¿De dónde quieren volver? (Y para qué)

Vuelve la alegría, vamos a volver, hay que devolver la alegría al pueblo, el pueblo, nosotros somos la alegría del pueblo, ella va a volver, volveremos y seremos felices. Cualquiera de estas opciones han sido escuchadas por alguno de nosotros en los últimos tiempos. Podría decirse que se trata de un grupo de exiliados o de la reunión de una histórica banda de rock. O tan solo de un grupo de melancólicos en algún hospicio. Pero no, se trata de un grupo de personas que desean volver –y así lo expresan– a lugares de donde nunca se fueron.

Es bien sabido que Cristina nunca supo bien qué hacer con sus deseos absolutamente contrapuestos: llevar la contra como estándar de vida y amasar todo el poder que se pueda. Y no se puede llevar la contra al Poder si sos el Poder. No sin terminar con un diagnóstico psiquiátrico peor que el mío.

Pero ahí está ella y ahí están ellos, en el fino arte de desconocer el monstruo que han creado y decir que no es culpa de ellos, que ellos no hicieron nada para que esta pesadilla emocional ocurra. Víctimas y victimarios en una sola persona. Poder y contreras del Poder.

Podría decirse que, en su ambición por amarrocar lo que quede, cruzaron la última frontera y ahora son el todo: oficialismo y oposición, la chicha y la limonada, Menotti y Bilardo, el mozo y el comensal, el cura que brinda misa y el peregrino que aún camina, aquel que tira el centro y quien cabecea.

Todo en un pequeñito universo paralelo en el que pretenden saber cómo llegar a la Tierra Prometida: con el micro conducido por la misma persona que les hizo creer que la R de Reversa en realidad quiere decir Rapidísimo.

Y es todo un tema ya que realmente desean volver a algo que solo existe en sus cabezas.

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Casi todos los mejores momentos de mi adolescencia los viví en un antro llamado La Cueva, en Mar del Plata. A excepción de los lunes en los que cerraba, me dirigí cada noche hacia ese tugurio irrespirable de la calle Bolívar casi esquina Santiago del Estero.

Podría estar años para terminar de describir las cosas que viví allí, las personas a las que conocí, las locuras que hice y las que presencié. Para otros no era la gran cosa, pero para mí era más que un templo donde podías charlar con el hombre que daba misa, aunque ese sacerdote un día fuera Pappo y al otro el Negro García López.

Todo lo que me ha pasado en la vida en los años posteriores hizo que nunca más volviera a ese lugar, como una suerte de apostasía a mi paganismo nocturno por mera auto flagelación.

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El ser humano es el único elemento vivo que utiliza la palabra articulada como método de expresión. Muchas especies se comunican, pero la riqueza y variedad de nuestros idiomas debería bastarnos para saber que en algún momento evolutivo necesitamos comenzar a expresar todo lo que pasaba por nuestra cabeza. Y eso es prueba suficiente para saber que por allí transitan muchas cosas y que las palabras no solo expresan lo que queremos decir conscientemente, sino también lo que no sabíamos que pensábamos.

Dicho esto: ¿A dónde van a volver? O mejor aún: ¿De dónde vuelven?

Volver viene del latín volvere, dar vueltas. No me extraña, porque en el arte de hacer contorsionismo para justificar cualquier cosa, han batido todos los récords como para sentir que Alberto los traicionó. Como ya lo había hecho antes. O sea, que volvió a cagarlos, digamos. Y dicen que lo votaron sin estar convencidos, solo porque Lajefa lo pidió. Por eso piden que vuelva ella, que es tan genia que lo traicionó un idiota elegido por ella.

Qué tipo. ¿Cómo se va a dejar fotografiar? ¿No aprendió que no importa qué hacen sino que solo importa si se nota?

En lugar de volver podríamos usar el sinónimo retorno, pero no quiero que Julio De Vido se emocione. Tampoco da para hablar de regreso, porque no quiere decir otra cosa que volver atrás. ¿Atrás dónde?

Y mejor ni hablar del significado de alegría, que no es otro que la evolución del latín Alacris, alguien que salta de gozo sin que nadie le perturbe. Y mierda que les gusta perturbar.

Solo se puede volver cuando uno se fue. Solo puede volver la alegría cuando alguna vez existió. Si solo sos feliz en un evento determinado por solo un grupo de circunstancias y con la presencia de una sola persona, andá planificando el velorio. El tuyo. No hay forma de sobrevivir a la ausencia de esa única cosa que da razón de existir a tu vida.

Cuando se dice que no hay que insistir en volver a lugares donde se ha sido feliz, se hace por una sencilla razón: por algo nos fuimos. Tenemos facilidad para recordar solo lo bueno por supervivencia mental, pero todo termina en lo mismo: por algo nos fuimos.

Hay que buscar lo nuevo por más miedo que genere. Lo viejo conocido es viejo y mal conocido.

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Decidí volver a La Cueva a poco más de un lustro después de mi última visita. La adrenalina previa me devolvió a la adolescencia y no veía la hora de llegar al antro. Fue una mala, pésima idea. No la pasé mal, ni la pasé bien. Tan solo recordé por qué había dejado de ir: quienes me hacían sentir bien ya no lo hacían. Cambiaron ellos, cambié yo, o las dos cosas, vaya uno a saber.

Ese templo había perdido su magia. Su magia en mí, claro. La era post Cromañón había hecho el resto.

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Esta semana detuvieron a una mujer de 42 años por vender pasta base en la Villa 31. Curiosidades de la redacción periodística: cuando se habla de marginalidad, desaparece el nombre “barrio”. La mujer cobraba no sé cuántos planes, pero al menos está viva, lo cual es un lograzo de gestión.

La nueva conducción de Vicky Tolosa Paz al frente de Desarrollo Social comenzó con una serie de auditorías que mostraron que al menos tres mil personas perciben planes sociales a pesar de la enorme desventaja de estar muertos. También encontraron que el eslogan “para todos” es real y aparecieron miles de beneficiarios con lanchas y hasta algunos aviones. ¿Cómo se resolvió el asunto? Se suspendieron las auditorías. ¿Cuándo comenzaron a repartir esos planes a troche y moche?

Las cárceles se han llenado de chicos analfabetos indocumentados. ¿Cuándo nacieron? Las calles están cada vez más pobladas de adolescentes que nunca tuvieron domicilio. ¿Cuándo llegaron al mundo?

Las villas de las grandes urbes cuadruplicaron su tamaño. ¿Cuándo ocurrió? También lo hicieron en cantidad. En 2001 existían 380 villas y asentamientos en el conurbano. Hoy rozan las 1.200. ¿Cuándo aparecieron?

La inflación volvió a ser un fenómeno cotidiano y toda una generación creció con esto que es una anomalía en cualquier otro país. ¿Cuándo? Hay adultos de 18 años que no conocen otra cosa que la pobreza de un país que nunca logró bajarla del 30% en lo que lleva del siglo XXI. ¿Cuándo nacieron?

Ahora que a Lajefa le gusta hablar de inseguridad: en todo el año 2010 la ciudad de Rosario sufrió 97 homicidios dolosos; tres años después fueron 270 y nunca más bajó el promedio anual. Me perdí en los números: ¿Cuándo dije que ocurrió?

¿A dónde quieren volver? ¿Lo único que recuerdan es poder comprar la ropa en cuotas? Venezuela ya no puede financiarnos como lo hizo durante todo el período 2005-2015. Tenemos un PBI 20% más alto que en 2004 para un estado 400% más grande. Si quieren volver atrás en tamaño, no me ofendo, pero dudo mucho que a eso se refieran dado que, repito, no sé a dónde quieren volver si no salieron ni del baño. ¿Acaso gobierna laderecha, el Partido Judicial? ¿Cómo van a culpar a la Justicia por la inflación y al mismo tiempo tratar de inútil a Alberto? ¿No hay un dejo de coherencia sin abrir en alguna parte de esas locas cabecitas?

Curiosidades del peronismo, que tiene el beneficio de inventario como alma mater. Menem no fue, Isabelita es un mito, Duhalde era la mafia, etcétera. Incluso, a veces, ocurre antes y durante un hecho, como cuando la Estadista de la Alegría ordenó que se destruyera a Daniel Scioli. 678 dedicaba programas enteros a señalar a Scioli, Massa y Macri como “los candidatos de los Fondos Buitre”. Después perdieron la elección y a nadie se le ocurrió mirar a Lajefa.

Es interesante saber qué habría sido de un eventual gobierno de Scioli. Es curioso porque, hasta ahora, Alberto hizo todo lo que se le pidió. Aunque nos hagan creer lo contrario, siempre tuvo una sola prioridad: que Cristina lo quiera.

También están a la vista los otros grandes baluartes de un pasado que no sé todavía cómo recuerdan de manera tan feliz. Tuvimos 130 mil muertos directos en medio de una joda de vacunas rusas e imperialistas que exigían nuestros glaciares. Otros miles de fallecidos más de forma indirecta y ninguno aún percibe planes, lo cual es discriminatorio para el mundo de los muertos. Y las secuelas que vaya uno a saber cuándo terminarán entre los cientos de miles con estrés postraumático certificado y todos aquellos que aún no lo saben.

Y todo para que una becaria que cree que está en la Casa Blanca explique que hay piedras colocadas por “la derecha”. Los kirchneristas la putean a ella por bocona y a nosotros por marcarlo. No importa cuán atónitos estén: defienden algo que no quieren y derivan su odio hacia otros sabiendo que los culpables son las personas a las que ya no pueden defender en privado.

La ministra de Trabajo dice que lo más importante es ganar el Mundial. Según el monitoreo de Taquión el 90% de la población preferiría perder el Mundial si es que desaparece la inflación.

Cero empatía por los sufrientes. Cero identificación con el dolor ajeno y las preocupaciones de millones.

Pero quieren volver. ¿Por qué? Porque esta realidad les resulta insoportable y no le encuentran explicación. ¿A dónde piensan volver? ¿Los problemas del kirchnerismo los van a resolver con más kirchnerismo? Lo que desean es un De Lorean, no un triunfo. No hay una mínima chance de repetir nada porque todo cambia alrededor nuestro de forma constante. Yo extraño algunas cosas de cuando tenía 30 años. Puntualmente, extraño tener 30 años. Pero no lo canalizo al culpar a nadie de lo que es mi responsabilidad.

Ni idea para qué quieren volver. Ah, cierto. Los expedientes.

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Hace unos años andaba suelto de noche por el centro marplatense. Al pasar por Santiago del Estero y Colón decidí abrirme y caminar hacia La Cueva. Sabía que ya no existía como tal, y me dolía, pero supuse que al menos podría sentarme a tomar algo en lo que fuera que se haya convertido. Llegué a la otra esquina. No puede ser, ¿pasé de largo y no la vi? Pegué la vuelta y lo mismo. Revisé si estaba en la calle correcta, crucé de vereda y levanté la vista: una luna llena brillante al lado de una medialuna que se erguía de la punta de un edificio que ocupó el lugar de mi antro. Y ahí estaba su ausencia cagándose de risa de lo ocurrido. Hoy La Cueva es una mezquita.

Todo lo que haya vivido allí tiene un solo templo: mi cabeza. Allí puedo hacer aún más gloriosas las anécdotas de lo que probablemente hayan sido.

 

Una mezquita, hijos de mil… Espero que el camarín lo hayan purificado con napalm antes de demolerlo.

Nicolás Lucca

 

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