Menos Mal
Ahora que el Gobierno se encargó de dejar bien en claro que Mamá Hebe no tuvo nada que ver con los millones que se quedó Sergio Schoklender, me siento mucho más tranquilo. Yo sabía que todo se había tratado de una confusión bienintencionada de Hebe, que de tanto llamar «hijo putativo» a Sergito, éste terminó tomándoselo a pecho y quedándose con los vueltos de los mandados. Estoy más calmo, porque necesitaba que alguien me garantizara que, a pesar de haber estado 16 años bajo su amparo, Bonafini no sabía nada de lo que hacía Schoklender. Me llena de regocijo saber que el gobierno tenía tan en claro cómo entregaban la guita que hoy pueden aseverar que Hebe nunca supo nada. 
Gracias a Dios, Hebe también decidió aclarar los tantos y refirió que Sergito quería convertir la Fundación en una Empresa, mentiras que ella prefería conservarla así como estaba, un sencillo emprendimiento altruista con miles de millones de pesos repartidos entre subsidios, financiaciones de obras que podría licitar el Estado, terrenos e inmuebles con incalculable valor fiscal, inversiones, una planta de empleados que da miedo, subcontratación de personal y locaciones de servicios en negro. 
Por suerte para mi consciencia, apareció el gran Abel Fatala -Subsecretario de Obras Públicas que ya demostró su gran capacidad para hacer la plancha cuando ocupó idéntico cargo en la gestión de Aníbal Ibarra al frente del Gobierno de la Ciudad- para decir que es una gran mentira que el gobierno le haya dado a las madres 300 millones de dólares para obras, sino que tan sólo fueron unos 765 milloncitos de pesitos. 
Yo sabía que Hebe no tenía nada que ver y el Gobierno, mucho menos. El culpable es Sergio Schoklender, que le puso una pistola a algún funcionario del Gobierno para que borren los 34 cheques sin fondos que tenían registrados en el Banco Central. El culpable es Schoklender, no la pobre Hebe. Schoklender, la corpo mediática y la derecha argentina, como bien dijo nuestra Santa Patrona de los Derechos Humanos. Y está bien que así sea, porque, en definitiva, uno no está con ánimos a esta altura como para sufrir la decepción de saber que Hebe pudo salirse del camino de la buenaventura ¿Cómo va a suceder eso si ella es la abanderada que eligió «Él» desde su honestidad y austera simpleza? Por eso, agradezco a la buena fortuna que Hebe se encuentre más iluminada que nunca y diga que esto es obra de los corruptos que quieren difamarla.
La lucha por los Derechos Humanos es compleja y escapa a la comprensión del común de los mortales. Eso Hebe lo tiene bien claro y, a cambio de algunos viáticos y unos pesitos para gastos, nos entrega su prédica de pacifismo antisemita, conciliación guerrillera y respeto subversivo por las instituciones de la República. 
Estas son las cosas que pasan cuando se glorifica a quien sólo es un ser humano con todas las miserias y virtudes que esto incluye. Cuanto más alto es el altar de la mentira, más dura es la caída frente a alguna que otra verdad y, a algunos, este tipo de verdades les duele lo suficiente como para confirmar que son unos arribistas que, o la historia les fue mal contada, o cuando la vivieron estaban en otra.
La castración ideológica es más dañina de lo que uno supone y el temor a quedar como unos fachos recalcitrantes al plantar bandera, afecta la sinapsis de más de uno. Los pocos que abrieron la boca, lo hicieron para atacar al Gobierno por el manejo fraudulento de fondos públicos, aunque siempre terminan afirmando que «Hebe seguro que no tuvo nada que ver». ¿A qué le tienen miedo? Si las propias madres están fracturadas desde hace año en dos por contraposiciones de intereses ¿Tanto temor hay en decir lo que se piensa? 
Lo que más me preocupa es la reacción de las juventudes partidarias, o de quienes se creen parte de ellas. Quisiera que alguno sea coherente con las cosas que les he escuchado decir respecto de la patinada de guita del Estado, de la entrega de bienes y de la asignación de recursos a dedo. Quiero que alguno de estos jóvenes que se dicen estar representados por los ideales sesentistas y setentistas, se dignen a explicarme dónde está la fundación de Hebe cada vez que se muere un chico de hambre. Deseo que alguno de estos muchachos me esgrima los argumentos por los cuales la lucha por los Derechos Humanos que encabeza Hebe sí abarca la construcción de viviendas y no asistencialismo para que los pobres no se mueran por enfermedades medievales. Tan inquisidores que son, basándose en la intelectualidad que dicen tener, quiero que informen con qué argumentos debo tolerar que una señora con graves trastornos psiquiátricos me insulte a diario por no ser de izquierda.
¿Dónde están los chicos imprudentes, desbordados de energía para enfrentar al sistema corrupto y desafiar a la autoridad? Quiero creer que el sistema no los corrompió a tan temprana edad. Hacerse el boludo es ser condescendiente y sostener una bandera que nada representa frente a la utilización de los derechos humanos para hacer negocios millonarios, es haber fracasado. Y la verdad que el fracaso, a tan temprana edad, no es grato. A modo de ejemplo, que los jóvenes que se dicen de la Juventud Peronista no sepan de qué se trata La Comunidad Organizada y que de Jauretche lean sólo lo que les conviene, puedo comprenderlo. Ahora, verlos identificarse con banderas que enarbolaron quienes se opusieron y atentaron sistemáticamente contra un Gobierno presidido por el creador de ese mismo movimiento, precursor en darle rango constitucional a los Derechos Humanos, me da a entender que al igual que entonces, son unos románticos aburridos que ven a la ideología como una moda. Gucci, Levy´s, Kevingston, Peronismo. 
Quizá sea hora de dejar de jugar a los juegos de rol y empezar a comprometerse un poquito más con la ideología que decimos representar. Nadie nos obliga a tomar partido, pero, aunque sea por una cuestión de prolijidad, un cachito de coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, no vendría nada mal.

Jueves. Por suerte, tenemos a Hebe.