Mejor No Hablar de Ciertas Cosas
La historia de este país ha tenido infinidades de contradicciones. Sin embargo, nos llevamos algunos records mundiales. Varios siglos han pasado desde que los españoles desembarcaron por estas costas. Grandes enfrentamientos entre sectores que por definición jamás tendrían que haberse enfrentado. Oposición a personas más que a sus ideas. Tal vez entendiendo algunas cosas de nuestros antepasados gobernantes, podamos aceptar otras tantas.

Pareciera que la Provincia de Buenos Aires estuviera poseída por alguna fuerza del mal, que impide que sus habitantes se comporten como seres civilizados y se guíen como pelotudos por el falso exitismo generado por arengadores que lo único que quieren es cuidar sus intereses. Para ilustrarlo, podríamos remontarnos a principios del siglo XIX, cuando el Tercer Marqués de Sobremonte quedó para la historia como un maricón incapaz de cuidar la Ciudad de Buenos Aires. Por esos años, lo que hoy es la Capi distaba mucho de ser el centro neurálgico del comercio de las Provincias de este la del Río de La Plata y era tan solo un puerto. Tenía aduana, pero si se prendía fuego la ciudad, se podía construir otra en otro lado. Costa sobraba.

Rafael de Sobremonte, Virrey del Río de la Plata durante el desembarco de la Marina Británica en la Ensenada de Barragán.
A raíz de las invasiones inglesas, Sobremonte quedó desprestigiado de por vida y hasta fue sometido a un juicio marcial a instancias del entonces Virrey Liniers. Una gran injusticia histórica -otra más, y van- ya que el Marqués era un adelantado en materia de administración pública y políticas socio-laborales. Durante su gestión al frente de la Provincia de Córdoba puso la obra pública como la cara de su gestión, abrió calles, construyó el primer hospital especializado para mujeres que existió sobre estas tierras, creó el fuero civil en la justicia, y reguló el trabajo minero, fijando una jornada de 8 horas diarias y descanso semanal obligatorio.

Cuando los británicos desembarcaron en Ensenada, Sobremonte se puso al mando de la contraofensiva. Ordenó repartir armas entre los ciudadanos de Buenos Aires y mandó a quemar lo que ahora es el puente Pueyrredón al sur de la ciudad. Como quien no quiere la cosa, los mandos militares, a quienes les gustaba más la rosca que laburar, repartieron armas averiadas y encima los ingleses cruzaron en botes el riachuelo.

Virrey Liniers. Un Francés representando al Rey de España gracias al apoyo de los comerciantes porteños.

La ley era clara, en caso de invasión, había que tomárselas de Buenos Aires y trasladar la Capital a la Ciudad de Córdoba y desde allí organizar la expulsión. Sobremonte cumplió a rajatabla y se fue con el ejército y el tesoro de la Ciudad. El Marqués se las tomó. A la altura de Luján, los oficiales le dijeron que iban a comprar cigarrillos y se las tomaron. En Baires empezaron a correr la bola de que Sobremonte no tenía huevos, mientras los comerciantes entregaban el tesoro del Virreynato a los ingleses a cambio que les devolvieran los botes que los oficiales no habían retirado del riachuelo, a pesar de la expresa órden del Virrey.

Desde Córdoba, Sobremonte organizó un ejército de 3 mil hombres con gente de Salta y Cuyo y se puso al frente del mismo. Para cuando llegó al Puerto, Liniers era aclamado por los porteños, arengados por los comerciantes que querían cualquier cosa antes que al progre de Sobremonte. El verdadero héroe de la reconquista, había sido Álzaga alentando a los civiles neutros para que lucharan junto con los soldados que venían de Montevideo, enviados allí por Sobremonte para una contraofensiva si los ingleses ingresaban a la Ciudad. Los motivos que llevaron a los comerciantes a efectuar tremendo sabotaje, podría hallarse en una sola razón. Dinero. Sobremonte había aumentado los casi inexistentes impuestos de los porteños, que ya desde entonces vivían a expensas del interior, con el objeto de construir hospitales y escuelas en pueblos que carecían de ellos.

Martín de Álzaga. Civil que no mezcló las ideas independentistas con venderse al mejor postor y se alzó en armas para defender el Puerto de Buenos Aires.
Lo que viene a continuación parece un chiste. Uno de los bisnietos de Sobremonte fue Miguel Primo de Rivera, quien ejerció la presidencia del Directorio Militar en España durante el Gobierno de Facto ibérico a fines de los años ’20. Primo de Rivera buscó la reactivación económica de España aplicando teorías hartamente conocidas por su familia. Obra pública hasta en el patio de la casa, hospitales, escuelas, rutas, infraestructura. Laboralmente instauró el sistema de paritarias y un régimen sindical verticalista con participación del Estado. El comunismo se opuso.

Miguel Primo de Rivera. Bisnieto de Rafael de Sobremonte y Dictador Español. 80 años después, sigue dando qué hablar.

El creador de este sistema había sido José Figuerola, un socialista que se desempeñaba como funcionario asesor en el Ministerio de Trabajo. El mismo cargo lo ejerció en la Argentina durante el Gobierno de Farrell, cuando el entonces Coronel Perón era el Secretario de Trabajo y Previsión. Figuerola llevó a cabo un relevamiento nunca realizado sobre el sector laboral y sus informes fueron presentados a Perón. El resto de la historia es un poco más conocida. El comunismo argentino, para no desentonar con esa cualidad casi única de hacer mierda todo lo que tocamos, se opuso al movimiento obrero que por primera vez en la historia del país era atendido en sus reclamos. No era para menos, la idea de tener a un ex funcionario de una dictadura ejerciendo en otra dictadura se sumaba a que ésta había conseguido lo que ellos nunca. La aprobación de la masa obrera.

Juan Domingo Perón, cuando todavía era Coronel del Ejército y contaba con Figuerola como Asesor.

Mañana sigo. De sólo pensar en la reacción del peronista de carta abierta, estallo de placer.

NOTA: Los datos de
Sobremonte, fueron extraídos de Historia de la República Argentina, de Vicente F. López. 15 tomos. Se dejan leer. Lo de Primo de Rivera lo pueden encontrar en muchos lados. Recomiendo Historia de España 1875-1939 de Ángel Bahamonde.

Jueves. Hay gente que en vez de arreglar un agujero en la pared, tiran abajo la casa. Acá los llamamos políticos.