Preguntas
Ayer se trató por primera vez la despenalización del aborto. Si bien faltan muchos pasos para que salga, es más que probable que así sea, como también es probable que Cristina le de bola a sus convicciones -siempre se manifestó antiabortista- y la vete. Sin embargo, pase lo que pase, la sola idea de tirar este tema sobre la mesa, despierta todo tipo de ideas, con lo que se genera un debate muy interesante. Pero a mi no me salen argumentaciones, sólo me surgen preguntas.

A los que tienen ideas políticas fanáticas del Estado intervencionista, quisiera preguntarles por qué ahora les importa los derechos individuales de las personas. No los entiendo ¿No tengo derecho a elegir quién me va a pagar la jubilación pero sí tengo derecho a decidir si continúo con un embarazo o no?

A los que tienen ideas liberales libertarias y afines, en cambio, quiero preguntarles si realmente están dispuestos a aguantarse lo que viene con el aborto legal, porque tampoco los entiendo ¿Mis impuestos tienen que pagar la interrupción de embarazos de personas que no conozco?

A los fanáticos de la defensa de los Derechos Humanos: La Convención Interamericana de DDHH, en el Artículo 4, inciso 1 del Capítulo III, dice que toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción, refiriendo, además, que nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente. ¿La Convención tiene aplicación cuando les pinta?

Más allá de una primera conclusión que me sugiere que todos somos libertarios cuando nos conviene y hablamos de respeto por los derechos humanos cuando coinciden con nuestras ideas, no puedo dejar de pensar en el grito de guerra utilizado por los pro abortistas desde hace años: Educación Sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.
En las investigaciones encargadas por el Ministerio de Salud de la Nación en 2007, se puso en conocimiento de la sociedad que en Argentina se practican un promedio de 460 mil abortos clandestinos al año, con una tasa de mortandad de 60 cada mil. Si desmenuzamos un poco más, nos encontramos con que en Chaco, el 22% de las muertes producidas por complicaciones del aborto clandestino, se practicaron en menores de entre 10 y 19 años, lo que implica que muchos de ellos, podrían haber sido abortos legales (en Argentina es legal el aborto en caso de violación. Mantener relaciones sexuales con menores de 14 años en cualquier circunstancia, es violación). Evidentemente, la educación falla y mucho. Muchísimo, podría decir. 
Pero el axioma Educación Sexual para decidir, se me cae a pedazos cuando veo que el 62% de los habitantes de centros urbanos con mayor poder socio-económico y, por ende, mayor acceso a una mejor educación, también están a favor de la despenalización del aborto. Doy por sentado que la educación sexual para decidir, en este caso no cuenta. El fácil acceso a metodos anticonceptivos, tampoco. 
Las contradicciones son numerosas y, dependiendo de quién las afirma, suenan ridículas. Si el lema abortista tiene tres ideas concatenadas en orden de prioridades. Porái pelear directamente por la última, es reconocer que el Estado fracasó rotundamente en las otras dos. No sería mala idea, entonces, aplicar el mismo criterio para otros menesteres sociales, como Educación para no delinquir, resociabilización para reinsertar en la sociedad, pena de muerte para evitar males mayores. Es algo obvio que sabemos por dónde arrancaríamos ¿no? 
Del mismo modo, tampoco entiendo a los sectores ultraconservadores, que están en contra del aborto, pero también lo están de los métodos anticonceptivos y de la educación sexual. Señores: los únicos que no cogen son ustedes, el resto de los seres humanos lo hacemos cuando podemos y, si tenemos con quién, mejor. Estos integrantes de la sociedad, tienen sus congéneres en quienes bregan por el derecho a la vida de nonatos en vientres de mujeres que luego ignoran en la calle, en los trenes y en los bondis, cuando pasan mangueando una moneda para comprar la leche. 
Me confundieron tanto que ya no tengo una posición tomada. Argumentan tan mal sus posiciones, que no sé con cuál quedarme. Encima, todavía no decidieron si lo aprueban o no, pero ya tienen en claro que será público. Con mis impuestos les pago las pastillas anticonceptivas -gratuitas-, los preservativos -gratuitos-, la educación sexual pública -gratuita- ¿Ahora también tengo que pagarles los abortos para solucionar lo que pasó por no utilizar los otros elementos que también se bancan con la mía? Parece mentira, pero con cada medida o ley revolucionaria que se aprueba, reconocen tácitamente el fracaso rotundo del Estado.
Lo único que tengo bien en claro es que el orden de prioridades lo tienen tan, pero tan alterado, que aún no se dieron cuenta que, si en Argentina no existiera la desnutrición infantil, si la sanidad pública fuera sanidad y pública, si existiera igualdad de posibilidades de progreso en la escala social y, fundamentalmente, si hubiera un sistema de adopciones humano -y no ese engendro burocrático y enemigo de la integridad psicológica del niño- el aborto sería mucho más difícil de defender. O por ahí sí se dieron cuenta y sólo son fanáticos de la posición que defienden, vaya uno a saber. 
Vivimos en un país donde la muerte asistida es un tema tabú del que no se habla. Personas que tienen derecho a tener una muerte digna, que no quieren seguir con sus vidas en esas condiciones, familiares de personas que no tendrían forma de llevar adelante una vida sin asistencia mecánica y otros casos, deberán esperar otro turno, que el debate por el derecho sobre la vida propia y de terceros, hoy pasa por otro lado.
Quizás sea yo quien no entiende cómo viene la mano. Capaz que legalizando el aborto en provincias como Chaco, logran reducir el 29% de desnutrición infantil. En una de esas, si nuestros legisladores deciden que el aborto siga en la ilegalidad, seguro que se ponen las pilas y arreglan los cuadros de miseria, pobreza, falta de educación y salud -tache lo que no corresponda- aunque pecaría de iluso por pensar en ello. No estoy en contra del aborto, no estoy a favor del aborto, no lo sé, ya no lo sé. Convengamos que tener a Cynthia Hotton y Vicky Donda como representantes de las posiciones contrapuestas, tampoco ayuda mucho. Lo único que tengo en claro son todas las preguntas que me surgieron.
Miércoles. Si los antiabortistas utilizaran la décima parte de la energía que gastan en circo y lo dedicaran a mejorar las vidas de los niños que han nacido en pobreza, violencia, y desatención, podrían hacer un mundo maravilloso, dijo un abogado norteamericano que está, curiosamente, a favor del aborto.