Se buscan nuevos logros

Buscan romper todos los records, otra no queda. Dos cadenas nacionales en dos días es demasiado, incluso para mí, que soy un masoquista tan grosero que hasta estuve casado. Sin embargo, la Presi no le hace asco a la medida comunicacional de emergencia y le entra como Boudou a la impresora, aunque da la casualidad que siempre es en momentos en los que se necesita hablar de otra cosa. Para cortinas de humo, Néstor generaba agenda, polémica, pero nos tenía a todos sacándonos los ojos para hacer valer nuestra opinión, mientras del quilombo no se acordaban ni los imputados. Con Cris para tanto no da. Plata no queda, las ideas no caen y, dado que la idea de laburo es un concepto difícil de dimensionar para quienes cobran fortuna por tomar café con masitas, sólo queda demostrar lo que no está, festejar el campeonato en la tercera fecha, una fiesta de egresados en cuarto año. Y la Presi lo demostró el jueves, cuando tapó las elecciones de la Confederación General del Trabajo inaugurando «Tecnópolis II, Lo que la Crisis no se Llevó»: le entregó una netbook a una toba sin luz, bailó con una comparsa de Gualeguaychú y se fue a charlar con Bolívar y San Martín.

Randazzo, en sintonía con la Presi, también rompe records: en menos de dos meses al frente de la cartera de Transporte, Floppy se puso de culo a los camioneros, ligó tres paros de sus amigos de la UTA, logró reducir el déficit tranviario subterráneo quitando una veintena de formaciones completitas a los ya atestados subtes y, como lograzo, presentó el servicio rápido del Ferrocarril Roca entre Constitución y La Plata, que es tan veloz que tarda una hora en completar un tramo de cincuenta kilómetros. Y así es como pasamos de debatir por el tren bala a habilitar un servicio digno de finales del siglo XIX, horas después de inaugurar una feria de tecnología donde podemos ver «la Argentina del futuro.»

Uno ya no aspira a mucho. Antes, deseaba que la Presi se dé cuenta de algún pifie. Después, pasé a conformarme con que no mandara al carajo a cada tipo que pensaba distinto. Hoy, con que no hable me conformo. Por eso ya no me afecta que en menos de cinco minutos se burle gratuitamente de un funcionario extranjero y le tire con la Afip a un perejil con ganas de opinar. Y es que ese es el paradigma madre del modelo: la base es hacer lo imposible para cagarla, si así y todo no la pueden estropear, es un logro; si en cambio se va todo al joraca, la culpa será de algún otro, por acción golpista, o por falta de compromiso con el modelo. Es un orden lógico en una corriente compuesta por adolescentes tardíos con complejos de edipo no resueltos y comandada por una mina tan traumada que tiene que recordarnos a todos que ella viene de un barrio del conurbano plagado de costumbres de clase media, aunque ese mismo barrio no lo pise ni para recordar las ganas que tenía de no volver a ver never in the puta life a esas cajetudas conventilleras que quedaron en otro estrato social.

Nadie sabe bien qué es lo que pasa por su cabeza cuando habla y ni tampoco tenemos bien en claro a quién le habla. El martes pasado, en la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, contó que las hipótesis de conflicto cambiaron y, a los dos minutos, destacó el rol del ejército en la contención social de las villas, con lo que se podría entender que la nueva hipótesis de conflicto es el estallido social, algo muy difícil de explicar para quien pregona no haber reprimido nunca la protesta social, a pesar de la criminización de los reclamos sindicales, los bastonazos de los gendarmes a los veteranos de guerra y los docentes, y algún que otro indiecito muertito por balitas estatales.

Otro momento mágico de la semana pasada se vivió cuando la Presi se enojó porque hay gente que le miente al Estado mientras que ella da cuenta de hasta el último acto que lleva a cargo. Se me ocurrieron muchos chistes al respecto, pero ninguno podría superar la mera idea de saber que no puede justificar el 90% el patrimonio declarado y que, mientras hubo pudor, las declaraciones juradas de ella y el marido las efectuaban los contadores de la Afip, dibujando más que caricaturista de peatonal. En el mismo discurso volvió a plantear que la provincia de Buenos Aires está mal administrada porque no tiene para pagar el sueldo anual complementario como la Nación, que los paga con la plata que no genera.

Tanto pegarle a Scioli, parece no alcanzar, dado que el Gobernador provincial demuestra que sigue fiel a la definición «si llueve no se moja, si hay fuego no se quema.» Sin embargo, plantear en dos oportunidades que la provincia se encuentra mal administrada, no es moco de pavo y explica la supuesta pasividad de Scioli, tal como se sugiere por los pasillos de 6 y 53: una revuelta en el conurbano, un motín carcelario catastrófico, una situación calamitosa o un colapso social, sumado a una «mala administración», califica para habilitar la intervención federal y mandar a Scioli y sus aspiraciones de vuelta a La Ñata o a La Rosadita. Por ahora, lo más divertido del conflicto es ver a Mariotto jugando a la poronga atómica, protegido por el Gobierno Nacional y desafiando a personas que tienen más combates que el General Patton. Que el Vicegobernador planteara una comparación entre Scioli y De La Rúa dio risa. Pero que un Senador Provincial le respondiera «si cree que es De La Rúa, que imite a Chacho Alvárez y renuncie», fue una muestra más de la rapidez marca registrada del peronismo.

El caso Mariotto es otro ejemplo de que este país se merece muchos reformas, pero que la primera debería ser la implementación de un examen psicológico antes de asumir la función pública. Si se exige para otorgar la licencia de conducir a un profesional que transporta ochenta pasajeros ¿Por qué no exigírselos a los que conducen los destinos de una provincia o un país? Más allá de eso, Mariotto es el tipo con más culo político desde que Duhalde saltó de una intendencia a la vicepresidencia de la Nación: de Concejal a Vicegobernador en menos de un lustro. Tanto laburo parece que no permitió que Mariotto leyera ni siquiera los diarios de Szpolsky, si no, habría notado que, mientras él le pega a Scioli por sacarse fotos con famosos, Cristina tiene un álbum de figuritas con personalidades que van de Bono a Madonna.

Algunas luminarias todavía creen que al gobierno nacional y popular lo votaron por sus políticas de inclusión o por la conducta reparadora hacia los derechos humanos de hace más de tres décadas. Incluso hay algún valiente que sostiene que es porque este gobierno nos devolvió la soberanía, la alegría y el orgullo de vivir en Argentina. Si así fuera, si hubiera tanta adhesión ideológica, 678 tendría más rating que Showmatch. Si hay una actitud post electoral realmente peligrosa, es creer que la gente brindó su apoyo a un gobierno de manera incondicional, una actitud tan suicida que lleva a que un grupo de imprudentes se sientan con licencia para hacer lo que se les canta, total «a nosotros nos votó el 54%». Las declaraciones de Mariotto respecto a la alta imagen positiva que tenía Fernando De La Rúa al momento de asumir, debería haberlas meditado aunque sea un par de segundos, dado que no es muy distinta a la imagen que tenía Cristina a la hora de presentarse a elecciones nuevamente. Chupete se fumó la imagen en doce meses y sobrevivió otro año. ¿Cuántos meses llevamos?

Mientras creen que el 54% es eterno, evitan sacar cuentas que arrojarían que, de ese porcentaje, la mayor parte provinieron de una provincia en la que sus votantes apoyaron más la reelección del gobernador que la de la Presidente, y donde la inmensa mayoría -y por inmensa, me refiero a casi tres cuartos- cree que la culpa del descalabro económico provincial, es de Cristina. Es en estos casos en los que me pregunto si realmente buscan una reforma constitucional que permita una recontrareelección, o si tan solo están sentados esperando a ver qué pinta. Deberían ponerse las pilas, y ya no por decencia, si no por instinto de supervivencia ¿O acaso tipos como Bossio, De Pedro o Larroque creen que podrían conseguir un laburo sin la protección de mamá Cristina?

Otro ítem del muestrario es la opinión que tienen del laburante sindicalizado, desmereciendo a los gremios «pequeños» y olvidándose que esa gente también labura. Antes que nada, debo reconocer que pocas veces tuve una semana tan sindicalista como la pasada, paseando por las 62 y participando del Confederal. En las 62 tuve el agrado de escuchar a Venegas afirmar que «los que mataron a Rucci para pegarle a Perón, poco pueden venir a opinar sobre el movimiento obrero organizado», entre otras perlitas. En el Confederal, en cambio, el clima fue más festivo.

Probablemente, el hecho de haber estado sentado en la tribuna de Camioneros haya influenciado en que cambie mi percepción sobre su dureza. Aunque el comentario «sos demasiado rubio para estar acá», me preocupó un poquito, la fluidez con la que me habilitaban los sánguches y las latas de cerveza hicieron que a los pocos minutos estuviera como en mi salsa. Mientras los congresales votaban en el microestadio de Ferro, en la cancha sólo se escuchaban quejas por las asignaciones familiares, ganancias y demás cosas que el gobierno considera «reclamos de Magnetto.»

Al momento de conocerse el resultado electoral, agradecí a Dios, Alá, Mahoma, Buda y Krishna -en ese orden- poder presenciar ese momento: un estadio enterito cantando «es para vos, Cristina puta, la puta que te parió». Si bien es cierto que los Gordos ya se habían abierto antes de las elecciones, tanto festejo tenía su razón de ser: con el 57% de los votos, Moyano no necesita de la convalidación del Gobierno para permanecer al frente de la CGT. Posteriormente, al escuchar el nuevo organigrama de autoridades -qué gremio quedó a cargo de cada área- comprobé que no hace falta tener «a los gremios más populosos» para generarte flor de quilombo: en los cargos más altos se acomodaron los judiciales, los portuarios, los petroleros, los bancarios, los peones rurales y, obviamente, los camioneros, un equipito capaz de generar un caos de proporciones apocalípticas en sólo un par de horas de huelga.

Para compensar esta situación tan antidemocrática como lo es que los congresales voten autoridades a sobre cerrado y no a mano alzada, Cris se reunió con los gremios que se apartaron de Moyano y que irán a elecciones en octubre. Tan perdida estaba la Presi que, a lo largo de su discurso alegórico, mencionó que a ella le gustan los sindicatos unidos, recordó cuando participó de una reunión de la Organización Internacional del Trabajo -donde ahora fue denunciada por judicializar una huelga- y llamó necios a los que quieren una CGT divididad -o sea, los que no la obedecen- todo mientras le preguntaba cosas a Gerardo Martínez, que en ese humilde acto paso de ser buche del 601, a buche de Cristina. Nobleza obliga, teniendo en primer plano la difícil caripela de maquinista del tren fantasma que porta el compañero Lescano, es lógico que centrara su vista en el morocho Martínez. Al momento de generar unidad, el gobierno de la lealtad, el que te voltea por no compartir un concepto de alineamiento tan básico que consiste en aplaudir las gansadas de la Presi, no se anda con medias tintas y se apoya en tipos tan complejos como Viviani, que traicionó a Moyano sobre el pucho. Nosotros creemos que es una cuestión básica y elemental de inconsistencia, pero obviamente, no estamos en la misma sintonía de quienes sostienen que se es joven por estar en La Cámpora y que escrachan por «poco progre» al tipo que fuera Jefe de Gabinete de Néstor y de Cristina, Alberto Fernández, la auténtica viuda de Kirchner.

A nosotros, por lo pronto, sólo nos resta seguir en nuestra postura de acopio, mientras analizamos los amparos que nos brinda nuestra legislación para no cumplir con leyes que nos cagan la vida. Una buena rebelión fiscal nos queda enorme, dado que pagamos impuestos hasta para comprar un sachet de leche. Una huelga al consumo, es más complicada aún, sobre todo porque algo hay que comer. Por suerte, el gobierno se está encargando de cagarse la vida solo. Así como no hay mayor factoría de opositores que el propio kirchnerismo, la extinción del consumo viene de la mano de ellos mismos, de su policía tributaria, de su castigo al comprador y su persecución al ahorrista. Y así es como, mientras nos sumergimos en debates al pedo, al menos nos distraemos de la realidad que nos dice que para salir de esta, vamos a tener que sudar mucho.

Martes. Pero mucho, eh

 

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