El Camino Más Corto
El Gobierno Nacional ama a los pobres. Tanto los quiere que los mantiene así como están, casi sin cambios más allá de algunos derechos sociales reivindicados por el Kirchnerismo, como el Derecho a la Intrusión, a la monedita para los pañales descartables y a que la ciudadanía productiva te mantenga los 15 pibes. Sin embargo, otros beneficios no son tan bien recibidos por la población. Las pastillas anticonceptivas y los preservativos gratis, no garpan tanto entre la muchachada. 
La comodidad lleva a algunos a suponer que la legalización del aborto es una salida. Para el debate, no alcanza con pedir educación para prevenir, porque enseguida nos responderán del mejor modo que saben hacer: con clichés. Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Sin embargo, de este sencillo latiguillo se desprenden diversos síntomas de la actualidad. Si al colegio fueran todos, la educación sexual daría efecto. Si las pastillas anticonceptivas se entregaran como corresponde, la prevención sería factible. Pero la educación no cumple su propósito y en esto ya ni siquiera influye la deserción escolar.
Ante este panorama, el aborto legal es el camino más corto. La idea de que solucionaría las muertes de madres abortivas, puede ser aceptada. Lo que nunca podrá aceptarse es que miles de personas pretendan que el Estado les garpe la limpieza del humo. Apuntarle a la pobreza, es chingarle. Hoy por hoy, la maternidad para la mujeres de clase humilde, no resulta un problema. No lo es. Es la única proyección que hacen de la vida. La maternidad, es lo único que pueden hacer que las iguala con el resto de los mortales. Tener un hijo, no cuesta dinero. Mantenerlo es otro tema, pero para eso ya habrá otras personas que se encarguen. 
Ahora, el problema sería proyectar esta realidad a 20 años. Hoy por hoy, el mentado modelo se sustenta tan sólo en la exportación de la soja y en lo que aporten en concepto de impuestos los laburantes en blanco. Lo que nadie tiene en cuenta es que esas mismas franjas productivas, están en una etapa de contracción demográfica. Cada vez es más normal encontrar a familias con un sólo hijo, o dos, como mucho. La maternidad, además, se encuentra ampliamente postergada en las familias productivas, más si se las compara con las humildes. Pasándolo en limpio: a la edad en que la mayoría de las mujeres de clase media para arriba son madres, las de clase baja ya son abuelas y han traído un promedio de vástagos suficiente como para armar un partidito de fútbol 5 entre sus descendientes. 
A cada progre que viene a hablarme de las reformas institucionales para la apertura mental de las personas, le recomendaría que salgan de su nube de pedos y salgan a caminar la calle. Un ejercicio sencillo es tomarse un tren al conurbano de madrugada o acercarse a un edificio de Tribunales. Cuando un pibe de 17 años con tres pibes presenta a la madre del tercero como «mi señora», no lo hace de ignorante. Es su sueño. Inconscientemente, todavía tiene latente la necesidad de una familia bien constituída. Ante la realidad que le ha tocado vivir, lo único cercano a esa ilusión, es ser padre. La relación sexo sin profilaxis-embarazo, la tienen clarísima y no les importa. Es lo único que los afirma como personas vivas. 
El falso Estado de Bienestar que han querido imponer en los últimos años, no ha fracasado, porque nunca existió. El asistencialismo desde el Estado, siempre tiene que ser la última opción, cuando todo lo demás ha fracasado. Ocho años de gestión y el asistencialismo no ha cesado. Algo falla. 
Cuesta imaginarse un futuro productivo con generaciones creciendo en la marginalidad, que nunca han visto laburar a sus padres, en lo que el pañal descartable es un derecho a reclamar y donde lo que no está cuidado, es de todos. Cuesta imaginarse cómo se repartirá la torta equitativamente en un futuro, si los que producen y tienen capacidad de producir, son cada vez menos y los que necesitan de esa producción para vivir subsidiados son cada vez más. Cuesta imaginarse cuántos estarán preparados para ocupar los lugares necesarios para la producción, para la industria, para la administración, para el laburo en sí. 
En realidad, no cuesta nada imaginarse qué pasará si no se cambia el rumbo. Pero es preferible hablar de potenciales. 

Martes. Esta realidad es triste. Pero tiene remedio.