Respetuosamente
Puede que la conmoción haya sido muy fuerte. Puede que los canales de televisión finalmente encontraron de qué hablar ante la carencia de voluntad al brindar noticias que valgan la pena. Pueden ser muchas cosas. La única conclusión sincera a la que llegué es que somos un país necrofílico. Tenemos una pasión absolutamente morbosa y erotómana con quienes se van. Desde el chico muerto en un ajuste de cuentas que deja de ser un chorro fumapaco para ser un pibe de oro al que todos querían, hasta la idolatría post mortem de quienes hace una década atrás puteábamos en 35 idiomas y 63 dialectos.
Falleció Raúl Alfonsín, Presidente de los Argentinos desde el 1983 hasta 1989, cuando lo llamó al Presidente electo Carlos Saúl Menem para pedirle de adelantar el traspaso de mando en un país incendiado, con saqueos, represión estatal y en medio de una debacle económica de puta madre. Hay cosas que no se entienden y a esta altura ya ni intento hacer el esfuerzo de comprenderlas. Todos se quieren prender del cadaver y quedar como los que respetaron al paladín de muchas cosas que en el ejercicio del poder no se le pudo comprobar.

Los medios dieron asco. Telefé y Perfil lo tratarón de Padre de la Democracia, como si el Proceso de Reorganización Nacional hubiera nacido después de la batalla de Caseros, como si la Guerra de Malvinas no hubiera existido, como si hubiera arengado a la gente a plantarse ante la represión militar y como, por sobre todas las cosas, todos los activistas demócratas de esos años lo hubieran tenido de profesor particular.

El Gobierno Nacional, fiel a su estilo de querer quedar bien con Dios y el Diablo y de paso cagarse en el protocolo, ordenó Duelo Nacional pero con todo el mundo trabajando. No está mal que se haga laburar a la gente igual, ya que fue el mejor modo de homenajear a quien comandó los destinos de este país cuando había que dejar cualquier gusto personal para romperse el orto con el sólo objeto de llegar a fin de mes. Pero Duelo Nacional implica precisamente eso, recogimiento. Una bandera a media hasta en Mesa de Entradas del Gobierno de la Ciudad con el gordo morfándose un sanguche de mila, es una falta de respeto.

Pero yendo directamente al terreno de la reacción de algunas personas, nos encontramos con dos factores. La falta de memoria y la increíble capacidad con la que contamos para idolatrar a quien teníamos en la hoguera.

El Plan Austral nos dejó a todos con el culo mirando al norte. En menos de 3 años teníamos billetes de 5 mil australes que alcanzaban sólo para un Suchard de Mousse. Las monedas terminaron siendo de plástico por valores de 1000 australes. Los estatales cobraban por planilla suplementaria todos los viernes una migaja que tenían que ir corriendo a cambiar por dólares y así y todo no alcanzaba para llegar al viernes siguiente. El Juicio a las Juntas se desvirtuó transformándose en un show mediático en el que teníamos que tolerar a pelotudos de la talla de Arslanián o escuchar a Ernesto Sábato hablarnos de derechos humanos, cuando almorzaba con Videla unos años antes. La Ley de Obediencia Debida y Punto Final es a la defensa de los DDHH lo que un bife con fritas a caballo es a la lucha contra el colesterol.

Y todavía tengo que escuchar a gente que se queda sin argumentos diciendo que Alfonsín será lo que será, pero en Buenos Aires siempre vivió en el mismo departamento. Como si no ser corrupto fuera sinónimo de capacidad. Obvio que es un buen comienzo, pero no me rompan las pelotas. Conozco sobrada cantidad de gente tan incapaz de quedarse con un caramelo que no le corresponde, como de hacerse cargo de una Presidencia. Corrupción no es solamente llevarse la guita que no corresponde. Corrupción es utilizar los recursos del Estado para fines partidarios, para operaciones de prensa, para perseguir opositores. Lamento comunicarles que no es propiedad privada del peronismo, mal que le pese a muchos.

Todavía me suenan los estallidos de La Tablada en la cabeza y mi imagen desesperada pidiéndole a gritos a un ser absolutamente querido que no vaya, que no haga caso a la orden. El hijo de puta de Nosiglia se encontraba en su casa, que seguramente estaba en orden.

Su salida del Gobierno medio año antes de terminar, no fue lo que más nos jodió. En todo caso hizo la gran Duhalde, entregar le mando antes que el barco se hunda del todo. Pero el Pacto de Olivos nos devolvió al mejor Alfonsín, negociando con Menem la política argentina como si fuera un álbum de figuritas. Mientras tanto su imagen pública no se movía del subsuelo. Hasta que tuvo aquel accidente de tránsito en el que no perdió la vida por muy poco. Fiel a nuestro estilo, se realizaron cadenas de oraciones, vigilias pidiendo por su pronta mejoría. Y como si estar cerca de la muerte fuera una cualidad y no un hecho, lo devolvimos a la vida política. La Alianza de la UCR con el FREPASO nos la debemos a nosotros mismos.

El desfile de políticos del día de ayer fue digno de una película de Almodóvar. Todas putas viejas tratando de rascar un poco de imagen positiva del fondo del tarro. Verlo a un Rodríguez Larreta intentando articular palabra -parece que la carencia de oratoria es un requisito excluyente en el PRO- para referirse a una persona importantísima para la democracia de todos es un poco fuerte. Más teniendo en cuenta el pedigree de los Rodríguez Larreta. Agustín Rossi, Pampuro, Néstor Kirchner, Alberto Fernández, Leopoldo Moreau, Fernando De La Rúa. No se sabía si era un velorio o un Cementerio Político Animado.

Pero lo que más me sorprende de todo este asunto es la obsesión onanista de una inmensa cantidad de cholulos que desfilaron para darle un beso a un cadaver y hasta sacarle fotos. ¿Cómo se puede ser tan pajero? ¿Acaso no iban a brindar sus respetos a un Jefe de Estado? ¿Dónde está el respeto, entonces?

Paradojas de la Argentina. Un tipo que reprimió a las manifestaciones obreras y que le dijo a un tipo que lo increpó por la situación económica «a vos no te va tan mal, gordito» descansará en el Panteón en homenaje a los Caídos en la Revolución de 1890.

Era un ser humano, con todos sus defectos. Su fallecimiento, no lo santifica. Tan solo es una parte más de la vida. A su familia, mis respetos. A su alma, espero que encuentre la Paz.

Jueves. Me volvió el interné, vieja!