Tiempos Berretas
Por repetida, una historia se vuelve aburrida. Una jura de autoridades que sólo renuevan sus bancas sin cambiar muchas caras, aburre. Ayer juraron los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires, los Comuneros -también de la Ciudad- y los diputados nacionales. La fiesta de la democracia resultó entretenida, como una festichola de egresados. Muchachos que ayer no laburaron, cantaban desde los balcones, mientras los que legislarán los próximos años desfilaban. Mamertos de Etiqueta Negra se comprometían por la causa popular. Boludas de tiempo completo que en la década del noventa soñaban con que el marido les pagara un programita de manualidades en un canal de cable y que hoy sienten que participaron en la resistencia francesa al jurar «por las convicciones de Néstor Kirchner»
Un párrafo aparte merecería la fórmula utilizada por Gladys Soto. Para quien no la recuerde -o no quiera recordar- es la diputada a la que le encontraron sesenta y dos gramos de cocaína en el auto -con ella arriba-, y que tiene un hijo que le trae más de un dolor de cabeza por sus travesuras: atropellar a policías, amenazar con armas de fuego a la gente por la calle, unos robos a mano armada, algún que otro hurto y una pequeña acusación por intento de homicidio. La grosa diputada electa, se mandó un monólogo digno de Fidel y juró por el agradecimiento a la confianza que, como madre y amiga, le depositó Cristina. Mientras el servicio médico intentaba frenar el accidente cerebro-vascular en el que cayó el muchacho de ceremonial, el acto se convertía en una competencia por la fórmula más original y chistosa para jurar. 
Dios pasó de moda. Ahora, si no se jura por las convicciones de Néstor, o algo por el estilo -depende de la afiliación de la cuenta bancaria- no se está en la pomada. Así, notamos sin preocupación alguna que cada legislador juraba hacia su propio interés. Por los muertos de las instituciones, por la militancia, por el partido, por la mamá que hace las mejores milanesas del condado, por la novia que no escupe, etcétera. Esto tiene su costado positivo y efectivo en la honestidad intelectual. La hipocresía quedará para el resto de los discursos, pero por ahora, juramentan que van a hacer lo que se les cante hacer por el bien propio, y no por representación del pueblo, como manda la constitución. Seamos sinceros, eso es al pedo y ya ni se ve en el colegio. 
Fue lindo ver a los integrantes de la burocracia sindical callar a los monitos que levantaban sus fervorosas voces para idolatrar a Cristina. Casi tan lindo como cuando los muchachos respondieron con «Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación». De un lado, los negros sindicalistas, representantes -para bien o para mal, pero representates al fin- del movimiento obrero organizado. Del otro, la patria contratada. 
Al igual que en aquellos años de idilio, muchos confunden los intereses. Entonces, la muchachada que clamaba «con las urnas al gobierno, con las armas al poder», pedían la liberación de una argentina en la que había pleno empleo, la pobreza era una excepción y, con crisis o sin crisis, la inmensa mayoría se iba de vacaciones, compraba un autito, se daba varios lujos y, encima, ahorraba. Hoy simplificaron las cosas. Con las urnas al gobierno, con los contratos al poder, y que la lucha sea para librar a esta patria de todo aquel que no sea cristinista, aunque esto incluya esos cerdos burócratas fascistas que se creen que por pertenecer a algún gremio pueden venir a cantarle las cuarenta a la maravillosa juventud que tiene por referentes a adolescentes tardíos. 
En aquel entonces, obligaron al lider del Justicialismo a tomar partido por un bando o por el otro. El viejo se tomó su tiempo -tres segundos- y les recordó a los pibes que, mientras ellos aprendían a andar en bicicleta sin rueditas, los sindicalistas estaban poniendo la cara, el culo y la vida para lograr el fin de la proscripción al partido, comiéndose cana -en el mejor de los casos-, o siendo torturados, fusilados o acribillados en algún que otro atentado.   
Cristina, pragmática como pocas, no se tomó la molestia de esperar a que alguien le de a elegir y nos privó del show de variedades. Hizo todo al revés de lo que cualquiera que entienda al peronismo como «el partido de los trabajadores», habría hecho. A los sindicalistas -que le dominaron la calle y le manejaron los reclamos sectoriales- y a los piqueteros -que le controlaron el conurbano y recuperaron la «plaza del pueblo» aquella noche de agrogarcas enojados- los marginó de los armados de listas, los ninguneó en los actos partidarios, los escondió durante la campaña, los borró del messenger, no les contesta los mensajes de texto y ni siquiera les responde los toques de Facebook. 
Cada gobierno tiene el peronismo que se merece. Tenemos un gobierno berreta, que nos trata de pobres sin poder de libertad cuando queremos comprar dólares, o de millonarios con decisión patriótica, cuando de quitar subsidios se trata. Una gestión que oculta las muertes por desnutrición, que desmiente la pobreza de quienes viven en las galerías lindantes a la Casa Rosada, que decide por nosotros qué podemos comprar y qué no, que nos acusa de oligarcas que boicoteamos al país, y que refiere que una familia puede vivir con cinco pesos diarios. De una administración así, no podemos esperar otra cosa que una cofradía de adolescentes tardíos con complejos de inferioridad -en eso también son fieles a la gran referente-  que repiten lo que dice Verbitsky para putearnos por repetir lo que dice Magnetto, que exigen pleitesía al gobierno por repartir la que nos recauda y que nos insultan por ser contreras, sin darse cuenta que de la nuestra salen los pesitos que cobran del uno al cinco de cada mes. Boludos que confunden Estado con Gobierno y que creen que a un país lo construyen los militantes y no los laburantes que se parten el lomo doble turno para que la AFIP les saqué la mitad de lo producido. Son los mismos que se dicen herederos de la militancia juvenil de los setenta. Probablemente, sentirían que tirar consignas en Twitter, está a la altura de la Toma de La Calera, pero no saben de qué se trata. 
Evolucionan rápidamente y acomodan su discurso con la misma velocidad con la que Conti liquida un Criadores. Así, pasaron de mataputos a luchar por la igualdad, de repudiar represiones, a desalojar por sus propios medios a los que les molestan. Toda queja o protesta, es un palo desestabilizador de algún interés mezquino, en la rueda de la patria del living la vida loca. Para ellos, la profundización del modelo consiste en llegar a diciembre de 2015. El futuro es este mandato, lo que venga, ya vendrá.
Del otro lado, los que pusieron la fuerza de choque para reprimir sin usar a la Federal, y los que contuvieron los reclamos laborales en tiempos en que la juventud de Néstor la componían Máximo y Florencia, hoy no valen ni su peso en grasa. Así, con la alegría que da la fuerza de la juventud de tipos que podrían jubilarse en 15 años, celebran el toque setentista que faltaba: un Abal Medina de Jefe de Gabinete. 
[N. del A.: Juan Manuel, por transmisión genética, conserva la lealtad de su padre homónimo. De peronismo tardío, Abal Medina padre fue tan leal a Perón que, cuando
la maravillosa juventud preguntó «qué pasa General que está lleno de gorilas el gobierno popular», él ya tenía promesa de muerte de los montos. Que el Junior sea impresentable, probablemente sea consecuencia de su fidelidad a un gobierno pedorro.]
Quienes hace no más de tres años juraban que never in the puta life votarían a esos fachos peronistas y hoy se sienten representados por el modelo Nac&Pop, hoy enfrentan a los peronistas en todos los ámbitos, pretendiendo controlar hasta la compra de resmas de papel. En la provincia de Buenos Aires, van por todo, ante la pasividad de Scioli, y consiguieron que el burro e inútil todo servicio de José Ottavis sea vicepresidente de los diputados bonaerenses. 
Y así están las cosas. Los que se alinearon atrás del modelo desde la primera hora, hoy son ninguneados. Que se jodan por pretender fidelidad recíproca de un gobierno compuesto por traidores partidarios y sectoriales que levanta la bandera de quien le mordió la mano al que le garantizó el aparato para que jugara a ser presidentes. El mismo que negó al que le dio de comer durante una década entera a fuerza de regalías.
Por lo pronto, estamos ante un espectáculo que resultaría entretenido si no fuera porque, en la joda, nos llevan puestos a nosotros también. 
Miércoles. A laburar que esta joda la pagamos nosotros.