Libertinaje de Expresión
No reniego del periodismo. Jamás lo haría. Reniego de los soberbios que vestidos de periodistas independientes se hacen defensores de distintas posturas, denigrando y destruyendo al otro. El periodismo independiente, propiamente dicho, no existe. Todos somos subjetivos en algún punto. Nuestras creencias nos afectan lo suficiente como para sentir agrado o no por cada cosa que vemos.
Sin embargo, en estos tiempos de grandes divisiones generadas por nuestros representantes en los tres poderes -y por ende, me refiero a la inmensa mayoría de la oposición y oficialismo- nos han metido en un baile sin avisarnos ni prepararnos para la ocasión. Pero en ningún momento se escucha nuestra voz. Sólo se escucha a quienes tienen el poder de los medios. Y en eso, los grupos privados y el Estado, son cortados por la misma tijera.
Tantas agresiones descalificadoras para quien piensa distinto, llega a un punto en el que la mayoría de la gente se harte y quienes se encontraban indefinidos respecto de una postura determinada, de golpe se vayan a la opción del atacado, por instinto de defensa de quien aparenta ser el más débil en la contienda.
Con el debate por la reforma del Código Civil de la Nación para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha pasado otra vez lo mismo. De una agenda en la que ni figuraba la cuestión, se impuso en la opinión pública y todos comenzamos a opinar. Debo reconocer que en un principio el debate fue bastante interesante y quienes me conocen o han leído por otros foros y blogs, saben mi postura al respecto. Pero los extremistas de siempre no han tardado en aparecer, y con ellos los actos de agresiones gratuitas y totalmente faltas de sentido común.
Para mí, resulta igualmente agresivo escuchar a una vieja conservadora decir que los homosexuales son todos unos degenerados, que escuchar a un boludo que de pasarse la vida haciendo chistes sobre trolos, ahora devino en gay friendly y dice que los que se oponen son todos unos chupacirios. Me da lo mismo.
Sin embargo, en esta actitud de pretender generar una conciencia en personas que ya tienen sus convicciones absolutamente definidas, se llega a limites ridículos. Si un vecino no puede cambiar de idea, ¿en qué cabeza cabe que un Arzobispo de la Iglesia Católica sí lo hará? No lo va a hacer. No le interesa, no está en él ese sentimiento de aceptar algo que va en contra de las leyes de la Iglesia. Nos guste más, nos guste menos, no nos guste, es su forma de pensar y la misma irá a defender. Es la misma postura que ha adoptado el judaísmo y el islamismo en conjunto. Son religiones, tienen sus dogmas, les chupa un huevo y la mitad del otro los derechos de los homosexuales cuando se están metiendo con una imposición que estas religiones consideran divinas. Y si echan a un Cura por defender el matrimonio Gay, por más que nos joda, no nos podemos meter. Es una Institución con sus reglas y, aunque nos moleste, siguen siendo monárquicos.
Partiendo de esa base, escuchar a Daniel Tognetti preguntándose si Bergoglio considera que la pedofilia y Christian Von Wernich también forman parte del Plan Divino, cae en la categoría de agresión sin sentido. Es lo mismo que decir que para los Judíos también es un Plan Divino boletear un barco de ayuda humanitaria o que para los Musulmanes, el Plan Divino comprende cargarse tres mil personas de dos avionazos. Más allá de que dudo mucho que Tognetti tenga las pelotas para decirlo, estamos en la misma. Acusar a un tipo o grupo de ellos, que sostiene algo, por cosas que han hecho otros en nombre de la misma religión. En definitiva, también es discriminar a alguien por sus creencias religiosas. Y en esto no tiene nada que ver que Bergoglio arme una marcha y la UCLP suspenda las faltas para que los pibes vayan en micros a protestar contra el matrimonio del demonio y todas esas pelotudeces que me hacen preguntar con qué cara bardean a los peronistas quienes pagan cuotas saladitas para bancar la educación de sus pibes con papá y mamá. No se está criticando una acción, se está atacando una creencia religiosa de un hombre cuya principal obligación es, precisamente, defenderla.
Pero Tognetti la tiene grande. Es muy pistola y bardero, un auténtico groso de la televisión. Un periodista de excelencia. Un tipo con un coherencia tan grande en sus dichos y en sus acciones que, mientras acusa a quienes no apoyan la ley de medios de ser unos fachos que atentan contra la libertad de expresión, bloquea a un servidor que le pregunta si la Declaración Jurada de Cristina forma parte del Plan de Gobierno. Y ni siquiera dio la cara, en lugar de él saltó el Chavo Fucks, otro prohombre del sentido común, quien cual loca celosa, me dijo que era un tarado y me informó que el también me bloqueaba.
Los periodistas deportivos son divertidos. Hasta podríamos llegar a envidiarlos porque les pagan por hacer lo que nosotros hacemos de gusto, tomando una cerveza con nuestros amigos: hablar de deportes. Ellos viven de lo que nosotros hacemos de hobby. Pero cuando se les suelta la cadena, pueden llegar a demostrar que todavía caminan con los puños contra el piso. Como Victor Hugo, que dijo que tiene la convicción de que oponerse al Matrimonio Igualitario es intrínsicamente idéntico a justificar las aberraciones cometidas por Dictaduras Militares. Como que suena un poco a mucho.
La descalificación constante. Idéntico a lo que hace el Gobierno, donde después de preguntarle a Aníbal Fernández por el patrimonio de Cristina, no sólo no me contestó, sino que automáticamente me bloqueó el contacto con él, siguiendo en la cadena Hector Timerman, Amado Boudou y el felpudo Scioli, para luego responder que éramos todos cipayos pagos por Clarín. No vaya a ser cosa que cambien el libreto.
Pero bueno, así andamos por la vida. Con cronistas de fútbol intolerantes acusando de intolerantes a los otros. Con conductores de televisión mediocres, haciendo de paladines de la justicia con quienes no van a cambiar su forma de pensar. Con humoristas de la talla de Carlos Barragán, que no tiene ningún problema de conciencia en trabajar al mismo tiempo para la radio de Moneta y para la Televisión Pública. Todos justificando la mierda que tenemos que soportar a diario los boludos que nos dedicamos a partirnos el lomo laburando para que, si el país se termina yendo a la mierda una vez más, no nos lleve arrastrados a nosotros.
Martes. Opinar no es una dádiva de la Señora Feudal. Opinar es un derecho.