Oradora de Lujo

En el Poker uno tiene que contar con una gran parte de suerte, pero también con mucha astucia para poder salir airoso. Años de experiencia hacen de un buen jugador, un tipo que conoce tanto la mentira que puede reconocer cuando lo están engrupiendo o no. La forma de encarar el Gobierno se asemeja más a una ruleta, donde la destreza propia es prácticamente nula. Es a todo o nada, pero dónde la planificación estratégica puede servir tan solo para cuidar algo de lo que se puso en juego. Par e impar; primera, segunda y tercera columna, negro y colorado, etcétera.
El kirchnerismo se ha metido a jugar en las grandes ligas de la rosca política sin contar con la experiencia necesaria para querer jugar sucio. Eso permite que pase lo que pasó. Como a todo novato, les fue bien hasta dónde la suerte los acompañó. Son tan malos minitiendo que sólo así se explica que hayan confiado en tipos que ahora los hacen sentir traicionados.

Cobos fue tratado de traidor. Causa gracia, mucha gracia toda la movida que hicieron para hacerlo sentir un veleta. Cada vez que remarcan que primero traicionó a su partido y luego a ellos, lo único que hacen es poner en evidencia lo pelotudos que son, al igual que la heroína idiota de alguna telenovela de Migré, que sufre porque el hijo de puta que ella conoció la cagó. Ahora están llenos de traidores. A dónde miran, tienen alguien a quien llamar traidor, lo que no hace otra cosa que resaltar su incapacidad para generar, al menos, una unidad administrativa.
En 2005 Alberto Fernández justificó el traspaso de Borocotó del PRO al Frente para la Victoria en el hecho de que él había prometido cuatro legisladores y los consiguió. Cinismo puro. Alberto ahora es un traidor. Cobos es un traidor. Redrado es un traidor. Felipe Solá es un traidor. Los intendentes del conurbano son todos traidores. Graciela Caamaño es una traidora. Scioli amaga a traicionar, pero enseguida le pegan tres sopapos y se reacomoda.
Entre los actores sociales también hay algunos personajes que se dan vuelta como quieren. Uno sabe que los troskos son contreras de todos, menos de quien les conserve el manejo de las fotocopiadoras universitarias. Pero saliendo del hermoso mundo del pan relleno y las consignas a favor del no intervencionismo yanqui en países que no sabemos si existen,  no son muchos los que le peguen tanto al Gobierno nacional como al de la Ciudad en función de lo que encuentren. Gustavo Vera, un gordito usurpador que tomó una pizzería en Floresta donde puso un comedor insalubre y un taller clandestino disfrazado de «cooperativa» sin un sólo papel, consiguió en 2007, antes del traspaso de mando porteño, que salga la expropiación del local que usurpó. Lindo antecedente. Mientras tanto, se la pasa denunciando talleres clandestinos ajenos y cualquier cosa que le bajen sus amigotes en la SIDE, como el listado de 600 prostíbulos clandestinos que presentó ante la Procuración General de la Nación para denunciar la complicidad policial. En realidad encontró menos de la mitad de los que se pueden calcular al buscar entre los papelitos que reparten en las paradas de bondis, pero se ve que la otra mitad es mejor no joderla.

Al que le acomodaron unos sopapos es al Pepe Albistur, que aparte de merecerlos por corrupto, también hizo mérito por boludo. Le gritaron «ladrón» mientras desayunaba, salió a hacerse el guapo. Su odontólogo le dijo que aguante a febrero y lo atiende. Mientras le acercaban una bolsa de hielo se puteaba por haber ido a veranear al nido de oligarcas de Cariló. A veces la verdad sí duele.
Pero son las cosas que pasan cuando negás lo que hiciste. Ellos están seguros de lo que hicieron, de que les tocaba hacerlo y que quedarse con la nuestra era un deber de funcionario. Están seguros de que lo hacen por la patria y niegan cualquier caso de corrupción. No es corrupción, es un derecho. Tan convencidos como quienes los siguen, que sostienen que 6,7,8 es el mejor programa de la televisión argentina -les juro que no es joda, hay un grupo en Facebook que lo sostiene- como que Néstor es un gran estratega o que Cristina es una oradora de primera.

Así como han confundido la «necesidad de restaurar la figura presidencialista» con la dictadura de los Decretos, también confunden verborragia incontenible con oratoria de excelencia, como si hablar una catarata de gansadas inconexas ante un público aún más burro que la oradora permitiera poner cualquier discurso de Cristina a la altura de «Tengo un Sueño» de Martin Luther King, cuando se encuentra más cerca del brindado por Rocky Balboa ante los rusos luego de ganarle a Ivan Drago. Y también como si hablar bien fuera una señal de que nos encontramos ante un Estadista. Grandes oradores nos han dicho que la casa estaba en orden y grandes estadistas no han tenido necesidad de decir palabra alguna para levantar la proscripción de sus opositores, a sabiendas de la paliza electoral que les esperaba y aunque en ello se les fuera también la democracia.
Pero aquí estamos, somos argentinos y tenemos un osito cariñoso depilado dándonos clases de ética y coherencia con la misma autoridad moral con la que contaba el Diego para la campaña Sol Sin Drogas del ´95. Una colegiala resentida que acusa a Pinedo de haber tenido un abuelo legislador en la década infame, mientras ese mismo día Canal 7 transmitía un reportaje al Tony Cafiero en el que cuenta que su padre y su abuelo eran Facistas militantes y ultra mussolinianos. Una tilinga con suerte que en un acto en la Biblioteca Nacional no tiene problemas en decir veo a hombres que vinieron como Jacinto Pérez Heredia, tal vez ustedes se acuerden de él, productor de esa novela maravillosa que era «El amor tiene cara de mujer», porque las mujeres somos noveleras. Y boludos que la aplauden como si hubiera citado a Bioy Casares.

Una chica avergonzada de su padre colectivero y radical que no tiene pelos en la lengua para afirmar que donde se emplaza la Biblioteca Nacional vivieron Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón. Este lugar era un lugar histórico porque era la residencia de los presidentes, por eso casi diez años vivieron Perón y Evita aquí y cuando vino el golpe en el ’55, la mansión fue destruida. Y es que, para ella, Evita no murió en el ´52.

Una reina de la comparsa venida a menos que ante una pregunta sencilla, como si la parece una muestra de civismo que tanto la oposición como el oficialismo chileno se hayan comportado amenamente con el resultado de sus elecciones presidenciales, responde «Nunca estuvimos con un gobierno militar, nunca recibimos nada de un gobierno militar, estamos seguros de nuestros hijos.» Un gran dilema para resolver, sabiendo que precisamente su marido fue Apoderado Legal en la intervención del último Gobierno Militar a la ahora Provincia de Santa Cruz.

Una reprimida emocional con aires de diva frustrada que sin ningún tapujo se siente Juana de Arco ante los ingleses diciendo que si fuera una genia haría desaparecer a algunos como hacen los genios. Ya cuando uno se imaginaba a Videla pintado de azul y a Aladino como integrante de la Junta Militar, ella se acomodó una extensión y consiguió hacer sinapsis. No, soy mortal y estoy orgullosa de ser mortal, jamás voy a poder hacer ni quiero hacer desaparecer a nadie, ya hubo demasiados desaparecedores en la Argentina. Desaparecedores de identidades, de hombres y mujeres, de niños que todavía buscamos y seguirán buscando incansablemente.

Mientras Jorge Taiana se encontraba preparando una solicitud a la Real Academia Española solicitando se incorpore la palabra «desaparecedor» al Diccionario de la RAE, fuentes oficiales desmentían que el Museo de la Lengua vaya a llevar el Nombre de la Presi. Si bien da como para hacerle un monumento por su carrera en el arte de la lengua, no quieren que se confunda el verdadero sentido de la obra. Evidentemente, el Museo apunta a otro tipo de arte oral.

Ella, sin embargo, ya se encontraba en Bariloche paseando sus conocimientos cientificos más propios de Utilísima Satelital que de Nat Geo. En la inauguración del nuevo edificio del INVAP sostuvo que no tenía la más puta idea de qué decía el libro que le acercaron hacía un par de semanas, pero que le pareció genial de todos modos. Así debe tomar las medidas de Gobierno también. Por eso, no tiene vergüenza alguna al decir gansadas. Cuando hoy recorría este lugar y estrechaba la mano de hombres y mujeres, como yo digo con cara de Petetes, porque vieron que todos los físicos y químicos tienen cara de Petetes: anteojitos, son todos así porque es además el target, porque es la esencia y uno los ve… A mí me encantan, me encantan porque hacen lo que yo no podría hacer en mi vida, que es poder descifrar todas esas cosas que ellos lo hacen tan bien. Yo hago otras cosas bien. Y gente que la aplaude. Para mí que deben pasarla bien. Si yo estuviera presente, también la aplaudiría. No todos los días uno se puede divertir tanto y tan barato.

Viernes. Hay gente a la que le falta un golpe de horno.