Timerman vs. Timerman

Hubo una vez un empresario de medios de comunicación que de la nada pasó a controlar diarios que levantaban y volteaban gobiernos, de acuerdo a los intereses que le conviniera. El emblema de esa tanda de periódicos y revistas fue clausurado por el mismo Gobierno que el empresario de medios ayudó a llegar al poder con sus notas tendenciosas.

Leyendo el informe sobre Papel Prensa publicado en Revista 23 de esta semana, uno puede encontrar lo que es hacer una nota gastada sobre un tema gastado y hacer encima un ejercicio harto gastado: contar la mitad de las cosas. Uno no pretende hacer un ejercicio de memoria ni mucho menos sobre cuestiones tan complejas, pero al menos, permítanme exigir que no me falten el respeto.

Que el periodista escriba lo que se le cante el ojete, es una cuestión de él. Pero que Héctor Timerman, el diplomático de carrera vertiginosa, venga a decir que Fontevecchia es un tipo que estaba a favor de la Dictadura cuando tendría que haberla denunciado, como hicieron él y su padre, y que una de esas pruebas es que la Revista La Semana –génesis de Noticias de la Semana- publicó el libro de Ramón Camps, suena a chiste. No porque no sea cierto, sino porque Editorial Perfil también fue la editora y distribuidora de Las Palabras son Acciones, del periodista Jacobo Timerman.

Fontevecchia no denunció a la Dictadura, por más que escriba columnas defendiéndose y amparándose en su condición de detenido político, exiliado y etcéteras varios. No lo hizo como tampoco lo hicieron muchos otros que hoy también se rasgan los pocos harapos que les quedan hablando de miserias humanas y delitos cometidos por aquellos a quienes les resultaba mejor tener de amigos por aquellos años.

Y por más que quieran dibujar lo que no es, Timerman no era el paladín de la democracia. No lo era, como tampoco lo eran muchos de los periodistas que hoy vienen a hablar muy sueltos de cuerpos de libertad de expresión, Ley de Medios y otros etcéteras. Que la figura de Jacobo Timerman se convierta en emblema de la libertad de expresión, los Derechos Humanos y la defensa de la Democracia, es de esos tantos hechos de la actualidad que hace que uno quiera bajar la persiana de la memoria. Las revistas Primera Plana y Claves fueron las que más hicieron para dejar parado a Arturo Illia como un pelotudo, y de las que pusieron de moda la tortuga para caricaturizar al Presidente que levantó la proscripción al Peronismo. Las revistas que fueron fundadas por Jacobo Timerman eran las que defendían a los militares como tipos capaces de manejar la política de la Nación y se masturbaban con la figura de Onganía. Vueltas de la vida: El mismo Onganía clausuró la revista Primera Plana. Más tarde, apareció el diario La Opinión, dirigido por Timerman y editado por Graiver. Un diario destinado a un público joven y en el que escribían Paco Urondo, Miguel Bonasso, Juan Gelman y Horacio Verbitsky.

Y es tan cierto como los años que estuvo detenido, como las picanas que recibió y como la locura mental de Ramón Camps. Tan cierto como la imposibilidad de los milicos de poder comprobar un puto delito de alguien a quien tienen guardado por dos años. Tan cierto como que hasta los defensores de Timerman suponían que su detención era una pelea entre líneas internas de la Junta Militar. Tan cierto como que Timerman lo confirmó al no acusar al Gobierno Militar de su detención, sino tan sólo a la línea dura. Tan cierto como que Videla amenazó con renunciar a la Junta si no liberaban a Jacobo.

Mi problema no es con Jacobo, para nada. El que niega la historia es el hijo que va a 6,7,8 a contar su verdad de Papel Prensa –dejando la sensación de que si a Papaleo le salía bien, hoy Mitre sería Canciller y acusaría a Papaleo de tranzar con los milicos- cuenta los horrores de las vejaciones a los Derechos Humanos y escribe en Twitter boludeces de la talla de “así como en el ´78 vine a denunciar la Dictadura, hoy vengo a denunciar el colonialismo”. En el Siglo XX la inmensa mayoría de los periodistas han sido golpistas de algún sesgo. Don Jacobo no escapa a la regla. Pero evidentemente, a algunos les duele que Jacobo Timerman haya cometido el mismo pecado que Mariano Grondona. A otros les duele después, porque, si la memoria no me falla, Timerman junior laburó en Perfil hasta no hace mucho.

Pero ese dolor se podría haber evitado, si cada uno de los que dicen que la Democracia nos fue robada vilmente por un grupo de trasnochados y que todos se opusieron rotundamente a cada acción de un Estado tirano que no dejaba respirar a nadie, dejaran de decir pelotudeces y reconocieran que fue todo una gran joda en la que todos somos responsables, por acción u omisión hacia cada uno de los factores que llevaron a «los años de plomo» como les gusta definir a un Gobierno apoyado por el Partido Comunista, parte del Radicalismo y parte del Justicialismo.

Qué se le va a hacer. Vivimos en el país en el que el dueño de un prostíbulo acusa a otro de prostituirse.

Miércoles. ¿Y dónde está la Patria para que se los demande?