La gran simulación

El Gran Simulador - Imagen del libro Simulacro & Simulación en la película Matrix.

Esta semana, el Presidente de la Nación finalmente tomó juramento al flamante Jefe de Gabinete, Diego Santilli, en una ceremonia que rompió el protocolo cuando el titular del Ejecutivo llamó al saliente Adorni para darle un abrazo ante el aplauso del resto del gabinete. Milei puso de este modo un punto final a un largo período de especulaciones en torno a la figura del ahora exfuncionario, cuestionado por una serie de irregularidades que son investigadas por la Justicia.

Suena serio, ¿no? No transmite una goma, no aporta nada que no hayamos visto, pero se lee profesional y, palabras más, palabras menos, es como se replicó al infinito y más allá en todos los análisis y notas que intentaron mostrarnos los entretelones de un grotesco. Alguno podrá decir que hasta parece objetivo e imparcial. Así y todo, es como si hiciéramos flor de precio al no mencionar una hilera de elefantes que juegan al pato ñato en el living. La imagen de la jura de Santilli, por mencionar a uno de nuestros paquidermos presentes, incluyó un abrazo grupal, gestos emotivos y aplausos de todo el gabinete que aún no sabemos si son de agradecimiento por los servicios prestados o para celebrar que se acabó el suplicio. Luego vino el final del acto con un Adorni que se abraza de manera emotiva hasta con los granaderos y manda saludos a sus caballos, mientras en nuestra cabeza suena “Amigos”, “Juntos para siempre”, “Tratar de estar mejor” y “Brillante sobre el mic”, mientras el Rector le pide a los padres que no se queden arriba del escenario después de recibir el diploma del nene.

En lo particular, a mí, en mi subjetividad, puede que suene poco gentil, pero un abrazo grupal en medio de una jura me parece una pelotudez que es imposible no mencionar. Yo, eh. Si tanto lo querías, no lo hubieras echado. Más que nada porque después siguen los análisis seriotes que quieren contar la trastienda de una decisión crucial para el devenir de la historia de los argentinos con una escena en la que Karina Milei le expuso a su hermano, punto por punto, los motivos por los cuales ya no era sostenible la permanencia de Adorni en el cargo. Eso es lo que dijeron que pasó. ¿Cómo lo vas a abrazar si tomaste la decisión porque está en el horno judicial y la moral como política de coso?

Imagino cómo puede seguir el texto al llevarlo de forma normal. Podría incluir que la incorporación de Santilli le da músculo político a la gestión. Nunca está de más el binomio “músculo político” cuando hay que hacer un lavado de cara. Cuando una gestión cualquiera recibe un temblor inesperado y acepta la función de alguien que antes hubiera sonado a joda, se ventila periodísticamente como “músculo político”. ¿Qué cazzo es músculo político si todo en un gobierno es político? Que esa persona es la más viva, o la más predispuesta al diálogo con otros sectores que, como no forman parte del gobierno, no tienen nada que perder y mucho para pedir. Entonces, como el músculo político tampoco pretende inmolarse, su capacidad de negociación suele girar en torno a dos respuestas distintas: “dame unos días a ver qué podemos hacer” y el invencible “sí, claro”.

La presencia de catorce gobernadores en la jura de Santilli obedece a distintos factores. Uno de ellos es que en el ministerio del Interior dejó a su alfil y ahora él tiene la lapicera de la administración. El segundo puede que se explique entre el “sí, claro” y un dato fresquito: una nueva caída en la transferencia de fondos a las provincias por recaudación. Bajas en IVA y en ganancias que no son festejadas por el gobierno nacional como logros de los que no quiere hablar el periodismo y que en las gobernaciones pesan tanto como hacer peligrar las cuentas provinciales. El dato tributario surge en la misma semana en la que se celebró un nuevo Día de la Independencia Tributaria que, nuevamente, cayó en julio. Esto quiere decir que, si tomáramos toda la actividad de un adulto promedio argentino a lo largo de los 365 días que tiene el año, los primeros 182 días se nos van solo en impuestos.

Nunca entendí bien el concepto de “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, pero siempre me pareció mucho más acertada la idea de “cada pueblo tiene el gobierno que mejor lo representa”. En tiempos en los que todos nos comportamos como si fuéramos niños en búsqueda de la validación de nuestros padres, es lógico que tengamos un líder cuya única actividad pública de comunicación sea loas perpetuas a lo groso que es él, lo bien que hace todo, como cada vez que se despierta es el mejor día de la historia. Es una expresión extrema de una realidad que nos afecta a todos los que debemos mostrar qué sabemos hacer y recordárselo al mundo de forma permanente a cada rato. Sobre todo en mi gremio, que en cinco minutos podés pasar de tener asegurada la economía hasta fin de año a tener que buscar trabajo esta misma tardecita. Estoy un poco en ese lugar de incertidumbre y es obvio que intento volver a entrenar formas de escritura que pueden estar oxidadas.

Podría escribir una columna como las que solía hacer para la apertura o el cierre de la semana cuando laburaba en redacción, pero he notado que el mercado está difícil. Leo que “la decisión de reemplazar a Adorni fue tomada por Karina Milei” en una nota que menciona “Karina Milei” otras siete veces. La nota tiene ocho párrafos. Otra nota cuenta que Karina Milei le ofreció formalmente el cargo a Santilli sin que se enterara Adorni y con su hermano de viaje. Su hermano es el presidente de la República. La nota, que también abunda en repeticiones del nombre Karina, es ilustrada con un Milei enfundado en su kimono de YPF, Karina con un buzo y calzas de Disney, y un Santilli que nadie sabe si se ríe de la fiesta de los outfits, de ser el único vestido como adulto responsable, o de felicidad por el mejor cargo que pegó tras una vida en la rosca política.

Uno de mis deportes favoritos en mi incesante camino hacia la incapacidad social es encontrar los motivos detrás de las historias. Me refiero a lo que se pretende transmitir detrás de un argumento. El ejemplo más simple es pensar en la diferencia entre “argumento” y “motivo” o causa. Blade Runner, por ejemplo, tiene un argumento futurista distópico divino, pero se sustenta sobre el principio del vacío existencial. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos cuenta una historia apasionante mientras se nos cuela el dilema de si el individuo es la suma de sus experiencias o de los recuerdos de esas experiencias.

Ya no debería sorprender que el presidente recurra a referencias de la cultura pop y demuestre que no las entendió. El Zorro combatía al Estado, los protagonistas de Monsters, Inc. son malos, Terminator trata de un señor que viene del futuro para advertirnos de un apocalipsis socialista. Incluso ha dicho que la casta son Los Intocables. Podríamos decir que tampoco entendió a Brian De Palma, pero también dijo que su héroe es Al Capone, así que no sabría bien qué decir más que agregar, como dato al pedo, que el motivo que sustenta el argumento de la película es el dilema moral de una ley absurda.

Podríamos elegir cualquiera de las opciones (son muchas más), pero frenemos en cuando le pareció que Matrix es una buena fuente a utilizar como analogía para despertar a la sociedad de las ideas estatistas. Matrix integra una larga lista que gira en torno a la gran preocupación existencialista del fin del milenio pasado: qué es verdad y qué es mentira. Nos llovieron películas al respecto a tal punto que todavía quedan en la memoria popular al menos tres que se me vienen a la cabeza: Matrix, Memento y The Truman Show.

Pero resulta que Simulacro y Simulación es el libro por excelencia en Matrix, lo cual ya debería advertir en qué se inspiraron los autores del film. El tema es que si alguien no logra comprender la película, mucho menos creo que preste atención al detalle de dónde es que Neo guarda datos pirateados, herramientas de vigilancia, guita y demás cosas que tienen que ver con su actividad en el mercado negro. El libro escrito por Jean Baudrillard en 1981 es la principal inspiración, la chispa que encendió el guion de Matrix y de varios pensadores y lectores más.

El argumento de Matrix puede ser descrito por casi todos los que la hayamos visto, pero el motivo, la arquitectura que sostiene el argumento, es el libre albedrío frente al determinismo y –¡obviamente!– la ilusión de qué entendemos por “realidad que nos rodea”. Lo mismo que en The Truman Show, lo mismo que en Memento. Sí, estábamos re locos con el cambio de milenio.

No vamos a meternos con el quilombo que puede disparar citar a Baudrillard, más allá de que podría dopar la lectura, pero sí encaja de maravillas algunos puntos básicos. El franchute no propuso que todo era falso, sino que habló de un proceso más complejo de cuatro fases. Pero en lo que tiene que ver con la política en sí, habló de realidades distorsionadas a través de las ideologías y un largo chino que termina con la gente inmersa en una “hiperrealidad” digna de Matrix: las representaciones preceden a lo que dicen representar, moldean la realidad. Es como vivir en un mundo de copias sin original, donde ya no importa qué era real antes de las copias. Y si interesara, tampoco se puede saber, pero las copias funcionan tan bien que generan más efectos y se sienten más reales que cualquier original. Distinguir entre real y falso ya no sirve para entender cómo funcionan las cosas porque genera lo mismo. ¿Le suena posible, amigo?

Incluso, a pesar de ser viejo, es peor que la posverdad. Ahí existe algo que es real pero a la gente no le importa averiguarlo. En la hiperrealidad ya no se puede saber qué vino primero. Y eso que el franchute no llegó a ver en qué terminó la joda loca de las redes sociales ni el círculo vicioso entre lo que buscamos y lo que creemos que pasa porque nos aparece gracias a que lo buscamos. Así funciona la política acá y en el mundo desde hace tiempo con reclamos cada vez más fuertes por soluciones a problemas que no sabíamos que teníamos mientras los verdaderos problemas no pueden resolverse del todo por factores que antes no eran importantes pero ahora sí, y todo mientras nos peleamos por quién tiene la razón en discusiones que ya no sabemos qué pretenden resolver.

Es curioso cómo algunas cosas se sostienen en el tiempo, como si ninguna tecnología hubiera aparecido desde 1981: las campañas, los debates televisados, las conferencias de prensa, toda comunicación política puede entenderse como una producción que genera la realidad política misma. Lo hemos visto hasta el cansancio cuando los candidatos no informan un programa preexistente, sino que montan una puesta en escena, una narrativa con protagonistas, con un motivo, un fin a alcanzar. Después, si se cumple o no, es una cuestión de circunstancias que podemos creer o no, como la aniquilación de los impuestos, la redistribución de ingresos, el señalamiento de enemigos al modelo, qué es casta, el crecimiento económico a tasas chinas, el consumo que vuela y los medios no quieren mostrarlo, quién nos caga más, quién nos salvará de los enemigos y a qué debemos temerle.

No hay mayor simulacro que un ritual y esto va para cualquier ámbito. Una misa es un recordatorio de la Última Cena y, si alguien lo ve desde afuera del cristianismo, puede que note que esa Última Cena es un seder de Pesaj, que ya es un ritual en sí mismo. Estamos acostumbrados al uso de los símbolos que representan cosas, que simulan esas cosas: el bastón de mando, una banda presidencial, una corona, una sotana, un escudo, todo simula algo porque simular es pretender ser. Ahí es donde nos entra de maravilla el ritual de la jura de un ministro y la puesta en escena –probablemente espontánea, pero escenificación de todos modos– de un abrazo grupal, emotividad y aplausos de personas que putearon al despedido hasta en arameo. Algo que Baudrillard resumiría en una suerte de simulacros que sostienen la legitimidad del poder sin necesidad de una correspondencia efectiva con la gestión real.

No faltó la nota que calificó la conversación entre Karina Milei y Adorni como “dramática” y “solemne”. ¿Quién le pasó la data de la charla privada? Who cares, secreto de fuente. El tema es que si una fuente nos tira esa versión y nos reímos. Después pedimos asilo en algún país vecino, pero en el momento no se puede reaccionar de otra forma. Si buscamos, puede que encontremos la reconstrucción del diálogo que nadie presenció. Literalmente dice que el presidente dijo “yo sé que me mintió” y que su hermana contestó “a vos, a mí, no mintió a todos”. Repetidamente, leímos y escuchamos que Adorni les habría hecho una emboscada. Utilizaron esa palabra y siguieron con que todo terminó por dañar los principios morales y tapó los éxitos económicos. Eso no es una noticia, es un comunicado oficial. Así se hace cada vez más difícil saber quién forma parte del 95% de los periodistas que no son odiados lo suficiente.

¿Qué puede haber de dramático en una reunión entre dos personas así? ¿Se les perdió el backup?

Podríamos decir con total seriedad lo siguiente: en España, el primer mandatario argentino tomó conocimiento del consenso para desplazar al Jefe de Gabinete. De hecho, así se reprodujo en varias notas. Si querían hacerlo quedar bien, lo dejaron como el tipo con menos poder del romboide de hierro. Hasta escuché que aceptó la salida de Francos y la bajada de Espert cuando “la decisión ya estaba tomada”. Preguntar quién les pasa la data es medio al pedo, primero porque no corresponde y, segundo, porque es más que obvio. Del grupo de personas con necesidad de validación por logros tardíos, hay una que no fue votada y que, casualmente, es la que más menciones positivas tuvo en toda la cobertura del caso. Yo también intentaría quedar bien: el runrún incluye que Karina quiere llevarse la Secretaría de Comunicación y Prensa a su ya inmensa cartera.

Pero volvamos a la seriedad. Bajó el riesgo país, mejoraron los resultados de las pruebas Aprender, anunciaron una inversión para la construcción de un reactor nuclear, bajó un poco más la inflación más alta de la región, el índice del consumo solo se sostiene por el aumento de tarifas, subió el índice de morosidad por ya no sé cuántos meses consecutivos, creció el número de personas que no podrán acceder a créditos, aumentaron los colectivos, los subtes, las prepagas, los colegios privados, el gas y la electricidad. Como diría el gran Federico Peralta Ramos: evidentemente, y sin ninguna clase de duda, Argentina es un país en crecimiento.

Mientras tanto, todos simulamos que todo lo que pasa es normal.

Nicolás Lucca

 

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