Kirchnerismo Clasificado
La semana arrancó con la militarización solapada de la ribera del riachuelo del lado porteño. Nilda Garré se presentó como delegada del gobierno nacional para ver si lograba darle un empujoncito en la intención de voto al alumno bobo del kirchnerismo. Al trío de payasos tristes conformado por Filmus, Tomada y Cabandié sólo les faltaba la enseña patria para parecer los abanderados del acto escolar encabezado por la Ministra de Seguridad. Nilda, con un gran sentido de retroceso institucional, representó fielmente al Gobierno Nacional en el sentimiento de volver a poner a la Ciudad de Buenos Aires en la situación previa a la reforma constitucional de 1994 y colocarla nuevamente en el estado de Municipalidad de la Nación. Con la presencia de miles de efectivos, entre prefectos y gendarmes, Garré manifestó que «el sur también existe». Lo que no figura para la ministra es, precisamente, el resto de la Patria que aporta el 50% de sus ingresos anuales en impuestos para que el gobierno nacional le refuerce la seguridad a los porteños.
Evidentemente, el problema de imagen positiva de Filmus debe pasar por su frondosa barba que le tapa la mitad de la cara, cuando se la tendría que ocultar en su totalidad. Es sabido que ningún kirchnerista resiste un archivo diminuto, pero el cuadrazo del Frente para la Victoria se excede en esa virtud. En julio de 2009, el actual Senador y candidato a delegado nacional en la Ciudad, criticó la intención de utilizar la flamante Policía Metropolitana para la represión de cortes de tránsito. «Cuando uno recuerda lo que ocurrió cuando asesinaron a los militantes Kosteki y Santillán, llega a la conclusión de que ningún paso de un vehículo vale una vida humana,» manifestó en aquel entonces. Que hoy justifique la sutil y progresista molida a palos a los docentes santacruceños al sostener que pueden reclamar lo que se les cante mientras se respete el derecho a circular de los demás es, tan sólo, una cuestión de principios: No es lo mismo la represión de un gobierno constituído por empresarios devenidos en políticos, que el de un gobierno compuesto por políticos devenidos en empresarios con la nuestra. 
El discurso de inclusión social y educación como única política para enfrentar a la seguridad quedó perdido en algún agujero negro del relato oficialista ante la evidencia de los hechos. Pero a no confundirse: No tardaron ocho años en avivarse que la inseguridad es un problema, sino que recién ahora la inseguridad se volvió un tema a considerar para permanecer en el poder.
En otro orden de temas, la Presi nos regaló nuevamente un discurso épico, místico, delirante a pleno. El Plan Trolas y Chongos para Todos y Todas no podrá ser. La última esperanza del sector de la sociedad carente de afecto físico y de carne tibia donde saciar la líbido fue aniquilada ayer por Cris, al decretar la prohibición por decreto del Rubro 59 de los anuncios clasificados. Si bien la idea es general y se buscó no hacer referencias a Clarín, el sólo hecho de mencionar una y otra vez el mentado rubro no dejó margen a dudas, dado que en La Nación, por dar un ejemplo, los servicios sexuales se encuentran en el rubro 5, junto con el del plomero que, en defintiva, también se dedica a poner las cañerías en condiciones.
En un ejercicio de desvarío, falta de conocimiento sobre lo que se habla y con la coherencia ausente sin aviso, la Presi aseguró que esta medida es fundamental para combatir la trata de personas, como si la prohibición de los clasificados sobre compra-venta de armas fuera a prevenir los homicidios. Parece joda, pero en este país donde tenemos que sacar a la calle a nuestros hijos tapándoles los ojos frente a cada kiosco de revistas en los que abundan culos y tetas al por mayor sin ningún tipo de restricción, prohibir anuncios amparándose en la «estigmatización de la mujer objeto» es bastante pelotudo. Estamos en Argentina, donde las figuras que ocupan la mayor cantidad de espacio en televisión abierta dentro del horario de protección al menor son trolas reventadas que se hacen llamar «artistas» por mostrarse totalmente en pelotas, practicando simulaciones de sexo que califican como «números de baile osados» y donde un viejo carcamán tiene un haren de escorts a las que hace jugar al bowling para que muestren las nalgas. Acá, donde en las estaciones de servicio hay que caminar con cuidado para no caer en las zanjas de las calzas que obligan a utilizar a las playeras, la benemérita Presidente nos viene a decir que desde el Rubro 59 se fomenta «la humillación a la condición femenina, porque también la discriminación es crear estereotipos de la condición femenina como objetos de consumo únicamente.» 
Es más que obvio que sólo un tipo con serios problemas para entablar relaciones sexuales sin pagar podría estar de acuerdo con la trata de personas, pero que se califique de hipócritas a los que exhiben anuncios de ofertas sexuales cuando el centro porteño es un empapelado de folletería de privados clandestinos pegoteados en las paradas de colectivos, postes de iluminación, semáforos y teléfonos públicos devenidos en carteleras de puticlubs, suena a falta de respeto a la inteligencia del oyente. Que la Presi hable de la lucha contra la trata de personas mientras llena de gendarmes la ciudad de Buenos Aires y las fronteras son un despacho de trafico de minas, hace suponer que esta mujer tiene mucha facilidad para proyectar en los demás su propia hipocresía. 
Nadie ha hecho tanto por degradar la igualdad del género femenino como Cristina al referir una y otra vez que todo le cuesta el doble porque es mujer y que los ataques descalificativos que recibe son mayores porque no tiene algo que le cuelgue en la entrepierna. Ayer, al manifestar que los avisos sexuales estigmatizan a las mujeres pasó totalmente por alto que muchos hombres también ofrecen sus servicios sexuales a través de esas páginas. Al sostener que este decreto es un castigo hacia los medios de difusión que contribuyen a la estereotipación femenina y no hacia las mujeres «que no eligen la vida que tienen», no hizo otra cosa que dar a conocer su propio concepto del estereotipo de la prostituta: una mujer violentada en su voluntad, privada de su libertad y sometida a una mafia que la cosifica. Si bien el flagelo del trafico humano con fines sexuales es un hecho más que presente y tristemente evolucionado, al generalizar mete en la misma bolsa a todas esas mujeres que recurren a la prostitución para poder parar la olla, pagar el alquiler y mantener a sus propios hijos, situación de la que no se puede hacer la desentendida siendo la responsable de los destinos económicos del país. 
Cuando afirma que «si podemos parir hijos, cómo no vamos a tener fuerzas», dejando a la prostitución forzada como un drama secundario frente a la discriminación que sufre ella por ser mujer, dan ganas de sentarla cara a cara con todas las mujeres que, sin tener hijos, han dado la vida por sus ideales y convicciones en épocas en que ni siquiera tenían la libertad de celebrar un contrato laboral sin el consentimiento de su padre o marido. 
Por mí, puede tirar todos los números que quiera sobre las estadísticas de mujeres rescatadas de las redes de prostitución que, mientras la Policía Federal -que depende directamente de su Gobierno- siga recaudando para la corona gracias a la protección de los prostíbulos clandestinos, sus palabras de heroína tendrán menos valor que un billete de 100 australes. 
El viernes hablamos de las elecciones porteñas. 
Miércoles. Todavía nos queda Gerardo e Ideas del Sur.