Qué ves

Qué ves – Imagen del cuadro "Narciso" del pintor Caravaggio.

El 48,9% de la población juvenil de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad. Es un tanto zonzo decir “situación de”, ya que una situación implica la posibilidad de un eventual cambio. No es el caso. La vulnerabilidad es que no hayan hecho nada que supere la educación primaria o que vivan en lugares con alguna carencia estructural. Entonces, digamos que la mitad de los jóvenes entre 18 y 29 años es vulnerable.

Ahora que todos estamos fascinados con mostrarle al mundo que no somos racistas, agradezco al universo que, para los países que nos critican, los índices de pobreza y marginalidad estén vinculados a cuestiones de etnias. Acá no discriminamos para ser pobres: cualquiera puede serlo. En cualquier caso, la discriminación puede darse de manera orgánica y no aplicada por nosotros. Convengamos que cada historia de superación emotiva de una persona de bajos recursos es una historia de superación emotiva porque es una excepción a la regla.

Hace poco, en un rapto de turismo aventura, me encontraba parado en un pasillo de Puerta de Hierro, quizá la villa más peligrosa del conurbano bonaerense, todo un hito si tenemos en cuenta que son más de 1.500 los asentamientos irregulares. Hay miles de cosas para contar sobre esa soleada tarde, la dinámica de la vida en un universo tan alejado del nuestro y tan cerca que pareciera una ruptura de la malla entre dos universos. Bueno, es una ruptura: la del tejido social.

Pero tomemos este punto: una niña de once años me pregunta de dónde soy. Le cuento que vivo cerca del centro de la capital y me dice que no conoce. Luego me preguntó si siempre había vivido ahí y le conté que no, que había tenido mil mudanzas, pero que me había criado hasta bastante grande en Lugano. Me pregunta dónde queda, lo cual ya me generó cierto desconcierto: el mismo Belgrano Sur, que tiene una estación a tres cuadras, atraviesa Lugano de punta a punta. Le digo que es el barrio que está del otro lado de la General Paz, pero resulta que no sabe qué es la General Paz. Vive a casi cuatro kilómetros en línea recta hacia la frontera de la ciudad de Buenos Aires, pero por razones de la no planificación urbana, su viaje le llevaría una hora en un buen día. Solo hasta Lugano. No conoce el Obelisco, nunca vio otra cosa que esa realidad en la que vive. Todo lo que aparece en los videos que pueda consumir por redes sociales es tan extraño para ella como lo soy yo.

Decíamos que casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años es vulnerable. De ellos, tres de cada diez se encuentran desempleados y dos de cada diez ni siquiera estudian. Entre los que trabajan, solo el 10% lo hace en blanco. El 75% de los que laburan dicen que el salario les impide llegar a fin de mes. No entiendo para qué les preguntaron. Por otro lado, creo que todos podemos dar por sentado que los requisitos para llegar a fin de mes en alguien vulnerable son mucho menores que los de una persona de clase media y ni así llegan.

Hablar del discurso del presidente en Brasil tiene un peso ínfimo. Sé que casi todo el arco diplomático puso el grito en el cielo, pero, en primer lugar, Lula tampoco es un tipo que le guste quedarse con la boca callada a la hora de opinar sobre las políticas internas de otros países. Por otro lado, no hay mucho análisis de un discurso en el que el orador habla de “Riesgo Lula” cuando Brasil se mueve en 177 puntos.

La idea que rondó de que todo se trató de un plan del gobierno argentino para quedar bien con el presidente de los Estados Unidos en caso de necesitar dólares el año que viene me resulta maravillosa, pero porque amo las teorías conspirativas. En realidad, Milei hizo lo que habría hecho en cualquier otra circunstancia y a esta altura no debería sorprender. Otra cosa es que resulte cansadora esa sobreactuación, impostación de voz y agitación física que hizo de él una persona que, además de opinar sobre economía, pudiera tener un sketch en el Canal de la Ciudad que luego se tradujo en un espectáculo teatral producido por Nito Artaza. ¿Qué más se puede decir al respecto si las relaciones comerciales entre Brasil y la Argentina no se verán afectadas? Sí, el primer diplomático de cualquier país es su jefe de Estado, pero a medida que avanza el siglo XXI, esa idea queda cada vez más atrás en los libros de historia mundial.

El 83,5% de los trabajadores sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria. Obviamente, todo empeora si se raspa ese número para ver qué hay adentro: el 61,1% se saltea comidas y el 78,5% opta por alimentos que no alimentan pero calman el hambre. El 56% se saltea comidas y, cuando come, consume alimentos poco nutritivos.

Más interesante me resultó el discurso del Presidente al recibir un doctorado honoris causa en la Universidad San Martín de Porres en Lima, Perú, país al que llegó para presenciar la investidura presidencial de Keiko Fujimori. Y por “interesante” me refiero a que no entiendo cómo es que no logra renovar el discurso. Les Luthiers tuvieron 170 composiciones y ni así se permitieron tanto reciclaje. Y eso de que “el público se renueva” es mentira desde que existen las grabaciones.

En la era de Internet, cuesta creer que alguien invite a un presidente solo para vivir la experiencia de escuchar sus grandes éxitos en vivo, pero pareciera que en el starter pack presidencial argentino viene la repetición de conceptos ad eternum. El riesgo de la repetición es no prestar atención a que el material quede desactualizado, lo cual es un serio problema porque puede bajarle el precio al material nuevo en caso de que lo haya. Por ejemplo, comenzar un speech con “la moral como política de Estado” en febrero no tiene el mismo peso que hacerlo en julio con todo lo que pasó en el medio. Así, toda la exposición de teoría económica puede pasar a un segundo plano por desatención. Por suerte para los que no entendemos de economía. Pero meter de nuevo conceptos y figuras bíblicas y mencionar a la “filosofía griega” en general sin aclarar cuál ni de quién, lleva a una encerrona en la que ya no recordamos qué se dijo como novedad porque, como gran parte ya lo habíamos escuchado, nuestro cerebro llena el espacio sin necesidad de escuchar el resto.

Puede que sea una táctica que a veces funciona si uno elige pasar último a rendir un oral para agarrar a los docentes con el tujes chato. En este caso, el presidente volvió a mencionar su proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y nadie reparó en un principio legal cuando dijo que, de aprobarse la nueva ley, “cualquier legislador que apruebe un presupuesto con déficit va preso”. Ya lo había dicho también. Y lo repitió el jueves por Cadena Nacional. Existen dos formas de derogar una ley: una es de manera expresa y otra es con una ley nueva que modifica la anterior, aunque no la mencione. Todo lo que se hace puede deshacerse, pero lo presenta igual como un descubrimiento. El discurso fue en la facultad de Derecho, cuyo decano juró como ministro de Justicia de la flamante Fujimori en la misma jornada en la que el rector de la universidad juró como ministro de Educación. Todos aplaudieron.

El 65% de los trabajadores asalariados cobra en mano menos de 1.2 millones de pesos. La línea de la pobreza en junio fue de 1.5 millones de pesos para una familia de dos adultos y dos menores. En la ciudad de Buenos Aires, desde donde escribo, la línea se trazó en 1.577. Una familia de clase media de la misma ciudad necesitó 2.5 millones para seguir en ese estrato social. El alquiler de un departamento de tres ambientes promedia el millón de pesos.

No digo que los índices de inflación estén manipulados de forma dolosa, solo que hay dos fenómenos que ocurren en simultáneo. En primer lugar, cuesta dejarse llevar por los índices oficiales cuando desde 2019 se patea la implementación de un índice actualizado y aún se miden los aumentos en discos compactos vírgenes, cintas de video y repuestos para el fax. Pero vamos a darle la derecha al ministro de Economía, que volvió a patearlo en enero de 2026, vaya a saber uno para cuándo, y que, si se midiera con los parámetros de 2018 y no de 2005, la diferencia sería mínima: ¿por qué no hacerlo? Independientemente de todo eso, queda el detalle de que uno ya no sabe qué hacer, si celebrar un índice bajo de inflación porque no le aumentará tanto el alquiler o putear porque no le van a aumentar el salario.

Lo cierto es que podríamos hablar de achatamiento. Menor capacidad de consumo implica una clase media totalmente deprimida en sus gastos. Y si quiero ser honesto, le presto atención a este punto porque me veo implicado. Si cobrase siete millones de pesos al mes, puede ser que mis problemas sean otros, como buscar un motivo para no inmolarme luego de caer en el régimen de autónomos.

Desde esta lógica, tiene sentido la sobreactuación como forma de comunicación constante en una dinámica distinta a la que se puede ver en otros países. El presidente de los Estados Unidos ha cambiado radicalmente su narrativa respecto a numerosas cuestiones, y dichos cambios han ocurrido en momentos cruciales. En su primera presidencia, dijo que el mundo cripto no le gustaba porque atacaba a la moneda norteamericana. En su carrera para la segunda presidencia, cambió un poco de parecer: junto a sus hijos, es el dueño de una empresa cripto y cada vez que recibe una compra millonaria, justo da la casualidad de que el comprador se ve beneficiado con un indulto o un acuerdo internacional. Hoy, su fortuna en el sector cripto es superior a todas las empresas familiares que ha tenido a lo largo de su vida.

Pero narrativamente, Trump necesita juntar votantes de forma permanente. En frente tiene un partido con propuestas cada vez más opuestas, pero en un régimen sin posibilidades para terceros partidos. En la Argentina, Milei cuenta con la inconmensurable ventaja de no tener un solo referente opositor que aglutine las demandas del 57% del electorado que, al día de hoy, desaprueba su gestión. Y si bien es imposible que se puedan unificar las demandas por ser todas distintas, lo cierto es que tampoco alcanza para ganar en primera vuelta. ¿Falta mucho? En la Argentina podemos cambiar hasta de idioma de acá a las elecciones.

Ninguno de los números de quienes no sienten ni de lejos las bondades del modelo de gestión basado en la moral como política de Estado es exclusiva responsabilidad de este gobierno. Quizá el presidente requiera más tiempo. El tema es que “no se puede arreglar todo en un par de años” choca de frente con el discurso triunfalista de que nos convertimos en el faro de Occidente. No se pueden sostener los dos discursos a la vez sin generar fricciones.

Mientras tanto, también se quiere ganar la narrativa de la reactivación económica, algo que es un hecho en los números totales, pero que no se percibe en el universo asalariado ni en el mundo de los jóvenes vulnerables. El dato del porcentaje de chicos que no trabajan ni estudian no es tan grave en comparación con el resto de los países de la región, donde estamos a niveles de Brasil o Costa Rica, mejor que Centroamérica y Colombia, y mucho peor que Chile o México. Casi nadie presta atención al detalle de que 6 de cada 10 sí trabaja, uno de cada diez trabaja y estudia, y el resto estudia sin trabajar. Pero vale la pena recordar que el fenómeno fue abordado con políticas proactivas en Europa, donde los niveles de 2015 eran similares a los nuestros y hoy todos han bajado. Todos. Incluso los que rankean peor que nosotros venían de mucho más atrás.

Tampoco es responsabilidad exclusiva de Milei. La pregunta, en todo caso, pasa por cómo se abordan estas situaciones. Hasta hace unos meses no importaba. Hoy, con los informes a la vista, puede que se pregunten cómo hacer para superar sin contratiempos las elecciones. El tema es que eso no se puede arreglar con ganar la batalla por la narrativa.

Por eso, como ha recomendado Umberto Eco hace ya tanto que salen canas de solo pensarlo, nada mejor para unir a una población que contar con un enemigo en común. Y si no existe uno, no pasa nada: se lo construye. Ya hablamos la semana pasada sobre qué tan serio es eso de que exista una campaña antiargentina. Que el Gobierno se sume a eso con un decreto que señala como deportables a los extranjeros que sostengan discursos de odio en contra de la Argentina solo puede entenderse dentro de esta lógica de necesidad de embocarla con alguna narrativa. Después de todo, ya había surgido un problema durante el kirchnerismo, cuando apareció esta novedosa figura del discurso de odio que ahora parece no ser tan progre. Tan solo una pregunta: ¿quién define qué es un discurso de odio y qué no?

Puede que con eso alcance para ganar las elecciones y lograr una economía que incorpore a todos los que se cayeron o nacieron en familias ya caídas, gente que no conoce la General Paz aunque viva a tres o cuatro kilómetros; o puede que no. Pero como no estudié economía, prefiero no opinar de migraciones.

Sin embargo, mientras muchos plantean que es inconstitucional rajar a personas por algo tan impreciso como un discurso de odio, para mí la falencia constitucional está anclada en la desigualdad ante la ley: si rajan a todos los que alguna vez puteamos a la Argentina, acá no quedan ni los carpinchos.

Nicolás Lucca

P.D.: Hace casi una década propuse un tema y hubo quienes dijeron que lo veían exagerado. Algunos dijeron que daba para libro. Está baratito.

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