Lo que el Pueblo Quiere
Parece que además de cara de boludos, tenemos mucha pinta de ganado. Encima de esclavos de un sistema que de democrático ya no tiene ni las elecciones, también pasamos directamente a que decidan nuestras prioridades. El Político Argentino, de tanto asesorarse por publicistas en vez de auténticos consultores, han adoptado las técnicas de la venta de necesidades. Lo que antes a nosotros nos importaba menos que el resultado de Atlas – Sacachispas, de golpe se nos convierte en cuestión de estado, las juventudes se revolucionan y la Plaza de los Dos Congresos parece Bahía de los Cochinos.

Los publicistas se caracterizan por hacernos sentir una necesidad imperiosa por un producto que en realidad no nos resulta indispensable para la vida. La política ha transformado las encuestas en sondeos de mercadeo y han llegado al extremo de confundir pragmatismo gubernamental con campaña publicitaria y los debates fueron convirtiéndose en peleas de mercado. Son todas cosas que uno acepta en una campaña electoral. Ellos están pretendiendo que compremos el producto. Pero cuando son gestión, se les zafa la cadena.

Todas las propuestas que saca el kirchnerismo, las hace ahora que son minoría. Durante los 6 años que tuvieron la mayoría en el Congreso de la Nación, jamás se les ocurrió tocar ni la Ley de Medios Audiovisuales, ni la reforma a la normativa de familia, ni el aborto.

La tele ya era una mierda antes de la Ley de Medios y lo va a seguir siendo más adelante. La utopía de que la Televisión sirve de portal de conocimientos -defendidas por la inmensa mayoría de los fracasados que no logran medio punto en la pantalla chica- nunca fue ni será posible. La Tele es para el ocio. Cuando decimos que miramos un documental para aprender, no nos creemos ni nosotros la mentira. Miramos un documental porque nos da paja agarrar un libro o buscar la data en internet. Pero en la Argentina en la que el programa más visto es el desfile de trolas haciendo que bailan mientras que un viejo verde les corta la pollerita, sólo un pelotudo puede suponer que cuando el Canal Encuentro llegue a todo el país, lo van a ver más personas que los pobres programadores de los canales.

Sin embargo, se nos planteó como una ley vital. De esa ley dependía el futuro de la patria. Sin esa ley, las Provincias Unidas se iban a disolver, volverían los patacones y Moria Casán volvería a ser candidata a Diputada Nacional. La llamaron ley de democratización de los medios y la plantearon como una garantía a la libertad de expresión. No jodamos, los medios ya eran democráticos, sólo así se explica la mierda de Malparida. Actores malos, pero calienta ingles. El pueblo lo pide, la tele te lo da. Y en cuanto a la libertad de expresión, si todavía no están en cana todos los de Pasión de Sábado, con la abierta apología a la delincuencia que se realiza cada sábado a la tarde, no entiendo que más pretenden. ¿Qué aparezca Nazarena Vélez en tetas en un programa lleno de chicos como el de Tinelli?


El pueblo exige que Señor Cara de Papa empiece a pagar derechos de imagen a Aníbal Fernández

Respecto de la Ley de Matrimonio Igualitario, el trato que se le dio todavía está en las retinas de todos. Una ley que podría haberse manejado dentro de la agenda ordinaria del Congreso, se convirtió en el contraataque a los invasores ingleses. Nuevamente lo mismo, un Gobierno que se había mofado de bardear al Gobierno de la Ciudad por impulsar la Unión Civil, terminó acusando de trogloditas a bloques enteros que en su mayoría votaron a favor.

Ahora la tenemos a la Presi reglamentando una ley que considera sagrada y fundamental para la sociedad argentina y que tiene que ver con la Violencia Femenina. Durante los años que laburé en la Justicia, vi de todo, menos justicia, precisamente. Y de todas las mujeres golpeadas que vi pasar, la inmensa mayoría merecía terminar en un psiquiátrico por pelotudas. Sin ponerme en minucioso, el 95% de las denuncias las levantaban por el Rolo les había pedido perdón. No sé qué pretenderán ahora con un texto en el que se crean tres comisiones para prevenir actos de violencia física, psicológica, sexual, reproductiva, obstétrica, económica y simbólica (¿?). Por suerte, Cristina fue clarita y después de manifestar lo que le cuesta a las mujeres, que todos la atacan porque es fémina y que la ley contra la violencia hacia la mujer es sagrada y etcéteras, termina contando una anécdota de cuando vivía en Río Gallegos: me tocó vivir con una señora que fue una de nuestras primeras clientas, que vino al estudio porque había sido golpeada por su marido. Se imaginan yo cómo me puse, así que casi más que una clienta la tomé como una causa personal. Y luego ella misma me vino a decir que retirara la denuncia porque él en realidad la quería. Y entonces dije, no atiendo más ningún caso de esto porque voy a terminar matándola yo. Y sí, les juro que no es joda.


Y sigue vistiéndose con la ropa de cada lugar que visita. Repito, que no vaya a Hawaii, por el amor de Perón.

Pero son las cosas que la gente reclama. Aunque no se los escuche, el Gobierno tiene contratados a chamanes, médiums y especialistas en el arte de la telepatía. A lo largo de todo el año 2.005 y parte de 2.006 fui testigo tristemente privilegiado de la fiesta que se hicieron alrededor de Aníbal Ibarra por la tragedia de República de Cromañón. Al entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se le acusaba de todo. Estuvo a un pelo de haber embebido en kerosene la media sombra que colgaba del boliche y de prender la bengala. La Justicia lo sobreseyó, la Legislatura lo destituyó. Nunca fui simpatizante de la forma de entender la política y la gestión pública de Ibarra. Pero tenía amigos que tuvieron que, sin ser siquiera funcionarios de decimoquinta línea, sentarse en el banquillo de los acusados en la Legislatura enfrentando a legisladores que los trataban como si fueran responsables de haber bombardeado la Plaza de Mayo en actos que tendrían que haber sido tan solo testimonios.

Recuerdo al Macrismo festejar haber impuesto el Estado de Derecho que reclamaba el pueblo, pueblo que no opinaba del mismo modo en las encuestas. Recuerdo a Helio Rebot, aliado kirchnerista, soltarle la mano a Ibarra para, luego, terminar aliándose al PRO.

Sin embargo, en aquel momento, la opinión de la gente la manejaban como se les cantaba el tujes. El pueblo quería que destituyeran a Ibarra. El pueblo del Partido de La Matanza.

Con Macri ahora pasa algo similar, pero en gran parte generado por él mismo. Él dice que a la gente no le interesa la causa de las escuchas telefónicas y probablemente tenga razón. Pero ¿qué clase de defensa es esa? El pueblo tampoco le interesa la corrupción de los funcionarios, y eso está totalmente comprobado. Y aunque hicieran un referendo –que Ibarra también quiso hacerlo en su juicio- no tiene ningún valor. Los jueces, nos caigan bien, nos caigan mal o sean terribles corruptos, no se someten a la v
oluntad del pueblo. No es su función. Y si te tocó un sorete en la glorieta como Juez de Instrucción y los Tres Chiflados como tribunal de alzada, jodete, estás meado por un Godzilla con cistitis. En definitiva, tampoco le pusieron un muerto en el ropero. El que puso a Jorge Palacios al frente de la Metropolitana fue él solito.

Si la causa es totalmente armada, hay que defenderse en la Justicia, no ante la opinión pública. No se puede confundir campaña electoral con defensa judicial, eso es perder la brújula. En definitiva, ya que tanto hablamos de la opinión y deseos de la gente, hay que entender que si hay algo irrefutable en esta Patria es que jamás nos importó el prontuario de los funcionarios. Sólo así se explica un Gobierno en el que la inmensa mayoría tuvo pedido de captura, procesamientos varios y hasta prófugos de la justicia.

Si hay algo que asumí como máxima verdad en todos estos años, fue una frase que me dijeron en mi primer día de laburo. La vida es una rueda. Hoy estás debajo de tu peor enemigo, algún día lo estarás arriba. Por eso hay que tenerle respeto hasta el peor de nuestros adversarios.

Martes. Existen dos clases de políticos presidenciables. El que estuvo procesado y el que algún día lo va a estar.