Epílogo
Parece mentira que ese hombre al que tanto puteamos, ahora ya no esté. A todos nos descoloca la muerte de una figura importante, sin embargo, a algunos, más que a otros, les aparece la veta diplomática esforzada. La corrección política no es, precisamente, la mejor forma de rendirle homenaje a un hombre como fue Néstor Kirchner.
Mi conexión con el mundo en las últimas 24 horas fue telefónica con mis contactos. Traté de no leer nada, no ver, no escuchar a los medios, y sin embargo, algunas cosas se colaron. Noté que muchas figuras grandes de la política, dijeron que se fue un animal político. Concuerdo con la definición, pero dividida. Se nos fue un animal que tomaba a la política como un juego. Muchos ofendidos de la vida, necrofílicos apasionados, sostuvieron que no se podía jugar con el dolor ajeno, como si cuestionar el accionar  y obra de quien acaba de pasar a mejor vida, fuera un tema tabú. Considero que en el recuerdo de su vida personal, es algo en lo que no podemos meternos y que tendrán que juzgar sus seres queridos, los íntimos. Pero de su vida pública, esa que ha manejado los destinos de nuestras vidas públicas y, por efecto derrame, las privadas también, tenemos todo el derecho del mundo a opinar.
Nunca confié en los juicios de la historia. La historia no juzga y mucho menos en este país. La historia la construimos nosotros y cada uno tiene su propia versión de la misma. Hoy, a finales de octubre de 2010, todavía presencio discusiones entre Rosistas y Antirosistas. ¿Dónde está la sentencia histórica? No existe. No servimos para sostener quince minutos una coherencia discursiva. Lo que ayer odiábamos, hoy lo justificamos, mañana lo glorificamos. Y eso es lo que estoy viendo en este momento.
Néstor fue un hombre de su tiempo. Ya tendríamos que dejar de decir que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, para pasar a una definición un poco más justa: los pueblos tienen el gobierno que mejor los pinta de cuerpo entero en determinado momento de la línea de tiempo. Y nadie mejor que Kirchner ha representado lo que ha sido la argentina de la última década. Cuántos de los que se indignaban por que Néstor contradecía su pasado menemista, han santificado a Carlos I de Aniyaco para, luego, negarlo 100 veces, excomulgarlo y depositarlo en el infierno. Cuántos de los que putearon a Kirchner por la inconsistencia de su relato de militancia antimilitar, han pasado del algo habrán hecho, al mucho más cómodo no sabíamos que pasaba en la Argentina. 

Tanto nos quejamos de la manía kirchnerista por la modificación sistemática y arbitraria de la sucesión de hechos bochornosos de la década del ´70, y nosotros, sin haber visto todavía la mortaja del difunto, ya estamos reescribiendo la historia de los últimos dos lustros, hablando de un político con su estilo, pero respetable.
Cada vez que veo a un periodista hablando bien de un muerto, me agarran escalofríos. Hablar sólo bien de una persona, es faltar a la verdad, tanto como cuando se habla sólo mierda. El kirchnerismo fue el de las jubilaciones para todos, pero también el que se cagó en el 82% móvil por falta de dinero, mientras se deliran la que no podríamos ver toda junta en la vida. El kirchnerismo fue el de la doctrina de no reprimir nunca una manifestación popular en Capital Federal y conurbano, pero cagar a bastonazos, gases lacrimógenos y hasta atropellar -literalmente- a cualquiera que osare tirarse un pedo en Santa Cruz. El kirchnerismo ha sido el que levantó las banderas de las luchas piqueteras, pero también fue el que les encontró el precio y los puso de su lado.
Algunos dijeron que Néstor nos dejó un país más justo. Quiero saber a qué se refieren con esa definición. Si a la franja entre ricos y pobres más grande de la historia desde la década del ´30, si a la tasa de mortalidad infantil que no logró descender en los 8 años de crecimiento sostenido más importantes de la historia de latinoamérica, o si al amiguismo judicial que permite que un mismo Juez impute de un delito a uno que pasaba por ahí y se haga el sota con quien tiene el cadaver asesinado al hombro mientras saluda.
Quisiera creer que estamos presenciando un final de ciclo y no el principio de un descenlace que no sabemos cuándo ni cómo terminará. El hecho de que ya se haya ventilado que Moyano discutió fuértemente con Kirchner horas antes de su fallecimiento, me hace dudar demasiado. No porque hayan discutido, sino porque trascendió. Si antes nos bardeaban por el 40 + 1, quiero ver de qué se disfrazan ahora con la burocracia sindical afilando los cuchillos. Y esto también es obra del kirchnerismo.
A mi me duele la muerte de un militante político, con quien no concordaba en sus ideas sobre cómo encarar la política argentina. Un hombre que luchó como pudo y desde su lugar contra la connivencia del poder económico monopolizador de un sector y la política conservadora y amiguista. Se llamaba Mariano Ferreyra y era del Partido Obrero.
El fallecimiento de Néstor, me impacta, no me duele, ni me conmueve. Habrá que barajar y dar de nuevo. A la oposición, fundamentalmente, le pido un inmenso favor: dejen de dar lástima. Néstor, en este momento, se les está cagando de risa desde dónde esté al verlos arrastrarse por no saber cómo mierda comportarse ante su partida.
Y a los compañeros: dejen de hacerse la paja y por una puta vez en la vida, recuerden que primero está la Patria, después el Movimiento y por último, los hombres.
No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores. 
                                                                                                                           Orson Welles
Jueves. En otro momento hablaré de mi experiencia censal.