Breve manual para robar en la función pública

0807_cristina_cadena_telam_g3.jpg_1853027552
Foto: Télam

«Si no la ponemos nosotros, no la ponen los empresarios y nadie mantiene todo esto», dijo la Presi como si cada obra la pagara de su bolsillo. Extrañamente, la guita sale del Estado y va a parar a algunos selectos bolsillos, pero de un modo difícil de entender. Robar en la función pública es todo un arte en el que no todos saltan a la fama internacional, pero muchos hacen su mejor esfuerzo para luego quedar en el más cruel de los anonimatos.
Durante la gestión de Romina Picolotti, el país se dividía entre los que ya llevábamos un posgrado en putear al kirchnerismo y los que no se enteraban que nos gobernaba la selección nacional de amigos de lo ajeno. La gestión de Picolotti era casi monacal en comparación con lo que hemos visto después. O sea, cuando Cristina le ordenó a Sergio Massa que le pidiera la renuncia a Picolotti, Ricardo Jaime ya tenía un yate, un departamento en Brasil, quichicientas propiedades y más cuentas que cuaderno de tareas de alumno castigado. Sin embargo, Picolotti no se fue por sus manejos: la mina del look de corte de agua y ausencia de jabón fue cuestionada durante 2 años y medio por haber nombrado a más de trescientos empleados en su Secretaría, en su inmensa mayoría, familiares, amigos, familiares de amigos y amigos de familiares.
También le habían echado en cara su incapacidad, pero convengamos que eso nunca fue parámetro para el Gobierno que bancaba a Guillermo Moreno. Sin embargo, en un país en el que la Presidente recibe los diarios en papel de manos de un canillita que se mueve en avión, sólo un idiota puede creer que Picolotti la rajaron por ladri: la renuncia le fue requerida justo en la misma semana en la que Alberto Fernández, principal mentor de Picolotti, criticó al Gobierno.
0808_Nestor
Foto: CeDoc

Por aquellos meses de 2009, a las denuncias de enriquecimiento ilícito del Gobierno se les ponía el sello de ingreso y el de archivo en la misma Mesa de Entradas del Juzgado en turno y delante del denunciante. Néstor compraba dos millones de dólares un día antes de una devaluación y pocos se preocupaban. A nadie le pareció sospechoso que el ya expresidente justificara su transacción con un «necesitaba comprar un hotel», dado que todos hemos comprado un hotel cinco estrellas alguna vez en la vida. Julio De Vido ya tenía su chacrita de varias hectáreas en el norte de la provincia de Buenos Aires, y Felisa Micelli ya había pasado a la posteridad por ahorrar de a miles los dólares que guardaba en el baño de su despacho para no gastar de más.
Sin embargo, el caso de Picolotti y su afición por no poner de su bolsillo ni las propinas, sirve para ejemplificar en menor escala lo que pasará con casi todos los funcionarios que se la dieron de patriotas con la ajena: quedarán en el olvido y sólo nos acordaremos de ellos cuando nos enteremos de que, una vez más, están de paseo por Comodoro Py.
0808_Picolotti
Foto: CeDoc

El comportamiento de la funcionaria que respetaba tanto al medio ambiente que llevaba todo un ecosistema en su cabellera, pinta de cuerpo entero a cualquier funcionario promedio que, a pesar de tener un suculento salario y robar lo que tenga a mano, considera que es justo que todos nosotros le paguemos hasta la niñera de sus hijos.
Hemos visto funcionarios honestos, boludos, corruptos, inteligentes, corruptos boludos, corruptos inteligentes, honestos boludos y honestos porque no les salió otra cosa. Estos últimos forman parte de un grupo interesante, aquel que es honesto porque no se enteró/no supo cómo chorear. Faltó a clases justo ese día y nunca entendió cómo llevarse la torta, la bandeja y, si pinta, a la camarera que la trae a la mesa. Una buena para ellos: cuando alguna mente memoriosa los recuerde, automáticamente dirán «pero era honesto».
La explicación de por qué se chorea aún cuando ya se tiene todo, es bastante simple: son coleccionistas de guita. Al billete lo ven como un objeto de colección al que hay que admirar. He conocido tipos que, como quien charla del clima, afirman que acomodan sus dólares por modelo, número de serie o Estado emisor. Les gusta verlos, olerlos, tocarlos, saber que están ahí. De esa base para arriba, el resto sigue el mismo patrón.
Tienen treinta propiedades, pero la que más les gusta es la que todavía no compraron. El negociado que más disfrutan es el que está por venir. En un eterno devenir del futuro inalcanzable, nunca están satisfechos: al no coleccionar figuritas, nunca llenan el álbum, siempre hay cosas nuevas y deseables para sumar a la colección.
De chicos se comieron los piojos o eran niños bien, no hay diferencia en el resultado. Los primeros llegan como gordo en huelga de hambre a un asado. Saben que se llenaron con la segunda entraña, pero está todo ahí, para comerse. Y como está para comerse hay que deglutirlo aunque no se pueda respirar. Los segundos todavía no superaron el trauma de la minita que los humilló al recordarles que el auto se los compró papi y están desesperados por tener su propia fortuna, su propia colección.
No la tocan, no la gastan, no la reproducen, sólo la acumulan. Como buenos coleccionistas, no quieren desprenderse de una sola pieza. De allí que los gastos diarios propios y ajenos -cuando quieren impresionar a alguien o mostrar qué tan grande tienen el complejo- son solventados por la caja chica, que de chica sólo tiene el nombre.
El fondo de gastos comunes -la cajita, para los gomías- es un estándar de la administración que abarca desde un destacamento policial en Carmen de Patagones hasta la mismísima presidencia. Un mecanismo dispuesto desde que el mundo existe para que cada dependencia del Estado tenga dinero en efectivo para gastos diarios. Lógicamente, no incluye una cena de camaradería de la promoción 87 del turno mañana mercantil, pero todo se dibuja si se tienen los comercios amigos correspondientes. Ciento cincuenta resmas de hojas y cartuchos de tinta para una repartición que no tiene impresoras, o noventa y dos bidones de agua para el dispenser de una oficina con tres personas, todo vale mientras el proveedor amigo nos dibuje la factura a cambio del pago de IVA. El negocio es redondo, dado que el buen hombre podrá usar ese IVA facturado para vender sin ticket esas ciento cincuenta resmas que no le dieron a nadie.
La caja chica no es sólo un agujero por el que se van millones -cientos de millones- todos los meses sin mayor control que el de las facturas truchas, sino que es el pilar de todo el resto, el entrenamiento básico, las inferiores que hay que pasar para poder chorear en primera.
0716_jaime_kirchneristas_g
Foto: CeDoc

La hermana boba de la caja chica es la locación de servicios, un mecanismo que el Estado también usa para negrear -contratar sin aguinaldo ni vacaciones pagas a personas para que hagan el mismo trabajo que podría hacer un Planta Permanente con todos los beneficios de la ley- pero que también utiliza como si se tratara de una obligación para hacer más billetines. Es la perfección de lo que antiguamente llamábamos ñoqui, un tipo que es contratado para que no trabaje y, al cobrar la contraprestación por el servicio que no realizó, separe la guita del monotributo y entregue el resto a la persona indicada. Es el mecanismo favorito para satisfacer a los militantes de menor rango, pero también viene joya para hacer guita. Un área que necesita de quince empleados, cuenta con diez de planta permanente. Toman a los cinco que faltan, se les paga el monto equivalente a un salario mínimo y se contrata a otros quince por mucha guita. No van nunca. Saquen la cuenta de cuánta se desvía por mes y multipliquen hasta el infinito de reparticiones públicas.
Por todo esto no la rajaron a Picolotti, dado que obra en el Manual del Buen Funcionario. Lo que asusta es que, si la mina nos parece una boluda ratona, es imposible dimensionar la que se han choreado en otros modus operandi.
Licitación directa. Es algo más suculento que la caja chica, aunque opera casi del mismo modo, dado que funciona para comprar de forma rápida pero por montos muy superiores. Al igual que la cajita feliz, se pueden dejar por escrito que se compraron quinientas computadoras que si se recibieron sandías no pasa nada. La mayor escala también aplica a los proveedores, que están registrados en un padrón y son felices por tener un socio que los ayude a blanquear.
Licitación (a secas). Es el mecanismo más entretenido, dado que conlleva tantos pasos a cumplir que el funcionario siente que realmente ganó el dinero por el empeño que le puso al choreo. Gracias a que Cristina hace una cadena nacional por cada paso, además de enterarnos que el Anses le dio un crédito a un jubilado para que se compre un caballo pura sangre, podemos comprender el mecanismo de la licitación: primero se hace el anuncio de la obra que se desea llevar a cabo, se reciben las ofertas y se elige al ganador tomando como parámetros menor costo, mayor beneficio o ambos.
En la habitualidad, esta Disneylandia que nos pinta la ley es un poco diferente y, antes de hacer el anuncio, ya se arregló con uno o con todos los oferentes. Las aperturas de sobres para demostrar transparencia son para la tribuna. Es como que la profesora nos pase las respuestas del examen y luego lo rindamos delante de todos. Si no se pudo arreglar para que los perdedores presupuesten más de quien debe ganar, se le pide al garantizado ganador que le agregue beneficios a su oferta para justificar el mayor costo. Beneficios que nadie comprobará y, si alguien se anima, no faltará quien pueda explicar su ausencia con el aumento de costos de las paritarias y la inflación.
0808_Lanacioncrece
Foto: Marcelo Papuccio

Como ejemplo podemos poner que la inmensa mayoría de las obras públicas que ha llevado el kirchnerismo adelante las han ganado siempre los mismos tres: Electroingeniería, CPC (Cristóbal López) o Austral Construcciones (Lázaro Báez).
Por eso tardaron tanto en llamar a licitación para la red 4G de celulares: porque no había negocio para propios y amigos, no existía una posibilidad cierta de hacer una gran fiesta y, obviamente, porque las compañías están tan entongadas que acá podemos llegar a comunicarnos con palomas mensajeras sin que a ningún funcionario le caliente.
Tras la sobrefacturación, obviamente, aparece el retorno, ese porcentaje hermoso que excede al costo de la obra y que oficia de mecanismo polimodal en la modalidad favorita para el choreo de los últimos años: los subsidios. Todas las modalidades descriptas precedentemente, no son copyright del kirchnerismo y aún no entiendo cómo no fue declarado patrimonio cultural de la clase dirigente argentina, dado que no reconoce afiliación partidaria ni época histórica.
De más está decir que el subsidio y la empresa con mayoría estatal -o directamente empresa del Estado- no son inventos, tampoco, del Modelo de Redistribución de Culpas con Crecimiento Marginal. Sin embargo, por la proximidad del ejemplo, nos viene joya. El sistema de subsidios que vivimos hoy en día proviene de la eternización de una medida adoptada tras la devaluación de enero de 2002. El aumento de costos de los prestadores de servicios -transporte, energía, etcétera- obligaba a la suba proporcional de los importes a cobrar, los cuales debían ser pagados en su mayoría por asalariados que perdieron dos tercios de su poder adquisitivo de un día para el otro.
Ante este panorama, aparecieron los subsidios para completar la diferencia de guita entre lo pagado y el costo del servicio. La idea -y esto se puede encontrar en el Boletín Oficial- era que los mismos fueran disminuyendo con el paso del tiempo, el aumento de los salarios y la recuperación del consumo. Pero con los años el consumo se transformó en el Alá del fundamentalismo nacional y los subsidios crecieron a la par de la inflación. La calidad cayó por razones obvias: los subsidios son para mantener el servicio, no para mejorarlo ni ampliarlo.
Esto último no se vio reflejado en los números y se pagaron subsidios que alcanzan para tener un tren transoceánico hasta la base Marambio. Así, lo que se originó como un tecnicismo para compensar la diferencia entre costo e ingresos, se convirtió en un mecanismo para lucrar con la diferencia entre subsidio y costo. Los resultados los podemos ver cuando nos cortan la luz en las cuatro estaciones, cuando las fábricas tienen que dejar de producir para que un ama de casa de Balvanera pueda prender la cocina y cuando los trenes le hacen competencia a Lázaro Costa.
Las empresas del Estado quedaron para lo último, dado que es lo máximo a lo que puede aspirar un delincuente que se precie. El primer puesto en la consideración no es en vano, ya que dentro de una empresa del Estado está todo: caja chica hasta para pagar las putas, licitaciones para tirar al techo y subsidios para mantener un precio tentador para los consumidores financiados por personas que nunca podrán disfrutarlo.
El hambre demostrado para pegarse un panzazo de entrada quedó en evidencia cuando se chusmea qué pasó con el tendido eléctrico Pico Truncado-Puerto Madryn, en el cual se denunció un sobreprecio del 400%. O sea, en una obra se pagó lo que deberían haber salido cuatro obras del mismo tipo. Este tipo de maniobras también explica por qué siguen choreando a pesar de amasar la que no podrán gastar en cincuenta vidas. Primero, porque les gusta acumular guita. Segundo, porque si a la siguiente obra se paga lo que corresponde -o un sobreprecio menor- alguien se daría cuenta que en la anterior se choreó, y fuerte. La glotonería de billetines se les prorroga por el cagazo a que vuelva el anonimato el cual relacionan, indefectiblemente, con la malaria.
Es la necesidad de permanecer en el poder en segundas líneas, de saltar de un bando al otro sin tapujos, de acomodarse a último momento con quien tenga chances de llegar al poder, porque para el coleccionista de guita, tener que desprenderse de una sola moneda para pagar un chicle les da la misma sensación de quien vende la tele para bancar el alquiler. Sensación de empobrecerse.
Y en el medio, en cambio, queda nuestra sensación, esa que nos dice que cuando con nuestro sueldo pagamos un café unos veinte mangos, en realidad estamos pagando el nuestro y el del funcionario, que de tan patriota, se merece no gastar su salario astronómico. Después de todo, vivir de la ajena es un trabajo arduo.
0808_Gracias
Viernes. Un día como hoy nacía este humilde espacio. Arranca la séptima temporada.

Si querés que te avise cuando hay un texto nuevo, dejá tu correo.

Si tenés algo para decir, avanti

(Sí, se leen y se contestan since 2008)

597 respuestas

  1. Cierran importaciones para proteger la industria. Ambassador Fueguina suspende a 170 personas por falta de insumos importados.
    Pero marcelo se moja cuando habla de «el modelo».

  2. Ambos son nefastos, marce. ¿Vos preferís que los gorilas tengan ganas de matarse o que el país tenga buenos gobernantes?
    Hablando de gobernantes, ¿cuál es tu candidato?

  3. Solid, el rey Sadim hace exactamente lo contrario al Rey Midas… 😛
    Buen día gente! Recuerden que siempre se puede estar peor. Por lo menos nos reímos todavía. 😀
    Que tengan un excelente miércoles. Vayan programando el finde así nos los agarra desprevenidos (?)

  4. No, Mister Cupper, con usted no hay problema alguno. Sólo que estoy hastiado de la imbecilidad colectiva de albañal llamado Peronia. Mi aburrimiento y tedio superan al del protaginista de un film de la Nouvelle Vague, en blanco y negro y con participación especial de Boris Vian. Miles davis en el soundtrack.

  5. Don Leo, si manimal está caliente por la enfermera tetona del geriátrico donde usted habita, a mí hágame el enganche con la Marita Trento, así disfruto el verano que viene y no paso frío el próximo invierno. Y no piense en mendigar, hombre, sustento nutricio para su establecimiento geriátrico. Véngase conmigo a Chile para cuando tenga instaladas las piscifactorías de avalones, locos, ostras y erizos y será usted quien haga los donativos a su querido geriátrico. Usted se hará cargo como mano derecha mía cuando me vaya de vacaciones con la Marita a la Polinesia. De paso para vengarnos de los cordobeses me hago filmar con la Marita en plena actividad y les mando los videos haciendo «eso» en el cuarto de hotel y en la playa para que se piquen en serio.

  6. Tata: pero con conservadores con Ud. ¿para qué queremos más?.
    Siga dándole a la güitarriita hasta que las velas no ardan, maestro que por lo visto es lo único que sabe hacer: tocar la guitarra.
    Por otra parte, no tienen al Geriatrico Almirante Rojas ni a la benemérita enfermera tetona que esta semana nos garcó a todos y todas porque se le chipoteó venir al turno nocturno.
    Saludos a todos y todas; en especial a la Carlotto que por fin encontró a su nieto.
    Espero que ahora se llame a silencio de las tantas boludeces expresadas en los últimos tiempos y que se dedique a hacerle muchas pastafrola al Guido.

  7. amigo solid cupper, usted no ha vivido la experiencia de ver corporizada la pica eterna que habra entre cordoba y santa fe, dos provincias hermanas y que juntas, aportan una porcion decisiva de riquezas al pais
    jamas nos hemos juntado y jamas lo haremos
    el rosarino es un ser que se debate entre un hermano grandote, boludo y corrupto como buenos aires (lo separan 300 kilometros) que lo basurea constantemente
    y un hermano culto, conserdor y prejuicioso que es Cordoba, cuna de grandes pensadores y prohombres del quehacer cultural de la prosapia argentina que lo chicanea con su comegatismo, sus kioskitos fafaferos y su submarginalidad sexual
    nunca sus minas tendran la calidad de las cordobesas, nunca sera un polo de festivales folcloricos, nunca tendra la alegria del cuarteto, es mas no lo saben bailar, disfrutar ni interpretar, ellos bailan cumbia de la mala
    nunca tendran nuestros paisajes ni nuestro caudal turistico, nunca seran EL CORAZON DEL PAIS como lo es cordoba
    pero los queremos, en el fondo
    son como una especie de nuestro hermanito que se declara puto, los tenemos que querer a la fuerza

  8. Estimado amigo Un opositor, no entiendo que quiere decirme con eso de «son el rey Sadim». Por otro lado como joden desde hace tiempo con la ciudad de Rosario: que es la ciudad con mayor número de fracasados por metro cuadrado, que es un barrio de Bs. As. muy de mala muerte, que está llena de putos y boludos. Madre mía, ustedes así marchan rumo a una disolución nacional. Luego los rosarinos como Marcelo reaccionan atacando el origen de los demás también. Ya hemos visto ediciones atrás como Marcelo le achacaba a Hegeliano gustar del cuarteto y beber jarra loca por el sólo hecho de vivir en Córdoba capital cuando el gordo lo desmerecía por ser rosarino. Muchachos, así no, son todos argentinos. Respétense a si mismos viémdopse como una unidad necesaria dentro de la rica diversidad cultural que tienen.

  9. Entre una fábrica de aviones que no fabrica aviones y la CoNaE fabricante de cohetes que no despegan más de 2 metros…

  10. me pregunto que clase de barrio puede tener codigos tan vulgares como para decir «te enterreeeeeee la batataaaaa, gil» y despues cuestionarse un personaje de heidi¡¡¡
    solamente en ese sub-buenos aires lleno de putos y boludos que es Rosario¡¡

  11. Ahora formo parte de tus fantasías, forrito rentado?
    Lástima, los negros de décima chupapijas como vos no son mi target.
    Seguí rondando el puerto de rosario, buscando africanos grandotes.
    Pero ojo con el ébola. No por vos, de mi parte podés reventar sin problema, sino por la probable epidemia.
    Seguí tragando, desecho de kloaka.

  12. Estoy escribiendo una obra que será furor en la temporada 2015/2016
    El ingenioso caco Don Quijote de la mancha de Rolando y su amada Dulcinea de Tolosa (Yayo y Fatima Flores)

  13. Bueno, no importa… Te lo dedico igual
    Abuelito, dime tu:
    ¿por qué defiendes a Boudou?
    Abuelito, dime tu:
    ¿Por qué falsificó el tutú?
    Dime ¿por qué el es así?
    Dime ¿por qué es un infeliz?
    Abuelito,
    nunca kakista yo seré.
    Abuelito, dime tu:
    lo que dice el viento en su canción.
    Abuelito, dime tu:
    ¿por qué afanan con tanta frución?
    Dime ¿por qué todo sucio es?
    Dime ¿por qué yo soy tan infeliz?
    Abuelito,
    nunca kakista yo seré

  14. Buen día, compañeros!
    Además de Jasídica, ahora se ha sumado otro abuelo a las muestras de alegría por la recuperación del nieto de Estela. Gracias, abu Roia!

  15. Estimado manimal: la enfermera tetona nos garcó como de arriba del pino a todos, incluído Ud.
    Esta semana pidió hacer el turno noche y así nos quedamos con las ganas, la muy guacha.
    Sospecho que a veces se comporta como una K dado que ahora no necesita de nos; pero cuando la liquidez monetaria escasea, se arrima como gato al fogón.
    En este caso sería una gata. Pero bastante veterana y mañera.
    Pero recuerde que estamos todos felices: la Carlotto se reencontró con su nieto y ello hace y hará felices a muchos y muchas.
    Nunca menos.

  16. ¡La isla Demarchi! ¿dónde queda?¿se instaló ya la industria multimedia nacional?
    Otra de las nubes de humo de la década fumada

  17. che, gran cagada !! ahora q lo pienso, Robin Williams se murió sin poder actuar en ninguna película en la isla Demarchi… una frustración para él, no?

  18. Estimadísimo Anónimo. Noto que le gusta darle como Pugliese al piano con esta cuestión del vendedor ambulante de globitos para los tiernos púberes.
    Espero que no haga caso a su sugerencia de ir a venderlos al Parque Independencia porque, como buen Kirchnerista, destrozará todo lo que no come emulando a los chanchos.
    En todo caso, si lleva globitos, que sean de esos perfumados, texturados y envasados en cajitas individuales para el uso del malevaje leproso que lo empomará tupido y salvaje el viernes a la nuit, a la salida del partido de la lepra Querida contra Gimnasia.
    Del resto, a quién le importa sobre estos soretes de mierda.