Guerra de Boludos

Me tienen los huevos llenos. El despelote de las escuchas telefónicas en la Ciudad de Buenos Aires, más las intervenciones verbales del Jefe de Gabinete del Gobierno Nacional me han colmado los huevos a tal extremo que si tuviera un pibe ahora, saldría con la cara de Aníbal Fernández. Todos se hacen los boludos. Todos son medio boludos. Todos nos toman por boludos. Es así, otra no queda.

Hace fácil un año, cuando me enteré que Jorge «el fino» Palacios era la fija para encabezar la Policía Metropolitana, empecé a hacer apuestas con amigos a ver cuánto tardaba en surgir el primer quilombo. Perdí, yo pensé que saltaba mucho antes con el tema de la causa AMIA. Pero como en este país 85 muertos en un atentado no es nada, a nadie le importó. Los únicos que tiraron la bronca fueron los familiares de las víctimas. Algunas agrupaciones de izquierda también pusieron el grito en el cielo, pero no por los de la colectividad, sino porque cualquier cosa que lleve uniforme y no sea el Che, les genera urticaria.

Palacios agarró viaje, no era para menos. Es el fiel reflejo de lo que encarna la Policía Metropolitana. Un rejunte de viejos garcas, sin sentimiento de pertenencia a nada, que no pudieron seguir trepando en sus propias fuerzas y cayeron a jugar a los Jefes de Policía plenipotenciarios. El reclutamiento tampoco se queda atrás. Prefectos, policías federales, policías bonaerenses, gendarmes, todos cayeron ante la tentación de un salario más que jugoso y una responsabilidad mínima. Se rascan y se van a rascar las pelotas.

Caprichoso, cínico y negador. Nada que no hayamos visto antes en la política.
Macri defendió hasta el hartazgo la designación de Palacios amprándose en sus condecoraciones. El Fino, casualmente, es una de las personas más detestadas dentro de la Policía Federal, odiado por buchón, garca y armador de causas. El caso AMIA fue la vidriera de lo único que ha sabido cosechar este personaje, vedetismo a cualquier precio. Poniendo a un tipo como éste, no hacía falta tener mucho coeficiente intelectual para darse cuenta que en algún momento iba a saltar la térmica. Y saltó, no más.

Así como lo ven, es el Jefe de Gabinete del Gobierno Nacional haciendo el ridículo. La pilcha, vaya y pase. Pero esos bigotes dan miedito. Imagínenlo comiendo una pataciuta alla bolognesa.

El espionaje es un hecho menor, quizás una punta que no deja ver lo que hay detrás. Una anarquía de poder inmensa, propia de un frente que se armó para llevar a Mauricio al poder y que ahora ya muestra sus rajaduras más que importantes. La guerra mediática entre Mauricio y el Jefe de Gabinete del Gobierno Nacional nos tapa algo que hay más allá. El PJ también es el aparato del PRO. Aunque les disguste a unos cuantos, nombres como Cristian Ritondo, Daniel Amoroso y Jorge Triaca abundan dentro del partido que nos trae «la nueva política». El resto del PRO, bueno, no es más vistoso. Un grupo de personas que reniegan del peronismo sin darse cuenta que si no fuera casualmente por esos negros de bombo y olor a chori, no hubieran llegado al poder.

Yendo a la otra trinchera, Aníbal Fernández se pasa de pelotudo también. Evidentemente, el laburo de Jefe de Gabinete es bastante más liviano de lo que uno suponía. No es para menos, si acá no labura nadie. Que le pida la renuncia a un Jefe de Gobierno legítimamente elegido por el pueblo de una ciudad autónoma, es un acto que merecería figurar en el top five de las gansadas más grandes dichas por don bigote. Pero Mauricio le hizo un favor a Aníbal Fernández llamando a conferencia de prensa para hacerse el boludo, no tirar un puto dato sobre el espionaje, tirar la bola para otro lado y acusar a Oyarbide de parcial. Descubrió la pólvora. Más allá de la parcialidad de Oyarbide, volvemos a lo de siempre. Yo soy roñoso, pero vos tampoco te bañas muy seguido. El colmo de la conferencia fue cuando disparó, así, sin anestesia y como quien le pregunta al chofer del 86 si lo sigue dejando en La Boca «no van a poder con nosotros». Del escándalo, ni una sola palabra.

Así andamos, con una guerra de boludos que nos tiene a nosotros como espectadores de un show que nadie quiere ver. Con Telenoche contando como novedad que Antonnini Wilson estuvo en la Casa Rosada en los tiempos en que Clarín era oficialista, con Capitanich diciendo que 4 años no le alcanzaron para chorearse toda la que quería y con Cristina en cama. Parece que todavía le sangra la de Lula Da Silva. Él cagándola a pedos en cadena nacional y ella con cara de mosquita muerta diciendo «pero te compramos 20 avioncitos». Encima lo tenemos que aguantar a Néstor y su séquito de perdedores de la vida convenciéndolo de que es la reencarnación de Perón. Falta que agarren a alguna mina con los patitos desalineados para que digan que es la hija no reconocida de Kirchner y listo, cartón lleno. Total, si La Cámpora me puso a Cobos a la altura de Rucci con sus pintadas pidiéndole que le mande saludos a Vandor, no queda mucho más para hacer mierda.

Ya que con la ideología van muertos, que vayan por el folklore peroncho.
Semanas como éstas me dan ganas de romper mi carnet de afiliado en pedacitos, mandar a todos a visitar el útero materno e irme a vivir a una cueva. Si me van a dejar sin internet y sin cable, al menos que sea porque decidí ser un hermitaño y no porque vivo en el quinto mundo.

Viernes. Argentina, ese país en que la historia no la escriben ni los que ganan ni los que pierden. La escriben los avivados.