Pan y Circo
Hay días en los que quisiera ser un analfabeto cívico y andar por la vida con esa sonrisa impresa en la jeta que tienen aquellos que lo único que leen son los poemas escritos por ocasionales inspirados en los baños públicos, o que se sienten informados por haberse actualizado con el banner de los colectivos. Lamentablemente soy de esos boludos que se autoflagelan al extremo leyendo-viendo-oyendo cuanta noticia haya dando vueltas. Sin embargo lo de anoche fue literalmente masoquista.

Estuve entretenido viendo el debate parlamentario respecto de la Ley de Medios de Radiodifusión y a medida que iban pasando los oradores, se me iba atrofiando la capacidad motriz para poder pulsar un boton que me cambie de canal. La Televisión Pública nos dio muestras gratis de lo que el Gobierno entiende como acceso total y democrático a la información, poniendo en directo las palabras de Diputados afines, y haciendo notas cuando el que hablaba estaba en contra del proyecto y aún no se había ido a putear a Canal 26 o TN. No eran muchos, igual, fueron 6 los que no votaron a favor.

Las ONG lo pedían, las ONG la tendrán.

Lo verdaderamente horroroso de todo este asunto no fue tener que soportar que no me dejen escuchar voces disidentes, sino que las notas se las hacían siempre al Diputado Julio Piumato, que decía cosas maravillosas, como que la Ley tardó 25 años en tratarse porque precisamente los Multimedios se oponían a ello. No se si es un cínico hijo de puta, o literalmente un flor de pelotudo. Pero a grades razgos, fue un concepto que flotó cual muletilla en todos las oratorias.

Don Piumato, gran valor de la lucha Sindical y la entrega de los estandartes de décadas de lucha.

Luego de la tercera entrevista al Secretario General del Gremio de los Empleados Judiciales de la Nación, que transó la Ley de Enganche Salarial que también fue derogada por la Dictadura, pusieron al aire a un diputado que ni el locutor sabía como se llamaba. En producción tampoco tenían mucha idea porque fue una de las pocas veces en las que la bajada estaba en blanco. Pero el señor dijo cosas bastante interesantes, como que Clarín hizo negocios con el poder y cuando las vacas vinieron flacas y el Gobierno no le fue más favorable para los intereses comerciales, dejaron de apoyarlo en medio de la crisis económica. No hablaba de Néstor y Cristina, hablaba de Videla. Y los boludos de la platea aplaudían.

Mientras tanto, TN ponía al aire al titular de la bancada radical diciendo que esto era una aberración institucional, que se estaba violando el reglamento interno de la Cámara de Diputados y que con 200 modificaciones, luego del debate tiene que pasar una semana de publicidad para la votación. Un puterío de otro planeta mientras adentro de la Cámara los deliraban haciendo alardes del quorum que en diciembre se van a meter en el orto. Tanta gastada no sale barata y si tan comprometidos están con el oficialismo, tendrían que pensar en lo que les espera hasta que finalice el mandato de Cristina.

Hubo un momento casi majestuoso, sublime, orgásmico. La exposición de la Diputada pseudoradical devenida kirchnerista Silvia Vázquez que se quejó de que la oposición firmó proyectos que no leyó y ahora se enojan. Si, la misma diputada que votó, junto con el resto de los cancheritos de quinto año de secundaria, la Emergencia Agropecuaria que les metió De Narváez sin que se dieran cuenta.

Fue Diputada Nacional por la UCR, por la Alianza, por la Concertación Plural y ahora formó un monobloque. Su último proyecto presentado fue en julio del año pasado, pidiendo que se declare Bien Histórico Nacional el portón de entrada de la Quinta San Agustín. Y juro que no es joda.
Habla otro de los que no estaban de acuerdo con el tratamiento y al menos se quedó para que constara en actas sus objeciones. Pero por la TV Pública aparece otra vez Piumato hablando. A esta altura ya opinaba hasta del pronóstico en la Laguna de los Padres para ir a pescar el fin de semana.
Turno de Macalusse. Por favor, pónganse de pie. Ante la risotada cómplice de Lozano, sentado al ladito de él, citó a Thomas Jefferson y la muchachada de la tribuna lo aplaudió. Ese es el debate que teníamos. Teorías del siglo XIX para legislar la teconología del Siglo XX cuando el resto del mundo ya mira la tele por celular. Muchachos antiimperialistas aplaudiendo frases de uno de los padres de la patria de los Estados Unidos. Durante diez minutos dijo gansadas, con carita de enojado, la misma cara que tendría que haber puesto, si tuviera un poco de cojones y, por sobre todas las cosas, sentido común cuando los antidemocráticos superpoderes.

No es Kiko versión jipona, es Macaluse. Posta.

Pero cual velada de box de Las Vegas, la noche no terminaba sin el plato fuerte. El último turno fue para Agustín Rossi, el John Travolta del grupete de amigotes que les gusta pararse en la esquina para delirar a quién se le cruce. El maricón que sale a la calle con custodia como si alguien quisiera pegarle con lo divertido que es verlo cagado a huevazos, hecho tortilla humana como alumno recién recibido cada vez que va a Rosario. Su sonrisita de coté y sus miradas no se dirigían al Presidente de la Cámara de Diputados, sino que hablaba a la tribuna que aplaudían cada gansada que salía de sus labios.

Esta es la gran clase de estadistas que tenemos. Un tipo que fue Consejal en Rosario dos veces salta a la Presidencia del Bloque de Diputados del Oficialismo. Gran valor. Obviamente su discurso tenía que estar a su altura. El inicio fue simpático, diciendo que el mismo día que asumió Alfonsín ya sabían que tenían que reformar la Ley de Medios y que ahora ellos son parte de la Transición Democrática. La abulia de reconocimiento que tienen es tan grande que tienen que inventarse alguna gesta.

Rossi está llegando al climax, los muchachos de la tribuna ya tienen los maxilares contracturados. La fiesta del cinismo continúa.< /div>

Estadísticamente, utilizó sus minutos para defender unos 36 proyectos del Gobierno, entre los que no podía faltar AFJP y fútbol para todos. Recibió ovasiones, pelotudeó a todo el mundo y sacudió el dedo índice unas 353 veces con tanta furia que casi le sale volando una falange. Sus palabras me emocionaron, la tribuna de pie aplaudiéndolo. Tanto apoyo y nadie se acordó de votarlo en las últimas elecciones. El 10 de diciembre se va. Después la siguió con un clásico. Pegarle al turco al que apoyaba desde su pedorra banca de Consejal. Escuchándolo hablar dan ganas de aplicarle un correctivo. Pero cuando dijo que hay lugares del interior a donde no llegan señales de noticias, cuando Canal 7, siendo estatal y gratuito, no llega a dos provincias, me dan ganas de depilarle la barba con brea.

Para rematarla, cerró con una frase de Scalabrini Ortiz, sacándolo del cotexto histórico y circunstancial, al decir que aquello que no se legisla explícita y taxativamente a favor del débil, queda legislado implícitamente a favor del poderoso. Porque no es el poderoso quien necesita el amparo legal. Él tiene su ley en su propia fuerza. Otro que para salvar al Gobierno le tira un salvavidas de plomo.

Resultado final, 146 votos a favor, 3 en contra, 3 abstenciones. Media sanción, a Senadores. Cobos no estará, reemplaza a Cristina. Un Gobierno que se debate entre el individualismo cartesiano para la fortuna propia y la concepción totalitaria del hombre para disfrazar los negocios del Estado. La Marchita Peronista y los Diputados saltando en sus bancas como si se hubieran ganado el viaje de Feliz Domingo, para luego gritar «Alfonsín, Alfonsín» a pedido de Silvia Vazquez. La diputada demostró que más allá del curro, la une al Gobierno la misma facilidad para usar a los caudillos históricos sólo cuando conviene.

Jueves. Este ispa da para todo.