiene el mismo sentido que el aumento pedorro –si, aumento pedorro, de mierda, inservible y berreta- de las jubilaciones para llevar las mismas a 1.100 pesos, en tres etapas. Y encima lo anuncia en cadena nacional, la muy cínica. Con cara de Santa Clara de Asís caminando por los leprosarios, mira condescendiente al público compuesto nuevamente por la Asamblea de Reidores, Aplaudidores y Extras presidida por Andrea del Boca, con gestos de quien no espera que le agradezcan, porque sabe que ya le están agradecidos de por vida por dadivosa y heroica acción de dar tremenda mejora en la calidad de vida de los viejos.


Ejemplo de vida, poniéndole onda a los costos de indumentaria frente al aumento jubilatorio. Al menos agarró el Plan Canje de Bicicletas.

Lo que nadie se da cuenta es que la frontera de edad se ha corrido. Los que en nuestra infancia nos parecían unos viejos decrépitos, hoy son personas plenamente activas. Tener 65 años, hoy en día, es estar todavía en la plenitud. Sin embargo, se los trata como mierda y se pretende que vivan con 1.100 pesos o 2.200 pesos, en caso de todavía no haber enviudado.


Andrea del Boca adora a Cristina. Es que la Presi consiguió lo que nadie pudo. Que Andreíta no parezca tan sobreactuada.

Y hacia allí vamos todos caminando, sabiendo que el Estado no solo no nos preparó para lo que viene, sino que encima deglute nuestros fondos y aportes previsionales para bancarle los sueldos a algún Intendente fiestero.

Cuando estemos en la cola del banco, chamuyándonos a una pendeja de 70 años y un borrego se nos cague de risa por no entender de las nuevas teconologías, nosotros nos vamos a reir de él. Sabemos la que le espera, nosotros ya la vivimos. Como nuestros viejos.

Miércoles. Más sabe el diablo por Viejo.