De qué hablamos

de qué hablamos

Las zonas de confort están para mostrar lo mejor de nosotros. Me corrijo: las zonas de confort están para mostrar lo que nosotros creemos que es lo mejor que tenemos para dar. Allí nos movemos como peces en el agua y nos dejamos ser sin temer a nada porque, bueno, por algo es nuestra zona de confort. No hace falta aclarar que es un concepto figurativo, que no es un lugar físico, sino una circunstancia que nos da seguridad y satisfacción o, cuanto menos, no representa una amenaza.

El miedo, en cambio, tiene la peor de las famas. Un tanto injusto, desde mi punto de vista, con todo lo que el miedo ha hecho por nosotros. En parte, culpo a los que interpretaron los textos antiguos y colocaron al miedo en el mundo de las emociones y por fuera de la razón. Casi todas las palabras que componen nuestro mundo de procesos mentales derivan de vocablos griegos y nunca nadie frenó a hacer la siguiente pregunta: si a la fobia (de phobos) se la define como un miedo irracional, ¿hay miedos racionales?

La respuesta es un inmenso sí y sacamos al miedo del mundo de las emociones para meterlo en el de la razón. Un miedo razonable es el componente básico, el starter pack de la prudencia. El que nunca siente miedo es un imprudente. Y ya sabemos el daño que provocan los imprudentes.

Es para mí el tema que me rodea hace años y que, no sé por qué, esta semana se me hizo más presente que en otras. ¿Qué tanto miedo tengo de hablar de la actualidad? ¿Por qué tendría miedo? ¿A quién debería temer?

Si la imprudencia es hacer de más y perder el deber de cuidado, es que el miedo quedó anulado. Es difícil determinar cuándo una conducta es imprudente o temeraria porque no sabemos qué tanto está presente el miedo. Un temerario puede llegar a ser aún más peligroso, porque el miedo es su combustible y mete todo dentro del campo de los motivos para actuar.

El Presidente tiene fans alrededor del mundo. Entonces, cuando al Presidente le organizan una charla, sabe de antemano que se encontrará ante un auditorio convocado para escucharlo y aplaudirlo. La aprobación da seguridad. La adulación da coraje. Cuando Cristina decía alguna barbaridad en alguno de los quinientos discursos que nos regalaba por semana, desde acá decía que se comporta como si en el mundo no se hubiera inventado la Internet y como si las noticias no volaran de manera instantánea. A Cristina no le importaba, en parte por desconocimiento y, en gran parte, porque todo le importaba entre poco y nada.

Milei sí es consciente del poder de la tecnología en la comunicación, mucho más consciente que del peso de las palabras, aunque las usa como trompadas verbales. Su zona de confort llega al clímax cuando puede estar con calambres en los pómulos al lado de Donald Trump, o cantar imitando a Elvis y pretender que Viktor Orbán le salga de cómplice de la joda, el presidente menos liberal de toda Europa y un manual del paso a paso para perpetuarse en el poder. Todavía no pudo soportar que le dijeran “fenómeno barrial” y recurre sarcásticamente a esa definición para burlarse desde la seguridad que le da estar rodeado de líderes internacionales.

No hay miedo en sus acusaciones a los empresarios más poderosos argentinos. Desde un punto de vista racional, la ausencia de miedo le permite omitir al empresario de amianto, Eduardo Eurnekián, un hombre que sale siempre indemne de todo proceso judicial –su mayor contratiempo fue estar siete meses prófugo de la Justicia en 2003– y cuya unidad de negocios consiste en facturarle al Estado. La prudencia en la selección del enemigo se fue al tacho le ponemos contexto: un evento para atraer inversores a la Argentina en los mismos días en los que se publica que el empresario agredido por el Presidente es el más rico del país y muy poco tiempo después de que diera a conocer cuánta guita puso su empresa en el país desde que asumió Milei la Presidencia.

Para ser un hombre que reivindica su surgimiento desde el movimiento popular de las redes sociales, su noción sobre la difusión de la información deja bastante que desear. Eso o no le importa y, probablemente, sea la segunda opción. Me causan gracia los analistas que sostienen que el evento en el que Milei agredió a dos empresarios “no era el lugar” para hacerlo. Tristán de Acuña es considerado el sitio habitado más remoto del mundo. Es un archipiélago en el Atlántico Sur con no más de 250 personas. Su distancia más cercana de cualquier continente son 2.800 kilómetros de la costa de África. Incluso ahí se pudo saber lo que dijo Milei en el preciso instante en que lo hizo. ¿Cuál sería, entonces, el concepto de “no era el lugar” para decir cosas cuando ya no existen secretos en reuniones multilaterales?

Esa carencia del mandatario para medir la intensidad de sus dichos es vista por mucha gente como un acto de honestidad y que cualquier otro tipo de actitud tendría un nivel de hipocresía hoy intolerable. Gracias a Dios, al Presidente no le interesa el mundo diplomático; sino, ya habríamos sido invadidos por Guinea-Bissau. Y si el Jefe de Gabinete cree que descubrió qué pasa cuando uno tiene que cumplir obligaciones, sostiene que eso es “deslomarse de trabajo en Nueva York” y se lleva a la esposa para que lo vea ganarse la vida, nos enteramos todos, incluso a 8.496 kilómetros de distancia. Más allá de que podríamos armar un simposio para exponer distintas teorías de qué comprenderá por “deslomarse trabajando” y, en base a eso, dilucidar la comprensión de quiénes deben aplicar la reforma laboral, ¿cuál sería la novedad? ¿Cuánto puedo aportar que no se sepa?

El otro día, uno de los medios más leídos del mundo en español presentó como “músculo político” que Adorni ahora pase a controlar las partidas de dinero para las provincias. Siempre fue función del Jefe de Gabinete; no entiendo qué ganó. En el artículo 100 de la Constitución Nacional figura que el Jefe de Gabinete ejerce la administración general del país y que esto incluye los nombramientos de personal, la coordinación del gabinete, el nexo con el Congreso y la ejecución presupuestaria. Está ahí, amigos. ¿Cuál sería la noticia? ¿Nadie leyó la Constitución? ¿O antes no lo hacía Francos y ahora sí Adorni? Porque si ése es el caso, ahí sí hay una noticia: que el gobierno incumplió lo dispuesto por la Constitución. Pero si no fue así, ¿qué le dieron a Adorni? ¿Es eso lo que lo desloma de trabajo? ¿Es cansador meter a laburar en el Estado al hermano, a la amiga de la esposa, a su tía y andá a saber a quién más?

No tengo nada para comentar al respecto. No más que eso del párrafo de arriba, si me viera obligado. No hay nada para explicar, nada que capte atención, nada que mueva el amperímetro porque en la Argentina, tanto hoy como siempre, la Constitución Nacional es un listado de sugerencias. A tal punto es no vinculante que es noticia que un funcionario hará lo que la Constitución manda y ninguno de los universitarios que redactaron las notas alusivas frenó a pensar en la estupidez que publicaron.

Hubo un tiempo en el que usaba un cronómetro para contar cuánto tardaba el editorialista sintonizado en tirar algún comentario tribunero. Ya no lo hago. Desde que el comentario tribunero está en el título, medio que perdió sentido. Todo ha pegado una vuelta tan grande que, si encuentran a alguien enojado por alguna actitud del gobierno, habla del gobierno anterior.

No hay mucho para aportar desde la información, porque no es a lo que me dedico en este espacio. Esto es una zona de comentario, de ideas prestadas y de masticar la información entre todos. ¿Cada tanto busco la info por mi propia cuenta? Sí, claro, no deja de ser mi laburo. Pero como tengo la costumbre de sentarme a escribir tres mil palabras por semana y a veces la realidad no da material ni para medio párrafo, uno mete mano en otros recursos, como para darle una vuelta de tuerca a la conversación y no volver sobre lo mismo una y otra y otra y otra vez. Y más de una vez me encuentro paralizado.

No sé si lo mío es miedo. Mi mayor temor laboral es quedarme sin ideas para un nuevo texto. Es la anulación casi total de las ganas de aportar algo. La brutalidad se ha hecho carne en los espacios más leídos; lo básico y estridente es la norma en la tele, y los vaivenes entre voces de beboteo y enojos impostados son la ley vigente en las radios. Y en cualquier caso se hace ya un castigo el modismo de repetir cada frase que quieren remarcar para que te dé mucha bronca. Se entiende, ¿no? El modismo de repetir cada frase que quieren remarcar para que te dé mucha bronca.

Calificativos propios de usuarios de redes sociales que silenciaríamos se han hecho carne en editoriales y comentarios. Mientras se intenta analizar gestos, internas y formas, poco más del 61% de los argentinos encuestados siente que la economía del país está peor que el año pasado. Es una percepción; puede que esté igual. El tema es que cuando el año pasado el poder adquisitivo bajó, que hoy esté igual quiere decir que no se recuperó o que continuó su senda hacia abajo. Cuando el punto de origen es un empeoramiento, igual es peor. Y en ese lugar, el de la economía personal, el 65% de los encuestados dice que está peor que el año pasado. No me encuestaron, pero estoy en ese grupo.

Laboralmente hice los deberes y me dieron un boleo en el orto. Comportarme como un kamikaze no funcionó. Ser polite tampoco. Hace una década me jactaba de poder escribir un texto en media hora. Hoy quisiera jactarme de todo el esfuerzo que vuelco en cada edición, del estudio, de la meditación de abordajes distintos, de invitar a pensar para ver si yo también puedo encontrarle la vuelta a algo, de dudar de todo lo establecido y hasta de lo que creo. Lo único que quedó claro es que no debo cuidarme de no obtener el empleo que, de todos modos, no me darán.

El presidente le dice a un grupo de universitarios en Nueva York que “vamos a ganar la guerra” y yo ni enterado estaba de que Argentina se encuentra inmersa en un conflicto armado. Pregunté a dos fuentes militares para saber si estaban en Irán o al menos en alguna base de la OTAN. Resulta que la única movilización que realizan es el peregrinaje para conseguir atención médica tras el destrozo que hizo el ministro saliente con la Obra Social del personal de Defensa. ¿Suma a la conversación hablar del tema? Si ya nos olvidamos y ahora estamos de nuevo con los quinientos llamados que tuvo con el lobista del caso Libra, ese experimento del que dijo no tener nada que esconder.

El Presidente comparte una publicación sobre la meritocracia. El tuit tiene por protagonista a su hermana. Sí, su hermana. Tener que repasar los antecedentes laborales de una mujer con media carilla de currículum es un recurso gastado. Ya se sabe. Lo sabemos y no importa. Nos reíamos de cuando nos presentaban a Fabiola como una “facilitadora” de obras pedorras y ahora no hay un comentario sobre la obsesión de presentar a la hermana del Presidente como una mente política superior nunca antes vista. Tener que recordar que el primer decreto del Presidente fue para derogar la norma antinepotismo impuesta por Macri es al pedo. A nadie le importó en 2023, mucho menos ahora. ¿Cómo voy a tener ganas de escribir sobre eso? ¿Tengo que repasar que todos los que construyeron el fenómeno Milei salieron eyectados porque “mi hermana me lo pidió”, con la única excepción de Santiago Caputo, que aún no entiendo por qué no los manda a freír churros o, algo peor, a terapia?

Hablar de festilindos presidenciales para saciar el ego en un estadio o en un teatro de temporada veraniega y luego fingir normalidad es demasiado arduo. Hay una línea demasiado delgada que separa a la excentricidad de otros aspectos de la personalidad, pero a nadie le interesa hablar del tema ni de lejos.

El que lo ve de afuera sin conocer a las partes podría suponer que no se habla de ningún asunto porque institucionalmente funciona todo. Bueno, hace unas semanas hice la cuenta de cuántos cargos están vacantes en el Poder Judicial y en el Ministerio Público Fiscal. También conté que había más de doscientos pliegos en Presidencia con los candidatos para ocupar buena parte de la vacancia. Comenzó el período ordinario de sesiones en el Congreso y no se envían los pliegos. ¿Motivo? La hermana del presidente desconfía de la preselección hecha por la gestión anterior del ministerio de Justicia porque estaba bajo el mando de un hombre de confianza de Caputo. Y todo así. No sabe cómo funciona el Poder Judicial, no sabe cómo funciona el Congreso, dudo mucho que haya leído la Constitución, pero es el filtro entre el Presidente y el mundo, Secretaria de Presidencia y Primera Dama protocolar. Y si esto pasa con uno de los tres poderes del Estado, mejor ni preguntar qué onda en las demás áreas.

El último texto, el que salió el sábado pasado, hizo un análisis de por qué es inoportuno, siempre y en todo contexto, apelar a la superioridad moral, mucho menos cuando la ética nos lleva puestos a todos en quince segundos. Tres días después, trascendió que el Jefe de Gabinete de la Nación llevó a su esposa a Nueva York como parte de la comitiva oficial. En su descargo, dijo que fue una semana a deslomarse trabajando en Nueva York y que quería compañía. Luego saltó que también usó un vuelo para irse de carnaval a Punta del Este en familia. Todo junto: feriados de carnaval, aviones privados, utilización de recursos del Estado para fines personales y comitivas son parte del discurso que utilizó el ahora Jefe de Gabinete para hacerse un lugar en la conversación pública por años. ¿Es inmoral? No me importa. ¿Es falto de ética? Se responde solo. Por eso es que prefiero buscar otras aristas para escribir, porque las acciones son acciones; la justificación de las mismas es más interesante, y los argumentos para refutarlas o darles la razón lo son aún más.

Es interesante, a veces, buscar qué opinan el resto de nuestros compatriotas o, por qué no, el mundo. Hay consultoras que se dedican a ese trabajo. El último informe global de Ipsos es una invitación al diván al referirse a la Argentina: nuestra principal preocupación es el desempleo, y el top five está completado por inseguridad, pobreza, educación e inflación. Con todo eso, resulta que el 55% de los mismos encuestados considera que el país va en el rumbo correcto. Curiosidades del mundo: en todos los países desarrollados, el primer mundo, la panacea desde nuestro punto de vista, todos ellos tienen un nivel de disconformidad con el rumbo de sus gobiernos que supera el 60, 70 u 80%.

Por eso es que prefiero buscar otras aristas para escribir, porque las acciones son acciones; la justificación de las mismas es más interesante, y los argumentos para refutarlas o darles la razón lo son aún más.

Para la desgracia de nuestra conversación pública, resulta que la inmigración es un problema solo para el 5% de nuestros compatriotas. ¿A quién le hablan las discusiones de las redes y las tendencias? A menos personas, aún, les interesa el auge del extremismo. El dato que me resultó más simpático fue qué puesto ocupamos a nivel global en preocupación por la corrupción: número 14 de abajo hacia arriba. O sea, somos el país número 14 al que más le soba un gobelino la corrupción. Todo un tema, si tenemos en cuenta que no hacemos más que empeorar año tras año en el ranking de Transparencia Internacional.

Entonces, con todo esto servido en la mesa ¿de qué se supone que deba hablar? ¿De que encabezamos el ranking de países con mayor cantidad de personas estresadas? Sí, estamos en el primer lugar. Por eso me dedico a buscar explicaciones por otros lados, lo que también contribuye a que me aísle más y más en lo laboral. Antes, al menos, podía decir que leía todo, veía todos los canales de noticias y pimponeaba por las radios Hoy quedé en la lectura selectiva y, así y todo, es un dolor de cabeza. Yo no aguanto eso, no me banco publinotas ni caras de ojete e indignaciones impostadas de personas que se despegan a tiempo en el país de los desmemoriados.

Para ponerme de culo me basto solo. No necesito que otros me empujen, que me cago la cabeza por mi cuenta. Por eso quedaron los mejor preparados mentalmente de los nuestros, los que no necesitan esforzarse para verla, los que analizan los apodos y groserías presidenciales como si se tratara de una retórica encriptada, los que no tienen miedo a qué harán de su vida cuando cambie el viento. Intérpretes del oráculo bien pagados que opinan sobre todas las reformas que no les afectan y no hacen una repregunta ni aunque estén jugando al Carrera de Mente.

Y eso funciona. Por más increíble que pueda resultarle, querido lector, no me enoja en lo absoluto porque funciona y hay decenas de miles de personas que se sienten a gusto con este tipo de consumo. Y si funciona, es que no hay mucho para aportar que no sea agarrar a un tipo enojado y decirle todas las cosas por las que tiene que estar enojado. Desde esa óptica, y como ya aclaré que no tengo mucho para aportar, es que levanto la cabeza y veo cómo funciona el mundo. Antiguamente esto era un parámetro para amargarse o para buscar ejemplos. Hoy ver cómo funciona el mundo nos lleva a replegarnos, hacernos un bollito y agradecer a la Dorsal Mesoatlántica que desde hace 140 millones de años empuja nuestro continente hacia este lugar al que ningún país con misiles intercontinentales llega.

Prefiero hablar desde otro punto de vista porque espero que algún texto genere más comodidad en vez de aturdir, y porque aprender cosas nuevas no ocupa espacio. De alguna forma, la humanidad ha pasado por momentos tan terribles que la peor de nuestras décadas es una fiestita de cumpleaños en comparación con el peor año de la historia que no atravesamos. Y esas personas que vivieron y dejaron testimonio nos muestran millones de aristas. Algunos las utilizan para decir la mayor de las estupideces: que la historia se repite. No hay forma de que nada se repita; como mucho, puede haber parecidos de acuerdo a quién lo cuente. Lo que sí me interesa de leer tanto escrito desde tantas perspectivas es que el mundo sobrevive a cualquier cosa y que nosotros somos la prueba.

Se ahorra el editorial de su programa favorito y ahora tiene media hora para dedicarle a otra cosa.

Nicolás Lucca

P.D.: De nada.

Este texto fue escrito sin la utilización de herramientas de IA. Compartilo, que los algoritmos me esquivan. Este sitio se sostiene sin anunciantes ni pautas. El texto fue por mi parte. Pero, si tenés ganas, podés colaborar:

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4 respuestas

  1. Hola 2.
    A veces pregunté de más y otras contesté de menos.
    Pensando por ejemplo en Fox (Miguel Andrés). SÍ. Michael Fox. El de BACK TO THE FUTURE. Tanto ir y volver y divertirnos con sus aventuras y tan ocupado estaba que no lo vio venir y se le instaló el inglés James Parkinson, que a su vez murió de un ACV a los 69. Bueno. Michael se salteó al alemán Alois Alzheimer. Sí el del mal de su nombre que en 1915 se enfermó durante un viaje en tren. Dicen que casi seguro le afectó una infección de estreptococo que le provocó fiebre e insuficiencia renal muriendo a los 51 años de un ataque al corazón. Mirá a los 51 éste y a los 69 el anterior. Y MFox ya anda por 64 vivito y coleando o contando los días. Como María Antonieta que nunca creyó que perdería la cabeza como a más de uno después de ella y hasta nuestros tiempos le cabría. En fin, el confort y su zona son hasta cuando ellos quieren o hasta cuando creemos que nos hacen creer que manejamos. A más de uno le cabe : ponete en los zapatos de ese ñato que ves en calle y no sabe qué hacer.
    Y hay muchos más ejemplos en nuestra historia reciente: mirá que a M.Moreno se le iba a ocurrir morir a los pocos años que tenía (dicen que envenenado) arriba de un barco. Yo de él, ni subía.
    Gracias NicoLucca por dejarme participar en esta zona cómodamente confortable.
    Espero el próximo sábado a sabiendas que nos vas a sacudir el bocho.

  2. Nico: muchas gracias por escribir. Y el miedo no es zonzo.
    Asusta pensar que puedan existir fanáticos que busquen imponer una nueva religión, sean adoradores de una faraona exitosa o de Calígula y Agripina…
    Entiendo a la religión como una herramienta política para construir una especial zona de confort. Los milagros y acciones épicas son, al final, una justificación de autoridad basada en el poder atribuido a fuerzas celestiales. Un día un tipo empezó a hablar pavadas, vio un arbusto prenderse fuego, habló con su perro y empezó a predicar que tenía una misión divina. Y así se acaban la libertad, la tolerancia y el respeto.
    Cualquier sociedad desarrollada se fundamenta en el respeto y tolerancia de nuestras diferencias. No debemos tolerar a las intolerancias vengan de dónde vengan.
    Saludos!!!

  3. Me pasó varias veces ya que en el medio de comunicacion mas leido en español, hay al menos un párrafo en cada noticia que contiene la misma frase dicha de 3 maneras distintas. O el editor y el periodista no saben escribir, o estan haciendo las notas con una IA en base a fuentes como AP y demás.

    Te extraña de un funcionario politico sionista hable de israhell como si fuera un funcionario de ese pais y no del propio? No estas al tanto de los senadores de EEUU diciendo «mi trabajo es defender a israhell»? «voy a defender a israhell hasta el dia de mi muerte»?

    Por suerte no va a haber castigo por bombardear un colegio y matar a 200 niños. Que seria del mundo sin los valores liberales cimentados sobre cuerpos infantiles mutilados?

  4. Buen día Lucca
    El título ME da pie a confusión. Y cierro, por ahora : habemos humanos a quienes el confort propio está en las antípodas del ajeno y viceversa obviamente. El confort universal es in-TODO.
    Hasta luego.
    Pd: fiel a mi estilo, empecé a leer tu Relato de hoy y después continuaré.

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