Síndrome de la Victoria Eterna
Existe una negación absoluta por parte del oficialismo a reconocer una derrota, aunque tengan al vencedor salpicándoles champán en la cara. La Corte Internacional de Justicia emitió un fallo que hace que uno se pregunte para qué existen. Uno lee dos o tres veces lo resuelto por los magistrados y se da cuenta que el programa Quórum tenía más autoridad. El tema es así: para la corte, la República Oriental del Uruguay violó el tratado que tenía con Argentina, pero no habrá sanciones y la pastera Botnia podrá seguir funcionando porque no fue acabadamente probada su factor contaminante sobre el río. O sea, el mismo panorama que había antes del planteo.

Pero en el mundo del kirchnerismo todo es distinto. Así como para Néstor, el 28 de junio de 2009, ganaron a nivel nacional, convirtiéndose en el primer caso de un vencedor nervioso, violento y con lesiones perianale; para Cristina, la Corte de La Haya le dio la razón a la Argentina. Para otro momento quedará todo lo demás. Que si la Argentina tiene 25 pasteras que contaminan a lo pavote, que si Entre Ríos pedía demasiada cometa y en Uruguay un poco menos, que nos quejamos de la contaminación de una pastera del lado uruguayo pero el Río de la Plata lo tenemos hecho un chiquero y también es compartido, que los vecinos de Gualeguaychú no tienen la culpa de los problemas políticos. Ya nadie se acuerda de todo eso, como nadie recuerda que cuando se inició el piquete del puente a Fray Bentos, Néstor Kirchner en persona se hizo presente en la Asamblea. Eran tiempos en que De Angeli no era tan rebelde.

No se bien qué pretendía el Gobierno Nacional, aunque a la vista de la reacción victoriosa de nuestra rivotrilizada mandataria, pareciera que la idea era estirar la cuestión en el tiempo, no reprimir ni jugársela por nada. Aunque el laburo de Cancillería dejara a Taiana peor parado que Belen Francese en un concurso literario, Cristina lo toma como un logro de la gestión.

Es la victoria constante y absoluta. La imposición de una verdad que los que vivimos en la Argentina paralela no queremos ver. Este Gobierno patriota venció a la desocupación, aunque los índices no coincidan con los de la pobreza. Este Gobierno heróico no permite que haya inflación, aunque un litro de leche esté a tres mangos. El mejor cuadro político desde la fundación de Santa María del Buen Ayre ha hecho crecer a Argentina como nunca en su historia, a pesar de que la gente tenga el peor poder adquisitivo de las últimas décadas. Esta gestión de Revolucionario Patricios de la Segunda Independncia de Latinoamérica, revolucionó las comunicaciones, aunque la brecha digital sea cada vez más grande. Esta Logia de Estadistas nos volvió a colocar en el mundo, aunque fuera a fuerza de pagar deuda ilegítima. Estos supremos maestros de la administración han desarrollado la economía del país a tasas chinas en medio de una burbuja que se derrumbaba, a pesar de que en los principales foros internacionales no quieran escucharlos. Estos prohombres de la Justicia Social han democratizado los medios, aunque nosotros, cuervos carroñeros, nos preguntemos dónde estaban los hijos de noble en diciembre de 2007.

Mientras tanto, nosotros, el común de los mortales mediocres que habitamos este país y que integramos ese 80% que no los podemos ni ver, nos comportamos como auténticos desagradecidos viendo siempre el vaso medio vacío.

Tenemos que aprender de nuestros errores y corregir nuestro camino. Como Germán Paolosky que de columnista de fútbol pasó a conducir un noticiero y anoche daba cátedra de Derechos Humanos porque un policía abatió a un delincuente sin que este disparara primero, a pesar de que con el auto ya se había llevado puesto a otro efectivo. No tenemos que hacer como el pecho frío de Tenembaum que se dio vuelta recién el año pasado. Tenemos que aprender de gente como Luciano Galende, que de dedicarse a enumerar los casos de corrupción del Gobierno en la primera mañana de la Rock And Pop, pasó a ser un feroz oficialista disfrazado de periodista independiente al frente de 6,7,8.

Pero también hay que coincidir en que fueron mejorando en la selección de funcionarios. Si Felisa Micelli hubiera tenido la misma cintura que Amado Boudou, hoy algún perejil estaría preso por ponerle una bolsa de dinero en el baño de su despacho contra su voluntad. Si Aníbal Fernández no hubiera cruzado estoicamente a la activista subversiva Nicole Neumann, probablemente hoy habría en marcha un Golpe de Estado revolucionario.

Así andamos. Con la verdad verdadera por bandera en contra de la mentira mentirosa impulsada por los agoreros de siempre, que quiere que los demás se caguen de hambre tanto como ellos. Con los bastiones de la prebenda y el clientelismo para combatir a los conservadores que pretenden que, en este país, alguien consiga las cosas laburando. Envidiosos.

Miércoles. Seguimos ganando.