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El último de los peronistas

Foto: Andrés D´Elía

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Foto de apertura: Andrés D’Elía

[/vc_column_text][vc_column_text]Primer acto: Miguel Ángel Pichetto se reúne con Mauricio Macri. La foto sale en todos los medios, los votantes de MM no se enteran o no se quejan y al resto de la población le pasa inadvertido. Por esos mismos días era más relevante la foto de Pichetto con Roberto Lavagna y todo gracias al pantalón polera y las franciscanas con medias del candidatazo.

Durante las próximas semanas se escucharán decir mil cosas de Pichetto desde el periodismo y lo más probable es que sean todas ciertas. Tan ciertas como que a Pichetto le importa nada que se lo recuerden y ya marcó la cancha ayer mismo, cuando en la conferencia de prensa que brindó, volvió a defender su postura contraria a los desafueros de los senadores ante pedidos de prisión preventiva. Son cosas tan ciertas los archivos de Pichetto y lo que se ha dicho de él que en estas mismas páginas encontrarán varias alusiones a su figura.

Pero los periodistas merecemos un capítulo aparte que terminaría en el blog de al lado y que puede graficarse en situaciones que van desde el desconocimiento de Pichetto –les tiro un tip: nació en Banfield, se recibió en La Plata y en 1976 se las tomó para Río Negro– y en las mismas conductas dependiendo del candidato: los mismos que se cagaban de risa de los archivos contra Alberto Fernández puteando a Cristina están como locos publicando los de Pichetto que no putea a Macri, sino que dice que jamás sería su candidato a vicepresidente. Mintió. Ya estaba prácticamente cocinado.

Pichetto forma parte de la política desde 1983 pero saltó a las páginas de los medios nacionales de la mano del menemismo, cuando fue diputado nacional, y luego electo Senador por la misma provincia en 2001 con el apoyo explícito de Carlos Menem. Durante la década del ’90 fue más menemista que una cena con los Fassi-Lavalle en Ski Ranch –como todos– pero nunca renegó de ese pasado como sí hizo el resto. Es más, tan sólo unos meses atrás, Pichetto fue quien presentó las memorias de Carlos Saúl en el Senado de la Nación.

Segundo acto: Pichetto arma un espacio alternativo al kirchnerismo a nivel federal. En un acto de creatividad sin precedentes lo bautiza Alternativa Federal. El conglomerado incluye a dos gobernadores y un desempleado político. Dos de ellos sueñan con ser presidentes, otro se conforma con seguir siendo gobernador de la provincia en la que acaba de ser reelecto y el último sabe que no puede ser gobernador de la provincia que representa en el Senado. De hecho, lo intentó y perdió por paliza.

Hay dos formas de ver a Pichetto: una es decir que es un veleta que estuvo con Menem, Duhalde, Kirchner, Fernández de, y Macri; la otra es sostener que siempre ha sido oficialista. Por sus dichos y por la forma en que se ha comportado a lo largo de estos años, diría que vale más la segunda: es un soldado kamikaze del oficialismo. Que durante los 17 años y siete meses que lleva en el Senado hayan gobernado 14 el mismo partido al que pertenece, hace el resto.

Su forma de comportarse en momentos cruciales ha sido de un verticalismo que asusta. Quizá ese sea el punto que más se entiende de la bronca del otro peronismo, ese que es presidido por Gioja y en el que opina hasta Cecilia Moreau: cómo es que un tipo que defendió en el Senado la 125, el pacto con Irán y la expropiación de Ciccone hoy esté al lado de Macri. Lo mismo deberían estar preguntándose los que tienen a Mauricio tatuado en una nalga. En el verticalismo de los que obedecen a Cristina hasta cuando pide que se tiren debajo de las vías lo llaman traición, cuando Pichetto ha hecho más por la supervivencia del kirchnerismo en el Poder en los momentos más cruciales que ningún otro chupamedias de Cristina, mal que le pese a los que creen que en realidad se la bancaron con mística, cantitos, micromilitancia y búsqueda de conexiones históricas forzadísimas para justificar una continuidad entre el Perón de 1946 y la Cristina de cualquier época.

Tercer acto: Cada vez que Massa hace una movida de campaña, Alternativa Federal arma un evento con fotógrafos y videos. Massa sonríe como si no se diera cuenta que le restan de a dos puntos por foto. Ni Urtubey ni Schiaretti entienden qué hace Massa ahí, Pichetto lo disfruta casi tanto como cuando invita públicamente a Lavagna sabiendo que dirá que no también públicamente.

Anoche mismo le pregunté al Senador Mayans por qué el peronismo considera que un compañero es traidor cuando juega con otro partido y no lo es cuando invita a un extrapartidario a ocupar un cargo híper relevante. Me contestó con cuestiones de programas económicos y mandatos históricos. En 2007 a Pichetto no le pareció una mala idea que el gobierno buscara un acuerdo al que, en un acto de extremo cinismo, bautizaron “transversalidad”, pero no estuvo de acuerdo con que el elegido para la vicepresidencia fuera Julio Cobos. Según él, no hacían falta los votos de los radicales, con limarles el Poder sumándolos al armado alcanzaba. Cuando la 125 llegó a su punto culminante en la madrugada del 17 de julio de 2008, Pichetto hizo lo imposible para que Cobos desempatara a favor del gobierno.

Finalmente, viendo que era al pedo, lo apuró para que vote de una vez por todas. Fue el final de Alberto Fernández, genio de los armados políticos, que en menos de un año había aconsejado apoyar a Filmus en vez de a Telerman en la ciudad de Buenos Aires, y que había convencido a Cristina de que Cobos era una buena opción. En menos de un año esas decisiones habían sido determinantes para que Mauricio Macri iniciara su carrera política de verdad al frente de la Ciudad de Buenos Aires, y Julio Cobos se convirtió en líder de la oposición sin renunciar a la vicepresidencia. Pichetto salió ileso pero siguió defendiendo con uñas y dientes que el vicepresidente no puede ser nunca opositor al Presidente. En esta columna que escribió para el diario La Nación encontrarán todo lo que opina Pichetto sobre la figura del vice: obediencia verticalista por el bien de la república.

Lo que otros llamaríamos megalomanía, los políticos le ponen otros nombres: respeto por las instituciones, valores repúblicanos, patriotismo, comprensión histórica, o lo que pinte. Pichetto siempre se paró en esas definiciones, cómodas para no tener que explicar demasiado sobre temitas como iraníes, fabricas de papel moneda y otras boludeces por el estilo. Otro gran problema de los militantes kirchneristas: los carpetazos que pueden tirarle a Pichetto por la cabeza son eventos en los que salió a defenderlos.

A la hora de pensar en los políticos que buscan llegar lejos, es divertido buscar qué los motiva, más allá del Poder por el Poder mismo. Me refiero a los que buscan destacarse y quedar en la historia de algún modo decoroso. O sea, casi todos los presidentes de la generación del 80 hicieron un mandato aceptable, pero fueron tres los que quedaron en la historia gracias a las reformas que se animaron a hacer, al molde que se atrevieron a romper muchas veces con sus copartidarios en contra. Pero la diferencia entre audacia y cualquier bondi me da igual suele ser demasiado delgada.

En primer lugar, Pichetto sabe que el cargo de vicepresidente es lo más alto a lo que puede aspirar salvo que ocurra alguna tragedia. Pero lo divertido está en la tesis que debe elaborar para sí mismo para justificarse tamaña decisión. Por sus dichos, Alberto Fernández sueña con quedar en la historia como un hombre que unificó al peronismo, que lo devolvió al Poder a pesar del recuerdo negativo de su última gestión, y que encima tuvo una gestión digna del primer mundo. Pero la historia no acepta figuritas repetidas y ese mismo orden de logros los ostenta, dentro del justicialismo, Carlos Menem con la ventaja que no tuvo que fumarse los consejos de Sabbatella y Victoria Donda. Si buscamos los dichos de Pichetto horas antes de que confirmara lo que ya sabía, nos encontramos con un senador que dice que “el proceso que encara Macri finalizará en 2023 y allí vendrán nuevas generaciones”.

De vuelo corto, muchos colegas sólo prestaron atención a lo obvio: Pichetto jugará para Macri. No era muy difícil, de hecho el senador ya había manifestado su opción frente a un ballottage. Nadie frenó a pensar en el “vendrán nuevas generaciones”. Si a ese momento Pagni le sumamos las declaraciones dichas en la primera conferencia de prensa de ayer, Pichetto sueña con ser el último peronista, el que garantizó la gobernabilidad de un gobierno de coalición que integró a la Argentina al mundo que él considera civilizado y lo alejó de Venezuela. Puede que su discurso no suene muy peronista que digamos, pero convengamos que el General tampoco se sintió nunca cómodo con quienes querían llevar al peronismo hacia el socialismo internacionalista. Esas diferentes visiones de cuál es el modo de lograr la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación son las que han llevado a que para ser peronista baste con decir que se es peronista.

Uno siempre tiene la tentación de volver al lugar donde ha sido feliz, y ayer Pichetto dio un discurso de 1992: el capitalismo ya no se discute en el mundo, hay que dejar atrás los problemas de la década del `70, el país debe alinearse con Europa y los Estados Unidos, no podemos estar cerca de Venezuela. Pobre Pichetto. Qué mal la debe haber pasado durante el kirchnerismo.

Cuarto acto: Pichetto dice públicamente que no será candidato de ningún otro espacio que no sea el de Alternativa Federal justo, justito cuando Macri cae de visita en la casa de Urtubey en Salta. Urtubey se la juega también y se niega a acompañar a Macri como vicepresidente. Un par de semanas después, mientras los medios están como idiotas cubriendo la conferencia de prensa prometida por Sergio Massa en la sede del Partido Justicialista para que diga qué va a hacer con su 5 a 7% de intención de voto, Macri anuncia que le ofreció la vicepresidencia a Pichetto. Éste comunica que la acepta. Massa cambia su conferencia de prensa por un comunicado de 1.37 minutos una hora después de lo anunciado. El riesgo país rompe el piso de los 900 puntos por primera vez en mil meses. Y todos, absolutamente todos, quedamos sorpresa.

La sorpresa es por lo que ha significado Pichetto durante los años del kirchnerismo, una factura que a Cobos no se le pasa gracias al voto no positivo de 2008, pero que tampoco liga Cornejo, el armador de la transversalidad por parte del radicalismo que negoció la fórmula Cristina, Cobos y vos. Una factura que no liga Lavagna, que no liga Ocaña, que no liga ninguno de los que se fueron del kirchnerismo antes de que a este se le comenzaran a notar las fallas. Curiosidades de la memoria: todo lo que haya ocurrido antes de 2008 es perdonable.

También quedé perplejo ante la elección de Macri, algo sólo superado por la joda que creí que estaban haciendo al anunciar la fórmula de los Fernández. Pero con tan sólo unos segundos de repaso de los últimos años –y sobre todo de los últimos meses– tiene sentido: el radicalismo sólo puede exhibir la cucarda de Jujuy, ha perdido hasta en ciudades duras y sus dirigentes se han peleado en público de forma tal que hace que nadie crea sinceramente que buscan ganar alguna elección. Lo ocurrido en Córdoba fue un bochorno. Macri mira para el otro lado y se encuentra a Pichetto bancándole la parada en negociaciones claves en el Senado. Como Monzó en la cámara de diputados, pero sin formar parte de su gobierno. Frente a la fórmula de los Fernandez al cuadrado, con todos los gobernadores e intendentes alineándose detrás de Alberto y de Cristina y los radicales quejándose por falta de espacio mientras se pelean y pierden elecciones, a Macri ya no le alcanza con apostar a una reelección en un ballottage. Primero, porque tiene que entrar al ballottage y segundo porque el fantasma de la ingobernabilidad se hace fuerte cuando una coalición vive a las puteadas y en la oposición no tienen drama en tomarse un café luego de prenderse fuego los autos mutuamente.

Pichetto no aporta votos propios, pero puede recuperar algunos de los votos perdidos, entre los que ven con simpatía a un tipo a favor de la mano dura, del capitalismo de mercado, de la integración al mundo y que, por sus antecedentes, demuestra una fidelidad a la orden impartida que más de un padre envidiaría. Por otro lado, aporta una imagen de gobernabilidad que fue bien vista hasta por los Estados Unidos, cuando fue de gira sin que nadie se diera cuenta qué era lo que estaba tramando. Mientras no lo hagan hablar de judíos, va como piña.

Para redondear, no deja de sorprender la reacción del microclima tuitero. Mientras las acusaciones de tragasapos ya quedan habilitadas para ambos lados del mostrador, muchos aseguran que votarán en blanco en rechazo a una supuesta imposición de Macri que, según se puede chequear con dos clicks, ya había sido consultada con Carrió y con Cornejo. No creo que supongan que Karina Banfi era una idea superadora. No digo peor o igual: superadora. A los que aceptan con resignación y afirman que por primera vez votarán a un peronista, les pregunto: ¿De dónde creen que vienen Diego Santilli, Patricia Bullrich, Cristian Ritondo, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, el ya olvidado Jorge Triaca, o Joaquín de la Torre? ¿Dónde creen que consiguieron sus primeros trabajos Federico Salvai, Carolina Stanley o el mismísimo Horacio Rodríguez Larreta? Y mejor no revisar las bancas en las legislaturas provinciales porque el listado no termina más. Y si van a medir el kirchnerismo en sangre, basta con recordar que Monzó ya había sido diputado en 2007 por el Frente para la Victoria para luego ser ministro de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli. En un país en el que el peronismo ha sido prácticamente homogéneo durante décadas, les va a costar encontrar un espacio puro y con posibilidades de llegar al Poder.

Faltan dos meses para las PASO, cuatro para la primera vuelta y, si la hay, cinco para la segunda. El juego recién empieza.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/1″][/vc_column][/vc_row]

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33 respuestas

  1. Lo peor no es que votan a un peronista, o que votan a un tipo que fue 12 años ultra kirchnerista, o que votan a un tipo que durante 4 años se nego sistematicamente a sacarle los fueros a la Shegua, o que votan al tipo que promovio el memorandum con Iran, lo peor es que vendieron su alma, su ideologia, lo que les quedaba de verguenza, para que de todas formas vayan a perder.

    No hay caso, en el fondo son radicales, esa especie extinta a la que tanto le fascina que la humillen.

    Mencion especial al payaso bloguero empleado publico, que trata (de forma risible) de justificar los 16 años que insulto a Pichetto, y ahora tiene que decir «es un estadista».

    No cambien nunca, son el hazmereir de la politica argentina.

  2. Pichetto: Una semana en Vaca Muerta, gira por USA haciendo buen cartel del país, discurso respecto a la seguridad que es una fotocopia de lo que piensa La Piba… Fue el saltito que faltaba. Nicolás, estuvo muy bueno. Saludos desde S. Fé. Nono.

  3. Muy buena nota. No hay que olvidar que esa gobernabilidad incluye reformas que sólo son posibles con el apoyo de parte del peronismo. Finalmente los dos monstruos que tanto nos retrasaron parecen camino a la desaparición, al menos en la forma en que lo conocimos. Me refiero a la UCR QEPD 20/12/2001 y al Justicialismo del que espero poder erscribir QEPD ../../2019

  4. Macri y Cambiemos han traicionado a millones de ciudadanos que creyeron en sus mentiras pensando que eran verdades. Sólo la ambición desmedida y la falta de ética pudieron habernos llevado a esta situación burlesca en la que todos son todo y nadie es nada. Todos son comodines, pueden jugar en cualquier partido en cualquier posición. No existen los principios ni las ideas, solo existen los votos y los dirigentes. Desde la aparición del tumor maligno del peronismo en 1943, y tras sus metástasis menemistas y kirchneristas, el organismo todo ha sido tomado, no hay un órgano que no haya sido contagiado. Lo que vivimos hoy es un sainete. Diría Oscar Wilde: “No creas nada de lo que oyes, y absolutamente nada de lo que ves”. La Argetina, sin darnos cuenta, ha sido sentenciada a decadencia perpetua en la Corte Celestial en 1943.

  5. Descripción completa del Senador, entiendo peronista, al menos convencido que no podía soportar que el Kirchnerismo con su discurso populista asambleísta setentista llegará al poder y como verticalista que lo fue con ellos al gobierno, elige el republicanismo de Cambiemos, al desastre que sería la llegada de los Fernandez-Fernandez. Macri, hace una elección de Vice, que enerva a los antiperonistas, pero no tanto a aquellos que ven en esto la destrucción total del del Cristinismo y sus secuaces.

  6. Yo soy de la idea que hay que terminar con el peronismo como ADN fascista que tanto mal le hizo a la Argentina. Transformó un país rico en una democracia pauperizada e incierta. Pero no soñemos, no podemos ni debemos acabar con los peronistas. Tienen que ser parte de la transición. Mejor si son republicanos y democráticos. Es lo que está en juego ahora. El que no lo ve vivió en otro país todos estos años.

    Hay un porcentaje del país que incluye a dirigentes, jueces e intelectuales que simplemente NO son democráticos. Ya tenemos un fast forward de esa película. Pregúntenle a cualquiera de los venezolanos que nos topamos por Bs As todos los días.

  7. La crisis económica que estalló en abril del año pasado terminó con el cuadro político de las elecciones de 2017, el mapa amarillo. En 2019 la recuperación de la economía no aparece y ya promedia el año. MM tenía que hacer algo fuera del viejo libreto, el del no-peronismo. Acá en Sta Fe, Cambiemos salió primero en 2017, ahora va tercero y mira de lejos las tres competencias clave del domingo: intendencias de Rosario, Sta Fe y la gobernación. Las figuras son las mismas, lo que se hundió fue Cambiemos. Macri hizo una jugada fuera de aquel libreto de 2017, el del no-peronismo, por ahí iba a la derrota segura, con todo el peronismo enfrente. Y lo de república vs autoritarismo no es retórica de campaña, es real.

  8. Excelente tu relato como siempre , es nuevo para mi escribirte x acá , ya me leí todo en tuiter también , así q hago este cambio …. Este cambio nada más … No voy a votar esa fórmula , nunca voté a un peronista , ni a ninguno de los q nombraste en tu relato … Siento decepción , creo q lo banqué al Presi como miles de argentinos lo hicieron , no nos mereciamos esto , no entiendo de jugadas políticas , solo no me cabe en mi vida ni una hilacha del peronismo …

  9. Una vez más, Rela, ponés en palabras lo que me estaba costando explicar. Lo comparto en las redes y te mando una palmadita en la espalda por si te andaba haciendo falta 😀

  10. Vivo en Italia hace tres años y no entiendo ni j de como «se forma el gobierno» hay electores, un presidente pero a los q votan una cosa después les dan otra. El tema es los GOBIERNOS acá son siempre de coalición. Los más votados se juntan aunque si se odia o representan las antípodas o van a elecciones nuevas. Yo pensaba – qué locura Macrì teniendo q formar gobierno con Cristina, así no se puede llevar adelante un pais- pero parece q ahora, de facto, tendremos nuestra propia experiencia de transversalismo real. Un gobierno de coalición que detente el poder? Será posible ensamblar algo entre el deseo de poder+institucionalidad+un modelo de país normal? Seremos normales alguna vez?

  11. Quisiera ver a los que dicen: Jamás votaré un peroncho, cuando en el Cuarto Oscuro vean la Boleta con la foto del Alberto y de la Cristina.
    El «jamás» se enrolla bien finito y se introduce profundo donde entre y luego llenen el sobre con lo que menos asco le dé e introduzcalo en la urna.

  12. Es temprano para hacer pronósticos pero me parece (sólo una opinión) que Macri hizo una jugada maestra. Arma una fórmula sólida con un tipo MUY experimentado y con llegada a muchos «actores» políticos, y planta una contracara seria, y hasta republicana (en las apariencias, al menos), a ese «meme» político que es Fernández-Fernández.

    Yo tengo claro que las alternativas son: seguir remando en un mar de dulce de leche con un gobierno que mete la pata en cada agujero del camino, pero al menos tiene un camino, o «¡eh, vuelve la fiesta papá. Con La Morocha vamo a rompé todo!».

  13. Pichetto no sólo es el último de los peronistas (título que Abelardo Ramos había otorgado a Menem). Es uno de los pocos estadistas que le quedan a la política argentina. Su ingreso al actual «Juntos por el cambio» abre la esperanza de que represente, en un tiempo, una corriente peronista capaz de llegar a un acuerdo con los restos de los radicales y unir a la clase media con la clase trabajadora en un frente patriótico. Macri es un constructor a largo plazo, con Pichetto ingresa la política plebeya de todos los días porque, como dijo Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos

  14. No dudo que las chances de Macri de ganar aumentan con esta movida, pero los ciudadanos cansados de que nos tome de pelotudos la corporación política tendríamos que votar, al menos en PASO y en Primera Vuelta, por una opción que le diga a los políticos lo que no quieren escuchar. #Espert2019

  15. Excelente, aunque no me quita el miedo…
    De los peronistas, la repulsión que siento es por su constante práctica de actos fascistas en cada minuto del día. Los que nombrás, han dado sobradas muestras de abandonar esas prácticas y adoptar las republicanas. En cuanto Pichetto lo haga, seré su primer soldado…

  16. Gran nota, Nico.
    Yo, si bien estoy tan sorprendida como todos, creo en Macri.
    Y creo que hay que terminar con el kakismo zurdo de una vez por todas.
    Así que… a votar con un pañuelo en la nariz.
    NVM.