Inicio » Relato del presente » Este texto no habla de eso
Todo comenzó el lunes. Me encontraba de paseo por la red social Instagram cuando vi un posteo de un amigo de larga data que, solo con letras, puso “se van a poner insoportables”. No aclaró de qué se trataba, así que me fui a dar vuelta los portales de noticias. No sé por qué supuse que todo se centraba en la noticia surgida en el Reino Unido por unas declaraciones fofas del presidente norteamericano. Un rumor de hace unos meses, recogido por un medio británico, repercutió en que un reportero le preguntase al presidente norteamericano si podría cambiar su postura respecto a la cuestión soberana que enfrenta a la Argentina con el Reino Unido, y su categórica respuesta fue un “puede ser”.
Es poco amable que nuestro presidente haya prometido una cadena nacional el martes para publicarla el jueves por la noche. Eso no se hace en un país en el que el 16,9% de la población sufrirá a lo largo de su vida por Trastorno de Ansiedad Generalizado. El miércoles tuvo dos oportunidades de hablar sobre el tema. La primera prefirió dejarla pasar porque no daba ir a hablar ante la Unión Industrial Argentina. La segunda, ante el público más cómodo que podría tocarle, la desaprovechó al exponer en clave electoral cuando falta más de un año. Al escuchar de refilón, se me colaron las palabras “suicidio” y “sociedad” en boca del presidente y me alegré de que haya conectado con las noticias de los últimos meses. La alegría me duró lo que tardé en volver a escucharlo y darme cuenta de que decía que no votarlo a él es suicidarnos como sociedad.
Pero no habló de eso tan importante que debía esperar a una cadena nacional. En cambio, sí pudo mechar nuevamente temas de su futuro libro con sus descubrimientos sobre el vínculo entre la moral y el capitalismo, sin que nadie le dijera que Mises y Hayek ya lo habían hecho un siglo antes. Y eso que esta vez los asistentes sí sabían quiénes son Mises y Hayek.
Ahora que volví a curtir mucho el palo del periodismo vinculado a la salud mental, recordé un viejo mantra en torno al tabú propio de la generación de nuestros abuelos y sus padres: no hablar de cosas horribles para evitar que sucedan. El famoso mito del fruto prohibido ha fomentado más conductas que cualquier lista de pecados, y lo sabe cualquiera que haya fumado o bebido a temprana edad o intentase aprovisionarse de contenido para adultos en el kiosco de diarios antes de que el gallego lo raje a escobazos. Umberto Eco satirizó este concepto y esbozó que “para que no se hable de conductas aberrantes, hay que hablar muchísimo de otras cosas”. En limpio: hacer ruido.
Es difícil cuantificar todo lo que se puede escapar de la narrativa oficial por querer utilizar una bandera que no tiene oposición. Donaldo tira un “maybe” y acá se anuncia una cadena nacional con 72 horas de antelación. Unas horas antes, el líder norteamericano amplió su “maybe” y explicó que se sintió muy dolido por la falta de cooperación del Reino Unido en su incursión militar contra Irán por el estrecho de Ormuz. Técnicamente, y si la memoria no me falla, Trump ordenó una incursión contra las instalaciones nucleares del régimen teocrático iraní y ni siquiera pasó por el Congreso, y tampoco hubo una hostilidad contra el territorio de ningún miembro de la OTAN. Los analistas habían dicho que su palito al Reino Unido era por la falta de inversión en defensa, pero ahora se convirtió en una cuestión sentimental. Ah, lo último que dijo es que recuerda la guerra porque la vivió de cerca, que los británicos la recuperaron con firmeza y que desde entonces ha pasado mucho tiempo.
Trump es la máquina de presionar hasta lo imposible para llegar a lo que desea. Con las cartas sobre la mesa, y si sacamos los nombres de por medio, el principal aliado militar de Estados Unidos es el Reino Unido, y las sucesivas gestiones británicas de las últimas décadas han dejado a su Royal Navy en un estado muy alejado del ideal. Para mí, que opino desde un sucucho de Barracas colgado del WiFi de una empresa, es presión hacia la OTAN y a nosotros nos usó de escort para decir “mirá lo que puedo hacer”. Obviamente, no vamos a privarnos de la ilusión.
Como nadie miraba otra cosa que no tuviera que ver con Washington, en el Senado se trabó el tratamiento del super mega archi RIGI que pretendía el gobierno. Pero hubo acuerdo para que los queridos senadores se aumenten la dieta hasta los 13 millones de pesos. Siempre se dice que nada une más a los argentinos que la causa Malvinas, pero creo que hay que ser justos. Es emotiva la hermandad de los legisladores. Deberían haberlos visto cuando también se pusieron todos de acuerdo, todos, absolutamente todos los presentes en votar a favor de que Pablo Yadarola deje ese triste Juzgado Federal en lo Penal Económico y se convierta en Camarista Federal. ¿Cómo no querer imitarlos y unirnos entre todos los argentinos?
Yadarola, visiblemente movilizado por un acto de humanidad solo comparable con USA for Africa, decidió celebrar su ascenso con el archivo de la causa por las valijas del empresario Scaturice, que alguien decidió que no debían ser revisadas. Y todavía hay gente que se ofende cuando podríamos celebrar el punto de encuentro, el milagro de una coincidencia transversal a todos los partidos políticos, la ansiada llegada de, al menos, una política de Estado coincidente con todos los partidos políticos.
La primera vez que quise ir desde Porteñolandia hacia Mar del Plata con un auto no resultó tal como lo había planeado. Vi el proceso mil veces con mi padre al volante, pero esta vez manejaba yo y llevaba a mi madre y su amiga. No sé qué cazzo me pasó, pero al llegar al cruce de la 9 de Julio con Avenida San Juan, me equivoqué de rampa. Así, en lugar de enfilar hacia el empalme con la autopista rumbo a La Plata, una hora y media después apenas había llegado a Banfield por Hipólito Yrigoyen. Se imaginarán lo que demoré en salir a la rotonda de Gutiérrez. Lo mismo me pasa cuando hablo sin que me pregunten o sin tener un mínimo esquema de a dónde quiero llegar.
Un discurso leído es un GPS, un Waze que impide que termines en el Jardín Botánico de Johannesburgo cuando querías llegar al Obelisco. Lo hemos visto más de una vez hacerlo y puede que nos hayamos acostumbrado, pero cada tanto nos sacude con alguna novedad. En el mentado discurso ante la fundación de sus amigos, dijo que “este modelo generó 500 mil puestos de trabajo en el sector privado, les guste o no les guste, y además a eso le tienen que sumar que echamos a más de 70 mil empleados públicos, entonces cuando se ponen a fijarse bien, el sector privado generó en lo que va de este gobierno, 600 mil puestos de trabajo”. Los medios afines lo aplaudieron. Los grandes medios, esos a los que el presidente fustiga a diario, no dijeron ni mu. No sé si es que no lo entendieron, si es que creen que tiene razón, si ni siquiera le prestaron atención o si el ruido los tapó.
A la mañana siguiente, habló en Chile. Javier es así: cena en Olivos, desayuna en Chile, almuerza en la Casa Rosada. A lo de nuestros vecinos concurrió para exponer en la conferencia del Foro de Madrid y, de paso, reunirse con el presidente trasandino. En su soliloquio, sostuvo que “tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue, sin lugar a dudas, la envidia en términos económicos de toda la región”. Malvinas, reivindicación de Pinochet: ¿qué nos falta para que el revival sea completo? La visita del Papa. Lagrimeo de solo pensarlo.
No quiero ni imaginar qué hará Jorge Macri para captar la atención en medio de todo esto. Imagino a su grupo de asesores con todas las computadoras abiertas en mil páginas para tirar una medida que pueda ganarle al discurso de Milei, pero en el tono de Milei, como todo lo que ha anunciado desde hace seis meses. Ojalá alguien le sugiera anexar Villa Soldati y Lugano para que formen parte de la Ciudad de Buenos Aires.
“Yo siempre he sido de la opinión de que, si me enterara por casualidad de que mañana los periódicos van a hablar de una fechoría mía que me acarrearía un perjuicio gravísimo, lo primero que haría sería ir a poner una bomba junto a la comisaría”, sostuvo Umberto Eco al explicar su teoría del ruido, y agregó: “Al día siguiente, las primeras páginas de los periódicos estarían ocupadas por ese acontecimiento, mi escandalillo personal acabaría en las páginas internas de sucesos, y quién sabe cuántas bombas verdaderas han sido colocadas precisamente para hacer desaparecer de la primera página otras noticias”.
El ejemplo del noticiero es clave. Amo los noticieros. Mi mejor compañía en una mañana productiva es un canal de noticias en mute y la radio encendida. Sorprende la doble velocidad: mientras en la radio van a las chapas, en la tele pueden dedicarle horas a eventos que antes quedaban en reserva por si sobraba tiempo. ¿Son graves? Depende. ¿Dan rating? Seguro. ¿No hablaron de otras cosas? Siempre hay otras cosas para decir o para callar.
Estas son las cosas de las que Milei no se queja. En cambio, cuando reclama que se hable de un tema puntual porque lo considera positivo, es más que probable que genere el efecto inverso. Primero, porque es su función mostrar todo lo bueno que hace. Segundo, porque es función del periodista contar el resto. Que no estemos acostumbrados no quiere decir que no deba ocurrir.
La cadena fue formal. No habría llamado la atención si no fuera porque todo lo que propuso hacer podía hacerlo antes de que Trump dijera “maybe”. O sea, las sanciones podían salir el lunes o en junio; la semana pasada anunciaron el cierre de la base de Punta Indio, compramos aviones sin radares por pedido del Reino Unido y no chistamos. Un piloto de caza cobra 840 dólares, la obra social de las fuerzas está quebrada y había una base en obra que quedó a la deriva del “no hay plata”. De paso: ¿ni una palabra sobre todas las pesqueras españolas que operan con nombre británico y representan el 40% del PBI isleño?
El asunto es que el Gobierno no puede culpar a nadie de todo lo que podría haber sido de interés noticioso si no hubieran levantado el tema Malvinas 72 horas antes. Ok, el supuesto boom de consumo es difícil de celebrar cuando Caputo tiene que hacer el mayor ajuste de gastos desde 2024 por la caída en la recaudación, pero eso no nos pinche el globo. El presidente de la FED dijo que la Argentina es un ejemplo, el riesgo país volvió a la franja de los 400 puntos y a Luis Caputo le fue de puta madre en su peregrinación al G-20. Mirá todo lo que tenías para instalar.
Por estos días caí en Eco porque recordé que el concepto de ruido mediático lo había atrapado tanto que lo usó tanto para un ensayo como para un artículo y terminó publicado como parte de la última novela que publicó antes de morir: Número Cero. Allí desarrolla aún más la idea de “censura por ruido” al demostrar que no son solo los periodistas los que pueden torcer la agenda, sino que la saturación de información inconducente puede hacer colapsar nuestra capacidad de atención hasta llegar al punto de que no prestamos atención a nada. Ruido.
Lo más increíble, quizás, es que Eco ambientó su novela en 1992, en un mundo tan analógico que hoy habría que explicar mil cosas antes de leerlo. Asombrosamente, su concepto no quedó en el tiempo y se potenció primero con la llegada de las redes sociales —que Eco llegó a conocer— y la automatización de los algoritmos. Y algo me dice que si le pudiéramos contar a Don Umberto que hoy contamos con herramientas de inteligencia artificial capaces de generar contenidos de forma automática y saturar las autopistas de información hasta llegar al punto de tener que chequear cada cosa que nos cuentan, probablemente preferiría que se tratase de una novela. Una insoportable.
Este texto fue escrito a pulmón. Compartilo, que los algoritmos me esquivan. El sitio se sostiene sin anunciantes ni pautas. El texto fue por mi parte. Pero, si tenés ganas, podés colaborar:
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2 respuestas
Excelente texto, la realidad contada tan bellamente que me hace sentirla menos horrorosa. Gracias
Nicolás querido … Nico precioso … ves ? ves ? vos ILUMINAS ! cómo muchos o varios personajes en la obra de don Umberto vos nos hablas de una coyuntura que muchos no venos suceder porque estamos distraídos viendo otra urdiembre de la trama política … Nicolás : vos nos cambias de canal !! vos pones Telenoche mientras nosotros miramos El Chavo !! cómo sea : es un encanto… es un placer que vos nos des tu baldazo de ‘Sucesos Argentinos» … vos sos ese jinete que nos muestra otra visión de lo mismo … reflexivo … agudo … inteligente … y con un humor que hace reir acerca del dolor nacion. Te mando un abrazo y un beso y una suculenta taza de café. De «roto a roto». César